- Cuando cuatro mallas largas y cuatro cortas no son suficientes.
- Cuando lo primero que echas en la maleta son las zapatillas y la ropa
deportiva.
- Cuando una población de calcetines deportivos ha colonizado el cajón
de la ropa interior.
- Cuando sueñas con correr.
- Cuando sueñas corriendo.
- Cuando le pides a los Reyes las consabidas zapatillas en lugar de la
consabida corbata o el consabido esmarfon.
- Cuando le dices al dependiente de la zapatería que tu pisada es
neutra.
- Cuando te escandalizas porque unos zapatos sin amortiguación puedan
costar más de 60 pavos.
- Cuando contemplas la ropa que llevabas hace pocos años y te preguntas
¿realmente me metía yo sólo ahí o con alguien más?
- Cuando la ropa que te pones es “slim fit”, otrora “de maricón de
playa”.
- Cuando te aprietas un chuletón sin remordimientos porque el día
siguiente lo arreglas con tres kilómetros más.
- Cuando al paso de una bella moza (o tierno efebo) te fijas tanto en su
bella estampa como en su técnica de carrera.
- Cuando el tiempo sólo influye en la ropa que te pones al correr.
- Cuando te acercas a la sección de deportes “a ver qué hay”.
- Cuando disfrutas del amanecer, del atardecer, del aire en la cara, de
la nieve, del agua o del olor de la primavera.
- Cuando se te pone la carne de gallina con la animación del público en
una carrera.
- Cuando catalogas como juegos (y no deportes) a tonterías como el pádel
o el golf.
- Cuando eres capaz de tener, usar y gastar dos ó tres pares de
zapatillas a la vez.
- Cuando no cumples años sino maratones.
- Cuando te das cuenta de que sigues un ritual antes de correr.
- Cuando te emocionas viendo el maratón de los Juegos Olímpicos y
explicas porqué es la última prueba aún a pesar de que poca gente se dé
cuenta de su simbolismo.
- Cuando los enanos te retan a una carrera.
- Cuando la ropa color fosforito no te parece un canteo.
- Cuando las velocidades las mides en minutos por kilómetro y no
kilómetros por hora.
- Cuando se te va la pinza en los rodajes y te das cuenta que llevas más
de la cuenta y estás a seis kilómetros de casa.
- Cuando las “carreritas” te las pegas por gusto y son en kilómetros y
no unos metros para coger el metro.
- Cuando has asentido repetidas veces al leer esto y te has reído.
- Cuando se te ocurren muchas más razones y las comentas.
- Cuando no corres para adelgazar sino que adelgazas para correr.
- Cuando no te molesta el olor del réflex y piensas que incluso puede resultar atractivo.
- Cuando la farmacéutica te mira taquicárdica cuando le pides otra vez un bote de vaselina sin perfumar de los grandes.
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jueves, 7 de febrero de 2013
¿Cuándo saber si eres un runner?
A vuelapluma escribo una serie de momentos en los que uno puede darse cuenta si es un runner. No es nada científico, pero muchos síes denotarán que lo somos (o aún no). Os agradezco vuestra colaboración.
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