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jueves, 20 de marzo de 2014

Para qué sirve (también) correr


Hay infinidad de razones de salud estéticas por las que es bueno correr. Pérdida de peso, reducción de niveles de colesterol en sangre, incremento de la capacidad respiratoria, tonificación muscular, fortalecimiento del sistema cardiovascular… son unas pocas de las minucias en lo que a las consecuencias sobre la salud.

Otras también claramente visibles son la reducción del nivel de estrés que puede venir motivado por una generosa generación de endorfinas.

Sin embargo, hay otras razones en las que me quiero centrar y son menos evidentes porque son a largo plazo y aplicables en el mundo laboral, y ya se sabe, en nuestra sociedad todo lo que sea mirar más allá de la prima de riesgo de hoy o de las próximas elecciones es un ejercicio quimérico que no queremos realizar.

Para empezar, distingues a los currantes de los encantadores de serpientes, esos que, conforme a sus comentarios, pasarían por ser el hermano pequeño de Gebreselassie salvo por el pequeño matiz del color de la piel. ¿Cuántos runners de estos conocemos? Hagamos memoria y visualicemos al fantasmilla de turno presumiendo de sus logros deportivos, nunca refrendados en competición alguna. O, por otra parte, se autoerigen en la quintaesencia de la mala suerte con sus discretos resultados. “Es que llovía, por eso hice 1h” “pues yo hice 43 minutos con la misma lluvia”. La culpa, como siempre, de los elementos y no del Duque de Alba y su impericia marinera.

Aprendes a separar la paja del trigo, lo anecdótico de lo  categórico. Un “runner” no es “runner” porque vaya vestido como un runner y equipado como si fuese a realizar el Desembarco de Normandía (bayoneta incluida, que uno nunca sabe), con su mp3 con 32 gigas (capacidad para 6.400 canciones, cuando corre media hora), con su GPS, cinturón de hidratación (en el Retiro, por lo visto, no hay fuentes), suplementos energéticos y ropa técnica que sólo llevan Chema Martínez y él. Por supuesto, él no lleva las gafas de Lance Armstrong, sino que es el propio Lance Armstrong el que se compra sus gafas. No; un runner es un tío que corre por el placer de correr. Como dice el publicista Michael Levine “tener hijos no le convierte a uno en padre de la misma forma que tener un piano no le convierte a uno en pianista”.



Pensar en positivo, que no es lo mismo que el pensamiento positivo que nos embarga y que pretende justificar que los que nos mandan lo hacen en virtud de unas capacidades tan escasas que sólo ellos tienen. Nosotros, pobres parias, no las tenemos porque no las deseamos ni ponemos medios para conseguirlas, y si nos va mal es porque queremos. Calvinismo del siglo XXI en estado puro. No, el pensamiento en positivo implica en hacer de la necesidad virtud. ¿Qué hoy no puedes entrenar porque el enano ha pasado una noche toledana con sus 39 de fiebre y el mayor no podía dormir con su dolor de garganta? Pues nada, tómatelo como un descanso. Mañana será otro día, al fin y al cabo lo que estás preparando es un maratón, no un entrenamiento por el parque.

Estrategia a largo plazo, táctica a corto plazo

Unido a lo anterior, cuando nos planificamos una maratón llevamos un bagaje de kilómetros elevado, marcándonos unos hitos a realizar durante cuatro meses. A veces no escuchamos cómo nuestro cuerpo nos avisa de que tenemos el cuádriceps a punto de petar y aún así salimos para no seguir ese programa que nos hemos bajado de Internet. Consecuencia: sobrecarga y una semana en el dique seco por hacer el gilipollas un rato. Cualquiera que haya trabajado por proyectos lo entenderá perfectamente.

Si te haces trampas en el solitario estás engañando a un gilipollas. De nada vale decir que estás preparando un maratón en 3:30 cuando no eres capaz de rodar quince kilómetros seguidos a ese ritmo. Quitar cinco ó diez segundos de boquilla a tus tiempos en los entrenamientos para vacilar a López, el de Presupuestación, sólo te vale para que éste te vacile al adelantarte en la Casa de Campo. Los que trabajan contigo, lo mismo que los que corren contigo, se dan cuenta.

Para conseguir resultados no existen atajos, sólo trabajo bien hecho y constancia. Los suplementos proteínicos esos que te inflan como un globo y que se venden en botes de cinco kilos vienen a ser como el padrino que tira del inepto de turno hasta los altares. Más dura será la caída. ¿Dónde andan ahora la Pajín y la Aído?

Autocontrol y conocimiento de uno mismo. ¿Qué la manada de búfalos tira que se las pela? Tranquilo, hay muchos kilómetros. La carrera pone a cada uno en su sitio, ya los irás pillando. Sólo tú eres consciente de tus posibilidades y limitaciones, no pretendas llegar más lejos de lo que puedes. Si nunca has hecho una serie de un kilómetro por debajo de cuatro minutos ¿para qué coño te pones en el cajón de 40 minutos? Si lo único que has pronunciado en inglés desde el COU ha sido “on”, “off”, “esmarfon”, “interné” o “chámpionlig” ¿por qué coño te empeñas en decir que tienes un nivel “medio” de inglés?. Luego explícale EN INGLÉS a tu nuevo jefe, que es un redneck de Idaho, eso de que tienes un nivel medio de inglés. Medio, sí, medio gilipollas.

Hay que salir llorado de casa. Esta es una de mis frases preferidas. Me tocan los cojones la gente que está todo el puto día llorando por cualquier cosa, como si los demás tuviésemos que entender el genocidio que supone que en su empresa sustituyan el papel higiénico de Scotex por uno de marca blanca. Esto lo escribo para preceder al axioma runner de que llueve, nieva, hace frío o calor cuando uno corre, y no al revés. Cuando nos quejamos de todo es que tenemos un problema con lo que hacemos, y lo peor de todo es que no queremos reconocerlo.

Muchas veces perdemos la perspectiva general cuando los medios se convierten en un fin en si mismos. ¿Cuántos supuestos runners hemos conocido que compiten en entrenamientos y ruedan en las competiciones? Los mismos que en el mundo laboral deben de ser la hostia de acuerdo a lo que cuentan de si mismos. El running, para ellos, es cruel, porque les desnudan cruelmente. No tienen a nadie que tire de ellos, ningún amigo que les cubra sus vergüenzas.


Dicho todo esto, todo el mundo conoce a algún encantador de serpientes que eleva a categoría la anécdota, que su visión no va más allá del próximo cierre mensual, que sigue las tres máximas de Homer Simpson: “No digas que fui yo”, “Cuando llegué ya estaba así” y “¡Bien dicho jefe!”, que andan quejándose de lo que trabajan (y, precisamente, el día que te quedas tarde tiene que irse antes) o de los gastos que tiene. Todo esto justificando su posición en el Pensamiento Positivo, Porque ellos lo valen.

Al final, y nunca mejor dicho, antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. Y yo soy de los cojos.

martes, 25 de junio de 2013

Corriendo con música

Hasta hace bien poco me he resistido a correr con música. Consideraba un engorro el llevar un cacharro agarrado a algún sitio inverosímil y conectado a unos auriculares que se llenaban enseguida de sudor y se salían de la oreja, por no decir de un cable que se movía más que los precios.

Claro, esta idea viene de mi primera etapa runner, allá por 1992 al albur del engendro del Cobi y del éxtasis colectivo que supuso la Olimpiada en Barcelona. Por aquel entonces no existía el running, pero sí una cosa muy parecida denominada “correr”.


No existía el MP3, sino un cacharro denominado Walkman. El número de canciones no dependía de los gigas del cacharro en cuestión ni de la calidad de la grabación medida en kbytes, sino del número de cintas que llevases en la riñonera, y de que éstas fuesen de 60 ó de 90. Tampoco existía la lista de reproducción, sino, simplemente, cara A y B. Acababan de salir unos auriculares revolucionarios que se metían dentro del oído, y los más habituales eran tipo “Princesa Leia”.

El caso es que cuando estuve en MAPOMA vi a bastante gente con sus auriculares e iban a unos ritmos bastante buenos. “¡¡Coño!!, estos tíos no pueden ser unos parchosos, ni tampoco puede ser tan coñazo el rollo éste de llevarse el MP3 durante el entrenamiento!”. Y me puse a “investigar” dentro de la gama Pata Negra” (de 30 pavos para arriba).

Para empezar, los auriculares ahora están recubiertos con una silicona que repele el sudor y se adapta al oído. Primer punto. El cable es retráctil y tiene unas pinzas, con lo que dependiendo de donde te lo coloques, apenas baila. Segundo punto. Hay una nueva modalidad que se apoya en la oreja, con lo que no se sale apenas el auricular. Tercer punto. Además, el cable está recubierto de Kevlar, lo cual le confiere una gran resistencia al desgaste que supone la carrera.

Puede que algunos penséis “el gilipollas éste está descubriendo la pólvora”. Vale, lo confieso, tecnológicamente hablando soy más de productos maduros que de la última mariconada de los de Cupertino que los frikis de la manzanita esperan ansiosos en foros tecnológicos.

Así que ahora me veo a las 7:30 de la mañana cantando clásicos como el Sweet Child of Mine (imaginaos los gorgoritos que puedo soltar a esa hora y a 150 ppm), Go West (la de los Pet Shop Boys, ojito), I want to break free o Entre dos tierras entre otros.

La carrera continua y los rodajes se hacen más amenos, la verdad. A pesar de que normalmente no me aburro viendo cómo cambia el parque de un día para otro, la música ayuda a mantener el ritmo. A un ritmo lo suficientemente bajo se sigue oyendo el crepitar de las hojas, los pájaros y mis amigos los perros con sus agradables ladridos. Lo descarto para las series que no hago ahora, pero esa horita aproximada que corro por las mañanas se hace más amena aún con música.

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Oír o escuchar?

En una conversación con una de mis pocas lectoras sobre un “post” anterior, me sugirió que cambiase “escuchar” música por “oír” música cuando se corre, sobre todo porque uno tiene la manía de distinguir entre ver y mirar o usar apropiadamente oír o escuchar, lo cual me hizo pensar.
 
Cuando corremos, aparte del ejercicio, ¿oímos o escuchamos música?. Buena pregunta. Pienso que se puede oír o se puede escuchar, dependiendo del día, del momento, del ejercicio, del sitio donde se corra o de la canción.
 
Cuando estoy haciendo un rodaje largo, a un ritmo constante, no necesito estar pendiente de la respiración, ni de las pulsaciones ni del pulsómetro para controlar el ritmo (aparte de que el listo del GPS me avisa cada kilómetro del tiempo parcial); clavo los kilómetros al ritmo de crucero (o al previsto, si hago algún “progresivo”). Cuando estoy en el parque de siempre no tengo que estar pendiente del tráfico, ni de la gente con la que no me cruzo debido a las horas a las que voy ni de qué camino tomar. En una ciudad como Madrid, donde llueve cuatro días al año, tampoco es necesario andar pendiente ni de la lluvia ni de los charcos, que suelen traer agua, la cual se suele secar sin consecuencias letales para el organismo ni a corto ni a largo plazo. En estas circunstancias me termino abstrayendo y pienso en mis cosas con la música puesta o no.
 
De la misma forma, cuando voy sin auriculares, también me gusta escuchar cómo crepitan las hojas secas del otoño inminente, el ruido de la nieve virgen prensada, cómo se agarran las zapatillas a la arena del parque, del campo o de la playa (siempre hay matices que las diferencia), cómo suenan miles de zapatillas en las salidas de una carrera multitudinaria y su eco en las calles vacías y estrechas o los pájaros madrugadores o trasnochadores (hay lechuzas en el JC1).
 
Aunque normalmente estos sonidos (que no ruidos) se oigan más que se escuchen, merece la pena escucharlos. Al fin y al cabo, cinco minutos más tarde voy a salir del parque para volver a casa pasando por encima de la M40 con su sempiterno atasco “de Vallecas a Coslada” y oír después el monótono ruido de decenas de teclados, teléfonos y conversaciones que hay en la oficina.
 
Un proverbio árabe (y “Cuando el mar te tenga”, canción de “El Último de la Fila”) dice “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”. Cómo me gustaría que en la entrada de la oficina hubiese el cartel que hay en el colegio de mis enanos: “Escucha el silencio/Listen to the silence”, toda una declaración de principios.
 
En lo deportivo sigo de pretemporada, pero afinando. Hoy, troticochineo a 138ppm y 5:12. 11 kms con más frío que sueño, que se acerca el otoño, y el viernes, más fuerte, 10 kms a 4:45 y 147ppm. Si todo sale bien, el domingo iré a una carrera sin dorsal, y no es que no quiera pagar (que no quiero), es que además se han acabado. La carrera es la de Madrid corre por Madrid, con salida y llegada en el Retiro y recorrido por el centro, todo un lujo. ¿Aspiraciones? Pocas, las verdad. Con bajar de 44:00 me doy con un canto en los dientes.
 
¿Y qué decir de las victorias sobre Francia? Pues que el sabor de la victoria es doble si ésta es sobre Francia (Capa Davis, Eurobasket), en Francia (Tour, Roland Garros, etc), contra Francia (el Gran Capitán) o a pesar de Francia (sanciones de la UE a los gabachos por quemar nuestras frutas y verduras).

jueves, 15 de septiembre de 2011

La lista de reproducción

Hay pocas cosas más personales que la lista de reproducción. Si cualquiera sacase toda nuestra lista y se la mandase a los colegas sería capaz de hacernos pasar una vergüenza extrema, ya que el mero hecho de tener grabado “El Rey del Pollo Frito” o “Sufre Mamón” son motivos más que suficientes para romper una amistad. Un viejo refrán castellano dice que “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”, de ahí que escondamos en lo más profundo del MP3 estas atrocidades musicales.

Sin ánimo de ser exhaustivo (todo lo contrario), ahí va una serie de canciones que no pueden faltar (¿o sí?) en cualquier lista.

La más mítica de todas las canciones puede ser la de Rocky. O mejor dicho, las de Rocky. ¿Qué runner no se ha imaginado ir corriendo por las calles de Philadelphia subiendo a la escalera de la biblioteca ésa? ¿sabíais que es el lugar más visitado de esa ciudad? Vamos, sed sinceros. Seguro que en una carpeta escondida del MP3 tenéis la de “La mirada del Tigre” (¡¡Noquéame!!) o el “Gonna fly now” y que un uno de tantos ensimismamientos que tenemos cuando corremos nos visualizamos en tantas y tantas escenas de esta mítica saga. Salir a las 07:30 con esta música es algo impagable (alguno diríais que, simplemente, salir a esas horas es algo impagable).

Por no decir del himno de nuestro equipo favorito, cuya coreografía obliga a dar pasitos cortos y lentos, como si estuviésemos saliendo por el túnel de vestuarios.

¿Qué tal el “We are the champions”, “Another one bites the dust”, “A kinf of magic” o el We will rock you? ¿hay algún grupo con canciones más aplicables al mundillo deportivo que Queen?

¿Y Bisbal? Antes de descojonaros y exclaméis un “Vade retro” que estremezca al mismo Satanás con su katana en ristre pensad en el gol de Iniesta. Ahhhhhhhhh, que esa no vale. Pues sí que vale, y tiene bula. Lo mismo pasa con el Waka-Waka. Si hasta los enanos tienen el momento Full Monty cuando las oyen, que se les va la cabeza con el ritmo.

Hot Stuff, de Donna Summer? Sí, sí, la de Full Monty.

Cualquiera del “Appetite for destruction”, de Guns and Roses.

¿Alguna de los Pet Shop Boys? ¿Seguro que no? ¿Seguro que no tenéis el “Go West”? en su defecto vale la de los Village People, para aquellos menos jóvenes ¿Ni “Always on my Mind”?.

¿Y si llueve? Escuchar “Have you ever seen the rain?” de la Creedence te ayuda a sentir aún más el aire en la cara que te pierdes con el ambientador de lavanda del gimnasio; al fin y al cabo la lluvia es sólo agua, como la de la ducha que te vas a dar media hora después. .See and Feel. ¿Y si hace bueno? “Walking on sunshine”.

¿Alguna de Snap? “Everybody dance now” o I’ve got the power”. Sólo los cinco primeros segundos merecen la pena.

"Bad to the Bones", de George Thoregood, otra de las míticas (para los frikis, una que sale en Terminator 2, cuando Governator sale del garito vestido de cuero con las RayBan negras).

Luego están los fetiches, que son eso, fetiches. Green Day, Metallica, Los Nikis o ACDC (“Highway to hell”) pueden entrar en esta categoría. O el moñas de Bon Jovi ¿para cuándo un disco heavy?

¿Y del siglo XXI? Aparte de que no se cumplió la profecía (Ningún tuno en el siglo veintiuno, tuno vete al siglo diecisiete), queda a discreción. Además de las anteriores, alguna de Coldplay, los anarrosaquintana de la música. Beyoncé, Lady Gaga, Rihanna. Kylie Minogue u Oceana seguro que están en más de un MP3 de forma oculta. Como el concepto de nación para el Cejas, el de música es discutido y discutible.
 

Para la de Carros de Fuego hay que ser muy moñas o correr como Heidi, dando saltitos suspendidos en el aire. No la pongáis, por favor, sólo os servirá para ralentizar el ritmo, ocupar memoria y darle al botón para saltársela. “Memorias de África” puede tener una banda sonora impresionante, sólo a la par que sus paisajes, pero, ¿os imagináis a Meryl Streep o a Robert Redford corriendo con la mitad de estilo que Rocky Balboa después de diez asaltos con Iván Drago con la izquierda atada a la espalda? Vamos, por favor, en el Serengeti puede tener su encanto, pero en la Casa de Campo lo más exótico que veréis será alguna perdiz. “El lago de los cisnes” puede quedar excelso en el Teatro Real, pero en la Casa de Campo o en el JC1 no hay nenúfares por los que saltar, y mucho menos que aguanten mis ochenta kilos.

Cuando corremos no hay que ser exquisitos. Al fin y al cabo no tenemos que ir de subidón porque nadie nos oye y, con frecuencia, tampoco nos ven. Hay que poner algo que nos alegre, que nos enchufe, que acompañe.

Lo que sí tengo claro es que mi MP3 se autodestruye si se ejecuta canciones como “Litros de Alcohol”, “El rey del pollo frito” o cualquier otra del susodicho junto con los de su cuerda. Ya les he pagado suficiente por no descargarme sus canciones a mi ordenador, no copiarlas en el disco duro y no pasarlas al móvil o el MP3. Si Roma no paga traidores, yo no pago gandules ¿o sí? Cuestión de principios.

PD: Hoy he escuchado "El Imperio contraataca", de Los Nikis. A las 16:30 jugamos contra Macedonia ¿premonición? "Mira cómo gana la selección, España está aplastando a Yugoslavia, por veinte puntos arriba..." ¿Y si la final es contra los gabachos el domingo?. ¡¡Grande Nadal, Grande Gasol!!

Jimi Hendrix o Led Zeppelín hay que escucharlos con un Gin Tonic en copa balón; Extremoduro y Reincidentes, más modestos, con un cervezón o calimocho, aunque alguna se me cuela corriendo y la Banda sonora de los Commitments requiere tener una pinta de Guinness y estar en un garito de Cork.