Semana de cambios la que estoy
viviendo. Más que “semana” es un punto y aparte.
Tal y como comenté el mes pasado,
desde principios de mes he tenido que cambiar mi rutina de entrenamiento como
consecuencia de una mudanza laboral.
Como muchos de vosotros que corréis a
mediodía, he tenido que empezar a pagar un gimnasio para usarlo como vestuario;
afortunadamente el precio es de “amigo”.
Al ir a casa hasta ahora no pagaba a
mediodía (bueno, sí, que Gas Natural se alegraba cada vez que me veía volver y
no precisamente porque despertase sus instintos más básicos).
De momento estoy ensayando caminos
alternativos que merezcan la pena. Acostumbrado como estaba (y estoy) a los
parques de Hortaleza en los que una ardilla puede correr medio maratón sin
salirse del parque, correr por las anchas y desangeladas avenidas alrededor del
Distrito C me parece horrible.
Ayer la carrera me llevó a La Moraleja
Green Osea por la avenida de Europa, horrible camino donde los haya. Hoy he ido
por el carril-bici, le he dado la vuelta al Distro C por el costado de un campo
de golf(os), he seguido por el carril-bici hasta el túnel de Fuencarral y he
bajado pegadito la valla por un camino de lo más parecido a un parque, sin
pasos de cebra ni hostias.
Para la próxima tengo en mente rememorar
mi primera gran salida pre-maratón yendo hasta el Shangai (un vivero, mal
pensados, manda huevos con el nombre por otra parte) y de ahí por un sendero en
medio de sembrados, chabolas y otro campo de golf.
¿Comer? De la tartera y como un
perdigón, engulle que luego las piedras del buche molerán la comida tragada
casi sin masticar. El menú, afortunadamente, es de casa.
¿Lo peor que voy a llevar? A corto
plazo ese ratito que pasaba a mediodía en casa con los enanos. A medio plazo la
rutina de hacer pequeños recados a mediodía que facilitaban mucho la logística
familiar. Y a largo plazo los entrenos en época de calor (mayo-septiembre). El
vestuario lo abren a las 10:00, por lo que sólo me queda el mediodía. Soy
incapaz de correr con más de 25-27ºC.
Muchos de vosotros pensaréis que
siendo más cordobés que un flamenquín con salmorejo tendría que estar
acostumbrado al calor pero no lo estoy. Una cosa es vivir con calor (haces tus
recados temprano, vas por la sombra como los bombones, bajas las persianas a
mediodía –que para eso se inventaron y no para dormir-, te hidratas… pero no
haces el gilipollas a mediodía, que los golpes de calor son muy jodidos) y otra
muy distinta es desarrollar una ventaja adaptativa al medio como los quechuas
del altiplano. Para eso hacen falta muchas generaciones expuestas a las mismas
condiciones.
Por lo demás… Septiembre lo cerré con
récord mensual de septiembre de kilómetros (174) y Octubre lo he empezado algo
flojo. Llevo dos fines de semana sin rodar. Y éste fue por un problema en el
abductor. Me gustaría decir que fue la consecuencia de uno de los múltiples
ultras que hay ahora. Pero no, fue ¡¡¡durmiendo!!! ¿o es dormido? Ya sabéis que no es lo mismo estar jodido que jodiendo. Sí, mientras
dormía noté como el abductor se me tensaba.
Estaba profundamente dormido (es decir, durmiendo) cuando noté ese "clack" que hace que se te suba el abductor a la altura de la cintura. Coño, que me tuve que poner de lado
para levantarme ir como Chiquito para buscar un ibuprofeno ora andando ora
reptando. Afortunadamente al par de horas sólo me molestaba al hacer alguna
torsión forzada y a mediodía nada de nada.
¿Conocéis algún itinerario chulo por la zona?