Que
para ser un corredor de larga distancia durante mucho tiempo hay que ir
al gimnasio es algo conocido. Por mucho que “no pesen los años sino los
kilos” el caso es que las recuperaciones se hacen cada vez más largas.
¿O acaso las resacas no duran más de una mañana pasada una cierta edad?
El
caso es que por las diversas lesiones (leves todas ellas) de los dos
últimos años y a una necesidad perentoria de contar con un vestuario
para cambiarse (la principal) terminé apuntándome al gimnasio hace un
año. El precio además ayudó, que es un “Low cost” de estos que tienen
ducha de milagro.
Mi
primer día en la sala de pesas (ahora es musculación) lo recuerdo
horrible y aburrido. Subiendo y bajando mancuernas con movimientos
rayanos en el onanismo, tíos sudados con ropas apretadas mirándose al
espejo más que la madrastra de Cenicienta (¿era Cenicienta la del
espejito?), las cintas de correr pilladísimas a pesar de ser uno de esos
días esplendorosos de otoño y unos gritos de los cachitas del gimnasio
que parecían que estaban matando a un cochino en cada serie del press de
banca.
Siguiendo
consejos de mi “entrenadora personal” (ella prefiere llamarse “Coach”
pero para ser un coach tienes que vivir en California o cobrar por ello y
así te puedes llamar entrenador, míster, coach o bombero torero),
empecé a meterme por esa puerta oscura que separa al mundo masculino de
la “sala Musculación” del más “femenino”.
Así estaba la monitora en la puerta de la Sala de Actividades captando prosélitos
Para
que la transición no fuese muy traumática empecé por el Spinning. Duré
tres clases intentando cogerle el gusto. Para empezar el monitor se pone
a chillar “¡Vamos equipo, hoy lo vamos a conseguir!” Te subes, te bajas
del sillín… Te dicen que te pongas a 120 revoluciones según el cacharro
y sabes positivamente que no estás pasando de 70. Algún maillot del
Tinkoff pero predominan pantalones de fútbol o del Domyos. Sin luz, con
un pantallón con imágenes idílicas y el Hey Brother a todo trapo sólo
faltaba una barra donde pedir un copazo, porque las bicis tenían en el
hueco para el vaso de tubo. Para todo eso prefiero irme a Valdebebas
(que no hay ni Dios) a zumbarle a mi bici que con 29 pulgadas, tres
platos 28/38/48 y ocho piñones 11/32 se le puede sacar unas velocidades
más que decentes.
Mi
siguiente prueba fue el Body Combat del que guardo un mal recuerdo.
Vale que en esa época tenía tocado el tensor (aún no lo sabía) y que no
es precisamente la mejor actividad por las extensiones que se hacen de
las extremidades. Al ver las estrellas en una de esas patadas estuve a
punto de dejarlo. Y los gritos.. a ver… esos gritos que se estilan en el
combat yo los reservo para goles como el de Mijatovic (la Séptima),
Ramos (la Décima) o Iniesta (huelga comentario) y no para una extensión
cualquiera. Mi coach dice que hacía mal los moviemientos, que tenían
que se r progresivos, vale… pero hasta aprenderlos no quería jugar con
las lesiones en un momento que empezaba a preparar otro maratón. Eso sí,
los tracks (no, no son canciones) me los bajo para ponérmelos cuando
corro porque son muy cañeros.
El
siguiente paso fue el Pilates de mi vida. Con más vergüenza que
decisión me metí un día y me di cuenta que no era una copa de Veterano.
Era el único tío. Y la verdad es que me encantó. Según iba contando la
monitora, era un ejercicio de tonificación muscular con los que
fortalecía el tren inferior, lumbares y abdominales, justo lo que
necesitaba compensar. Controlando la respiración y apretando el abdomen
(importante) el ejercicio podía ser muy intenso. Y no, no es de “señoras
de más de 40” porque hay que estar muy fuerte para aguantar el modo
macho-alfa, que el Pilates es como el FIFA 14, con modo principiante,
experto y Pro. Desafortunadamente esa clase que tenía los miércoles a
las 13:30 la quitaron y pusieron otra que fue mi siguiente paso en el
descenso a los infiernos.
El
Body Balance. Aquí sí que es difícil ver a un chico. Lo conocía de
vistas porque mi santa lo hizo una temporada. Básicamente son posturitas
y, según mi santa y mi “coach” es una mezcla de Pilates, Yoga y Tai
Chi. Los ejercicios de tonificación, hay que decirlo, son flojitos
pero…está el tema del equilibrio. Para los que tenemos garrotes en lugar
de piernas esto es difícil; difícil de cojones. Imaginaos la estampa:
echa el pecho hacia delante, abre los brazos, echa una pierna para atrás
(totalmente recta) y aguanta… si tienes cojones… te recuerdo que estás
apoyado sobre una pierna y todo tu peso hacia delante… bien, ahora gira a
un lado: si no te pegas un ostión es que eres un puto hacha. Sigo yendo
por el tema del equilibrio aunque si se tercia una carrerita lo dejo
para la semana siguiente.
A ver si tienes huevos de hacer esto sin ostiarte ni romperte
Con
el GAP (glúteo-abdomen-piernas) di un salto de calidad. Fue un viernes
que no tenía ganas de correr y me metí a ver qué era eso. Se trata de un
ejercicio muy intenso en el que se trabaja sobre todo los abductores
(glúteo, sí, pero también el piramidal y el tensor), el cuádriceps y, en
menor media, aductores y gemelos. Justo los que necesitaba reforzar en
mi transición al trail (eso sí que es el lado oscuro). Aparte los
abdominales. Además, a finales de Mayo que me metí sólo había máquinas
del gym que metían mucha caña, y es que el pescado de la operación
bikini ya estaba vendido. Mi coach me advirtió de que me podía afectar
al tensor pero nada de nada; hay que entenderla: lleva con el tensor
fastidiado mucho tiempo y la hipocondría se desarrolla en estos casos.
Otra
actividad que la tengo pendiente por falta de horario es el
“Stretching”. Según mi coach son estiramientos, lo cual me vendría muy
bien. También sería interesante el Yoga, que el Pilates y el Balance
beben de él pero igual, los horarios no son compatibles.
En
cuanto a las que no haré (de momento) está el Body Pump. Mientras tenga
GAP lo prefiero a las pesas porque estamos como al principio.
¿Y
qué decir de Zumba o Shbam? Os contestaré a la gallega ¿habéis visto
bailar a Robocop? Pues a mi lado parecería Joaquín Cortés. Tengo menos
sentido del ritmo que Alkorta cuando jugaba contra Romario. A ver, no es
que tenga nada en contra de Ricky Martin, del perro o de la mermelada o
de Enrique Iglesias. Tampoco tengo nada en contra del reguetón. Ni
siquiera de bailar. Pero todo junto, en estado sobrio y sin una copa en
la mano como que no. Que mi coach dice que es muy divertido y aeróbico,
pero mi ideal de bailar es cantar el “thunderstruck” con los dedos
índices y meñique levantado moviendo la pierna izquierda que “más que
baile es un temblor entre el monillo y la paraplejia”.
¿Y vosotros? ¿os habeís pasado al lado oscuro? ¿conocéis alguno más oscuro aún que no haya citado?

