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viernes, 5 de julio de 2013

Corredor de vacaciones, corredor en vacaciones

La gran mayoría de los que estudiamos la EGB aún podemos decir de corrillo las preposiciones. Otra cosa es que sepamos el significado que aportan cuando se pone una u otra. No es lo mismo ir DE culo que ir a tomar POR culo.

Esto lo escribo porque en vacaciones me doy cuenta de que existe una subespecie “runner” que, como las flores del desierto, florecen al abrigo de la humedad que les proporciona un paseo marítimo cualquiera y tienen una vida efímera de una ó dos semanas.

Un corredor EN vacaciones implica que cuando uno no está de vacaciones no corre y se conjuga con el verbo SER. Un corredor DE vacaciones se conjuga con el verbo ESTAR

¿Cómo reconocerlos? Es fácil. Son los únicos runners que salen a correr cuando el paseo marítimo está petado. En realidad no corren, sino que hacen algo parecido al slalom por la cantidad de gente que tienen que sortear.

Las zapatillas les delata. Dependiendo de lo que tengan en el armario, lo mismo llevan unas de tenis, de baloncesto a las multitaco del niño. Y no, no hay zapatillas de pádel, son de tenis pero que cuestan 30 pavos más. Una mutación de esta subespecie lleva unas zapatillas de última generación impecablemente nueva que, en ocasiones, lleva incluida la etiqueta: las prisas por correr. La goma, más que gastarse, se pudre de lo que aguanta.

Con todo, el estilo es cuanto menos heterodoxo. Y no, no vale la manida excusa de que Emil Zatopek corría como si fuese a desarmarse mientras ganaba todas y cada una de las pruebas de fondo en Helsinki.

Runner en vacaciones


Los “runners” que corremos todo el año somos unos sibaritas. Nos gusta correr con un mínimo de condiciones. No nos gusta tener que hacer una paradinha delante de una bestia parda de Dusseldorf. Es desesperante tener que ir driblando a los domingueros del melón en la orilla en un palmo (quisiera ver yo si Messi tiene lo que hay que tener para correr por la orilla del mar en hora punta… que una cosa es regatearse a las cuatro nenas del Getafe en el Camp Nou y otra más seria es una cuadrilla de metalúrgicos de Sheffield cantando el “Rule Britannia”).


 Correr entre metalúrgicos de Sheffield


No somos asociales sino todo lo contrario: nos gusta correr con 10.000 personas más pero todos en la misma dirección y no tener la sensación de ir por el acelerador de partículas donde, por lo visto, el movimiento de las partículas es tan aleatorio como el del paseo vespertino por el Marítimo de Benidorm.



No, no he corrido en una semana de vacaciones en Benalmádena. Descartando la tarde-noche en la que la carrera se parecería más al viaje del Halcón Milenario en el campo de asteroides, la única hora buena, por temperatura y por ausencia de obstáculos es por la mañana muy temprano para estar antes de las 09:00 de vuelta. Pero es que a esa hora hay que estar prácticamente listo para el Desembarco de Normandía que supone ir con tres niños pequeños a la playa.



Mi experiencia corriendo por el Paseo Marítimo de Benidorm

Los runners que conozco suelen correr a esta hora porque, seamos sinceros, ¿quién le dice que no a una rubia muy fresca a mediodía?  Ojo, cerveza, que me canea la jefa.

viernes, 21 de junio de 2013

¿Qué me llevo?

En cualquier viaje que haga un runner es inevitable que, por inercia,  eche las zapatillas por si acaso. Aunque las posibilidades de correr en un paquete “Egipto Misterioso” , en el crucero “Antártida Desconocida” o en una escapada romántica a una Casa Rural “con encanto”, más que escasas sean nulas, allá que echa las zapatillas. Así, aparte del equipaje, nos llevamos el equipo completo porque con las zapatillas va la ropa “técnica”, el pulsómetro y el resto de parafernalia.

Me imagino que será parecido al acopio de zapatos de gran parte del género femenino, que para ese paquete “Egipto Misterioso” echa las botas de Goretex por si refresca, las sandalias por si hace calor en el crucero “Antártida Desconocida” o los tacones de aguja en aquella escapada romántica a una Casa Rural “con encanto”, ya que todo el mundo sabe que en los Picos de Europa es muy probable que te inviten a la Fiesta del Embajador que ese fin de semana está cazando urogallos. Esto se traduce en no menos de cinco pares de zapatos por fin de semana con sus correspondientes complementos (bolsos y demás). Desconozco la diferencia entre unas “francesitas” o unas manoletinas (probablemente porque con éstas te pones la chaqueta por chicuelinas) o los matices que separan a unas chanclas de unas sandalias o de unas romanas (¿será la harina de freír?). Para mí la diferencia en el calzado se reduce al color (marrón, azul o negro) y si tiene cordones, hebilla o ninguno de los anteriores.

En cuanto a las zapas o son de paseo o son de correr (pisada neutra, horma estrecha, con amortiguación <80 35="" a="" ah="" al="" alto="" apropiado="" art="" convierte="" culos="" de="" del="" dependiente="" deporte="" deportes="" en="" encima="" entretenimiento="" estamos="" f="" hablando="" hablar="" jardiner="" juegos="" junto="" la="" los="" m="" mero="" n="" nada="" ni="" no="" o:p="" p="" para="" pillar="" ponen="" por="" qu="" que="" riesgo="" s="" se="" secci="" tbol="" turno.="" usa="" y="" zapatillas="">

Supongo que con este comportamiento irracional rayando en lo absurdo nos hace sentirnos más a gusto con nosotros mismos, más seguros, más racionales.

Nos gusta correr y, si es por sitios diferentes, mejor. Corriendo se conoce mejor las ciudades y los sitios. Vas lo suficientemente rápido como para ver más en menos tiempo sin perderte nada por el camino. Y vas lo suficientemente lento como para disfrutar de ellos, de sus ruidos, de sus olores. Te puedes meter por cualquier camino, oler el campo, bajar por la vega del Guadalquivir, ir por el Quai d’Orsay al atardecer, subir a la ermita de Hontanares por un espectacular camino en medio de un robledal, correr por la playa de San Lorenzo con marea baja o pasar de Europa a Asia en una ciudad tan única como Estambul. Además te mimetizas con el entorno: no pareces un turista al que clavar salvo que abras la boquita y preguntas alguna gilipollez o te delate tu acento.


Yo, “por si acaso” echaré las zapatillas aunque sepa que no las voy a utilizar, unos zapatos con tacones de aguja y un bolso a juego. Y que viva el transformismo, que nos acercamos a la semana de Orgullo.

viernes, 27 de julio de 2012

¿Aceptamos pulpo?


En estas dos semanas de vacaciones he corrido cuatro ó cinco veces con los enanos, ellos en bici y yo a pie. Después de varios intentos, el mediano se ha soltado con la bici y no para. La salida media era de 9 kms, durante 55 minutos. ¿Sirve eso como entrenamiento? En los parámetros en los que me muevo actualmente (5:00-5:15 durante una hora/hora y cuarto en rodajes, 4:30-4:45 en entrenos en umbral anaeróbico de 10kms) desde luego que no son precisamente para tirar cohetes, pero rastreando los registros de hace algunos años hubiesen supuesto un salto de calidad.

Contando en la ofi que algún día hice doblete por la mañana (rodaje) y por la tarde (enanos), los deportistas (entre los que se incluyen practicantes reales o imaginarios del multiproducto Les Milles, pádel y mus) se sorprendían de que “hiciese deporte” dos veces al día sin reventar.

¿Puede considerarse como “hacer deporte” andar ligero y correr a ritmos desde 04:00 min/km a 09:00 min/km, lo que implica una media de 06:00-06:30 min/km? Pues hombre, en la medida que se produce un desplazamiento de una masa en el espacio-tiempo consumiendo en ello energía pues sí, vale, se “hace deporte”. Si se extrapola a una carrera-tipo de 10km y se obtiene, regla de tres mediante, que el tiempo final fuese de 01:00:00-01:05:00 por encima del cual hay mogollón de populares, pues también.

Ahora bien, si voy en vaqueros, zapatillas o chanclas Quechua modelo tarahumara, con las gafas de ver puestas y una bolsa del Mercadona con dos plátanos para la merienda pues como que no. Afortunadamente para mí, no tuve que llevar dos colocaos como la Omá de Los Morancos porque nos olvidamos la baticao. Si, en el camino, adelantas ligero como un rayo, potente como un camión a alguno/a que va más equipado que Gebreselassie y que grita “¡si va en vaqueros!” (es lo que tiene ir con el IPhone cuando corres, que chillas como un cerdo). ¿Estoy “haciendo deporte”? Para el amigo del Iphone, aparte de quitarle la pegatina y hundirle en la miseria, desde luego que sí.

Por eso me gusta este deporte cada vez más, porque aquí no valen los llorones. Ni los pegosos. Ni “¿Por qués?”, ni “Jugamos como nunca y perdimos como siempre”. No valen las excusas, sólo lo que haces. Por muy buen equipo que tengas, si no mueves rápido las piernas no avanzas. Si las cosas no te salen como esperas es porque te has lesionado, porque te has equivocado de ritmos o porque no te has hidratado lo suficiente, pero eres tú y sólo tú el responsable. La verdad, me extraña que los apólogos del pensamiento positivo no hayan usado la preparación de un maratón como analogía.

Como el Excel es mío, me lo apunto. Para algo tengo un campo con observaciones donde pongo lindezas del tipo “viento de cojones”, “noche toledana”, “calor”.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.