Después de unas semanas
deshojando la margarita al fin el patrocinador deportivo de MAPOMA tuvo a bien
poner en marcha su “promoción” de regalo de dorsales a cambio de la compra de
un par de zapatillas.
Gracias al patrocinador, MAPOMA
ha podido presumir en estos años de que había no sé cuántos miles inscritos.
Año tras año han ido endureciendo las condiciones del “regalo” con el pretexto
de erradicar la picaresca de algunos: que si las zapatillas no son de
running, que si no se compran en tiendas especializadas, que si las compran un
día y la devuelven al siguiente, que si son zapatillas rebajadas (o no), que si la abuela fuma... el
caso es que tocaban los huevos año tras año. En éste ha tocado subir el precio
de la compra mínima de 90 a 125 euros.
¿El argumento? Que MAPOMA cuesta
70 eurazos frente a los 50 del año pasado. Con cara de gilipollas eché cuentas
rápidas: un par de zapatillas de las que uso costaban 112 euros, 89 por
internet, diferencia 23 eurazos. Es la “prima” que hay que pagar para
participar en MAPOMA (no es gratis). Dado que no tengo pensado correr MAPOMA
completo (y que la inscripción me la guardo como Plan B), no está nada mal como
“seguro” o como una Media Maratón (al final iré, aunque sea a correr la mitad).
En este juego de pillos los
sinvergüenzas son los de la organización, no los corredores. MAPOMA es una carrera que no vale 70 pavos ni de coña (aquí entramos en el matiz "valor" frente al de "precio"). Es duro y, sobre todo, son unos chapuceros: Un maratón
mínimamente organizado y con pretensiones no puede escatimar en medallas a los
que llegan más tarde. Y qué decir del puto desastre del ropero del año pasado…
con seis grados que hizo ese día, medio lloviendo y con 42,195 kms encima ponte
a buscar tu mochila porque la organización se desentendió del caos. Para hacer
una foto que no refleje un fracaso se han inventado dos carreras más, de 10k y
medio maratón… y tienes que tener cuidado y no despistarte de arco ni de
recorrido. Tienen que regalar muchos dorsales porque no llegan y, encima, con
dos cojones, suben los precios. A eso se le llama hacerse trampas al solitario.
Te tratan como a un perro y encima tienes que darles las gracias,
aprovechándose que tienen una masa cautiva de maratonianos en una ciudad como
Madrid que van a correr el maratón de su ciudad. "·Business is business, mate".
Y es que pasa con todo lo
relativo a la burbuja runner. Que las pruebas de esfuerzo cuestan el doble que
hace cuatro años. Que el precio de las zapatillas sube más que la inflación.
Que te venden un puto chubasquero de mierda con agujeros como un cortavientos
técnico transpirable por ciento veinte pavos. Una mermelada envasada en un
sobre es un gel de hidratos…
Saliendo un poco de España te
encuentras con maratones como el de París. Plano, excelentemente organizado,
por una ciudad como París…y por 75-100 euros. Organizado con tiempo tienes
billetes más baratos que el AVE a Barcelona, Valencia o Sevilla y puedes estar
el tiempo que quieras antes y después, “à volonté” con rangos de precios
asequibles tanto de hoteles como de comidas.
“Cuidado con tus deseos porque pueden hacerse realidad”.
La verdad, no sé quién dijo esta frase pero ni
gúguel me la ha sabido responder. El caso es que para MAPOMA hizo frío, mucho
frío. De tanto pedirlo. A última hora decido ponerme la malla larga y una
camiseta térmica de manga larga debajo por si se cumplen las previsiones de
lluvia a mediodía y sensación térmica de cuatro grados.
Gracias a la des-organización de la Organización,
el puto desastre del ropero se convirtió en una insufrible espera que me jodió
esa horita que en teoría dedicamos a saludar a los conocidos, espantar miedos,
echar la última meada o estirar de puro nervio sobre el terreno.
Diez camiones puestos en dos hileras de cinco
originaron el caos organizativo. Este año pensaba que se iba a dar mejor que el
pasado, cuando nos dimos un paseo de dos ó tres kilómetros hasta la salida
desde el Retiro. Mi gozo en un pozo. El año pasado, con eficiencia militar,
había diez tiendas imperio donde en función del dorsal había que dejar la
bolsa. Caos a la salida y, sobre todo, caos a la llegada originado ya en la
salida, si no mirad el vídeo
No nos enteramos del minuto de silencio (nuestra guerra estaba en el ropero) y pasamos por el arco de salida a las nueve y
cuarto. No hay calentamiento sino carrera desde Cibeles a Colón.
La aglomeración de la salida ha desaparecido y
los pocos espectadores están plegando para irse a esperar a sus conocidos en
los distintos puntos de encuentro.
Este año decido no fliparme al principio y salgo
con el freno de mano echado. Mi intención es repetir el tiempo del año pasado
(3:51) sin petar en el intento. Y salimos lentos. Primer kilómetro a 5:40 y los
cuatro siguientes a 5:24 (el año pasado iba a 5:09 cuesta arriba) lo que se
traduce en un ritmo cómodo de 142ppm. Adelanto a bastantes corredores e incluso
al globo de las 5 horas ¿tan mal voy? Es posible (posición 8.104 masculina),
pero es que he salido a y cuarto.
Yendo en plan “amarretegui” aceleramos los
siguientes kilómetros con un perfil más benigno. EN el Bernabéu nos separamos
de los que van a correr 10k y se nota poco más que nada porque las calles son
más estrechas. Pillamos al globo de las 4:30 en el km 9, esto funciona porque
vamos a 5:14 sin que el pulso se acelere (144). Noto que adelanto a mucha gente
y en cinco kilómetros he remontado casi 700 posiciones (7462).
Me hidrato correctamente, a pesar de que no sudo.
Con las bebidas isotónicas ocurre el problema de siempre: no puedo beber en
vaso, pero según qué voluntario tampoco te dan la botella en parte lógico
porque luego se ven muchas por ahí tiradas con apenas dos tragos ¿para cuándo
botellas “de competición” de 20-25 cl como los quintos de Mahou? ¿para cuándo
una Mahou de competición en botella de plástico?.
El mal tiempo no arredra al público y me sigo
emocionando. En el km 10 pillamos a dos compañeros del barrio que nos
acompañarán hasta el medio maratón y la charla se anima, señal de que vamos
bien aún. Por Chamberí vamos como relojes, a 5:15 y con las mismas pulsaciones,
145. Con respecto al año pasado he perdido casi tres minutos y voy 4 ppm más
lento. Ya he recuperado otras 400 posiciones (7036). El piramidal me molesta
ocasionalmente por lo que me doy con un canto en los dientes.
Y empieza la mejor parte, la del centro. Pero
antes cometo un error fatal: parar a mear en unos WC que están en la acera…
cerrados con bridas. Literalmente pa mear y no echar gota. Ponen WC cerrados,
con un par. Me he despedido de Ángel diciéndole que lo pillo en un rato y al
final tengo que mear de aquella manera entre dos coches. A pesar de los
estrechamientos de Fuencarral, Preciados, Sol, Mayor, Palacio Real y su tan
amigable firme para las rodillas me acelero, 5:07 de ritmo. Me siento jaleado;
voy jaleado. En el 20 mantengo mi ritmo batanero de 5:21 que mantendré hasta el
28. El globo de las 4:15 lo cojo en Ferraz, antes del Medio Maratón donde sí me
dan el Powerade que bebo tranquilamente. Mi posición ya es la 6.897.
Retengo en la bajada al Parque del Oeste
probablemente demasiado ya que hasta la entrada de la Casa de Campo voy a 5:25
sin que se note una bajada del ritmo cardiaco. Es en este momento cuando estoy
más lejos de mi tiempo del año pasado (seis minutos más) pero sin embargo no
siento dolor muscular alguno más allá de los propios de llevar más de dos horas
corriendo. Continúo recuperando posiciones, ya estoy en la 6.370 y los zombies
de “walking dead” se multiplican. Empiezo a recortarme tiempo conmigo mismo y
no es que acelere sino que no desfallezco: los kilómetros en la casa de campo
me salen a 5:30.
Salimos de la Casa de Campo y tengo un deja vu:
ahí, agazapado estaba el hijoputa del mazo del año pasado. Al más puro estilo
Matrix le esquivo, le acribillo a balazos y sigo corriendo. A pesar del aire
serrano me salen dos kms a 5:20. Esta vez no me hice la trampa psicológica de
“venga, que sólo son siete kilómetros” para no desfallecer. No, esta vez me
planteé objetivos más cortos: “un kilómetro más para el 34, otro para el 35”. Al trantrán. Noto que se
me engarrotan las piernas pero me mantengo con un ritmo digno: 5:24 y 5:30 en
el 34 y 35. Escalo hasta el 6.098 y veo… ¡¡el globo de las 4:00!! Que salió un
cuarto de hora antes que yo. Sin obsesionarme (estaba a unos 300-400 metros)
mantengo mi ritmo. Acacias, Puente de Segovia.. vamos, la Ronda de Atocha y
sólo me queda una puta cuesta… pero la Ronda de Atocha se me hace eterna. Llamo
a mi mujer para decir que estoy en Atocha por donde paso sin bajarme. Pero
soy incapaz de hablar y correr en el 39 a la vez por lo que ando un poco, 6:27.
Contemporizo, trato de arrancar pero voy lento. En Alfonso XII oigo “¡¡ése
Muro, a echarle huevos!” y aprieto los dientes (el culo ya estaba que no pasaba
ni el rumor del viento) y mantengo si no el ritmo por lo menos la dignidad y
sigo corriendo. Aún Así en el km 41 estoy a 24 segundos de mi marca del año
pasado. ¡¡Sí se puede!!
Allí en la esquina, a 400 metros de meta los veo
a los cuatro. Me emociono, trato de correr más rápido por O’donnell pero qué
va. Los enanos tienen ganas de correr y salimos ¿corriendo? Andamos un poco,
que al mayor le “da flato”; nos ha jodío Mayo con las flores y el flato. El
mediano dice “¡¡Papá, acelera, que nos ganan, que voy como un Ferrari!!” y
apretamos.
Al final 3:54, dos minutos más que el año pasado
pero ¿a quién le importa? Al final de lo que se trata es de emular a Filípides,
no a Cronos. Y para siempre me quedará el recuerdo de cruzar con los enanos. El
año que viene espero a los tres en el mismo sitio.
La medalla me la quita el mediano como la Tarrés
se la quitó a una nadadora y se la pone. Unas liebres nos dan el globo de 4:00,
ése que no pillé, para los niños. Qué irónico, no soy capaz de pillarlo durante
42 kms y luego lo llevo “de la manita”.
Me siento, intento estirar pero consigo lo
contrario: los aductores se me suben hasta la mitad y tengo que empujarlos para
ponerlos en su sitio. Hace un frío de cojones, recojo la mochila rápido
(afortunadamente no me tocó el caos del vídeo de antes) y nos piramos. Tirito
por el frío, tirito porque probablemente esté algo desfallecido pero me siento
orgulloso por lo realizado con frío, viento (poco y al final) y, sobre todo, por
la entrada triunfal.