Mostrando entradas con la etiqueta trail El Escorial 42k. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trail El Escorial 42k. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de mayo de 2015

Trail-Madrid 42k ¿Maratón, trail o todos las anteriores?

No, no es una de las horrorosas preguntas tipo-test.

El sábado tengo mi cuarto maratón. O mi cuarto trail. La verdad, no sé cómo calificar a 42,195mts por la montaña. EL tiempo parece que va a ser bueno, quizás demasiado bueno porque en El Escorial se esperan máximas de 23ºC por lo que voy a pasar calor. Afortunadamente la salida es a las 07:00 (toca madrugar más que el hambre), por lo que el pico de calor lo empezaré a notar cuando empiece a bajar.

La preparación no ha sido precisa modélica ni ortodoxa sino todo lo contrario. No he hecho apenas salidas a la montaña (sólo una) pero creo que lo he  compensado con carreras entre semana por Valdelatas o Valdebebas (tanto monta) con pendientes medias del 3-4% en las que he ido a ritmo. Entre 4:40 (las menos) y 5:00 (las más). Los fines de semana tirada larga progresiva hasta los 28 kms en los que no iba a ritmo de maratón porque no tenía sentido, corriendo por sensaciones.

Las sesiones de cuestas al tope de la cinta (15%) las dejé porque me entraba un complejo de hámster tremendo. Además, sí, la cuesta al 15%  era una señora cuesta pero tenía el problema de que las cuestas abajo desaparecían. De esto me di cuenta después del trail de Abantos de Marzo (1.500+) cuyas principales consecuencias  las noté en los cuádriceps.

Tocaba reinventarse (más bien excusarse) y mandar a tomar por culo la cinta. Más kilómetros (15 por salida), más cuestas en el carril de bici de montaña de Valdebebas del que me he hecho abonado el último mes.


¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú... This is trail, mate

Entre carrera y carrera, gimnasio. Pivotando sobre el Body Balance del miércoles y el “descanso” del lunes en forma de Body Pump (la única forma entretenida de hacer algo isométrico), a veces incluso hacía doblete algún viernes en el que corría 8-9 kms antes de currar y a mediodía GAP.

En el camino me he dejado cinco kilos y alguna talla porque las camisas empiezan a estarme algo holgueras y los trajes ni te cuento. El poco “core” que he hecho lo he notado en una cinturita de avispa nueva.

No he corrido más veces que en otros maratones (de hecho he corrido menos) pero a cambio las salidas han sido más largas y más rápidas (4:53 vs 5:00). No he llegado a saturarme de carreras precisamente por ir alternando entrenamientos. Sigo sin hacer series (por otra parte tiene poco sentido en estas carreras) y, sin embargo, me encuentro fino, fino. Estoy para correr ahora un maratón de asfalto en 3:35-3:37.

¿Expectativas? Terminar. ¿Tiempo? Me parece aventurado marcarme un límite pero siendo conservador y realista creo que seis horas es un tiempo razonable. En Somosierra (900+ y 21km) hice 2:26 en Octubre y no iba tan bien. Prefiero decir que terminaré “para comer” que es un término muy elástico y luego puedo arrimar el ascua a mi sardina como los políticos. Aprender a bajar, mi asignatura pendiente (nótese el juego de palabras de “bajar” y “pendiente”). Disfrutar, echar fotos y entrar en meta con los enanos que van a hacerse un tour el sábado por la mañana digno de mención.


Entre tanto… celebrar mi cumple. Hacer 41 (años) el viernes y 42 (kms) el sábado. 

lunes, 27 de abril de 2015

Nunca iré de tranqui con un ultrarunner (100 veces y con buena letra)

Juro que el jueves pasado quería ir de tranqui a correr por Valdebebas. Lo juro por mis Mizuno Wave Rider. Pero me encontré con un compañero ultrarunner (o, más bien, un ultrarunner que a la vez es compañero). Al ver que íbamos a ir hacia Valdebebas “en plan tranqui” decidimos ir juntos. Poniéndome la venda antes de que saliera la herida dije “quiero ir a 5:00”. ¿Os suena? ¿Podéis predecir el desenlace?

El plan tranqui empezó con un primer kilómetro a 4:40, a pelo, con semáforo de por medio y con la subida de un puente sobre la A1. Como la cabra tira al monte (menuda metáfora), ¿para qué ir por los caminos planos con lo aburridos que son? Nada, vamos a hacer el circuito de bicis de montaña. Se trata de un circuito de unos siete kilómetros de perímetro con una pendiente media del 3,5%. Salvo uno que nos salió a 4;57 el resto por debajo de 4:40... que dice mucho de mi compi porque se tenía que poner a dar vueltas al final de cada cuesta para esperarme. Casi como mi hijo pequeño que cuando salimos al campo hace el doble de distancia que nosotros porque va de un lado para otro, rota sobre si mismo, vuelve hacia atrás en trayectoria de traslación, coge una piedra… Un circuito muy disfrutón porque en ningún momento hay descanso porque o subes o bajas. Quince kilómetros al final a 4:39. Eso sí, en plan tranqui. Tan tranqui como esas salidas adolescentes de “una y nos volvemos” y volver a las tantas… a por la guitarra.

Qué grande eres Julio y cuánta razón tienes


Fallos de principiante aparte, me meto en plena fase de tapering inducido. Una tirada larga de 26 y otra de 28 kms van a ser las más “exigentes” en cuanto a distancia que me he marcado de cara al Trail Madrid. Eso sí, estas salidas han sido “rápidas” (4:55 y 4:57) para lo que tendría que ser un ritmo de maratón. Pocas salidas a la montaña (en realidad sólo una en la carrera de Abantos que sí que fue dura) y muchas cuestas por Valdelatas y Valdebebas que tienen un perfil muy parecido al trail (salvo los tramos más duros y técnicos).

Y gimnasio, que este año me lo he tomado en serio. De media dos días a la semana en los que uno de ellos ha sido Body Balance (casualmente en miércoles, justo en medio para descansar). El otro o GAP o Body Pump. Core y musculación.

No he notado cansancio muscular habiendo hecho los mismos kilómetros que otros años y las lesiones me han respetado. El cansancio, creo, es más mental que muscular. Muchos madrugones, muchos entrenos, muchos recorridos… al final desgasta mucho y terminamos por ver “Semana 10/11/12…” . Puede que se “pierda” un día de carrera pero se gana en calidad. Eso sí, las series sigo sin meterlas y siempre por la excusa más peregrina.


Para el próximo maratón, sin duda, me quedaré con esta rutina en la que he corrido menos días pero con trabajo de gimnasio. A ver qué tal, porque la única forma de aprender a correr maratones es correr maratones.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Tactika Trail Abantos-El Escorial, mi crónica

Tenía ganas de correr por El Escorial de cara a la carrera del 9 de Mayo y esta prueba parecía una buena de toma de contacto. No sé porqué pero recordaba haber visto que el D+ iba a ser de 900+, algo más dura que los  1.500+ de Mayo. El caso es que una semana antes vi que eran 1.400+ y que incluso se recortaba la distancia a 18 kms… sin lugar a dudas la más dura a priori de todas las que he corrido (irónico, porque ésta era mi cuarta carrera).

Por primera vez y sin que sirviera de precedente la tarde de antes preparé la mochila, una Salomon de 12 litros que me regalaron en el día del padre (con silbato y todo) que tiene más tecnología que un Iphone (y no le pasa nada si se moja). Pero es que para preparar la bolsa de hidratación o los bastones hace falta algo más que dibujar un croquis. La mochila, eso sí, se adapta como un guante a la espalda. Se fija como un tatuaje y tiene más detalles que el salpicadero del Coche Fantástico. Con los bastones a la funerala, además, uno tiene la sensación de ser un puto Ninja.

Las previsiones meteorológicas indicaban posibilidad de llovizna débil a la hora de la prueba, por lo que la organización añadió como material obligatorio un cortavientos. Una llamada a mi Sensei me quitó la idea de llevar malla larga o guantes de soldador (tengo las manos más delicadas que las de Mark Knopler), y es que el saber no ocupa lugar.

No hacía frío en El Escorial y tampoco llovía. No llegó a ser como en  Jesucristo García porque no se abrió un claro entre las nubes para poder ver el sol pero sí que clareó un poco. A las 10:20 clavadas se dio la salida y desde el principio para arriba. Todo el mundo corriendo y, dignidad ante todo, yo también, antes ahogao que andando. Los primeros metros por asfalto corriendo con cuestas del 5-7% ¿cuándo empezamos a andar? Justo cuando empieza el camino, que no nos ve nadie. Tal y como nos habían dicho en la breve charla técnica, camino con raíces entre pinares (como el queso del Mercadona) que en la bajada sería muy peligrosa, piedras sueltas y mucho piso con ese granito tan característica de la sierra de Guadarrama que era muy resbaladizo. Con tanta lluvia había muchos regueros/arroyos en los que había que meter el pie porque uno no es Mr. Fantástico. Y qué agua más frío, coño.

Con pendientes del 30% no había posibilidad para la épica. Manos a los cuádriceps y para arriba en fila india. No llueve, sudo mucho porque me pongo a 150 ppm pero no me quito el cortavientos por no parar. En poco más de una hora estoy en Abantos. Mejor dicho, me entero que estoy en Abantos porque dejo de subir… y es que hay niebla y está empezando a nevar. Al principio la bajada es suave, pista forestal sin mucha inclinación…esto marcha. Avituallamiento normalito y para abajo.



¿Había dicho que la bajada era suave? Lo de “al principio” era premonitorio porque en seguida nos metemos por unas cuestas de ésas en las que las cabras se te echan en brazos cagadas de miedo... no, en serio, bajadas con pendientes en torno al 30%, suelo con raíces y hojas aciculadas que las esconden. Pongo a prueba las XT Wings y llevo al límite los tobillos. Dejo pasar a una chica que, con un “muchas gracias guapo” no me deja otra cosa que devolverle un “de nada, guapa”. Y cómo bajaba…se hostia, se hostia seguro… pues no. Perfeccionando la técnica de bajada sobre la marcha (o eso creo, que una cosa es cómo te ves y otra cómo te ven) braceo, me bajo el tronco, trato de bajar de lado… pero me adelantan bastantes corredores lo que es un signo de que voy lento. Aún así soy constante, cuatro kilómetros de bajada salvo un repecho a 7:30 (meto aquí la zarpa de asfalto) 1:40 horas y 11 kms. Casi sin solución de continuidad empieza un nuevo ascenso en el km 10 que llevará el Portacho en el km 12 que no termina de llegar porque a esas alturas ya llevaba 900d+ y 600d-. Los tobillos como boniatos y un dolor en la puntera que apuntaba a ampolla. Un kilómetro y medio dándolo todo y llego a la cumbre a partir de la cual hay que bajar con mucho cuidado en zigzag con piedra suelta. Me noto un poco de flato y bajo el ritmo. Como efecto del cansancio levanto menos el pie y, claro, empiezo a tropezar más, por lo que me obligo a exagerar en la zancada. Me siguen adelantando corredores, pocos, porque quedan menos por detrás. Con la bajada de ritmo consigo dominar el cuerpo y me pongo a piñón. Me permito el lujo de ir recuperando posiciones. Me encuentro cómodo dentro de la jodienda por ver El Escorial allá abajo. Las cuestas pierden intensidad pero estoy a punto de meterme un hostión de cojones por confiar en una cuerda puesta en una roca de granito que, al agarrarme, me quedé con ella en las manos literalmente como si fuese El Coyote… se masca la tragedia en forma de jardalazo pero pongo la posturita Spiderman y me quedo ahí agazapado justo a la entrada del pueblo.

Coser y cantar, “asfalto rico y tieso” como dice el macarra de mi hijo mediano. Acelero, adelanto y 3:03 después de salir llego a meta.

Conclusiones: Me queda mucho por aprender, sobre todo en las bajadas. No sé si llegaré a bajar bien y tampoco sé si quiero ya que el miedo al hostión es más poderoso que el estímulo de una mejor marca o el placer de bajar a toda hostia. Aunque sea plenamente consciente que las carreras se ganan en las bajadas pretendo seguir disfrutando de una carrera por el monte. Al fin y al cabo uno de los motivos (si bien secundario) que me han llevado a correr trails es por no estar sujeto a la tiranía del cronómetro salvo para que no me cierren el control. Lo malo de apretarse una prueba tan dura y técnica como ésta es que luego miras el perfil de la siguiente y te parece más benigna. En el lado positivo pongo el cambio de estrategia cuando empiezan los síntomas de cansancio y unas bajadas en las que ya no tengo que llamar a mi encantador vecino Spiderman para que me rescate (si fuese Spiderwoman…).

Del “nunca mais” del domingo ante una prueba tan dura ¿os suena? Al día siguiente se pasa a un “¿por qué no?” y, muy probablemente, a un “Volveré” en una semana.

Daños colaterales: tengo los cuádriceps que no los siento y el glúteo alto igual. No voy a poder entrenar en dos ó tres días. Como se suele decir… jodido pero contento. Hoy empiezo con Body Balance en modo señora. Afortunadamente tenemos amnesia selectiva y no recordamos los dolores ni los padecimientos de una carrera para otra pero no recuerdo que después de MAPOMA o París tuviera secuelas más graves que las de esta carrera. El síndrome de abstinencia se cura con un sustitutivo y yo estoy andando como los abuelos.


Efectos colaterales: voy de subidón porque encuentro más asequible la carrera de Mayo. Otra cosa es que la distancia (42 kms) me ponga en mi sitio, que me pondrá. Pero bueno, para eso están los puntos de retirada. Y andar por el campo, coño.

viernes, 6 de marzo de 2015

Vivir en Primavera

Quizás uno de mis discos favoritos sea “Morir en Primavera”, de Loquillo, que contiene auténticas joyas como “El Rompeolas”, “La Mala Reputación”, “Besos Robados”, “Todo el Mundo ama a Isabel”…  en días como estos, en los que pillamos con el paso cambiado al Corte Inglés, uno se da cuenta de que estamos ya (casi) en primavera.



Los almendros y los cerezos ya están florecidos, por primera vez la malla larga y la camiseta de invierno se quedan en casa y la mochila se queda en nada. Uno termina con una sensación de sed considerable y unas ganas de apretarse un cervezón a después de correr que no se quitan ni con una cerveza (hay que pedir dos del tirón para que se pasen).

Tres semanas o más sin escribir por trabajo al principio y por no tener que contar nada por una lesión de ciática. Y es que “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo vayas a decir”. Pues eso, que para decir que una ciática me dejo una semana sin entrenar mejor me callo. Y no, no fue al albur de ver “50 sombras de Grey” (que no hemos visto) sino algo menos erótico festivo como bajar la escalera del gimnasio haciendo el gilipollas. Fisio, Body Balance y trotes muy suaves (cuando no descanso) han sido la tónica durante una semana.

En estos días los desniveles los he desterrado. Un rodaje por Gijón, otro por Córdoba y el del domingo por Hortaleza (de 22 km, ya recuperado) para comprobar que las Mizuno Wave Rider son unas máquinas de las de verdad. Y cada vez estoy metiendo más Pilates en mi rutina de estiramientos: saludo al sol (psoas y lumbar), tijera, postura de la cobra, la mesa...


Encaro dos semanas en las que de verdad tengo que incrementar intensidad y distancia.

En cuanto a lo primero Valdelatas, cuestas y el “step” en el gimnasio. Ayer me fui por un camino pegado a la valla de arriba desde donde hay unas vistas espectaculares de Madrid. Cuando uno se gira y ve una masa de encinas, pinos, álamos enmarcando el "skyline" me doy cuenta de la suerte que tengo de, entre otras cosas, poder correr a mediodía en estos sitios (prometo que la próxima vez me llevo el móvil "bueno" que iba con el Nokia pedorro) para echar una foto. INcluso  doblar sesiones como hoy, en la que he corrido ocho kilómetros a las 08:00 antes de currar con un ritmo muy vivo (4:35) y la clase cañera de GAP de los viernes a mediodía.

Lo segundo implica madrugar media hora más e irme hasta los 22-24 kms el fin de semana. El colofón en tres semanas en El Escorial, en un trail que me servirá de medida de mis aspiraciones del de Mayo. Subida al monte Abantos y bajada, 20 kms, 1.400D+. Con un perfil medio más exigente que la carrera de Mayo pasará por una de las zonas más chulas de la Sierra de Guadarrama. No creo que haya muchas aglomeraciones (tengo el dorsal 30, con lo que si hay una indigestión masiva igual toco pelo) pero igual estamos tocando techo con tanta carrera.

jueves, 5 de febrero de 2015

SUbiendo la carga

Continúo metiendo sesiones variadas en mi preparación.  Si el domingo el rodaje fue el clásico de 16 kms por Hortaleza, el lunes por Las Tablas y Valdelatas me puse algo serio con las cuestas , haciendo algo más de 300d en 11 kms. Sé que no son muchos pero 50 minutos una hora es lo que da.

El martes, más tranquilo, fui con un compañero hacia Valdelatas a 5:20 (14 kms en total). Para compensar el miércoles estuve en Pump en donde he dado un paso atrás con el peso para hacer todas las repeticiones sin tener agujetas al día siguiente.

El jueves, cuestas (más bien u amago); al lado del carril-bici hay un tramo de un kilómetro con 35d+ y lo mismo negativo, lo que lo convierte en una buena opción para entrenar al aire libre en plena ciudad cuando no se tiene mucho tiempo: 12 veces, 12 kms y unos 600 metros de desnivel total que, para estar en un barrio de Autocad no está nada mal. Esto no deja de ser una sesión de series encubierta, sí, esas que dije "a Dios pongo por testigo que nunca volveré a hacer series" pues helas aquí... si bien no hay descanso (pues ando cuando subo, por lo que se parecen más a un fartlek que a unas series) hago el mismo recorrido sin parar al estilo "El expreso de Medianoche". Y claro, hay que ser fuerte mentalmente para seguir haciéndolo sin darle al bolo. Y dándole al bolo uno piensa aún más en otras cosas porque otra de las cosas buenas que tiene el corredor de fondo es que tiene tiempo de calidad para pensar porque la sangre le fluye por el cerebro más rápido (que no mejor).

Pensando, pensando llego al tema libros ya que acabo de terminar "Memorias de un cortesano de 1815” de Benito Pérez Galdós, uno de mis novelistas de referencia. Con estupor uno va descubriendo que España no ha cambiado nada en lo que se refiere a los trapicheos que se manejan alrededor del poder en donde importa más quién es tu protector (“el que no tiene padrino no se bautiza”). Cambian las personas (el pequeño Nicolás, Bárcenas, Gürtels, Pujoles, etc) pero no los personajes (Fernando VII, Juan de Pipaón, Juan de Ugarte, obispos varios…) y los cargos “de confianza” se negocian ahora como las canonjías entonces. Y, casualidades, ambientada en 1815, hace justo 200 años.

El libro que acabo de empezar, "El Impostor" (Javier Cercas) además, también muestra el seguidismo y borreguismo de la clase política; cómo pueden abrazar una idea o a una persona y despellejarla hipócritamente al día siguiente si políticamente es necesario.

Y siguiendo con el off-topic literario al hilo de lo de Grecia… cómo me acuerdo a veces del "Ensayo sobre la lucidez"  de Saramago que leí hace diez años y que cada vez parece más actual. Que un pueblo, harto de sus dirigentes, decida votar masivamente y en blanco por mayoría absoluta era un ejercicio quimérico. Que el Gobierno ordenara repetir las elecciones una semana más tarde y que el porcentaje subiera al 83% suponía pensar que Saramago se habría tomado su medicación caducada. El Gobierno reacciona culpabilizando al pueblo de sus males y busca inductores, responsables y cómplices con todo tipo de métodos (por supuesto ilegales) de lo que califica como una rebelión porque ellos, por supuesto, son los padres de la patria y el resto son unos desagradecidos. ¿Encontráis algún paralelismo con la actualidad? Por favor, olvidaos de los Podemos, rescates, crisis y la caterva de dirigentes que nos gobierna. Joder, cómo lo clavó el portugués.






Menudo rollo cultureta que he soltado...


miércoles, 21 de enero de 2015

A la mierda los propósitos

Propósito de año nuevo: Dícese de una intención tomada desde el complejo de culpabilidad y que no se piensa cumplir. Suelen ser tan vagos como quien los toma del tipo “hacer  deporte”, “estudiar inglés” o “trabajar menos y dedicar más tiempo a la familia”. En el caso de las dos primeras supone un impacto económico directamente proporcional al tiempo de matriculación en el gimnasio o academia de turno.

Hace unos días os contaba que pensaba correr MAPOMA. Han bastado dos semanas de preparación y la visita del ángel malo para mandarlo todo a la mierda… y apuntarme al Trail Madrid de El Escorial el 9 de Mayo. 42 kms y 3.500 metros de desnivel por un recorrido de lo más chulo que puede verse por Madrid desde San Lorenzo a Guadarrama con inmejorables vistas hacia El Escorial, el Valle de los Caídos, el alto de Abantos y llegada a Guadarrama. Y es que es mucha tela correr un maratón y dos semanas más tarde apretarse un trail de 42 kms.

Me gustaría decir que la culpa no es mía, que es de Sensei Óscar y sólo de Sensei Óscar. Pero es mentira. Él sólo puso la bola a rodar y yo la levanté y la enchufé de bolea. De la misma forma que él dice que le han liado para la UTMB lo dice con la boca pequeña como lo digo yo o como decía hace muchos años que lo que me sentaba mal era la última copa (la última siempre es de garrafón) o que la culpa era de mis amigos que no dejaban que me fuera. Los cojones.
Todos somos responsables de nuestros actos desde que le damos al click en el “he leído y acepto” cuando nos inscribimos a algo. Nadie nos obliga a correr, ni a apuntarnos a ninguna carrera a tener hijos o firmar una hipoteca.
Dado que las fechas son muy parecidas (26 de Abril y 9 de Mayo) y las distancias similares, la preparación va a ser calcada salvo por los desniveles y la fuerza. Para empezar, ahora sí, tengo que meter más caña de fuerza en el gimnasio tipo elíptica o cinta al 30.000% de inclinación. GAP y Pump para consolidar cuádriceps, glúteos, abdominales y dorsales- Y algún trail hasta entonces.

Hay 1.700+ y 1.800- pero el track de la Organización dice que son 1.500+ y 1.600- . En todo momento se va por caminos y el perfil es parecido (creo) al de Somosierra. La intención es terminarla y, sobre todo, disfrutar de la carrera, de la Sierra y seguir aprendiendo a correr trails y quitarme el canguelo a las alturas. El tiempo máximo es de 8:30 horas pero quiero llegar para comer ya que, gran putada, se sale a las 07:30.



El primer cambio en los entrenos este martes. Entre la nevada del lunes y las lluvias de los últimos día decidí llevarme las XT WINGS para correr a mediodía por Valdelatas y disfruté como un enano. Sí; de la misma forma que mis hijos “se confunden” y pisan el barro “sin querer” yo me confundía y pisaba la nieve que quedaba “sin querer” dejar de pisarla. Qué sensación más rara y placentera pisar nieve corriendo. Y el barro… qué bueno eso de notar como se pierde algo de tracción pero con la confianza de que la suela de esta maravilla de zapatillas se va a agarrar tanto que el puto Spiderman se tiene que morir de envidia por llevar esas botitas de charol rojo en lugar de esta bestia. Buscando las cuestas para ir metiendo desniveles y mirando el reloj únicamente para no volver muy tarde se me pasó la hora que tengo tan rápido que tuve que salir como Cenicienta. Llanear, andar subiendo, bajar corriendo y vuelta subir que en algunas cuestas hacía doblete por el placer de bajarlas y en el mp3 una lista tan ecléctica como abominable a priori: canciones (muchas) de Body Combat, Creedence Clearwater Revival, ACDC, Metallica, Extremoduro, Bisbal (la canción del Mundial, ojo) o ABBA… sólo falta Paquito el Chocolatero. Qué pena volver, que de buena gana me hubiera quedado media hora más y me hubiese apretado un bocata de panceta debajo de un chaparro en Valdelatas. En fin, lo mejor de todo es poder vivirlo. Cuánta gente vive al lado y ni siquiera sabe que existe.