lunes, 27 de junio de 2011

Correr en el siglo XXI

Al hilo de uno de mis últimos posts he caído en la cuenta de cómo ha evolucionado el running en los últimos 20 años. Algo tan aparentemente sencillo e intemporal como ponerse las zapas y a correr ha evolucionado un poco, no tanto en el fondo como la forma.

1.- Las zapatillas. En los años noventa las zapatillas eran multitarea. Lo mismo valían para correr que para jugar al tenis, baloncesto, salir (si es que te dejaban entrar en algún garito con zapatillas) o ir de perol. Hoy en día tenemos unas zapatillas para correr, otras para el pádel, otras para el tenis (importante matiz), otras para el fútbol (dependiendo si jugamos en tierra o hierba artificial tenemos incluso dos pares), otras para pasear y otras casual que casualmente son el mismo modelo que el de los 80/90s que servían para todo. Eso sí, ni corremos como Gebreselassie, ni tenemos el revés de Nadal ni la exuberancia física de Ronaldo.



2.- Por no hablar de la pisada. Podías ser lento o rápido, nada más. Antes no había ni pronadores, ni supinadores ni pisada neutra. Hoy en día es un pecado ser pronador, mientras que si eres supinador estás en un selecto club de élite en el que, de entrada, tienes que pagar 150 pavos si es que quieres tener unas zapas acordes a la categoría del club.

3.- Complementos. ¿Dónde están las muñequeras y las cintas a juego que tanto proliferaron? Como mucho tenemos una gomita mariconeti. ¿Dónde quedó esa tirita que se ponía en la nariz para favorecer la respiración?.

4.- Las camisetas eran simplemente camisetas, nada de “técnicas”, “térmicas”, “sleeveless” o “climacool”. Y todas eran de marca… de bebidas o de deporte. ¿Quién no ha corrido sin complejos con una camiseta de Whisky DYC?.



5.- ¿Y del pantalón? Antes también era multitarea. Lo mismo servía de bañador que para estar en casa, lavar el coche o correr una maratón. ¿Os imagináis que nos hubieran dicho de haber ido en mallas por los parques por la noche? Seguro que alguno nos hubiese pedido presupuesto, por no ponernos de maricón para arriba.



6.- Calcetines. Antes se compraban en el PRYCA y sólo podían ser blancos, y se podía elegir entre dos rayas paralelas (los había de dos colores, que yo tuve unos) o dos raquetas cruzadas. Hoy hay que comprarlos en tiendas especializadas tienen varios tamaños de caña, e, incluso, son diferentes el del pie izquierdo del derecho.



7.- Con todo, en invierno se corría con chándal y sudadera y en verano con camiseta de algodón y pantalón corto. Hoy en día, en invierno corremos con multicapa, con una camiseta térmica interior ceñida, y multitud de tejidos xtratermic, climalite y palabros similares en inglés, y mallas a juego. En verano términos como xtralight, climacool son tan familiares como “helado de dos bolas de fresa y chocolate”.

8.- Las carreras no estaban homologadas (tampoco importaba) y eran gratis, y se las conocía como “La Carrera del PRYCA”, etc. No había Feria del Corredor; ibas al día de antes, agarrabas el dorsal y te daban una camiseta. Hoy un día, si una carrera no está homologada es una subcarrera, no tiene glamour, y los runners la evitan porque no pueden homologar una marca…de 52:15 en 10.000 metros, como si ésa fuese la mínima para los Campeonatos Europeos de pista cubierta de 2012.

9.- La medición del tiempo se hacia con el Casio de la comunión, salvo algunos tontolculos que lo controlaban mejor con unos pelucos de aguja a los que se le movía una corona y que se pusieron de moda por entonces. Por tanto, lo de “Mejor Marca Personal” no tenía sentido, salvo para contar los trozos de pizzas que podías comerte en el buffet de la playa. Ahora, si se desactiva la función de parada automática en un semáforo juramos en arameo porque nos fastidia la media.

10.- El GPS era un episodio de Mortadelo y Filemón, “El GP Ese”, y trataba de de un premio de Fórmula 1 que querían sabotear.

11.- ¿Chip para medir el tiempo oficial? ¡¡Ja, ja!! Unos tíos a grito pelao anotaban los números de los dorsales en una libreta a la llegada (tiene su merito), te metían en fila, y cada equis tiempo ponían un corte: estos tíos 40:00, los siguientes 40:30; nada de 40:12, 40:13. Por supuesto, nada de tiempo oficial ni tiempo neto; se suponía que todos salían a la vez, por lo que si salías al final te tocaba remontar. El único chip que conocíamos era prodigioso, y estaba en una peli.

12.- Fisio sólo tenían los futbolistas.

13.- No existía el MP3, sino un cacharro denominado Walkman. El número de canciones no dependía de los gigas del cacharro en cuestión ni de la calidad de la grabación medida en kbytes, sino del número de cintas que llevases en la riñonera, y de que éstas fuesen de 60 ó de 90. Tampoco existía la lista de reproducción, sino, simplemente, cara A y B. Acababan de salir unos auriculares revolucionarios que se metían dentro del oído, y los más habituales eran tipo “Princesa Leia”.


Personalmente pienso que esto no es más que el reflejo de la vida misma. Si nos ponemos a pensar, nos hemos vuelto muy parchositos para todo. Términos y actitudes actuales sencillamente no existían antes, y es que ahora nos la cogemos con papel de fumar para no ser “políticamente incorrecto”.

¿Cosas que no han cambiado? Que la música era pirata (qué gran invento la doble pletina), que España estaba metida en una crisis sin precedentes fruto de una burbuja inmobiliaria, que el Gobierno Socialista se derrumbaba ante un emergente Partido Popular y que el Real Madrid se sumergía en una nueva catarsis para poder contrarrestar el doblete Liga/Champions de un Barça avasallador comandado por Guardiola.

lunes, 20 de junio de 2011

Bici de montaña en Madrid

Es de sobra conocido que la mejor bici para conducir en Madrid es una bici de montaña. Las escarpadas cuestas y el firme terroso han hecho que una gran parte de los ciclistas urbanos de Madrid opten por esta bici. ¿Por qué? Ni puta idea, pero es algo extensible al ciudadano español ya que estos trastos son los que dominan en el paisaje urbano de cualquier ciudad española.

Pienso que se trata más de una cuestión cultural que otra cosa. Hace veinte años sólo existían dos tipos de bici: las de niño y las de carreras. Punto. No había más, cuando uno llegaba a cierta edad o sus papás le compraban un Vespino AL (rojo o negro) o se jodía e iba andando, en autobús o haciendo el pinopuente. Y, de repente, la luz: aparece un tipo de bici, la de montaña, más o menos con la aparición del fenómeno Induráin. Y claro, el PRYCA llenó de bicis de montaña pueblos y ciudades.

Esta inclusión en nuestro perfil genético, a la larga, se ha revelado como nefasta. Si sabemos leer (lo cual implica entender a la vez que se juntan las letras cuando emitimos sonidos), una “bici de montaña” es una bici para manejarla en terrenos montañosos, con sus caminos, veredas, hierba, piedras… para lo cual se diseña una bici más robusta de lo habitual (y por tanto más pesada), con ruedas con tacos, frenos de disco y suspensión hidráulica. Bueno, eso para las buenas, porque las del Carrefour no creo que tengan nada de eso (y si lo tienen será de plástico, para dar el pego).

Por ser una “bici de montaña”, no está diseñada para ir rápido, ni para correr. Lo normal es que tengan un juego de platos 42-22, y el clásico cassete 11-32/34. Cualquier híbrida tiene un desarrollo mayor con el plato medio (38) que el grande de la bici de montaña, habida cuenta de la diferencia en el diámetro de las ruedas (29’’ frente a 26’’). Inciso técnico: el desarrollo es la distancia recorrida por cada pedalada, y es cociente entre el número de los dientes del plato entre el de los piñones multiplicado por el perímetro de la rueda (a ver, que esto es de 4º de EGB, el perímetro es diámetro por 3,14xx).

Los tacos de las ruedas, además, están hechos para agarrarse descendiendo por un camino de cabras de pendiente 17º , que no es precisamente el trazado del Eje Prado-Recoletos, con lo al meterlo regularmente por asfalto/carril bici/parques durante bastantes kilómetros el firme se lo comerá en un santiamén.

Otra cosa distinta es que te mole salir regularmente por la Sierra los fines de semana y no tengas sitio para otra bici más en casa o en el trastero, pero no creo que sea el caso más habitual, ya casi todos los "ciclistas urbanos de munteinbaic! que veo llevan la bici demasiado limpia como para haberla cogido por el Pardo el fin de semana anterior.

jueves, 16 de junio de 2011

Modo Verano

En temas deportivos me encuentro en Modo Verano. Dadas las temperaturas propias de la época, tan sólo puedo salir a correr por la mañana (a mediodía como que no, y por la tarde noche, tampoco), a eso de las 7:15-7:20.

Eso sí, nada de trabajo específico. Levantarse a esas horas ya supone un esfuerzo lo suficientemente importante como para encima plantearse seriamente hacer trabajo de series o intervalos anaeróbicos. Además tampoco ayuda mucho el hecho de que no haya apenas carreras a la vista que supongan un reto en forma de Marca.

Se podría decir (recurriendo a una manida metáfora) que cuando se corre a esas horas de la mañana uno ve cómo la ciudad se va despertando, pero es mentira. La ciudad lleva despierta un buen rato, y está cabreada. Cabreada porque, a pesar de que son las 07:30 de la mañana hay un atasco del copón entre Vallecas y Coslada. O en los túneles de El Pardo. O el acceso por Príncipe Pío. O… en cualquiera de los trayectos. Cabreada porque sabe que a la vuelta, diez ó doce horas más tarde, seguirá el mismo atasco pero en dirección contraria.

Cuando voy hacia el JC1 y veo cómo está el tráfico me doy cuenta de cuan diferente es levantarse por gusto a las siete menos algo de levantarse por cojones a las seis y pico. Al fin y al cabo, yo sólo tengo que ponerme las zapas y a correr, y cuando termine duchita y cinco-diez minutos de bici y al curro. Ración de endorfinas por la mañana y a currar. En esos momentos te das cuenta de cuánta filosofía había en esas pegatinas de los años 90 que decían: “Hoy hace un día precioso; seguro que viene algún gilipollas y lo jode”. Qué diferencia con la adrenalina que produce meterse en el atasco. Es como empezar con un 1-0 (te tienen que remontar para ponerte de mala hostia) ó palmando 0-1 (tú eres el que tiene que remontar la mala leche).

¿Ritmos? Según el día, lo que me pida el cuerpo. Los más “anaeróbicos” los estoy haciendo a 4:39-4:42 (diez segundos por encima de lo normal), mientras que los aeróbicos en torno a 5:00-5:10. Las ppm, en consecuencia, a 145/147-138/140. Vamos, lo que viene a ser un troticochineo.

¿Tiempo/distancia? Independientemente de los ritmos, más o menos 10-12 kms, dependiendo de lo que zanganee antes de salir de la cama.

¿Sensaciones? Inmejorables. A esas horas de la mañana, con esa temperatura, humedad, olores y la soledad del parque sólo rota por los pocos runners, ciclistas, jardineros y la población autóctona del parque (conejos, ardillas, patos, tortugas y demás fauna), el placer de correr por la carrera en sí misma es aún mayor. Tanto que la horita escasa que corro se me hace corta. ¿Volver para ir a currar? ¡Qué putada, mi brigada!

lunes, 13 de junio de 2011

Tocando el pito

El verano es esa época del año en la que se llenan los chiringuitos y los gimnasios (términos mutuamente excluyentes), playas y piscinas. Hacemos más gazpacho, las sandías están espectaculares y los enanos están de vacaciones. Georgia Dann nos presenta su última canción, que siguiendo la línea de los últimos 40 años se llamará “El bronceador”, “la sombrilla” o “la jarra de sangría”.

Ante el horror de que las ensaladas invernales no han conseguido el efecto deseado no ya de reducir el peso sino de mantenerlo, inmediatamente se activa el Plan B, que es el de “hacer deporte”. Y es que, amigos, una ensalada no es una hoja de lechuga con una lata grande de atún, medio queso fresco, un puñado de macarrones, maíz y taquitos de jamón york del tamaño del pulgar de Shaquille O’Neill; no, eso es un plato combinado.

Inmediatamente el susodicho o susodicha baja al trastero y saca la bici dejada de aquella manera en un momento de euforia deportiva el verano pasado. Como desde entonces no se ha tocado, las ruedas están desinfladas, tienen menos aire que los pulmones de Guti. También tiene un dedo de polvo, y la cadena se ha oxidado de no usarla. Después de perder un día en ponerla a punto (o previo pago de 40 pavos para que alguien lo haga), el susodicho o susodicha se lanza al parque, en una salida digna de Induráin en la contrarreloj de Luxemburgo en la que dobló sucesivamente a Armstrong, Bugno y Chiappucci. Claro, en la primera curva susto del copón.

Una vez en el parque unos seres extraños se cruzan en el camino ¿quién les ha dejado pasar? ¡¡menuda Policía!! ¿dónde está cuando se le necesita? ¡¡mierda de bici que no tiene luces largas como mi todoterreno!! Y claro, se tienen que quitar, faltaría más, que la susodicha va lanzada a la gloria, notando como las calorías se queman a una velocidad de vértigo mientras pierde una talla por cada kilómetro recorrido. Esos seres extraños son un padre con sus hijos (el menda y los enanos, por dar pistas), llenando unas pistolas de agua, y jugando con ellas. Como han tenido la osadía de cruzarse en el velódromo de Villarrosa, el particular espacio de gloria deportiva de la susodicha, se pone a darle al timbre porque se le ha olvidado en casa la Browning de 12,70 mm de la Gloriosa Infantería del Ejército Español.

Y claro, se quitan por instinto, más que por otra cosa.

Querida susodicha: aparte de que tocarle el pito a un extraño a plena luz del día y en una zona infantil queda muy feo, debes saber que ir en bici por un parque está prohibido, y que hay que ir por la calzada o por las vías específicamente habilitadas (lo que es un carril bici). Otra cosa es que socialmente esté tolerado (bien por desconocimiento o por simpatía hacia la bici). Bueno, sólo pueden circular las bici de niño (hasta doce años), y tú hace por lo menos 30 que no los cumples.

Si no quieres que te molesten esos seres molestos que son los niños en tu particular lucha contra la talla 46, levántate tempranito, a eso de las 07:00 (que en Junio los días son muy largos y hace sol) y vete al parque aunque esté prohibido. La sombra de tu ego sólo tapará a algún perro despistado y a algún runner que probablemente vaya más rápido que tú.

Personalmente pienso que prohibir por prohibir no está bien, y que no sería necesario si existiese un respeto mutuo. Pero claro, respetar a los demás implica fastidiarse un poquito, y en esta época de culocentrismo cualquier frustración del ego se considera un ataque directo y personal hacia uno mismo y hay que reaccionar.

Cuando yo salgo en bici voy todo lo temprano que puedo, no más tarde de las 09:00, y hago un combinado carril-bici-calzada. La zona norte de Madrid (Hortaleza-Sanchinarro-Las Tablas-Montecarmelo-Puerta de Hierro…), con sus amplias y desérticas avenidas, es muy propicia para ello, pudiendo hacer tranquilamente 40-50 kilómetros entre ida y vuelta sin tener que dar por culito en ningún parque. Una cosa es pasar “un momentito” y otra es pensar que estamos en Silverstone. Además, que coño, la bici de ciudad sufre menos en asfalto que en un parque. Para eso es una bici de ciudad ¿no?.

Tampoco hubiese sido necesario prohibir fumar en ningún sitio cerrado si ningún cabrón pensase en ese niño de un año que está sentado en la mesa e en frente, pero no, que se joda, que yo me fumo mi puro y me aprieto un güiscazo porque para eso lo pago.

viernes, 3 de junio de 2011

Como los Gremlins

Una de las películas de referencia de la generación de los 70 fue Los Gremlins, simpáticos bichitos que no (se) podían mojar ni comer después de medianoche, porque se reproducían y se ponían de mala leche. Esta película ha calado hasta extremos insospechados en la población urbanita, porque no hay circunstancia que altere más la vida diaria que la lluvia, o la mera amenaza de la misma. Ni Gürtel, ni el niño de Chaves ni que La Unión Europea vaya a intervenir a España.

El viernes pasado por la tarde estaba cayendo un tormentón del copón en Madrid, justo cuando los pocos gilipollas que no tenemos jornada partida nos disponíamos a salir.

A eso de las 18:00 decenas de personas se agolpaban en la puerta de mi empresa (perdón, de la empresa en la que trabajo) a la espera de que dejara de llover, paralizadas por la contemplación de la lluvia que les amenazaba con una segura generación de esporas que crearían nuevos clones a su imagen y semejanza (menuda tragedia).

“¡¡Oh, está cayendo una tormenta!” (menudo ejercicio de perspicacia de la rubia de turno).
“Sí, lo que habían dicho en el tiempo” (el del listo que se la quiere calzar).
“¡Qué pena, nos tendremos que quedar un poco más!” (la que ha ido a mediodía a la pelu).
“¡Cómo mola, una tarde entera de viernes en la oficina, con la fotocopiadora para nosotros solos!” (el pelota de turno que, casualidades de la vida, termina su jornada laboral a la vez que el jefe).
“¿Alguien tiene un paraguas?” (sí, para dejártelo a ti).
“Yo tengo uno en el coche” (y yo un botijo que echa el agua muy fresquita).
“Pero eso es como el que tiene un tío en Graná, que ni tiene tío ni tiene ná” (=te jodes).
“Con la que está cayendo, y el aire, el paraguas no te sirve para nada” (= aunque lo tengas, te jodes).
“Pues nada, fumando espero, tictac, que es viernes y me encanta estar en la puerta del curro”.

Uno, que sí se ve el tiempo, mete en la mochilita multiusos esa que tenemos para las compras un pantalón de agua y un cortavientos pedorro del Decartón por la mañana.

“¡Oh, mira ése en bici, se va a mojar, que pena!”

Pena la tuya, capullo, que un viernes por la tarde te quedas como un gilipollas en el curro mandando mensajes estúpidos en el feisbuc que nadie va a responder hasta que el lunes por la mañana lo vean en el curro, y el menda lerenda que se da el piro.

AL final llego a casita, y, oh sorpresa, la ropa está seca (para eso está el cortavientos y el pantalón), sin importarme una mierda cuando escampe para poder ir a casa. LO que sí tendré que hacer es dejarme un chubasquero y un pantalón de agua de reserva en la ofi, de esos de 10 pavos el puñao. Por si me pierdo el tiempo.

Viéndolo en perspectiva, los Gremlins eran mucho más avanzados evolutivamente hablando que los humanos, ya que, comamos o no antes o después de la medianoche seguimos poniéndonos de mala hostia por cualquier gilipollez.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Las cosas son (o no) lo que parecen

La mayoría de las veces las cosas no son lo que parecen o, al menos, no son como a uno le parece. Por ejemplo, cuando uno madruga para correr la secuencia de la preparación de la carrera puede variar ligeramente dependiendo de si uno es el que sale a correr o el que se queda en casa.

LO QUE PIENSAS QUE PASA

1.- La noche de antes cenas de forma equilibrada, con una mezcla equilibrada de cereales, hidratos de carbono, proteínas, verduras, sales minerales. Como complemento, tomas una bebida carbohidratada, y una reducida porción de postre lácteo acompañado de alcaloides para estimular la carrera del día siguiente.
2.- Te despiertas a las siete menos algo.
3.- Te despiertas justo en el momento en el que suena el despertador, con una suave melodía, parándolo cuidadosamente.
4.- Te levantas ejecutando un doble salto mortal que roza la perfección técnica, aterrizando de pie sobre las puntillas. Si Nadia Comaneci te viera en ese momento lloraría de emoción.
5.- Expulsas el metano acumulado en el cuerpo en forma de pedo perfecto 0,0%: sin ruido, sin olor, sin manchar.
6.- Dado que tienes una vista de infrarrojos, tan sólo necesitas una pequeña luz, del tamaño de un llavero.
7.- Sigilosamente buscas (y encuentras) la ropa que te vas a poner y que la noche de antes has dejado debidamente preparada en la parte externa el cajón.
8.- Vas a la cocina, a desayunar algo ligero: frutas y pan integral.
9.- Para acompañar pones la radio, en la que están emitiendo un interesante programa cultural, a un volumen bajo, pero audible a esas horas de la mañana.


10.- Le das un suave beso a tu mujer (que está durmiendo), sin que se despierte.
11.- Te vistes sin hacer ruido, coges la basura y te vas, cerrando la puerta muy despacito para que no se despierte nadie.
12.- Sales a correr y haces seis series de mil metros perfectas, empezando a tu ritmo de competición y bajando cuatro segundos por serie, terminando al 100% de tu FCMáx.


LO QUE REALMENTE PASA

1 . La cena completa consiste en un bol de palomitas de microondas, dos hamburguesas con queso, tomate, lechuga, pepinillos, cebolla y tres cervezas. Y de postre, un brownie con chocolate.
2. Te despiertas a las seis y pico.
3. Después de sonar tres veces el “Enter Sandman” de Metallica, te dan un codazo para que lo pares de una puta vez. Lo paras, cayéndose el teléfono en el intento, junto con las trescientas cosas que tienes en la mesita de noche acompañado de un “¡joder!”.
4. Del susto te metes una hostia contra el suelo, también acompaña de un “¡joder!”. Como no te ha visto nadie, no te duele.
5. Te tiras un peo de mil pares de cojones que asusta hasta al perro. De 0,0% nada de nada. El aroma de ni hogar se extiende por toda la casa, y dejas una pista de scalextric en los gayumbos que a ver cómo se va.
6. La luz del pasillo se cuela por todos los rincones de casa, haciendo que todos se revuelvan en la cama para intentar seguir durmiendo.
7. Te pones a abrir todos los cajones sin encontrar lo que buscas. Al final te pones lo primero que encuentras, previa exclamación de varios “¡joder!”, “¡cogonlaputa!” y con la firma promesa que la próxima vez no te pasa. Sí, sí….
8. Desayunas una tostada doble con zurrapa y un café con leche.
9. En la cocina pones la radio con un volumen que ni en la final de la Copa del Mundo. La tertulia mañanera de los encabronados de turno está debatiendo otra vez sobre si Zapatero debe dimitir o debe tirarse en paracaídas sobre Fukushima vestido de legionario.


11.- Al darle un beso a tu mujer tropiezas, te caes encima de ella, dándole un susto del copón, que hace que se despierte.
11. Tropiezas mientras te pones las mallas, y no te hostias de milagro. Se te olvida la basura OTRA VEZ y das un portazo que los vecinos piensan que ha reventado la conducción del gas.
12. Sales a correr y penas como un galeote. La zurrapa hace su efecto desde el kilómetro cero, en forma de retortijones. Aceleras, te paras, vuelves a acelerar, vuelves a pararte. No haces ni dos kilómetros.

lunes, 23 de mayo de 2011

Adiós mediodía, hola madrugón

Me parece que he empezado mi temporada de madrugones para correr. No es que me esté pegando un madrugón de la hostia; simplemente me levanto media hora antes, entro a currar un cuarto de hora más tarde y lo compenso con un cuarto de hora menos a mediodía de hora de comida. Speaking in silver, me levanto a las 07:00, y a las 07:30 corriendo como un campeón.

El año pasado no empecé hasta finales de Mayo. Como somos animales de costumbres nos resistimos voluntaria o involuntariamente al cambio, pese a que intuyamos que es para mejor, de ahí que me chupase varias sesiones a mediodía con bastante calor. Bien por alguna que otra borrasca (que las hubo), bien por resistirme a levantarme antes de las siete, hasta que no se hizo patente el calor no cambié el chip (ni la hora). Y el caso es que hasta principios de Noviembre estuve corriendo por la mañana, hasta que el frío y la oscuridad me hicieron ver que a mediodía se podía ir mejor ¿Qué decíamos de la costumbre?.

A mediados de mayo el sol está en todo lo alto a las siete y media de la mañana; normal, que estamos a cinco semanas del solsticio de verano. Eso sí, la temperatura es mucho más agradable que a mediodía (de 13º a 27º, casi nada), hay más humedad y más sombra (elemento injustamente infravolarado pero importantísimo).

Hace dos semanas estuve penando a 157 PPM para unos tristes 4:40 (en Marzo, con esas pulsaciones, “volaba” a 4:28), La semana pasada, de madrugada, los registros fueron má “normales”, desde los 4:35 con 153ppm a los 5:05 A 140 ppm.

Lo que me parece que voy a dejar son las series hasta después del verano; hay que ser realistas, por las mañanas uno puede tener ganas de activar las endorfinas, pero de ponerse al límite puede que no. Pero si es que media hora antes uno estaba a 35-40 ppm tumbadito en la cama, y pasar a 170/180 ppm en media hora es demasiado.

jueves, 19 de mayo de 2011

Entrenamiento Cruzado

Mi amiga funcionaria me ha hecho redescubrir el gusto y las bondades del entrenamiento cruzado. El domingo pasado, bien prontito (a partir de las diez el carril bici está petado), agarré mi bici para meterle caña durante un par de horas. Nada más salir, una leche en el pecho de siete grados “¡¡hooooohtia, que frío!”; pero como uno es como es (y tiene el chip runner de empezar a sudar a los cinco minutos) tiré p’adelante, eso sí, pedaleando “ero, os, ero, os” y cantando “soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera”. Afortunadamente, el primer tramo era de subida, con lo que tardé más o menos poco en entrar en calor (unos seis kilómetros de nada, vamos, que lo hice casi sin respirar).

En una de esas rectas de Montecarmelo noto que los brazos van para abajo, con el manillar… y mi cuerpo se queda en el sitio, con el cuadro de la bici. “¡¡¡¡otiaputa! ¿qué coño pasa?” Pasa, gilipollas, que no has revisado en meses los tornillos de tu bici. Mucho mirar los frenos, la cadena y los enganches de la rueda (lo cual es necesario), así que ahora te jodes y te buscas la vida, que estás a nueve kilómetros de casa.

Afortunadamente, y siendo domingo, hay muchos ciclistas samaritanos. ¿A quién pedirle el favor? Desde luego, al que tiene una bici muy nueva, no, que la está estrenando. A la de la bici rosa con transportín y alforjas, descartado; ésa tiene demasiado con que no se le muevan mucho los pendientes a juego con la pulsera y con las gafas de sol fashion de mercadillo (aparte de las sombras de ojos y el pintalabios, ¿qué coño llevará en las alforjas? ¡¡que el carril bici no es el Camino de Santiago!!).

Hay que buscar a quien lleve una bici curtida en mil batallas, y preferentemente una muntainbaic, que son las que más se joden por esos caminos de tierra y pueden precisar una labor rapidita de chapa, pintura y puesta a punto. Y a la primera, oye, asalto a un guiri que me presta su Allen del seis ¡¡¡y me pide perdón porque la herramienta estaba vieja!!! Uno, que ha hecho la mili, sabe que en la guerra cualquier agujero es trinchera, y que, por tanto, cualquier herramienta, por muy vieja que esté te saca del apuro en un momento dado.

Dejando aparte esta incidencia, la salida globera se concretó en cuarenta kilómetros en casi dos horas, con una “estratoférica” media de casi 22 km/h. El día siguiente, con mis cuádriceps y glúteos estirados por el ejercicio del día anterior, “volé” a 4:34 el kilómetro en el JC1, con unas más que aceptables 153ppm (nada que ver con los tiempos discretos de la semana anterior. Y es que el calor se nota mucho.

Esta semana igual tengo que volver a ver a mi funcionaria favorita, a ver qué me falta esta vez. ¿el libro de firmas de la primera comunión? Por si acaso me lo llevo.

A partir de ahora no se me olvidará (además) la navaja multiusos del decartón. Recopilando: llevo móvil, casco, veinte pavos por si acaso, pañuelos de papel (por si se sale la cadena cuando uno va al curro), herramienta, bomba de aire… vamos, McGyver haría con todo ésto y una bolsa de sugus una bomba de uranio empobrecido.

Qué tiempos aquéllos en los que se salía con veinte duros, y no precisamente para llamar.

sábado, 14 de mayo de 2011

San Isidro en la Seguridad Social

No me cabe la menor duda de que el Ministerio de Sanidad se preocupa por el estado general de la salud de los ciudadanos. Lo que no sabía es que la Seguridad Social también se preocupara porque hiciéramos más deporte, programándonos entrenamientos cruzados, novedosa técnica de entrenamiento que básicamente consiste en combinar entrenamientos con deportes diferentes pero normalmente complementarios (como el running y la bicicleta).

Me explico: el viernes pasado fui a hacer una gestión a la Seguridad Social, en su oficina de García Noblejas (Madrid). Fui en bici (8 kms de ida y otros tantos de vuelta, total 20-25 minutos), aparte de por convicción porque no había otra (el transporte público transversal funciona como el culo, e ir en coche es un infierno por el aparcamiento, que lo tienes que dejar como Homer Simpson, al lado de casa y teniendo suerte), “disfrutando” del “carril-bici” de dicha calle (acera pintada de rojo, de no más de 0,60 metros de anchura, invadida por motos aparcadas, cubos de basura, sombrillas de terrazas… me río yo del trail… este carril sí que ofrece emociones).

Juro que lo tenía todo: el certificado de empresa que me había servido en otras ocasiones, fotocopias varias de documentos personales, la blanca y el carnet del Blockbuster. Después de esperar mi turno turno, me dirijo al puesto asignado y la funcionaria de marras, después de revisar toda la documentación, me espeta “¡¡¡uuuuuuyyyyyyy!!! Pero si tu empresa no le ha puesto un sellito… no sé cómo se empeñan en no ponerlo” yo, incrédulo, le respondo “verá, somos 30.000 empleados, muchos de los cuales hemos traído al mundo contribuyentes que pagan su sueldo, seguro que está bien”. “¡No!, esto es una fotocopia, y me puedes engañar” “¿en qué, en la base de cotización que puedes leer en tu aplicación (para ello hay que cerrar el Hola.com), en la fecha de baja que te comunica mi empresa?..””Hace falta un sello”. Total, viendo que había entrado en un bucle de difícil solución y que empezaba a exhalar humo por las orejas, nariz y boca opté por irme. “Si vienes la semana que viene recuerda que la jornada es reducida por San Isidro” “¿Más aún?”. Y ahí que dejo a la funcionaria, que tenía una cara como la de la niña del exorcista ante los retortijones que le producía una semana de estreñimiento.

Como en el artículo de Larra le faltó decirme “Vuelva usted mañana”.

En fin para darle un poco más de cancha y que se repusiera del susto, el jueves de la semana siguiente me presento en la oficina con mi bici. A pesar de ser la semana de San Isidro, no hay un chulapo con un organillo en la puerta de la Seguridad Social. En la oficina no hay verbena, ni una mala cinta con chotis. No hay farolillos, sólo carteles de sindicatos y fotos de la playa de Santander. La música ambiental es de ascensor. No hay rosquillas, no huele a chocolate, sino a ambientador barato, y mi funcionaria favorita no viene vestida de chulapa ni con un triste clavel reventón en el ojal. ¿no era San Isidro?. Esta vez lo llevo todo, lo mira, lo revisa. Ve en su pantalla que la información de mi empresa es correcta. Y aquí que empieza a convulsionar, pero sin echar espuma por la boca. ¿Retortijón? Oliendo que el ambientador se difuminaba (y no precisamente por el olor a churros que el segurata estaba cocinando) empiezo a pensar que sí, y lo que antes era truño-como-puño enquistado ahora es más etéreo, y se le ilumina la cara con una felicidad indescriptible y empieza a cantar “Walking on sunshine” en versión chotis, que para eso es San Isidro; ¡¡hasta me regala una fotocopia!!

Está visto que las barritas de All-Bran obran milagros. Así que me fui contento en mi bici al curro, con mi entrenamiento cruzado semanal realizado casi sin quererlo por obra y gracia del exceso de celo (profesional) de una funcionaria.


Por si alguien quiere visualizar el contenido de mi peripecia, tenéis un ejemplo en este vídeo de yutú:





martes, 10 de mayo de 2011

Pinocho

Un axioma bancario establece que “el papel lo aguanta todo”. Para los que no están familiarizados con este mundillo tan denostado significa que todos los planes de negocio son viables con unas previsiones de ingresos que no suelen estar basadas en estudios serios sino en una declaración de intenciones. Estamos en campaña electoral ¿y cuándo no? el 22 de Mayo son las elecciones municipales y autonómicas (regionales) en España, y haciendo un paralelismo se podría decir que “El Programa lo aguanta todo”.

Todo programa político recoge una serie de brindis al sol con el único objetivo de sugestionar a los incautos que se crean las declaraciones de intenciones recogidas en los programas. El problema de las elecciones es que siempre hay un partido (o más) que gana, y toca pelo. Y, claro, hay que repartir dádivas, prebendas, puestos, dietas y todo el botín entre todos los miembros (y “miembras”). Y luego, si te he visto no me acuerdo. “¿Programa? ¡¡Ah, sí, el de la tele!!”, y a los pobres que creyeron que le iban a construir tal centro de mayores o ese carril bici que les den por el orto; total como vivimos en una sociedad con memoria de pez seguro que se olvidan.

Todas estas reflexiones vienen al hilo de un asunto particular en Madrid, el del desprecio municipal hacia todo lo que sea bicicleta por parte de su alcalde, Ruiz-Fanfarrón y la concejala de Medio Ambiente, la “esposísima” Ana Botella, duquesa consorte de Aznar, que, entre otras lindezas, dice que la calidad del aire en Madrid es la mejor de la historia (lo de la minúscula es de cosecha propia) o que la culpa de la contaminación es del aire africano (suena a contubernio judeo-masónico). Ayer se dieron un “paseo” en bici por la penúltima gallardonada, el faraónico Madrid Río. Las fotos que se pueden ver en cualquier periódico los muestra paseando en paralelo, sin paseantes, patinadores, ciclistas o perros que les molesten y en unas bicis de montaña que, como todos sabemos, son lo más indicado para ir en una ciudad como Madrid y en un parque tan agreste como el de la ribera de un río. Van con ropas tan cómodas y prácticas como los pantalones blancos de la botella y llevan gafas de sol de marca. ¿Cabe mayor grado de cinismo?

Ahora dicen que van a hacer no sé cuántos kilómetros de carril bici, calles ciclables, calles 30 y demás pajas mentales. Lo mismo que dijeron hace cuatro años. Lo mismo que dirán dentro de cuatro. Porque han asumido que somos gilipollas, y que no recordamos nada cuando dejamos la tele en stand by. Y que, llegado el caso, la mayoría de la gente les termina votando en base al voto “útil” o el voto del “miedo” (que viene la derecha, que vienen los rojos). Lo patético es que la oposición no parecen mucho mejores. Prometen lo mismo, se las dan de más amantes de la bici que nadie y de fomentar más el deporte que ningún otro. Que yo sepa, el Lissavetky éste no ha hecho deporte en su puñetera vida y sólo ha sido campeón en zampamiento de canapés (modalidad de tres en tres), en bebercio de güisquis de malta por la patilla (modalidad on the rocks) y en avistamiento de partidos de deportes varios by the face.




¿Y ahora nos piden que les votemos? Eso, botémoslos.