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jueves, 28 de enero de 2016

A dios pongo por testigo...

 ...que jamás esperaré a la inscripción “gratuita” de Adidas del Maratón de Madrid. En los últimos años Adidas, como patrocinador oficial, venía “regalando” una inscripción a MAPOMA si te comprabas unas zapatillas de gama media-alta en los meses previos. La promoción era realmente interesante pero, al igual que las ofertas de telefonía, poco a poco empezaron a caparla.

Un año dijeron que sólo podía hacerse a través de tiendas especializadas y los grandes almacenes que nos anuncian los cambios de estaciones con esas semanas tan fantásticas (excluyendo con ello a tiendas online). . Otro año elevaron el gasto mínimo a 125 pavazos. Y éste han dado una vuelta de tuerca acotando la oferta al modelo tope de gama, Ultraboost, cuyo precio de partida son 180 pavazos. Independientemente de que aún pueda parecer una buena oferta (teniendo en cuenta que piden 84 pavos por la inscripción ahora), a mí no me lo pareció tanto…

Me explico. He estado leyendo que las zapatillas ésas tienen una amortiguación un tanto particular. El aspecto externo es de corchopán. El tacto es de corchopán. Y todos los comentarios que leo van el mismo sentido: zapas muy rápidas y cómodas para correr… en asfalto, que justo es la superficie que menos trabajo ¿no habíamos quedado que es mejor correr por parques y jardines para preservar las articulaciones? Además me meto por sotomontes como Valdelatas, por lo que tener otro par de zapas más sólo para correr por asfalto me parece poco práctico a la par que caro.

Así que este maratón lo voy a preparar y correr con unas Mizuno Wave Rider 18, que tienen esa amortiguación mínima para ir punta-tacón y que sin embargo no llega a cargar. Ah, y por menos de la mitad.

En cuanto a la inscripción, trasteando por la red encontré tres “ofertas”, una solidaria en la que me ahorraba once leuros y otra de una tienda especializada en la que por una compra de 150 leuros te daban a cambio el dorsal… que estaría muy bien porque podría comprar el material que quisiera… si me hiciera falta. O un 3 carreras x 85 lebros (10k+Media Maratón de Madrid+ Maratón) Por finalidad (Aldeas Infantiles) opté por la primera. Por cierto, que esta oferta aún está disponible.

Por lo que respecta a la preparación en sí, el domingo me apreté 20k con las zapas nuevas. Sí, sé que aún es pronto para esos rodajes, pero quería probar las zapas y sobre todo probarme a mí. A un ritmo medio de 5:15 empecé a notar una falta de fuerzas a eso del km 15.. que se pasaron en el 18. No sé si se debieron a la falta de sueño (me acosté a las 01:00), a la cena (mexicano con dos chelas) o al Legendario con Cola-zero (para no engordar)… el caso es que aún ando flojo de fondo.


No voy a hacer series. No pretendo hacer cambios de ritmo controlados. Lo que sí estoy haciendo son cambios de ritmos no controlados (lo que viene a ser picarse con el compañero de entrenamiento). Lo que sí he metido es algo de zumba en la lista de reproducción, quién me ha visto y quién me ve...con mallas y camisetas de compresión.





miércoles, 15 de octubre de 2014

Corriendo con lluvia y Carrera CSIC 2014

Después de meses sin  llover apenas la lluvia ha vuelto a Madrid. Con ella el número de gente corriendo ha descendido.

Te miran mal cuando sales a correr con lluvia. Más que mal con ese aire de “y el loco éste… seguro que se coge una pulmonía”.

Tengo que confesar que cuando está jarreando no salgo a correr en ese momento; me espero un rato porque Madrid no es el Caribe ni la borrasca de las Azores es un Tifón de Categoría 4, por lo que esperando un rato todo vuelve a la calma. Que sí, que los runners somos muy espartanos pero yo al menos soy de la Nueva Esparta, de esos espartanos de aluvión.

EL jueves pasado me cayeron chuzos de punta. Iba a Valdelatas feliz como una perdiz en un receso de la lluvia cuando vi una nube negra de por el oeste digna del mismísimo Mordor. Como suele suceder en estos casos, se puso a jarrear de improviso justo en el punto más alejado. En ese momento, como les digo a los escépticos, sólo cabe seguir corriendo, relajarse y disfrutar porque  te vas a mojar de todas formas. Estaba justo dando la vuelta a seis kilómetros y medio del curro.

Con lo que había caído ese día  y los anteriores los caminos de Valdelatas estaban ya blandos, con charcos y con barro en algunas zonas. Vamos, la delicia de los señores Ariel, Dixan o Colón. “Con la gorra calada y sin los guantes de seda” podía ver mínimamente sin las gafas. La tracción empezaba a alargarse con lo que metí la reductora y volví. Escuchando (que no oyendo) el "Have you ever seen the Rain" de la Creedence o (momento del que me arrepentiré) el "Play Hard" la lluvia era una agradable acompañante.

En la glorieta que une Alcobendas con Fuencarral (Montecarmelo y Las Tablas son Fuencarral, por mucho que digan los moradores de estos barrios de Autocad) los charcos ya eran gigantescos y las calles empezaban a colapsarse a mediodía. Es curioso… sólo hay charcos en las calles, no en los caminos. Tendrá algo que ver que las alcantarillas estén colapsadas de mierda por la falta de mantenimiento. Putos recortes…

Lo que llevo peor, sin duda, es el viento. EL domingo en Riaza aborté la salida porque literalmente podía salir volando. Las nubes se movían rapidísimo. Subimos a La Pedrosa  y de pronto llovía como hacía sol en cuestión de segundos.

Esta semana sigo corriendo a veces con lluvia y sin ella; llevo la mochila al curro algo más mullida con cortavientos y gorra.

Como novedad deciros que uno de mis patrocinadores en la sombra me ha regalado un dorsal para la carrera del CSIC. No pensaba correrla pero lo que es gratis tiene demanda infinita. Lo aprovecharé, que me dejó muy buen sabor de boca hace un par de años. Se trata de una clásica entre las clásicas y con un recorrido en mi opinión exigente: si bien los 3 primeros son cuesta abajo (Serrano hacia abajo, hasta la Biblioteca Nacional), sin embargo los cuatro ó cinco siguientes son cuesta arriba tendida por Castellana, justo entre el 6 y el 7 en los que psicológicamente dices “no puedo, estoy hecho una braga, bajo el ritmo, que le den”; los dós últimos, cuesta abajo, son para recuperar y la entrada en el Ramiro en plan “Carros de Fuego” aporta un punto de solera que pocas carreras tienen. Ah, te dan camiseta de manga larga de buena calidad, que para el invierno viene bien.


Lo que es seguro es que no me acercaré a la marca de entonces, 41:50, dándome con un canto en los dientes si me quedo en 43:00. Entre que me falta ese punch de velocidad y que llevo sin disputar un diez mil dos años (precisamente en el CSIC) lo albergo grandes esperanzas; de hecho estoy planteándome hacer uno de los dos trayectos (ida o vuelta) corriendo para convertirlo en un rodaje.

jueves, 23 de enero de 2014

Corriendo por Valdelatas

"Cuando estás a punto de morir es cuando te sientes más vivo" (Finn McMissil, Cars 2)

Menuda frase para una película de niños ¿no? ayer me le recordó mi hijo mediano. Y es que cuando uno lo da todo es cuando más satisfecho se queda.

El martes volví a correr por Valdelatas, que me tiene alucinado. Entre autopistas (Carretera de Colmenar, M40, etc), una subestación eléctrica, barrios periféricos desarrollados en plena burbuja existe un reducto de bosque mediterráneo por donde hacer el cabra con la MTB, ir con los enanos a un área recreativa, pasear o correr. Pese a que reúne todas las condiciones para estar transitado al lado de barrios que supuestamente no tienen servicios (que se vayan a un barrio periférico de verdad, a ver qué servicios tienen y cuáles no), oficinas (Timofónica está a menos de un kilómetro), una Universidad (la Autónoma) y un cuartel el caso es que a mediodía sólo me he cruzado con militares de los que sólo saludaba el sargento que cerraba el grupo.

Por situaros, es un espacio cercado a la izquierda por la carretera de Colmenar y al norte por la Autónoma y el Club de Tiro de Cantoblanco.

Vale que el acceso desde Las Tablas no hace presagiar nada bueno (se pasa por la carretera que va a Alcobendas, ésa donde está el Decartón), por una subestación eléctrica y un camino que parece un vertedero pero “enllegando” a la puerta todo cambia.

Por lo visto tiene unas dimensiones de 300 hectáreas. A un lado encinas, a otro pinares; “entrambos” vaguadas con dos ó tres arroyos. Se huele a jaras y cantueso, las piñas están ahora “reventás” de piñones (es la época) y, a pesar de la miopía, llegué a ver alguna seta. Se oyen los pájaros o alguna oveja cuando tres minutos antes estábamos esperando a que el hijoputa del Q7 se dignara en pararse en un paso de cebra para dejarnos pasar (se ve que cinco ó diez tíos como carros corriendo a mediodía con ropa fosforita son más difíciles de ver que un urogallo).

Entrando por el camino eléctrico (el del sur) hay una bajada de casi un kilómetro en el que es muy fácil fliparse y cargarse los cuádriceps; a partir de ahí, y olvidándose de un camino que sigue de frente y que no tiene salida, se gira a mano izquierda y empieza lo bueno; subidas y bajadas cortas que son el preludio de una subida muy larga (unos 500-700 metros). Tras una meseta de otro tanto hay dos opciones: girar a la izquierda y, por otro camino, volver hacia donde entramos o… sí, girar a la derecha y tras un descenso tremendo con la reductora puesta alargar tres kilómetros más el recorrido. De fondo el "skyline" de Madrid, presidido por las torres de Mordor, perdón, de la antigua Ciudad Deportiva.

Tenía tiempo, así que opté por ir con un compañero de esos que corrían antes de que hubiese distintos tipos de pisada que me llevó en volandas. Pisando senderos apenas distinguibles, cubiertos de hojas de pinos iba encantado con lo que veía. Dos ó tres arroyos (o el mismo pasado varias veces).


Al final los diez kilómetros que pensaba hacer se convirtieron en casi catorce; el ritmo tranquilo que pensaba llevar se quedó en el país de los propósitos pero es que me dejé llevar. Por el entorno y por el día, que, también hay que decirlo, era espectacular: unos diez grados, sol, sin apenas viento y con la atmósfera limpia por las recientes lluvias… un lujo que había que disfrutar. El ritmo, como comprenderéis, fue lo de menos. Con toboganes y el suelo húmedo lo mismo me salían a 5:50 que a 4:30. Al final 4:57 con el corazón en la boca y la sensación de haberlo dado todo.

lunes, 29 de abril de 2013

MAPOMA 2013, un previo

Sólo unas líneas para escribir el tiempo final (estoy trabajando en la crónica). Con respecto al año pasado he empeorado dos minutos (3:54 frente a 3:52) pero esta peor marca me sabe mejor por varios aspectos:


  • Salí lastrado por el caos del ropero, perdiendo doce minutos en la salida y teniendo que remontar.
  • A pesar de las molestias en el piramidal de los últimos meses he podido templarlo y correr con él en armonía.
  • El tío del mazo estuvo corriendo conmigo desde el km32 pero hasta el 39 pude esquivarle dignamente.
  • El frío y el aire. Pese a que no nos preparamos para luchar contra los elementos, estos juegan un papel importante.
  • He contemporizado, me he regulado todo el camino. Desde el km 3 al 27 he ido a 5:21 y desde ahí al 35 a 5:23. A partir de entonces un lento declive.
  • Y, lo mejor de todo, los últimos 500 metros los hice en loor de multitudes y escoltado por mis dos hijos mayores. Encima el xxxxx del mediano me dice "Papá corre más, que nos van a ganar, que voy como un Ferrari".


Ahora toca descansar y lamerse las heridas y desdecirse de esos comentarios tan poéticos dichos en caliente del tipo "va a correr otro maratón su puta madre". Afortunadamente el ser humano tiene la ventaja evolutiva de la amnesia selectiva, ésa que nos lleva a olvidarnos de lo malo y quedarnos con lo bueno: el dolor, las rozaduras, el destemple... todo se pasa pero la gloria y el orgullo de pasar por meta no te la quita ni Dios. Amén.

A todos los que habéis terminado el maratón enhorabuena. A los que lo habéis intentado animaros: el próximo seguro que cae. Y a los que estáis dudando jalearos: nos vemos en el próximo.

miércoles, 3 de abril de 2013

A días de MAPOMA


Último mes completo que se pasa antes de MAPOMA para el que quedan días.

El análisis de estas nueve semanas deja mejores resultados que sensaciones, y es que persiste esa ligera molestia en el piramidal que no termina de irse. Si bien no es un dolor intenso sí que es molesto. Viene y va durante la carrera; bueno, viene, se queda un rato como un vecino gorrón y le cuesta irse para volver al rato. Como  hasta ahora no he hecho rodajes más allá de los 20 kms salvo la MM de la Latina desconozco aún qué puede pasar más allá del km 21.

De momento estoy haciendo caso al consejo de sabios del Muro de Hortaleza: estirar, estirar, estirar. No hay otra.

En cuanto al camino recorrido hasta ahora, llevo prácticamente los mismos kilómetros que el año pasado (545 en 2013 frente a 541 de 2012). No he hecho series ningún día precisamente por la sucesión de molestias isquiotibiales/piramidales. He hecho las mismas salidas, 43, a una media de 4:57 min/km frente a 4:53 min/km. Vamos, que he clavado la preparación del año pasado.

Sin embargo me quedo algo que la preparación no dice y que pienso que es útil aunque a veces no lo consideremos y que el kilometraje del año móvil (últimos doce meses): el año pasado pasé de casi 1.400 kms en enero a 1.520 en marzo mientras que éste ando clavado en los 1.900. Consecuencia de ello la mochila se ha reducido en dos ó tres kilos. Vamos, que estoy hecho una sílfide.

Con la faldita daría el pego, pero lo mío no es el tranformismo.

¿Qué me queda? Una salida larga que espero sea premonitoria, el viernes… y poco más. A partir de entonces me quedan tres semanas hasta MAPOMA en los que iré reduciendo paulatinamente la carga de kilómetros. Con todo este panorama no espero milagros el día 28 salvo que espero que el pardillismo no aparezca.

Por lo que respecta a esta semana de vacaciones poco destacable en el aspecto deportivo salvo el rodaje del domingo de casi 20 kms a 5:09 y 137ppm (85%) con buen tiempo (sol, nubes, sin viento) y saliendo muy temprano (8:40 de la hora nueva). En el ensayo general del viernes intentaré bajar un ritmo cardiaco que aún es alto para mí.

viernes, 15 de marzo de 2013

Ahora sí que sí


… parece que viene la primavera. El miércoles salí a correr a pesar del viento. El sol ya pega (nos acercamos el equinoccio de primavera). Las últimas lluvias, además, acentúan el olor del romero a lo largo de mi camino hacia el JC1. Los cerezos del JC1 acaban de florecer mientras que los almendros de la Quinta todavía conservan sus flores dejando con ello un intenso olor a miel que los que salimos a correr habitualmente agradecemos. También se dejan notar ya las mimosas aunque todavía no están en su máximo esplendor. Bueno, y los reductos de pinares que hay por Hortaleza.

Además anteayer estaban cortando la hierba a lo largo de todo el carril-bici lo que hacía desprender un intenso olor a hierba recién cortada.

La sierra, además, se veía preciosa cargada de nieve.

Para que fuese perfecto sólo faltó que hubiese alguna hilera de naranjos con su azahar al aire; pero bueno, quizás eso sea mucho pedir. Al fin y al cabo echamos de menos los olores con los que nos hemos criado, de ahí que no eche de menos como otros el olor a mar.

Se me ha olvidado escribir que fui a 4:50 más feliz que una perdiz, pero es que el miércoles la carrera fue lo de menos.

 ¿Quién dijo que correr es aburrido?

Pensado mientras corro desde el parque; enviado desde mi pecé.

martes, 12 de marzo de 2013

Raining over me



Dependiendo lo romántico que me encuentre, cuando empiezo a correr empiezo por el Sweet Child of mine , Nothing else matters o el Highway to hell . El resto lo delego a la aleatoriedad del “shuffle”.









El viernes salí a correr a mediodía con “viento de poniente” justo en el momento que aflojaba la lluvia después de haber estado jarreando toda la mañana. Justo después de escuchar el Nothing else matters” (sí, escuchar, porque a Metallica no se le oye, se le escucha), empezó a sonar el “Rain over me” como si de una metáfora se tratase. Sí, sé que son canciones que no pegan ni con cola. Algunos lo llamaréis sincretismo pero no; todo lo más podría considerarse eclecticismo pero es que ni eso: son corta y pega. La lista de distribución la confeccionamos en base a momentos tan personales como distantes. A veces vas de subidón y te apetece meterle caña y te pones esa música que suena en las carreras. Otras veces te pones a rodar y quieres algo más tranquilo y tradicional (si por tranquilo y tradicional puede considerarse el “Seek and destroy”). Por cierto, os pido que rellenéis la "encuesta" de la derecha.

A los 100 metros de salir “se abrió un claro entre las nubes, hemos vuelto a ver el sol como dos presos comunes en el tejao de una prisión”. Esta vez fui por las aceras hasta el carril bici. Rodeé el parque de Silvano y lo crucé para volver nuevamente al carril-bici y desde ahí al JC1. Esquivando los charcos fui por el anillo central, ése que es de asfalto y que para zumbarle a la bici viene tan bien en un día sin gente como el viernes. Entre la lluvia y que era precisamente viernes no había casi nadie en el parque. Qué gusto correr un día en el que deja de hacer viento, el aire está limpio y no tienes que esquivar a nadie.

Cuando me di cuenta llevaba casi ocho kilómetros y me acordé que ese día tenía que seguir trabajando por la tarde. Me supo a poco la carrera, y es que hay pocas cosas como el aire en la cara con una lluvia fina sin necesidad de estar seco. Corriendo por correr.

Del resto de la semana poco más que contar. Estoy poniendo a prueba el inventario de cortavientos y demás material para la lluvia y me he dado cuenta de que no es muy extenso, por lo que en las próximas rebajas habrá ampliación. La Meseta castellana no es precisamente La Coruña, por lo que puedo pasar perfectamente sin una prenda más de éstas un año más (como, por otra parte, lo he hecho los últimos años). Dos salidas más de 10 kms a 5:00 y 4:45 respectivamente y el rodaje de ayer, casi 18 kms a 5:15 (bien porque voy acoplándome a un ritmo cómodo y rgular porque aún tengo moolestias).

Ah, por cierto, y por mucho que diga Yolanda con respecto a la comida. Aún a pesar de ver proteínas, hidratos de carbono y alcaloides donde otros ven unas porras con chocolate, tres porras con chocolate dos horas antes de correr no son precisamente los mejores cmpañeros de viaje. Qué mal lo pasé el martes en plena carrera, pero uno es más cumplido que un luto y si un compañero invita por su cumpleaños a porras con chocolate pues tampoco es cuestión de hacerle un feo. Y es que con las cosas del comer no tengo mesura. 

martes, 22 de enero de 2013

Ciclogénesis


Semana chunga en muchos sentidos la que se termina. Afortunadamente el fin de semana ha enderezado una semana que parecía torcida. Entre otras actividades estuvimos en La Caja Trágica (perdón, la Caja Mágica, que me traiciona el subconsciente) viendo el España-Croacia del Mundial de Balonmano, y hay que ver lo complicado es explicarle a unos niños que dejarse ganar contra Croacia puede ser bueno de cara a los cruces pero pésimo en cuanto a la imagen que damos, que al fin y al cabo es lo que queda. La sombra de la duda siempre persigue a selecciones como Grecia, Serbia o la misma Croacia por pensar más en los cruces que el partido siguiente.

La mochila sigue ahí, algo más escuálida, y sólo me queda un kilo para que vacíe del todo el lastre navideño.

En el aspecto deportivo personal sigo sin arrancarme con las series que pretendía hacer. Tampoco estoy yendo a ritmos altos. Y es que tengo esa molestia ahí en el isquio que no termina de irse. Además el aire que nos ha acompañado esta semana tampoco es que haya ayudado mucho.

Ciclogénesis se llama ahora a un tiempo de perros como el de la semana pasada. Todos y cada uno de vosotros habéis corrido cayendo chuzos de punta, con un frío del carajo o soplando un viento del copón.

49 kilómetros en total, quince más acumulados que en enero de 2012 (110 frente a 95, parte positiva) repartidos en dos salidas de 10 kms, una de 12 kms y el rodaje de 17 kms. Los ritmos, sin embargo, siguen sin bajar. Con el viento no me apetece (ni puedo, hay que ser francos) correr entre 4:30 y 4:40, mis velocidades en las que me muevo en entrenos en el umbral anaeróbico, de ahí que me haya quedado entre 4:50 Y 5:00. Además, qué coño, no quiero forzar la máquina por el riesgo de lesión. En alguna de las salidas pesó más el mono por salir que la razón que invitaba a descansar y ya se sabe que la mayor parte de las veces nos dejamos llevar por al instinto.

Lo mejor del rodaje fue comprobar que, a pesar del viento, puedo rodar a 5:10-5:20 a un buen ritmo cardiaco, 140ppm (sobre una FCMáx de 163ppm). Aún es alto, tengo que bajarlo y probar a ir a 5:15-5:20, ritmo al que debería ir para bajar de 3:45. Teniendo en cuenta, además, que gran parte del mismo lo hice por los toboganes del Pinar de Conde Orgaz, todo llenitos de barro, quiero pensar que pude hacer alguna pulsación de más que en circunstancias competitivas no las he de considerar.

miércoles, 2 de enero de 2013

San Silvestre Gijón 2012


Hasta ahora nunca había corrido una san Silvestre. Había corrido, sí, en San Silvestre, pero una carrera organizada como tal no me lo había planteado.

Influyó mucho que el fin de año no lo pasábamos en Madrid y que las San Silvestres de Córdoba o de Gijón tenían poco kilometraje para mi gusto (tres y seis kilómetros respectivamente). También que no soy muy amigo de pagar por correr, todo sea dicho. Pero este año tenía ganas de darle en los morros en forma de tiempo a los pseudorunners que pululan por la ofi y que se apuntan a la Vallekana para presumir luego de camiseta runner en el túnel de autolavado o, en un alarde de esfuerzo físico, en la clase de Pilates.

Hace un par de semanas habilitaron la inscripción para la Carrera de Gijón, seis kilómetros y que por lo visto es la vicedecana de las San Silvestres oficiales en España. Sólo costaba tres pavos, un precio más que razonable por correr. Además vi que había carreras para los enanos de 800 metros. Como Gijón en Diciembre no es precisamente el Caribe nos abstuvimos de decirles nada hasta un par de días antes por  la previsión del tiempo. Viendo que daban bueno se lo dijimos y los apuntamos. ¡¡Uf, 800 metros!!! ¡¡Lo que nunca he corrido de mi vida!!! Pues hay que preparlos machotes. Y como Rocky III en las playas de California con Apollo Creed allá que hicimos unas pocas series en la playa que comenté en mi anterior spot. Además inspeccionamos el recorrido, viendo donde podíamos atacar a 300 metros de la llegada.


 (impagables los calcetines de rayas y la camiseta de tirantes)

A última hora el medianito decidió que no corría, que mejor se quedaba en casa viendo dibujos, y tampoco era cuestión de forzar. Nos fuimos para el Muro, con los nervios a flor de piel, un tiempo perfecto para correr (algo más de 10ºC y nada de aire) y con los últimos consejos antes de la carrera. En una decisión de la organización que no me gusta en absoluto los padres pueden acompañar a sus hijos. No me gusta porque hay padres que NO PUEDEN acompañar a sus hijos porque sus hijos corren más que ellos y no hacen sino entorpecer a los niños que van detrás de ellos. Y porque quieren inmortalizar ese momento “Carros de Fuego” con la cámara de video, al réflex, lienzo, caballete y pinturas al óleo más unas tabillas para ir esculpiendo un bajorrelieve poniendo en riesgo la integridad de todos (me extenderé en este aspecto). Antes de tiempo se da la salida y, como siempre, los más lentos se han colocado los primeros, a instancias de los padres, por supuesto. Hay que esquivar. Como los niños van “de la manita de mamá” con ocho años buscamos el pasillo lateral y nos ponemos a remontar. Hay un amago de chocar con el muro pero es una falsa alarma. Nos reponemos sin apenas bajar el ritmo, curva, contracurva y vemos la meta allá abajo tal y como habíamos inspeccionado. Pasamos un arco, otro y ¡¡¡llegamos!! Peaso de sprint de 200 metros que nos hemos marcado, “recogiendo cadáveres” desfondados. La afición enfervorizada ruge en la misma línea de meta. Lata de Acuario, chuches de regalo y para casa, que está empezando a llover y no tenemos ropa de repuesto. Tiempo final: 4:33, bueno, 4:30 porque lo paramos en la fila. Y es que los malos hábitos runners de arañar 2 ó 3 segundos por las aglomeraciones de la llegada parecen tener un trasfondo más innato que sociológico.

Mientras tanto ahora el que tiene que correr soy yo. La salida está a unos dos kilómetros y son las 16:30, tengo media hora, tiempo de sobra para ir a trote cochinero. EL cielo está ennegreciéndose, hay marea alta que vierte sus aguas sobre el muro empapando al personal que pasa por allí, lo normal al lado del Cantábrico, no sé de qué nos quejamos.

Llego con tiempo, me coloco de los primeros y con el “Paradise City” entramos en calor. Con el “Enter Sandman” se bordea el éxtasis colectivo y se da la salida. Hay mucha gente durante todo el recorrido, y se nota. A pesar de la aglomeración del principio, el primer kilómetro me sale en 4:01. La carrera se estira y hago el siguiente en 3:59 con las pulsaciones disparadas a 168. Los dos kilómetros siguientes los hago a 4:03 con algo de subida y callejeando por Gijón. Empieza a llover más intensamente. Sigo jodido de pulsaciones, ya a 175. Sin embargo, y en la Avenida de Castilla el trazado se hace más benévolo y con menos quiebros por lo que decido (más bien intento) apretar a ver si rompo la barrera sicológica de los 4min/km. La lluvia se intensifica pero no influye. Noto que adelanto a muchos más corredores de lo que me rebasan, 3:59 y 3:59. Pim-Pim. Doscientos metros más de propina al mismo ritmo, que la carrera mide algo más. Entro a 179 pulsaciones, totalmente reventado y a cuatro segundos del objetivo sobrevenido de la ruptura de los 4 min/km. Esperaba haber hecho menos de 25:00 en 6.000 metros y me quedo en 24:45 en 6.200. Bien.

¡¡Cómo mola mi pistola!! Pienso. He podido hacer seis kilómetros seguidos a 4:01. Tenía como referencia un ritmo de competición de 4:11 en Proniño y CSIC, pero éste rompe todos los límites. Es cierto que “sólo” son seis kilómetros, que el recorrido era prácticamente plano y que estábamos a nivel del mar, pero creo que si hubiese sido en un recorrido típicamente madrileño de 10.000 metros hubiese podido ir a 4:05-4:08, referencia ésta última que tomaré como marca a batir en un futuro próximo ya que ahora toca MAPOMA.

La organización de la carrera es cojonuda y hay mucho ambiente dentro y fuera de la carrera, ya que estaba lleno de público todo el trazado, algo que se agradece cuando venimos de entrenar en solitario. De la música qué puedo decir: que te pongan a Metallica en el momento de la salida hace que te salte el espíritu navideño y se salte una lágrima. EL precio cojonudo para lo que hay. Por poner una pega: te cobran un depósito de cinco pavos por el chip que luego te devuelven, pero es por poner alguna pega a una buena organización.

viernes, 14 de diciembre de 2012

¿Y tú no te mojas en bici?


Viernes laborable. Paros en el transporte público. Manta de agua. Colegios. Carreteras de acceso y calles de Madrid colapsadas.

El menda viene al curro (como siempre) en bici, sólo que con un cortavientos con capucha y un sobrepantalón. Tardo dos minutos más por ir más despacio por si la bici resbala. Llego y no hay nadie.

Pasa un buen rato y no llega nadie. Miro el reloj y no, no he llegado temprano, sino antes que los demás. Al rato empiezan a llegar con cuentagotas (nunca mejor dicho), como si el hecho de que llueva suponga una excusa para llegar tarde.

“¡Menudo atasco, cuánto llovía!”
“¡Uf el metro, puta huelga!”
“¡”Puta lluvia, cómo me he puesto, si llevaba paraguas”

Y la pregunta clave, con eso tono tan tocapelotas cuando, con soniquete de listo, te lanzan “y tú qué, hoy no habrás venido en bici, ¿no?”

“Sí, ¿por qué no?”

“Es que con la lluvia te puedes mojar” Menuda apreciación, es  una de las propiedades del agua. Podría  llover cerveza, pero no, hay que conformarse con agua.

Pues sí, he venido en bici, quedándome con ganas de decir “se viene de puta madre en bici cuando llueve y no me he mojado; no me he comido un atasco del copón (como tú), no me he mojado del coche al curro (como tú) ni del metro al curro (como tú), me ahorro la gasolina o el abono de transporte, la tintorería del traje lleno de barro y el gimnasio (no como tú).

De verdad, hay gente que por ir en bici te mira raro, incluso con compasión pero, teniendo la posibilidad ¿por qué no? Con mi burra de 16 kilos se mueve un cuerpo serrano de ochenta kilos; otros mueven dos mil kilos de acero para desplazar un cuerpo no tan serrano ¿Quién es el friki y quién el gilipollas? Eso sí, los folios que sean reciclados.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Disfrutando como un enano


Llevo un par de semanas disfrutando como un enano con los entrenos que estoy haciendo. Probablemente sea por el hecho de que salgo a correr, sin más pretensiones que las de disfrutar mientras corro. A lo mejor tiene que ver el hecho de que en este tiempo ha llovido mucho en sentido estricto.

EL sábado hice un rodaje de 18 kilómetros por Gijón a 5:08 y 144ppm  acompañado gran parte del camino por la lluvia. ¿Truco? Sí, algo. Al fin y al cabo estaba corriendo a nivel del mar y por un recorrido plano en su práctica totalidad. Por cierto, mi FCMax es de 162ppm, de ahí que parezca que vaya sobrado tanto en los rodajes como en mis sesiones en el umbral anaeróbico (a 150-152ppm).

El jueves pasado igual, llovía cuando salí, después paró un poco y finalmente empezó a jarrear al final. De perdidos al río, “from lost to the river”. Como dicen los pingüinos de Madagascar, “sonreíd y saludad”, “cucos y coquetos”. Así que cabeza bien alta, sacando pecho  y gracilidad.



Me faltó ponerme a cantar el “Ardor guerrero” que no me sé porque uno hizo la mili en el arma de Ingenieros para cuyos integrantes los infantes eran carne de cañón (paradójico, por otra parte, cuando los zapadores son igualmente soldados valerosos del arma de Ingenieros). Llegué de barro hasta arriba, literalmente. Las zapatillas, blancas cuando las compré, tienen esa pátina que les confiere el viento y el barro asienta.

Ayer  hacía un tiempo espectacular. No más de 10ºC, sin viento y ninguna nube y decidí irme al JC1 en bici. Al final me salieron  21 kms a 22 kmh puerta a puerta. Qué pena que tuviese que volver, porque me he quedado con ganas de más. Hacía tiempo que no iba en bici con fines deportivos, y la verdad, tenía de ganas de meter desarrollos largos con cadencias altas, ya que el ciclismo urbano no permite apenas este tipo de caprichos. El problema es que para “enterarse” del ejercicio uno necesita un tiempo precioso, ya que he estado algo más de 53 minutos y las pulsaciones se han quedado en 122ppm.

¿Carreras a la vista? Ninguna la verdad. Bueno, miento, sí que hay una, pero esta vez voy de espectador cámara en mano. Y es que el domingo los enanos tienen carrera en el Parque del Oeste. Se estrenan en la ultradistancia de los 300 y 400 metros. ¿Necesitarán gel de hidratos? Eso es para los parchosos de los padres, que nos da por correr y correr sin parar.

jueves, 8 de noviembre de 2012

En la vida hay que elegir


Hoy tenía ganas de correr, pero a la hora de salir a correr a mediodía llovía sin parar. Y, claro, inmediatamente surgen las dudas:

  • ¿Malla larga o corta?
  • ¿Cortavientos o chubasquero?
  • ¿Adidas o Kalenji?
  • ¿Madonna o Kilye? Me refiero al MP3, malpensados. Además, uno no es tan fantasma.

En serio, a mediodía no llovía tan fuerte como por la mañana. Y tenía ganas de correr. Así que la las elecciones fueron:

  • Malla larga
  • Chubasquero
  • Adidas y Kalenji.
  • Para aprovechar el barro y el “shuffle” dejé que Madonna y Kilye se pelearan, que uno no puede hacerlo todo.


Y a correr. Mucho barro, mucho charco, por lo que el recorrido habitual hasta el JC1 lo iba modificando sobre la marcha. Un poco por Villarrosa (es increíble como todavía funciona el drenaje en este parque), el carril bici, Los Llanos por la acera que bordea el parque hasta El Corte Inglés del Campo de las Naciones y vuelta casa. Pim, pam, nueve kilómetros en 43:00 de menos a más (de 4:50 los primeros kilómetros a 4:40 los siguientes sin que las ppm se disparasen) a pesar de la pérdida de tracción como consecuencia de la gran cantidad de barro. ¿Qué si me mojé? Pues sí, pero terminé hiperhidratado. Tengo hoy la cara que ríete tú de los potingues esos “rinse-off”, “crema de día” “crema de noche” o “crema de pepino”, y gratis.

Llegué empapado por el cortavientos y por la borrasca atlántica. Y es que por mucho que prometan que el cortavientos favorece la transpirabilidad al final sudas como un cerdo. ¿Tendrá algo que ver que el cortavientos de Kalenji sólo me costó veinte pavos y que por ese precio no se le pueden pedir peras al olmo? Es posible. ¿Qué pensáis?

El resto de la semana correril se compone de un rodaje de 18 kms a 5:11 y 143ppm y una salida de calidad de 10 kms a 4:28 en las que las pulsaciones se me fueron a 154ppm.

miércoles, 3 de octubre de 2012

III Carrera del Corazón 2012


El sábado pasado había mucho vicio en la Casa de Campo a las nueve de la mañana de gente que había pagado por correr. A ver, no seais mal pensados, que sabéis que un cordobés nunca usa el doble sentido.

Hablando en serio, el día de agua anterior hizo de filtro para que el sábado hubiese menos corredores del o habitual, “sólo” 1.300, por lo que la manida excusa de las aglomeraciones iniciales para justificar un tiempo peor de lo esperado no valían.

¿Barro? Sí, pero sólo los primeros y últimos 100-150 metros, lo que tampoco puede ser excusa.

Salvo las incursiones cuando MAPOMA no había corrido nunca en la Casa de Campo. Lo sé, es una de las referencias “runners” en Madrid, pero qué queréis que os diga, teniendo tantos parques al lado de casa en Hortaleza se me hace raro coger el metro o el coche para ira correr a la otra punta de Madrid, perdiendo más tiempo yendo a correr que corriendo. En este sentido, pienso, los runners estamos mal acostumbrados… para bien. Para correr no necesitamos quedar con nadie, ni ir a ningún sitio, ni esperar al monitor guaperas de turno, ni que haga buen tiempo, o malo, ni forfait, ni pollas en vinagre. Ponerse las zapas y a correr.

Viendo el perfil pensé que podía ser una carrera “fácil”, pero de fácil nada. Las rampas eran muy suaves, sí, pero bastante largas. Además, el ir y volver por el mismo camino tampoco ayudaba a tener una perspectiva clara de cuánto llevaba y cuánto quedaba.

Lo que peor llevé de la carrera es el tramo de adoquines y granito de poco más de un kilómetro a la salida de la Casa de Campo y hasta que volvimos a ella. No me gustan nada ni el granito ni los adoquines ni elementos similares, noto como sufren las rodillas e instintivamente acorto el paso.

Antes de ir había pensado que mi tiempo iba a estar en torno a 43:00. Soy de los que piensa que se corre como se entrena, por lo que si en mis entrenos rápidos estoy yendo a 4:36-4:38 no podía esperar a repetir los 40:50 de Proniño en Junio, cuando entonces iba a 4:30-4:32. Esos cuatro ó seis segundos de diferencia explican parte de mis 43:16. Además, después de la carrera se comentó que la distancia real fueron cien metros más de los 10.000. Insisto, para mí no es una explicación para pasar de 41:50 a 43:16, ya que de ser cierto sólo explicaría una parte. Los parciales también fueron kilómetro a kilómetro algo peores que entonces. Por último decir que el que ganó también corrió Proniño, donde hizo treinta segundos menos. Todo explicado y justificado.

¿Qué saco en positivo? Que tengo margen de mejora. En la carrera del CSIC, mucho más rápida en teoría sí que espero estar en torno a los 42:00. Un poco de entrenamiento, dos kilitos menos en las alforjas, buena colocación y voilá. Sigo sin encontrarle gusto ni predisposición hacia las series. Desde la consciencia que son el principal medio para incrementar los umbrales de tolerancia al lactato rápidamente, sigue dándome una pereza tremenda ponerme con ellas. Al fin y al cabo corro por el placer de correr.

La Casa de Campo, por otra parte, es un sitio precioso para correr. Y en otoño aún más. Con las hojas de los plátanos ya amarillas, marrones y por el suelo junto con la frondosidad de los árboles y la fina lluvia que caía disfruté como un enano. Además, por tiempos, iba más o menos solo (terminé en el puesto 131), por lo que la sensación de ir en manada me permitía disfrutar sin mucho ruido del paisaje hasta que los altavoces de la organización empezaban a oírse a un kilómetro de meta.



jueves, 24 de noviembre de 2011

Las cosas del correr (y del leer)

A las cosas del correr les pasa como a las del leer, que son hábitos innatos adquiridos de pequeño que en un momento dado se pierden, llegando incluso a abominar de incluso de quienes lo practican. Con gran ligereza pensamos que son cosas de la edad, y que es lógico que se pierdan precisamente por crecer y madurar. Personalmente pienso que no es así, que lo que falla es la forma en que se nos ofrecen, o demasiado poco o en exceso de la misma forma que podemos enfermar después de vivir en una burbuja o desarrollar una alegia por una exposición intensa y prolongada a un patógeno. Afortunadamente, en muchos casos no desaparecen, sino que permanecen latentes, a la espera de un estímulo que los haga resurgir.

A cualquier niño le encanta que le cuenten historias e inventárselas. Para ellos todo es posible en un mundo de magia, donde realidad y ficción se dan la mano a nada que uno se lo proponga. Un cuento, con ilustraciones, fotos o desplegables es fascinante para ellos, y garantía de éxito si uno sabe o quiere llamar su atención. Al apagarse la luz antes de dormirse (aunque suponga un gran esfuerzo entre pises, aguas, coches/muñecos y remoloneos varios) y se les cuenta un cuento, la cara se les ilumina como sólo a un niño puede pasarle, imaginando que ellos son los protagonistas de ese gol inverosímil que le da el ascenso al Córdoba frente a un Barsa que se hunde en Segunda, o que le cambian la rueda justo a tiempo a Rayo MacQueen para ganar la Copa Pistón o que sólo ellos son capaces junto a los Gormitis de evitar que la Piedra Sulfúrea caiga en poder de un Obscurio alineado en el Eje del Mal con Chick Hicks y Gran Reactor.

Pero, en un momento dado, a la tierna edad de doce años, se les enchufa el Quijote. A pelo. Sin anestesia. A ser posible en versión original sin subtítulos, la del Siglo de Oro. Y claro, ya tenemos el shock anafiláctico prácticamente garantizado. En lugar de estimularle a la lectura desde pequeñitos, sin previo aviso, 600 páginas de la primera parte y 500 más de lo que cinco siglos después, en otro continente y en otra industria denominaron “secuela”.

Lo mismo ocurre con los juegos, que todos se hacen corriendo. Se juegue a pillar, al escondite, al fútbol, a policía y ladrón… no hay juego de niños que no se pueda hacer corriendo. También se juega en bici: un descenso a “dieciocho con seis” en la “velocidad 26” sólo está al alcance de los elegidos; el helado que nos comemos después de la cuesta terrorífica de acceso al JC1 viene a tener los mismos efectos que las espinacas de Popeye. En bici se puede ir a México si uno quiere por un camino secreto, a Villarreal o a recoger una tarta para el cumpleaños de Pelayo, según el día. Porque es divertido, porque les divierte. Para qué ir andando si corriendo se llega antes.

Cualquier cosa que les mandes la hacen corriendo (bueno, si te escuchan y te hacen caso).

Correr por el campo, con olores de los que de mayores nos enteramos que se llaman romero, adelfas, pino, jara, miel, arena mojada, fuego de leña de encina, panceta, migas es uno de los juegos más divertidos de un niño, y proporciona unos recuerdos que nunca llegan a borrarse. Meterse en la bañera y que el agua salga negra de toda la tizne que llevábamos era una muesca más en nuestro revólver y señal de lo bien que lo habíamos pasado.

Llega un momento, sin embargo, en que deja de ser divertido. Probablemente cuando te obligan a darle tres vueltas al campo, sin parar. Sin que quepa lugar para el juego. Con el tiempo como única medida. Sobresaliente, notable, bien, suficiente, insuficiente. Martes y jueves de tres y media a cuatro y media. Recuerdo horribles clases de “gimnasia” en EGB que eran cualquier cosa menos motivadoras. Alineados, “a cubrirse, ¡¡ya!”, brazos extendidos al frente, al lateral, sentadillas como si fuésemos a poner un huevo. AL final, por lo aburrido, terminabas por mostrarte indiferente primero y odiar esa clase después. Mientras tanto, Don Francisco echaba un cigarrito con Don Máximo o metiéndose un lingotazo de aguardiente como el que tenía de sexto a octavo.

¿Que a qué viene todo esto en el blog? Precisamente por el planteamiento vitalista del mismo. Corro porque me gusta, porque disfruto corriendo. Porque disfruto cómo pasa el tiempo cuando corro y no espero sentado a que éste pase y llegue el fin de semana. Porque, aunque hagamos el mismo tiempo (en términos cronométricos), en el parque ningún día es igual a otro: siempre hace más o menos viento, más o menos frío, llueve o no llueve, hay más o menos hojas en un suelo más o menos mojado, el cielo es más azul o menos, es de día o de noche, amanece o atardece, nieva o hace un calor tremendo. Porque, aunque hagas los mismos kilómetros, en la cinta pasa una goma mientras ves Bob Esponja en el monitor mientras en el parque pasa la vida, en el Muro rompen las olas o en Las Cuevas puedes correr al lado de unas ruinas de un acueducto califal que seguramente tenga sillares romanos y que abastecía a Medina Azahara, media hora más abajo. Porque disfrutando como un niño se vive mejor de adulto. Porque disfrutando del aire en la cara en bici tus hijos se lo pasan mejor viendo cómo te lo pasas con ellos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Pasando el mono (malamente)

Llevo algo más de un mes regulándome. Corriendo suave. Yendo al fisio. Saliendo menos a correr, sin forzar. Y todo por las molestias en el isquio/bíceps femoral izquierdo.
 
Hace dos domingos salí prontito y disfruté como un enano. Carrera a ritmo de rodaje, 5:10, sin forzar, reduciendo el ritmo cuando notaba la más ligera molestia real o figurada (como dirían los Serrano, creo que he terminado “sodomizando”). En una mañana sin frío, sin viento, con esa claridad y brillo que sólo hay en los días claros de Otoño y lleno de fuerzas troté 14 kms sobrado, con fuerzas suficientes como para haber hecho unos pocos más, pero con miedo a pinchar en la curva siguiente.
 
Dos días después me bajo al parque a correr suave y poco a poco empiezo a subir el ritmo: 5:00, 4:56, 4:52… hasta 4:40 en el octavo kilómetro. Todo iba “fenófeno” y decido volver a casa por si acaso me sigo flipando y, metiendo más caña, me termino rompiendo.
 
Empiezo a estirar un isquio, el otro con la pierna en alto, luego sentado en cuatro… y me da un leñazo que me cago. Un dolor intenso, localizado en el centro del bíceps femoral ¿me habré pasado?
 
Así que me voy al médico, sin saber si tengo una sobrecarga, una contractura o alguna rotura. Para romper el hielo, le digo que tengo fastidiado el músculo de moda, el bíceps femoral, y se descojona… porque por lo visto es médico de la Federación Madrileña de Fútbol, con lo que “algo” debe saber. Para mi consuelo y tranquilidad me dice que no puedo tener rotura porque de tenerla, al presionarme rabiaría como un perro (esto es cosecha propia).
 
De 7 a 10 días sin hacer ejercicio, ibuprofeno y antiinflamatorio. “¿Nada?””¡Nada!” (como Tip y Coll, y eso que traía traje). “Mire, voy en bici a currar” “Vaya en transporte público” “Mire, si fuese en transporte público tendría que andar veinte minutos, pero si voy andando sólo quince” “Entonces vaya tranquilamente andando, en bicicleta o en coche de peseta”.
 
Así que hasta bien esta semana a recrearme en el pecado capital de la envidia, el más español de todos. Envidia al ver a corredores madrugadores, de mediodía o nocturnos por no poder correr a mediodía disfrutando de mi ración de endorfinas. Envidia por tener que llevar un desarrollo que sería cómodo hasta para mi compañera de cruasán plancha con nutella y café con sacarina, dos paquetes de Fortuna diarios y noventa kilos en canal ¿Mono? Sí, mucho, pero tampoco es plan de hacer el gilipollas… otra vez.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Correr es de pobres... y en Nueva York de ricos y famosos

Al igual que el boxeo, la carrera de fondo siempre ha sido un medio para que gente humilde pueda alcanzar fama, reconocimiento y, por supuesto, dinero. Al fin y al cabo, puede que sean los deportes más baratos de practicar ya que dar hostias o correr es, de momento, gratis, por muchas carreras "populares" que haya a 10-15 pavos.

Los grandes boxeadores siempre han salido de ambientes marginales y, últimamente, de países en desarrollo (República Dominicana, Georgia, Ucrania, etc), mientras que los grandes corredores de la actualidad son de origen keniata, eritreo o etíope aunque luego corran por Dinamarca, Catar o España sin hablar ninguno de sus respectivos idiomas, sin entrenar en dichos países o sin haber probado ninguno de sus platos típicos en una muestra más del doble e hipócrita rasero de nuestras autoridades en los procesos de naturalización de extranjeros.

El fin de semana pasado se celebró la maratón de NY, probablemente la más famosa y glamourosa del mundo. Como todos los maratones, mide 42,195 kms. Como muchos maratones tiene un recorrido casi plano, y está a nivel de mar. Pero tiene algo más que no tiene ningún otro maratón. O mucho más. Para empezar no todo el mundo puede correrlo, sino que hay una especie de lotería en el que hay que pagar unos 400 dólares si ganas. Los hoteles no hacen ofertas esos días, ya que saben que hay 47.000 corredores, la mayoría de ellos de fuera de NY, que tienen la mala costumbre de dormir ocho horas al día y que cuando terminan están muy cansados como para coger un avión e irse a casa.

Como suele ser habitual, hay personas tocadas por la varita de la fortuna a las que siempre le toca la lotería, como a Sandokán, el presidente de la Diputación de Castellón (el amigo Fabra, ése que se pasea por los aeropuertos fantasmas) … o, en el caso del maratón de NY, famosos o altos directivos de las empresas españolas. Algunos de ellos, por méritos deportivos, son entrenados por excampeones del mundo u olímpicos.

Unos días después de celebrarse esa carrera, siempre sale un ránking muy particular, donde el único requisito para entrar es el de tener cierto pedigrí, pasta por un tubo, salir por la tele o las tres cosas (ver aquí). El tiempo, como siempre, es lo de menos, porque entre otras cosas tampoco es para tirar cohetes. Cuando el primero de estos próceres llega exhausto el keniata de turno ha llegado, recogido el premio, se ha duchado, se ha hecho las fotos, se ha dado un homenaje y por poco no está en el avión de no ser por los estrictos controles del JFK ya que por tener pasaporte catarí le hacen hasta un scoring crediticio por si, en un arranque de ira por negarle una hipoteca, se quema a lo bonzo a 30.000 pies.

Como cuatro horas dan para mucho, podemos imaginar alguna de las múltiples conversaciones (aparte de lo vulgar que se ha vuelto Aspen, lo vulgar que es el servicio o lo poco que da de sí el último Ferrari):

“¿Borjamari, corremos el maratón de Valencia? Uf, ni loco, Jacobo, que se llena de paelleros!!”

“¿qué tal si preparamos el maratón de San Sebastián, Jaime Alberto?”¡¡Quita, quita, Felipe Juan Froilán, que eso está en las Provincias Rebeldes!!”

“¿y qué tal si preparamos el MAPOMA, Julián José?”¡¡uf, o sea, es que en MAPOMA, además de no conseguir “Personal Best” hay que pasar por la Casa de Campo y Aluche, y se estropea el gorro Chanel con el que corro”.

Mi intención, por cierto, no es la de despotricar de este maratón, sino todo lo contrario. Me encantaría correrlo, y también el de París, Roma, Londres, Lisboa o tantos otros. Correr por una ciudad con el tráfico cortado y miles de personas animado por unos perfectos desconocidos es una sensación indescriptible. Si además de correr te gusta viajar tienes una perspectiva única en el sentido de que sólo ese día y a esas horas puedes estar ahí, en las mejores zonas sin coches ni turistas al uso. Tú, y no la ciudad, eres el protagonista; la ciudad no deja de ser sino un escenario en el que corres. Aunque no he tenido el gusto, correr por los Campos Elíseos, cruzar el Puente de Brooklyn o dejar a un lado el Foro Itálico debe ser emocionante.

PD me surge una duda: ¿la habrá corrido Urdangarín haciendo honor a la película "Coge el dinero y corre"?. Al menos parece que ha volado. Makinavaja, Makipoeta, el último chorizo, el último profeta...






viernes, 3 de junio de 2011

Como los Gremlins

Una de las películas de referencia de la generación de los 70 fue Los Gremlins, simpáticos bichitos que no (se) podían mojar ni comer después de medianoche, porque se reproducían y se ponían de mala leche. Esta película ha calado hasta extremos insospechados en la población urbanita, porque no hay circunstancia que altere más la vida diaria que la lluvia, o la mera amenaza de la misma. Ni Gürtel, ni el niño de Chaves ni que La Unión Europea vaya a intervenir a España.

El viernes pasado por la tarde estaba cayendo un tormentón del copón en Madrid, justo cuando los pocos gilipollas que no tenemos jornada partida nos disponíamos a salir.

A eso de las 18:00 decenas de personas se agolpaban en la puerta de mi empresa (perdón, de la empresa en la que trabajo) a la espera de que dejara de llover, paralizadas por la contemplación de la lluvia que les amenazaba con una segura generación de esporas que crearían nuevos clones a su imagen y semejanza (menuda tragedia).

“¡¡Oh, está cayendo una tormenta!” (menudo ejercicio de perspicacia de la rubia de turno).
“Sí, lo que habían dicho en el tiempo” (el del listo que se la quiere calzar).
“¡Qué pena, nos tendremos que quedar un poco más!” (la que ha ido a mediodía a la pelu).
“¡Cómo mola, una tarde entera de viernes en la oficina, con la fotocopiadora para nosotros solos!” (el pelota de turno que, casualidades de la vida, termina su jornada laboral a la vez que el jefe).
“¿Alguien tiene un paraguas?” (sí, para dejártelo a ti).
“Yo tengo uno en el coche” (y yo un botijo que echa el agua muy fresquita).
“Pero eso es como el que tiene un tío en Graná, que ni tiene tío ni tiene ná” (=te jodes).
“Con la que está cayendo, y el aire, el paraguas no te sirve para nada” (= aunque lo tengas, te jodes).
“Pues nada, fumando espero, tictac, que es viernes y me encanta estar en la puerta del curro”.

Uno, que sí se ve el tiempo, mete en la mochilita multiusos esa que tenemos para las compras un pantalón de agua y un cortavientos pedorro del Decartón por la mañana.

“¡Oh, mira ése en bici, se va a mojar, que pena!”

Pena la tuya, capullo, que un viernes por la tarde te quedas como un gilipollas en el curro mandando mensajes estúpidos en el feisbuc que nadie va a responder hasta que el lunes por la mañana lo vean en el curro, y el menda lerenda que se da el piro.

AL final llego a casita, y, oh sorpresa, la ropa está seca (para eso está el cortavientos y el pantalón), sin importarme una mierda cuando escampe para poder ir a casa. LO que sí tendré que hacer es dejarme un chubasquero y un pantalón de agua de reserva en la ofi, de esos de 10 pavos el puñao. Por si me pierdo el tiempo.

Viéndolo en perspectiva, los Gremlins eran mucho más avanzados evolutivamente hablando que los humanos, ya que, comamos o no antes o después de la medianoche seguimos poniéndonos de mala hostia por cualquier gilipollez.

viernes, 29 de abril de 2011

Mundo real, mundo virtual

A veces pienso que la raza humana ha sido abducida por el mundo de las pantallas, que nos muestran un mundo feliz sin salir de casa. Vamos, que nos hemos vuelto gilipollas.

Jueves, 28 de Abril de 2011, a eso de las 10:00 de la mañana, Madrid, unos quince grados, sin viento apenas y cielo despejado. Si uno no tiene otros deberes es el día perfecto para hacer deporte ¿no? Ese día me fui por el carril bici por la zona norte de Madrid (Montecarmelo, Tres Olivos, Sanchinarro, Las Tablas…). Lo sé, el carril bici por esa zona está petado…los fines de semana, pero entre semana van cuatro gatos, con lo que gran parte de las contras desaparecen (salvo la chapuza de tener que ir por la mediana, afortunadamente por la calzada se va mucho mejor y sin tráfico).

Estos días la zona de Montecarmelo tiene unas vistas espectaculares: el Monte del Pardo se ve pletórico, huele a primavera con una intensidad indescriptible. Romero, mimosas, lavanda, amapolas… si vas en bici o corres por la zona sabrás de lo que hablo. Si no vas, pero vas en bici o corres, te podrás hacer una idea del placer que da hacer ejercicio en esas condiciones.

¿Qué a qué viene el primer párrafo? Justo en frente de la carretera que sube al Pardo hay un mastodóntico gimnasio, con unas cristaleras enormes orientadas hacia el Monte del Pardo. Al pie de las cristaleras hay hileras de cintas de correr y de bicis estáticas con sus teles de plasma. Y con gente corriendo o pedaleando encima de ellas. Con ese monte ahí al lado y te vas a correr a una cinta…

El gimnasio te quita el frío del invierno, el calor del verano, los vientos que anuncian el cambio de tiempo, la lluvia en la cara. Puedes correr en un ambiente isotérmico, aséptico y desinfectado durante todo el año al lado del macizorro o el pivón de turno, pero ¿y el placer de sentir cómo cambia el tiempo? Sentir cómo llega la primavera, cómo se termina para dar paso a un verano con interminables atardeceres en los que se puede ir en bici sin pensar en que se va a hacer de noche, cómo pisas las hojas que caen en otoño o cómo crepita el hielo por la mañana en invierno te hace disfrutar aún más de la carrera, a pesar de la mierda en el aire de Madrid.

Pasarlas putas mientras subes esa cuesta que se te resiste, meterle caña cuando vuelves ya cuesta abajo, curva a izquierda, puente sobre la M40, correr al lado de un río/canal…

Como dice la canción, Have you ever seen the rain? Si estás en el gimnasio de marras la podrás ver desde el cristal, pero ¿sentirla? Lo dudo. Ponte un cortavientos y una gorra para el agua y sal. Verás como no te mojas apenas y cómo tienes la cara al volver. Hidratada no, super-hidratada.


¿Qué hay poco tiempo? Mira en la pantallita la distancia “recorrida” sin moverte del sitio. ¿Tres kilómetros en veinte minutos? Sal a la calle y corre 1,5 kms y vuelve, verás lo lejos que llegas y cuántas ganas de ir más lejos tienes nada más llegar.

¿Algún motivo más para correr en la cinta? Ah, es que a mediodía dan ese documental de naturaleza que podemos ver en la pantalla de la cinta con los auriculares mientras corremos. ¡Qué casualidad! Hoy en Telemadrid están dando un documental sobre la fauna en el Monte del Pardo. Mundo virtual. La puta pantalla de marras.

Enviado desde mi pecé.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡Qué buenos son los reyes!

Debo haberme portado la hostia de bien este año, porque los reyes me han dejado probar el GARMIN que me traerán el día 6 a pesar de mi republicanismo militante. Como las condiciones de venta a distancia en materia de devoluciones no contemplan que el reparto de sus majestades se aplace hasta ese día, ayer lo probé, previa configuración que me costó lo suyo; manazas que es uno y negado para esto de la técnica (así podéis ver lo simplón del diseño del blog).

Al final me salieron 11 kilómetros pelaos, a 5 minutos el kilómetro clavao, y eso a pesar de la lluvia que caía. Para refutar por enésima vez la Ley de Murphy que establece que “el momento en que se ponga a llover será aquél en que te encuentres más alejado de casa, y su intensidad será directamente proporcional al cuadrado de la misma”, cuando estaba en el JC1 se puso a llover intensamente. A ver, no es que hasta entonces los pajaritos cantaran, pero las nubes sí que estaban levantadas, y empezó a llover con ganas. Los pocos que corríamos en el parque nos saludábamos con un sentimiento de solidaridad y una sonrisa “from lost to the river”, de perdidos al río; total, ya estábamos mojados. Eso sí, ni viento ni frío… pero mucho agua en el suelo; alguno hasta avisaba de la inminente presencia de un charco, como si no los hubiera. Con lo miope que es uno, me los comía doblados.

En cuanto a las sensaciones del peluco, mejores de las esperadas. Medición precisa (joder, es un GPS), con una aportación de datos que, de momento, los considero anécdota (posición, dirección, altura, etc) pero a los que muy probablemente me acostumbraré. Eso sí, hay acoples técnicos que todavía hay que mejorar, como el movimiento por los menús, y es que uno tiene unos dedos que son morcillas. Ahora a ver si consigo conectarlo al ordenador para descargarme todos esos datos que desde fuera son innecesarios pero que para analizar tus frikadas son muy útiles.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Corriendo bajo la lluvia

Menuda racha que llevamos de fines de semana y puentes con mal tiempo. No se libra ninguno; el día de antes empieza a nublarse y lluvia todo el fin de semana/puente. El último día, por la tarde, se abre el cielo y buen tiempo… hasta el viernes siguiente por la tarde.

En este puente tan entrañable, en el que los PCM (putos controladores de mierda) nos han felicitado como nos tienen acostumbrados las inminentes fiestas, he salido dos veces a correr, las dos salidas largas (la verdad, no me apetecía sesiones de calidad ni series, sólo trotar). Las dos a una media de 139ppm, 13 y 15 kms, troticochineo a 5:00 y 5:10 respectivamente. Dado el estado del tiempo, salí con cortavientos y gorra (en el bolsillo), mojándome en la primera salida, sobre todo a la vuelta, en un tramo de no más de 500 metros que empezó a caer mucho agua. El resto del recorrido, por momentos llovía, pero más bien poco, sin viento, y lluvia muy fina que no llegaba a calar.

La reacción lógica de una persona de secano ante la lluvia es la de recluirse en casa y suspender toda actividad externa hasta que amaine el temporal; parafraseando a los insulsos de “Cruz y Raya” si hay que salir se sale, pero salir pa’ ná es tontería.

Cuando corres, al principio, la reacción es idéntica; normal, no vas a cambiar un hábito adquirido por otro más nuevo. Además, cuando escampe se puede salir. Poco a poco “te la vas jugando”: sales aunque esté nublado; continúas saliendo aunque pinten bastos… hasta que un día el agua te pilla con el culo al aire y normalmente en el punto más alejado de tu recorrido, evidenciando una vez más la plena vigencia de las Leyes de Murphy. Dado que ya estás jodido/mojado tienes dos opciones:

1.- Joderte y mojarte.
2.- Disfrutar y mojarte.

En los dos casos vas a llegar calado a casa, así que lo mejor es “relajarse y disfrutar”. Como dicen los runners más veteranos, “la lluvia no jode, acompaña”, si bien es cierto que algunas compañías terminan jodiéndote.

Además, la mojadura que jode no es la que te cae del cielo (ésa se seca con el aire y se evapora hasta un límite), sino la que está en el suelo… parece una gilipollez, pero pisar un charco es mucho peor que la lluvia, toda vez que te mojas la zapatilla (y el pie, y el calcetín), y éso sí que no se va a secar hasta el final, pudiendo, además, provocarte una linda rozadura.

Después de tu primera mojadura te das cuenta de que te hace falta un cortavientos para “esos días”, que, posteriormente, te das cuenta que se pueden aprovechar en días de frío intenso para atenuar la sensación térmica. A partir de 25 lerenles empiezas a encontrar cortavientos decentes, existiendo una relación directa entre precio y calidad. Los modelos más sofisticados tienen una cantidad de bolsillos que McGyver fliparía, para el aifon, las llaves, documentación, PSP.

También es bueno agenciarse una gorra adecuada (las hay de GoreTex), ya que el agua sobre la cara mientras corres es un poco desagradable, ya que pareces un japonés estreñido después de una semana sin cagar (si, además eres miope y corres sin gafas entonces eres Cíclope).

Y cuando llego a casa…

Sorprendentemente no estás tan mojado. Si has salido con mallas lo más probable es que no hayas tenido sensación alguna de frío de la lluvia sobre las piernas, ni que estén apenas mojadas (con el calor que desprendes, la lluvia se evapora). Si, además, has corrido en un parque con bastantes árboles seguro que te han resguardado bastante del agua y del viento que le acompaña.

Por cierto, las zapatillas no se secan poniéndolas encima de ningún radiador ni metiéndolas en la secadora ni salvajadas por el estilo. Te cargarás las gomas, y cuando te las vuelvas a poner amortiguarán lo mismo que una olla exprés. Mejor que se sequen solas, en un lugar seco y, a ser posible, aireado.

Pero bueno, todo esto vale si la cantidad de lluvia es “normal”; si está jarreando te vas a mojar de todas formas, así que si te pilla por ahí, empieza a leer por el principio y si te pilla en casa espérate.

Como dice un amigo, “Uno no corre cuando hace frío, calor o viento, sino que cuando corre hace frío, calor o viento”. La frase es un poco legionaria, pero hay que reconocer que está bien.