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miércoles, 16 de mayo de 2012

Madrugando para troticochinear


El miércoles pasado fue mi última carrera a mediodía hasta después del verano. De sopetón, de un día para otro, diez grados más. A mediodía había unos 25-27ºC en el JC1, y a alguno de los habituales con los que me cruzaba la inercia les había llevado a echar en el petate la manga o mallas largas. Qué calor, a mitad de camino me tuve que parar a refrescarme (afortunadamente en el JC1 las fuentes no están cerradas). Llegué a casa sudando más de la cuenta. Eso sí, me apreté un cervezón del tirón mientras comía como un perdigón, y es con esos calores y después de correr lo que más apetece es una Mahou.

Así que, una y no más, desde el viernes he dado por iniciada mi temporada de verano, que, básicamente, consiste en madrugar desde mediados de mayo a finales de septiembre. A las 07:30 ya estoy dándole. En realidad tampoco me supone madrugar mucho más, me levanto quince ó veinte minutos antes, entro media hora más tarde a currar y me tomo media hora menos a mediodía para comer. Las cuentas salen así.

Eso y que descarto por completo hacer series. Incluso el correr a rtimos de umbrales anaeróbicos. Troticochineo puro y duro.

Disfrutando de la mañana, de esos olores que aún no están lo suficientemente contaminados en el JC1. Del cielo azul que aún no deslumbra y que hace que la hierba tenga un color verde intenso.

Disfrutando del mp3. Quién me iba a decir a mí que me iba a flipar con la música del Body Combat. En fin, cosas veredes.

Disfrutando también, porqué no decirlo, de esos conductores y conductoras que, a pesar de que te ven cómo vas a cruzar por un paso de cebra aceleran. Vaya a ser que pierdan cinco segundos de su triste vida si se paran en el paso de cebra.  Hoy, cortesía de la casa, una se ha llevado un puñetazo en el maletero. Me imagino que se acojonaría un poco, porque se paró de sopetón y puso las luces de emergencia, no sé si por el susto o para ver que mi “puños fuera” no rompió su puto audi a6. Qué pena en estos casos no salir con el Stinger, que algún uso seguro que le daba de vez en cuando.



Eso sí, a pesar de la fruta y los cereales que me tomo antes de correr, del yogur de después y del café y de la fruta a media mañana, paso más hambre que un caracol pegado a un espejo. Si me ponen una pata de cordero a las 10:00 me la como mojando sopas.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Su mierda, gracias

Al igual que con el “pack lunch” de los niños que se van tres semanas a Inglaterra en verano a “aprender inglés”, cuando saliésemos de casa nos tendrían que dar la racioncita o plato combinado de mierda que generamos por el mero de hecho de salir. Impresionado me he quedado con el gráfico que podéis ver a la derecha del blog y que ha sido confeccionado por la ECF (Federación Europea de Ciclistas), gráfico que, sorpredentemente, mantiene una escala fiel a la realidad porque ésta, tozuda, no admite manipulaciones como las de los gráficos de la mayoría de medios de comunicación en materia de encuestas de cualquier índole.

¿Qué os da pereza pinchar, o ampliar la imagen? Pues os lo cuento. Se trata del impacto en términos de CO2 equivalente que generamos por persona por el hecho de movernos en coche, autobús o bicicleta. Impacto en el que se considera la alimentación (común en los tres medios), el consumo de combustible, el proceso productivo y el mantenimiento.
 
Los cálculos se basan en el uso medio por medio de transporte (1,16 personas por coche, diez por autobús y uno por bici). Bien; considerando todo esto, el impacto en términos de mierda de ir en coche es de 229 grs por kilómetro. ¿Qué haces dos kilómetros en coche? Pues cuarto y mitad de mierda, para echárselo al cocido. ¿Qué trabajas en Las Rozas y te comes un atasco del copón para entrar en Madrid? Pues estás echando al aire todos los días algo más de 9 kilos de mierda. “A ver, niños, daos prisa, que llegamos tarde, poneos en fila que os eche estos nueve kilos de mierda encima porque Antoñito, el del quinto, se me ha escapado”. ¿Y si haces el desplazamiento medio en Madrid, de 6 kilómetros? Pues kilo y medio de mierda, que la tengo muy fresquita y de oferta ¿se la envuelvo para regalo? No, me la llevo puesta, que con el anticiclón y la inversión térmica no va a ir a ningún sitio. Eres como un pulgarcito, pero que en lugar de tirar pedacitos de pan vas tirando cagarrutas.

¿Es mucho? Imaginaos si cada mañana cogemos la bolsita o el paquete de mierda y lo metemos en el maletero, en nuestra espalda, para que nos dé calor en invierno y frío en verano. Nueve kilos de mierda son muchos kilos por vivir cerca de la naturaleza en una urbanización de ladrillo visto, cuatro alturas, piscina y pádel de las afueras. Eso sí, luego nos quejamos de que el tráfico está insoportable y de que la gasolina está cara, menuda inconsistencia: caro sería que tuviésemos que echarle Moët Chandon. No puede ser que esté cara la gasolina cuando se forman los atascos que se forman.
 
Seguro que salta el listo “es que yo vengo en Metro, que es eléctrico”. Ya, perlita, pero resulta que para que le des al botón de la luz antes tienes que quemar carbón en esas centrales térmicas tan limpias que tienen que quemar carbón nacional (con altas concentraciones de azufre, SO2, y que, al reaccionar con el agua ambiental, H2O, genera una sustancia tan inocua como el ácido sulfúrico, pura química de 2º BUP). O gas natural licuado producido en un país tan cercano como Catar, así que tú mismo con tus pajas mentales.

¿Y la bici? 16 grs por kilómetro, catorce veces menos que el coche medio.
 
Desconozco cuál es el nivel medio de reposición sostenible del CO2, pero seguro que se acerca más al desplazamiento en bici que al del coche.
 
Con todo esto, tampoco quiero dejar claro que no pretendo realizar un discurso anticoche, sino a favor de un uso racional del mismo, ya que si no seríamos unos Amish. Ir a comprar el pan en coche porque “nos da pereza”, “hace frío” o cualquier excusa es un ejercicio de suicidio/fratricidio colectivo a plazo. Eso sí, de paso nos llevamos de camino la bolsita con los envases, que hay que reciclar y ser respetuosos con el medioambiente.

Menos mal que nos van a poner a la Botella de alcaldesa, mujer concienciada donde las haya en la lucha por los derechos sociales y la sostenibilidad medioambiental. Ahora sí que Gallardón podrá decir eso de que "otro vendrá que bueno me hará".

sábado, 16 de julio de 2011

Lecciones de un niño de tres años (casi cuatro)

Aviso para navegantes, hoy viene un post moña, alejado del tono habitual del blog.

No sé quien dijo eso de que un hijo es un libro en blanco en el  que escribimos  a diario su personalidad (si es que alguien lo ha dicho). Pienso que es falso o, al menos, incompleto, ya que un hijo también nos puede enseñar muchas cosas o, más bien, recordárnoslas, ya que debemos tenerlas en nuestro subconsciente, igual que lo tenía el padre cascarrabias de Gwendy, Juan y Miguel que salía en Peter Pan.

La visión de lo que nos pasa cambia muchísimo de cómo lo afrontemos. A continuación una crónica de un jueves a las ocho de la mañana, desde el punto de vista de un adulto y desde el de un niño de tres años.
ADULTO
En plena ola de calor, a primera hora de la mañana la temperatura ya abrasa a pesar de que aún no se ha asomado el sol. Es jueves y el fin de semana no termina de llegar. Con los recortes presupuestarios, el metro pasa cada cinco minutos en lugar de cada tres, y a partir de la semana que viene, cada siete, por culpa de la mala costumbre de los conductores de metro de irse de vacaciones. El cierre trimestral está siendo un desastre, la gente está de los nervios en la oficina porque no cumplimos el presupuesto que aún no sabemos pero que se ha modificado dos veces (eso sí que  lo sabemos). Como no he podido levantarme cinco minutos antes, cuando  llegue me tendré que tomar el mismo café insulso y el  otro cruasán duro de máquina de todos los días con tal de no pararme cinco minutos en la cafetería de abajo, que tiene un olor a fritanga que me impregna la corbata y que luego no se quita ni a tiros. Encima hoy toca reunión con el jefe y seguro que me cae una bronca tremenda porque en el último pogüerpoin tuve la osadía de escribir PyG ("Pérdidas y Ganancias") en lugar de P&L ("Profits and Losses").
NIÑO DE TRES AÑOS

Hoy no tengo que ponerme el abrigo ¡¡qué bien!! tardo menos en vestirme.  Cuando salgo a la calle es de día y hay mucha gente corriendo o yendo en bici por el parque, pero yo tengo otras cosas que hacer. Tengo que ir en Metro ¡¡bien!! y no sólo uno, sino dos  ¡¡qué divertido!! además, uno de ellos es el número ocho ¡¡mi favorito, el de Fernando Alonso!!. Hace calor, con lo que esta tarde pienso tomarme un helado enorme. Tengo cita con la doctora, pero me da igual, porque antes me voy a tomar el desayuno con una de churros (y si no hay me da igual, con una de porras). Al final he tenido que esperar una hora (o más), pero me ha dado igual porque he estado jugando a coches todo el rato. La doctora  me ha enseñado unas fotos de perritos y he tenido que buscar unos coches en un cuadro muy grande lleno de dibujos y después me ha felicitado porque me he portado como un niño grande.

Al final tenemos que elegir entre levantarnos (y vivir) encabronados esperando a que llegue ese fin de semana que no llega y que se pasa tan rápido, despreciando los cinco días que hay en medio, o esas vacaciones para las que faltan cinco meses. O, por otra parte, podemos disfrutar de esos momentos que pasamos con los que nos importan de verdad, bien sea yendo en metro, tomándonos un colacao en el bar, jugando con las pistolas de agua o bebiendo una cerveza.

Nos preocupamos más de si podemos comprar o no ese X5 fruto de nuestros desvelos que nos hará llegar en siete horas a Gandía que de lo que vamos a disfrutar esas dos semanas que vamos a pasar con la familia. De lo que se trata es de disfrutar del camino, más que con el destino ése que puede que llegue o puede que no, y, de llegar, puede que nos guste o puede que no.

Si hay que buscar una aplicación al mundo runner, podría decirse que de lo que se trata es de disfrutar cuando se corre, más que con lo que se corre, en forma e kilómetros o de marcas. Lo segundo es una consecuencia de lo primero, y nunca debe ser un fin en si mismo. Ser (o no) sub3:00 en Maratón no es tan importante como disfrutar cuando se entrena; correr por debajo de 04:00 el 10.000 es secundario si entrenamos con desgana, motivados sólo por estos "objetivos" cortoplacistas que un momento dejaron de ser medios para convertirse en fines. Pero bueno, qué coño, esto no es más que el reflejo de la sociedad actual, donde importa más lo que eres ("soy sub3:00, y tú un paria sub4:00") que cómo eres. Corredores somos y en el camino nos encontraremos.

Como en la canción de la película de "La Vida de Bryan" de los Monty Python, "Always look at the bright side of life", al final hay que elegir. Tirí, tiriririrí.....

For life is quite absurd
And death's the final word
You must always face the curtain with a bow.
Forget about your sin - give the audience a grin
Enjoy it - it's your last chance anyhow.

So always look on the bright side of death
Just before you draw your terminal breath