viernes, 8 de noviembre de 2013

Esos grandes amaneceres de otoño...

Revisando mis entradas pendientes me he dado cuenta de que me dejé ésta en el tintero... y no quisiera por lo bien que lo pasé; es de hace un par de semana. Espero que os guste como yo la disfruté...

A unas horas intempestivas para el nuevo horario salí a rodar para despedirme de mis rodajes riazanos hasta la próxima. Fiándome de la previsión (soleado, con una mínima de ocho grados) me fui con unas mallas, camiseta de manga corta y otra de manga larga “por si acaso”.  Y pasé más frío que pelando nabos (los nabos se recogen en diciembre).

Eran las 07:40 (de la nueva hora) cuando empecé a correr. Hacía un frío de cojones y lo que debía ser el rocío estaba helado por mor de la temperatura. El sol se vislumbraba allá por el Pico del Lobo con un rojo intenso que prometía un día claro. Con dirección norte me dirigí hacia Riofrío. Un viento del sur, enfriado por la sierra, me daba en la cara y en las manos y se me encogían como pocas veces.

EL sol aún no terminaba de asomarse y por tanto seguía en penumbra hasta que di la vuelta poco antes de llegar a Riofrío. Una vez que doy la vuelta y miro hacia delante veo una mancha blanca brillante. ¿Acaso se ha levantado bruma en la llanura castellana? Desde el cruce con la carretera de La Pinilla se puede comprender en toda su extensión el dicho “ancha es Castilla”, abarcando la vista tierras de Segovia, Burgos, Soria o Guadalajara. Toda ella tenía un blanco intensísimo. Conforme iba bajando, con el sol proyectando ya mi sombra a una gran distancia, fui comprendiendo lo que pasaba: era la helada la que hacía refulgir la luz del sol que recién salía. Por minutos este blanco se iba desvaneciendo hasta desaparecer. La humedad pasaba ahora a mostrar unos colores intensísimos a los campos amarillos, marrones o verdes que se sucedían.

Por medio de un robledal que se resiste a perder sus hojas en este otoño tardío pasé al lado de un prado aún en penumbra pero sobre el que en ese momento empezaba a dar el sol. Unos caballos pacían tranquilamente y la luz empezaba a reflejarse con fuerza sobre el hielo sobreexponiendo la imagen hasta tal punto que los árboles y los caballos eran meras sombras.
Andaba flipado con lo que venía viendo. Una de mis aficiones es la fotografía, como sabéis, y una mañana como la de ayer te proporciona muchas ocasiones de hacer esa foto perfecta. Eso sí, hay que madrugar, tener paciencia y experimentar con filtros y contrastes extremos de luminosidad. Como decía Picasso “la inspiración existe; el único problema es que te tiene que pillar trabajando”.

Con el flipe los ritmos se aceleraron; de un 5:00-5:10 inicial me fui progresivamente hasta los 4:40-4:30 con los que terminé. Aún no eran las nueve, hora de apertura de la carnicería, y estuve haciendo algún kilómetro de más hasta esa hora. Cuarto de lechazo al morral y para el horno, que también nos teníamos que despedir gastronómicamente en forma de lechazo.


A las 09:15 estaba de vuelta a casa, con el rodaje y compra hechos (es lo que tiene el cambio horario). Un día de 25 horas, todo un regalo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

OT: El Samsung Galaxy Y es una castaña (y tiene más humedades que la Cueva de Altamira)



Quien me conoce sabe que no soy precisamente un friqui de los cacharros tecnológicos. Vaya por delante que cada uno puede gastarse su dinero en lo que le dé la gana, que para eso es suyo y se lo ha ganado.

Precisamente por lo que cuesta ganar el dinero veo una salvajada gastarse 700 pavos en un cacharro que, aparte de para hablar por teléfono y mandar gilipolleces por el guasá tiene poca utilidad marginal adicional (al menos para mi particular curva de la demanda), más que nada porque hay que cambiarlo cada dos años porque ha salido el modelo 5c de (c de chupiguay) o no se puede actualizar el nuevo sistema operativo( qué cosas pasan cuando muerdes la manzana).
Joder, que con 600 pavos te compras una bici cojonuda que te dura toda la vida y que te garantizan el cuadro de por vida. Si, además, eres un temerario o un perroflauta te puedes ahorrar el abono transporte (como yo).

EL caso es que a mediados de año, y como consecuencia de que mi Nokia antiguo petó, me compré un teléfono “inteligente” (es curioso, por lo visto los aparatos han adquirido un atributo tan humano como la inteligencia a la par que los humanos lo estamos perdiendo). No era el más fardón del mercado pero es que me negaba a gastarme un pastón en un cacharro que cabe en un bote de colacao pequeño (hay que llenar muchos carros en el Mercadona para llegar a los 600 pavos).

Después de navegar un poco encontré lo que en ese momento y, por comparables, consideré una “ganga”. Por 89 pavos me compré un Samsung Galaxy y-S5360. Más feliz que una perdiz (sarcasmo) me di de alta por primera vez en mi vida como cliente de contrato y tarifa de datos, con dos cojones, por nueve pavos al mes más IVA (lo que se dice tirar la casa por la ventana).
Cargué de música el teléfono, le compré una funda y empecé a salir a correr con él resguardado (infeliz de mí) en una funda de neopreno. Con eso y con el guasá me sentía estar construyendo el siglo XXI… hasta que a los cinco meses el teléfono empezó a dejar de oírse salvo con los auriculares. A veces se oía y a veces no, cuando a él le salía de los cojones porque para eso los tenía y era inteligente.

Afortunadamente el teléfono estaba en garantía y lo llevé al servicio técnico. El chaval, al abrirlo, vio una gota “ a este teléfono le ha entrado humedad”. Menudo lince.
-          “Sí, hoy he estado corriendo”.
-          “Será eso, hay que protegerlo”
-          “Llevaba una funda de neopreno”
-          “Qué raro, yo también corro con el teléfono y no le ha entrado humedad”
-          “¿Cuánto corres tú?”
-          “20-25 minutos” todo orgulloso, empleando la unidad absoluta del tiempo en lugar de la relativa de minutos por kilómetro.
-          “Eso lo hago yo para calentar antes de empezar a correr”.


Al abrir el teléfono vio una pegatina que estaba teñida de lila (otra metáfora). “¿Lo ves? Éste es un chivato de que le ha entrado humedad”. “¿Por correr? No me jodas, ¿es que Samsung no diseña sus productos para que no le entre el sudor?” Por lo visto no. Abrió el teléfono y me enseñó dónde había tenido un cortocircuito, señales de óxido…. A ver, que no estaba siendo pesca submarina ni hice un descenso por aguas bravas. Sólo he corrido, y me dicen que no me lo cubre la garantía.

Casi todas estar marcas emprenden campañas con fotos de pivones corriendo y eslóganes tan sugerentes como “siéntete libre”, “a tu aire” y polladas varias.

Supongo que el resto de fabricantes serán igual de hijos de puta. Yo, por si acaso, he vuelto a Nokia. En los tres años que llevo corriendo con música no ha fallado por humedades. Se me ha caído al váter, lo he sacado y al par de horas estaba funcionando. Más de uno se haría el harakiri con el cuchillo jamonero si el Aifon 5 megachupi se le cae a un charco.


Usuario de IPhone5 cuando le cae una gotita de lluvia a su tesoro

De todo esto saco unas conclusiones y una reafirmación:

-          El Samsung Galaxy es una puta mierda.
-          El Samsung Galaxy es más delicado que Gareth Bale, que se jode con un par de carreras.
-          No merece la pena gastarse el dinero más de lo necesario en unos cacharros que cuando se joden la carga de la prueba se invierte: eres tú quien tiene que demostrar tu inocencia y no al revés.
-          Si quieres fiabilidad y durabilidad cómprate un Nokia; son menos fardones pero no te sientes sodomizado; pagas por lo que recibes.


jueves, 24 de octubre de 2013

Descubriendo el Parque Forestal de Valdebebas

Continúo con mi proceso de adaptación al nuevo entorno para correr. Gracias a uno de los comentarios en el bolg (gracias, “Anónimo”), el viernes me dirigí hasta Sanchinarro y, desde allí, crucé el puente con Valdebebas.

Conocía la zona de ir con la bici, si bien desde hace un año que no pasaba por allí. Entonces la calle se cortaba en una rotonda justo en ese puente por arriba y por abajo en otra rotonda que enlazaba Las Cárcavas con la Ciudad Deportiva.

Bordeando el futuro Parque Forestal de Valdebebas, con los dientes largos de “corriendo espero al parque más quiero” pasé como dije por el borde Norte de Las Cárcavas, barrio rebautizado como Valdebebas Oeste por motivos de mercadotecnia. Al llegar a la rotonda de abajo, sorpresa, vi que estaba abierto el paso y continué. Con casi cinco kilómetros recorridos debería haber dado media vuelta pero… era viernes, hacía un tiempo cojonudo (ligera brisa del sur), un camino terroso pero duro, casi plano, nuevo, qué coño con una ligera bajada me fui animando y tiré para delante. ¡¡Oh, sorpresa!! ¡¡Es la Ciudad Deportiva!! En medio de una planicie aún por urbanizar di una vuelta hasta que me di cuenta de que ya eran 6,5 kms los que llevaba corriendo. Había que pensar en dar la vuelta. ¿Por dónde? Si le doy la vuelta bordeando el parque no tengo ni idea de dónde voy a salir ni cuántos kilómetros van a salir (dicen que va a ser tan grande como la Casa de Campo). Una cosa es tomarse un ratito más y otra es meterse 15-17 kms a mediodía. Además, qué coño, no llevaba ni agua ni geles de ningún tipo, por lo que la cordura hizo acto de presencia y di media vuelta retrocediendo sobre mis pasos.

Buscando los senderos paralelos a las aceras iba disfrutando del camino. Veía el parque cerrado con ganas de meterme; alguna puerta abierta para entrada y salida de los vehículos… uyuyuy…. Pero, por lo visto, hasta Abril de 2015, unas semanas antes de las elecciones municipales (qué casualidad) no se abrirá. Eso sí, sólo una parte, que hay que esperar a inaugurarlo dos veces.
Corriendo como en “El Señor de los Anillos” por los senderos de la línea de aguas de los montes de Sanchinarro (¿se nota mi origen cordobés?) me iba acercando a mi punto de partida. Lo que había previsto que fuese una relajada carrera finisemanal se convertió en un semirrodaje de 12 kms a 4:40 min/km de ritmo.

Runner en Las Tablas gritando "Eureka" al encontrar ese camino deseado

Más feliz que una perdiz por el redescubrimiento de un nuevo sendero/alternativa me volví al curro.

Y es que el espíritu aventuro sigue en pleno desarrollo. Más por necesidad que por vocación (como la mayoría de los aventureros), ando metiéndome por caminos a la búsqueda de ese vergel desconocido. Valdelatas me pilla un poco lejos para una salida estándar de 10-12 kms pero no cejo en el empeño.

Las Tablas tendrá mucha urbanización mona de cinco alturas con “pistadepádelypiscinaosea”, mucha avenida ancha y muchos parques infantiles prefabricados pero sitios chulos donde correr tiene más bien pocos: o están muy bien escondidos o yo no los encuentro (por si acaso "sigo buscando" como en las tapas del danone de los '80). Entre semana se ven pocos runners y poco acostumbrados a devolver el saludo ¿qué coño os cuesta ser educados?  que es gratis saludar y genera una complicidad implícita. En el JC1, a mediodía, aunque sea se devuelve un saludo tipo señal de mus.

martes, 15 de octubre de 2013

Hayedo de la Pedrosa

El domingo fuimos al Hayedo de La Pedrosa después de que volviese de rodar por Riaza. El cambio de temperatura me pilló con unas mallas piratas (sigo intentando verle la utilidad a algo que se queda a medio camino entre las mallas largas y las cortas), una camiseta de manga larga y otra corta. A 1.100-1.200 metros de altura, con aire del noreste, el cielo encapotado y cuatro grados de temperatura el choque térmico fue cuanto menos llamativo (el jueves corrí con 25ºC).

Fue uno de esos rodajes en los que uno no para de encontrar razones por qué correr: quince kilómetros a un ritmo más que decente (4:55 min/km) entre robledales que empiezan a amarillear,  cruzándome con más vacas que personas (hasta el detritus en forma de mina antipersona tenía su encanto)… alguna liebre suelta y ¡¡un zorro cazando a un pájaro cuando iba a beber en plan “El hombre y la tierra”!!.

Después de apretarme un café (qué bien sienta después de correr) con un buen pan de pueblo mojado en aceite virgen extra sin filtrar de Montemayor (Córdoba) nos fuimos a La Pedrosa, a diez kilómetros de Riaza y bajo la protección del Pico del Lobo, justo en la triple frontera de Segovia, Guadalajara y Madrid.

La Pedrosa forma junto con el Hayedo de Montejo (Madrid), el de La Tejera Negra (Guadalajara) y alguno más entre Castellón y Tarragona, los bosques de hayas más meridionales de la Península, vestigio de las últimas glaciaciones. Han pervivido gracias a su aislamiento y a su localización umbría en zonas montañosas que han podido tener un microclima.

Probablemente el de La Pedrosa sea el menos conocido de los tres. El de la Tejera Negra es el más grande, sí, pero… fue talado a matarrasa en los años sesenta, brotando con posterioridad nuevas hayas qye son las que pueden verse hoy día. En Madrid todo se magnifica y eso hace que el de Montejo sea “lo más de lo más”. Los dos comparten la obligatoriedad de adquirir un pase (gratuito, eso sí) para visitarlos, lo que los convierte en piezas codiciadas de los “yo-estuve-ahí”.

Es muy pequeñito y escarpado, pero se pueden ver ejemplares de cientos de años. Retorcidos, recubiertos de musgo, con un dedo de hojas en el suelo que hacen que se hundan los pies el entorno es precioso. Un sitio idílico por donde pasear (hay que tener buenas piernas, que es muy escarpado), echar fotos, vigilar que los niños no de despeñen muchas veces o las tres cosas a la vez mientras uno está convencido de ver a Sam Sagaz yendo a lomos de Bárbol.








Al poco de llegar me encontré en una situación surrealista, propia de estos tiempos.

Una pareja con un niño, “yo-estuve-allí-y-lo-cuelgo-en-mi-facebook-para-que-os-muráis-de-envidia” muy educadamente, me preguntó que dónde estaba el aparcamiento del hayedo.

-          “No hay”.
-          “Pero si ponía que había aparcamiento en la Tejera Negra”.
-          “Uy… esto es el hayedo de La Pedrosa; la Tejera Negra está en Guadalajara y hay que reservar ¿no te habrás equivocado de nombre?”
-          “No, si he reservado”
-          “Pues estás un poco lejos; tengo un mapa en el coche, si quieres lo miramos”.

Efectivamente estaba un poco lejos. Tenía que terminar de subir el puerto, bajar y luego bordear toda la sierra hasta la Tejera Negra. Eran las 12:00 y tenía por lo menos una hora de viaje o más. Y desde el aparcamiento hasta el hayedo había un par de kilómetros o así andando… vamos, que iba a verlas de lejos y poco más. Joer, yo cuando quiero ir a un sitio de estos madrugo, para poder estar pronto, verlo y, si no me gusta, volverme pronto.

Cuando estaba dándole las indicaciones otra pareja “no-sin-mi-GPS” nos preguntó si iban bien para el hayedo…

-          “Ya estás en el hayedo”
-          “¿El de la Tejera Negra? El GPS me dice que dé la vuelta, que Cantalejo está a 100 kms”
-          (Entro en bucle) “Estás en el Hayedo de La Pedrosa, el de la Tejera Negra está en Cantalojas, Guadalajara, no Cantalejo, Segovia”.


Tienes dos por el precio de uno ¿qué más quieres? bájate, míralo y sigue tu camino. Es como si yendo a Granada para ver la Alhambra te equivocas, te metes en Córdoba y, en el Patio de los Naranjos le preguntas a alguien que dónde está el Sacromonte; ya que la has cagado aprovecha tu error, disfruta lo que ves y sigue luego, que probablemente no vuelvas a pasar por ahí ¿no?

Supongo que al final se fueron juntos ¿llegarían antes de la hora de comer? andaría la cosa así, así… mientras tanto nosotros nos quedamos tranquilamente en La Pedrosa. Muy poca gente y un lugar totalmente recomendable. Además, a diez kilómetros, uno puede apretarse un buen lechazo, un buen cochinillo o un buen solomillo de ternera segoviana regado con un buen ribera ¿quién puede resistirse?. Yo no.

martes, 8 de octubre de 2013

Cambios

Semana de cambios la que estoy viviendo. Más que “semana” es un punto y aparte.

Tal y como comenté el mes pasado, desde principios de mes he tenido que cambiar mi rutina de entrenamiento como consecuencia de una mudanza laboral.

Como muchos de vosotros que corréis a mediodía, he tenido que empezar a pagar un gimnasio para usarlo como vestuario; afortunadamente el precio es de “amigo”.

Al ir a casa hasta ahora no pagaba a mediodía (bueno, sí, que Gas Natural se alegraba cada vez que me veía volver y no precisamente porque despertase sus instintos más básicos).

De momento estoy ensayando caminos alternativos que merezcan la pena. Acostumbrado como estaba (y estoy) a los parques de Hortaleza en los que una ardilla puede correr medio maratón sin salirse del parque, correr por las anchas y desangeladas avenidas alrededor del Distrito C me parece horrible.

Ayer la carrera me llevó a La Moraleja Green Osea por la avenida de Europa, horrible camino donde los haya. Hoy he ido por el carril-bici, le he dado la vuelta al Distro C por el costado de un campo de golf(os), he seguido por el carril-bici hasta el túnel de Fuencarral y he bajado pegadito la valla por un camino de lo más parecido a un parque, sin pasos de cebra ni hostias.

Para la próxima tengo en mente rememorar mi primera gran salida pre-maratón yendo hasta el Shangai (un vivero, mal pensados, manda huevos con el nombre por otra parte) y de ahí por un sendero en medio de sembrados, chabolas y otro campo de golf.

¿Comer? De la tartera y como un perdigón, engulle que luego las piedras del buche molerán la comida tragada casi sin masticar. El menú, afortunadamente, es de casa.

¿Lo peor que voy a llevar? A corto plazo ese ratito que pasaba a mediodía en casa con los enanos. A medio plazo la rutina de hacer pequeños recados a mediodía que facilitaban mucho la logística familiar. Y a largo plazo los entrenos en época de calor (mayo-septiembre). El vestuario lo abren a las 10:00, por lo que sólo me queda el mediodía. Soy incapaz de correr con más de 25-27ºC.

Muchos de vosotros pensaréis que siendo más cordobés que un flamenquín con salmorejo tendría que estar acostumbrado al calor pero no lo estoy. Una cosa es vivir con calor (haces tus recados temprano, vas por la sombra como los bombones, bajas las persianas a mediodía –que para eso se inventaron y no para dormir-, te hidratas… pero no haces el gilipollas a mediodía, que los golpes de calor son muy jodidos) y otra muy distinta es desarrollar una ventaja adaptativa al medio como los quechuas del altiplano. Para eso hacen falta muchas generaciones expuestas a las mismas condiciones.

Por lo demás… Septiembre lo cerré con récord mensual de septiembre de kilómetros (174) y Octubre lo he empezado algo flojo. Llevo dos fines de semana sin rodar. Y éste fue por un problema en el abductor. Me gustaría decir que fue la consecuencia de uno de los múltiples ultras que hay ahora. Pero no, fue ¡¡¡durmiendo!!! ¿o es dormido? Ya sabéis que no es lo mismo estar jodido que jodiendo. Sí, mientras dormía noté como el abductor se me tensaba.

Estaba profundamente dormido (es decir, durmiendo) cuando noté ese "clack" que hace que se te suba el abductor a la altura de la cintura. Coño, que me tuve que poner de lado para levantarme ir como Chiquito para buscar un ibuprofeno ora andando ora reptando. Afortunadamente al par de horas sólo me molestaba al hacer alguna torsión forzada y a mediodía nada de nada.

¿Conocéis algún itinerario chulo por la zona?


viernes, 27 de septiembre de 2013

Apurando el membrillo

El veranillo del membrillo está haciendo que aún madrugue para correr.  Hace dos semanas hice una intentona de correr a mediodía pero lo pasé tan mal que casi digo “never, never, never…” como dijo el Florentino.

Al igual que los últimos años, a finales de septiembre nos encontramos con unas temperaturas “inusualmente” altas (¿por qué son “inusuales si se repiten año tras año?) que hacen que las tardes de septiembre los parques y jardines rocen el lleno para disfrute de los enanos: Octubre, con su frío y el cole por las tardes, está a la vuelta de la esquina y hay que aprovechar.

Sigo madrugando para correr. Sigo disfrutando de esos amaneceres espectaculares llenos de colores con la consciencia de que me quedan pocos; pocos ahora y pocos de ahora en adelante. Ahora salgo casi de noche, los primeros kilómetros lo hago en penumbra y con ropa clara para que los amables conductores se paren si tienen un buen día en los pasos de peatones

Eso sí, el fresquito de septiembre sí que se hace notar por la mañana; esos 12 grados se disfrutan mucho corriendo. Y en Riaza mucho más, que ya ando pensando si ponerme o no alguna manga larga.


Algún día subiré corriendo al mirador de Piedras Llanas. Curioso nombre

Hasta la semana pasada no me encontraba con la velocidad suficiente como para afrontar un 10.000 ya que a duras penas llegaba a correr mis 9-10 kms de rigor por debajo de 4:45. Hoy, sin embargo me han salido a 4:32, con los cuatro últimos a 4:28. Como colofón el “Eye of the Tiger” me ha sorprendido en los últimos quinientos metros; ni que decir tiene que el kilómetro final (a pesar de ser cuesta arriba) me salió a 4:20. El “rodaje” del domingo, además, se me fue de las manos hasta los 4:47. El genio ése adormilado se ha despertado y ya está por ahí comiéndome la oreja. Que “nunca me llevas a ninguna carrera”, “Yo quiero oír a David Guetta en el cajón de sub40, no viendo los patos del JC” y lindezas de esas tan románticas con las que a veces nos sorprende.

Esto me hace plantearme correr algún 10.000 en Octubre, probablemente la carrera del CSIC si es que quedan plazas. El buen sabor de boca del año pasado puede hacer que me haga repetir, la fecha también, la camiseta de la carrera es un plus… y algún medio maratón en Noviembre. En 10.000 no estoy para bajar de 41:50 pero sí de 43:00. Y ya en Noviembre plantearme bajar de 1:35 en Media Maratón. Tampoco es que tenga muchas referencias; de hecho no he corrido recientemente medias maratones sin la sombra de ningún maratón detrás: Segovia 2012, 1:38 y La Latina 2013 (con el piramidal dando por culo, valga la redundancia) 1:39 como aperitivo de sendos MAPOMAs. La anterior, Madrid 2010, 1:37. Joder, pues sí que he corrido pocas oficiales… eso sí, en entrenos llevo unas pocas: entre tiradas largas premaratón y rodajes de 16-18 kms.



viernes, 20 de septiembre de 2013

Equinoccio de otoño

Hay veces que uno no necesita una razón para correr. Simplemente te lo pide el cuerpo, sales y ya está. Sin metas.  Sin ritmos predefinidos. Aunque no pongas el despertador madrugas o el despertador de la casa de ocho años te hace madrugar con un “no quiero dormir más”.

Mecánicamente te pones la ropa de correr, te atas las zapas y sales a correr con la música en modo aleatorio.

Hoy ha sido uno de esos días. Temperatura perfecta (12ºC), sin viento. Al despuntar el alba en ese momento del equinoccio en el que la salida del sol por un noreste que está cada vez más al sur se solapa con el ocaso de una luna llena pletórica de luminosidad.

La infinita variedad cromática del cielo al amanecer se une al cielo aún oscuro que envuelve a la luna. Y todo esto con sólo girar la cabeza.

La soledad reflexiva en el parque compartida con otros runners, los patos, las ardillas, la humedad. La burbuja de silencio en medio de carreteras atestadas en plena hora punta.

Suenan canciones como “Fortunate Song”, “Sultans of swing”, “Crazy in love”  o “Entre dos tierras”; plagios como “Viva la Vida” o aberraciones como “Feel this moment”, “Hello”, “The edge of glory” o “Stronger” que pongo sólo para correr.

De verdad, no pretendo hacer proselitismo aunque lo parezca, pero hay veces que no hay que buscar argumentos para correr sino para no hacerlo.

Por lo demás…

Agosto (qué lejos quedas ya, cabrón) lo cerré con 133 kms acumulados (récord, personal) de carrera más algunos de senderismo y Septiembre lo he empezado fuerte en carga de kilómetros (llevo 125 hasta hoy). Algún rodaje que se me ha ido de las manos tiene la culpa. Eso sí, no tengo el “punch” que tenía a finales de Julio cuando me salían rodajes de 16-17 kms a 4:45. No, ahora no puedo.


¿Algo a la vista? En Septiembre y Octubre no creo que me apunte a ninguna carrera, que hay que aprovechar que vamos a Segovia. En Noviembre está la Media de Moratalaz que aún no he corrido. ¿Más adelante? Hay alguna idea por ahí que bien vale una misa y que iré desgranando próximamente (más que nada porque aún no hay nada decidido).

viernes, 13 de septiembre de 2013

Running 2.0

No por inesperado, a finales de mes se me presenta un cambio total en la rutina habitual y, con ello, en todos los aspectos logísticos, familiares y deportivos.

En lo meramente deportivo, los últimos siete años lo he tenido “fácil, no, lo siguiente” (¿quién habrá sido el perla que ha puesto de moda esta coletilla tan absurda como estúpida y pegadiza para enfatizar el superlativo?): viviendo cerca del trabajo (o trabajando cerca de casa) he podido ir a casa a mediodía, ponerme las zapas (bueno, y las mallas más la camiseta, que el último que corrió con corbata fue “Con la muerte en los talones”) y a correr. Comer como un perdigón (engullir picoteando compulsivamente, que las piedras del estómago procederán a moler la comida ingerida), cafelazo de máquina al llegar y todo en 1:45h. Fin de la historia.


Runner corriendo cuando está hasta arriba de trabajo


Cuando apretaba el calor (de Mayo a Septiembre) madrugaba un poco y a las 07:30 ya estaba dándole, con tiempo para ducharme  y estar como un campeón a las 09:00 aporreando el teclado.

Me ahorraba (me ahorro) una pasta con esta organización, ya que muchos “runners” os veis obligados a pagar 50 pavos de media al mes si la única hora que tenéis disponible es la del mediodía (algunos afortunados tienen el abono vestuario en Madrid)

 En verano, además, con la carrera mañanera se eleva tanto el nivel de endorfinas que los marrones del curro tienen color de rosa por la mañana y hasta parece que huelen bien, si bien es cierto que conforme pasa el día se tornan hacia su verdadero color y olor.

Sin embargo, como he escrito antes, todo esto cambiará. Me cambian el centro de trabajo más al norte de la capital, a seis kilómetros de casa. Con ello no podré ir a casa a mediodía a cambiarme para entrenar, por lo que tendré que buscar una alternativa. Me considero una persona positiva en tanto en cuenta miro alrededor y me doy cuenta de que no me puedo quejar de nada, que soy un afortunado por todo lo que tengo y hago. Puedo ir en bici a currar tranquilamente, ya que hay carril-bici directo e, incluso, el tráfico rodado de entrada a los barrios periféricos no es muy intenso. En total no creo que lleve más de veinte minutos el recorrido. Me sigo ahorrando el abono transporte que, por otra parte, no me soluciona mucho por estar configurado radialmente (sí, en los barrios periféricos también sufrimos el centralismo). El coche, por otra parte, tampoco es una alternativa mínimamente racional: pudiendo llegar en veinte minutos puerta a puerta es de género tonto perder más del doble de tiempo más pasta más la mierda en forma de emisiones por andar en un atasco. Además, qué coño, se me va a poner un culito respingón que no veas.

Pese a que no comeré en casa sí que comeré comida de casa, en fiambrera (venga, vale, empleo el palabro bárbaro…en un “tupper”).

Durante la “temporada” mi estampa habitual será la misma que la de un pionero, con las alforjas llenas con la mochila para entrenar y la comida de mediodía. El Winchester del 73 me lo dejo en casa porque lo usaría en un arrebato 

Mi única duda es qué hacer los meses de más calor, de mayo a septiembre. A pesar de ser más cordobés que un flamenquín con salmorejo correr con calor no lo llevo bien.

Correr por las mañanas no es una opción muy viable, ya que por motivos logísticos antes de las 07:40 no empiezo a correr. Teniendo que estar a las 09:00 vestido de romano, duchado y con veinte minutos de camino las cuentas no salen ¿correr por ahí? Es una opción. Una alternativa aeróbica es rodar los fines de semana y salir en bici entre semana; total, ya que tengo la bici… es una opción, pero una hora en bici da para poco. ¿Apuntarme a un gimnasio? Sólo hay dos, el de Hortaleza y otro de una cadena al lado de Timofónica. ¿Qué hacer? Musculación lo  descarto, es aburrido de cojones y una epicondilitis me lo echa para atrás ¿Clases dirigidas? Dependería del horario, y sólo me atraen algunas más cañeras tipo Body Combat o Pump. ¿Spinning? No, por favor, con 15-20 kms diarios de bici como mínimo los ritmos me los pongo yo en función de la prisa que lleve. ¿Natación? Va a ser que no, de momento. El arrebato triatleta me duró lo que tardé en enterarme que la distancia a nadar era de 1.500 metros. ¡¡uf!!.


¿Alguno entrenáis a mediodía a la hora de la comida? ¿Cómo lo lleváis en verano?

viernes, 16 de agosto de 2013

Dándole un capotazo al estreptococo

Para una familia numerosa, un virus estomacal es como la familia Plómez en Zipi y Zape, que llegan de improviso con el menor de los pretextos y se enquistan días condicionando la comida y el descanso.

La difusión del susodicho nunca es simultánea sino que juega al “tú-la-ligas” como dirían mis hijos saltando de uno a uno. Y no se libra ni dios.

Así hemos estado una semana. Afortunadamente no nos ha pillado recién iniciadas las vacaciones como hace dos años, sino en el previo. Entre despertares nocturnos propios y ajenos no hemos dormido mucho, la verdad.

Con este cuadro lo de menos ha sido salir a correr, y cuando he salido, normal, la calidad se ha resentido.

EL domingo, además, aborté el rodaje semanal. A pesar de estar en Riaza con diez-doce gradazos (sí, señores, en plena canícula en Segovia hay que taparse para dormir) a las 08:00, el cuerpo no estaba precisamente para meterle mucha caña. Cansancio acumulado, deshidratación… son factores que hicieron que el domingo dijese “va a ser que no”. En la eterna lucha entre ese ángel cabrón que te dice “vamos, sal un ratito, diez kilómetros suaves y nos volvemos”(sabiendo que ni de coña) y el tocapelotas “que no, quédate descansando, que te tienes que recuperar” terminó ganando el último. Es curioso, sientes a la vez que estás perfecto (muscularmente lo estás) y que andas como una braga (también lo estás, que has practicado las salidas desde los tacos varias veces del sofá al baño).

Además, “salir ¿para qué? ¿pa cagal-la?” Pues sí, pa cagal-la. En el cinturón de hidratación aparte del bidón el paquete de toallitas del enano, que están perfumadas y pican menos que las ortigas segovianas. No, en casita, que hay más rodajes que sandías.


Virus estomacal manifestándose en todo su esplendor


Así que lo más parecido a la carrera que hemos practicado en casa (escatología aparte) ha sido ver los mundiales de atletismo. Afortunadamente en Teledeporte han rectificado y lo emiten, no sé si porque han encontrado un patrocinador, porque se lo han regalado o por vergüenza.

Me he tenido que poner al día del récord de Bolt (no recordaba exactamente que eran 9,58), he tenido que explicar la diferencia entre la marcha y la carrera, explicar que el decathlon es una prueba de atletismo aparte de una tienda de deportes, que un martillo puede ser redondo y con una cuerda o que en las carreras en pista los chicos no corren con las chicas. Y todo en los descansos entre el Clan y el Boing.


Por lo demás… contar que el domingo anterior me marqué otro “rodaje” de esos antológicos a 4:44 y 17 kms. Lo entrecomillo porque últimamente siempre me pasa lo mismo, que quiero rodar pero me termino animando y corriendo algo más deprisa  de lo que debiera. Y en el previo a lo que queda de escapada masiva, y ya en Madrid, rodé buscando la sombra por Villarrosa, Los Llanos y El Capricho. Qué frondosidad, qué espectacularidad tenemos en este parque: fácilmente pueden hacer 5-10 grados menos que fuera entre la sombra, humedad y corrientes que se forman. Mis dos kilómetros de circuito habitual dentro de este parque se fueron a seis por mor de aprovechar el lujo que supone rodar con sombra en pleno agosto en un paruqe solitario, salvo por un pintor y el personal de mantenimiento.

viernes, 2 de agosto de 2013

Half triatlón de Riaza, la crónica de una no participación

El rodaje del domingo estuvo marcado por el “Half” de Riaza. Suena raro, pero el relato del rodaje es la crónica de un Half que no corrí.

Cuando llegamos el viernes por la tarde notamos una inusitada actividad ciclista en los alrededores. Pero no de globeros como yo de esos que se conforman con “rodar” a 25-30 kmh. No. Bicis de las de verdad, de fibra de carbono y complementos personalizados que cuestan como un apartamento en Torrevieja (Alicante) movidas por ciclistas de verdad y no como algunos que se ven por el carril vieja con las mismas bicis que estos triatletas. También había bicis proletarias movidas por triatletas y bicis galácticas remolcadas por tri-jaja-atletas, que de todo hay.


Globero por el carril-bici con su bici que pesa diez  kilos menos de lo normal para compensar sus diez kilos más de lo normal


Se celebraba en Riaza un “half” y un “short” ¿por qué no llamarlo medio y corto u olímpico? EN fin. El caso es que para empezar antes que ellos salí a las 08:30 pensando que empezarían a las 09:00 como el año pasado. Me fui tranquilamente hasta Riofrío con el interés de ver cómo nadaban por el pantano de la localidad (por mucho que se empeñen en Riaza de reclamar su soberanía, la Riaza irredenta, que también existe a nivel extremosegoviano) en unas aguas que tienen que estar frías de cojones con su lecho de pizarra y con el cobijo de la cara norte de la Sierra de Ayllón.

Iluso de mí, la salida la habían dado a las 08:00 y poco antes del cruce con la carretera de La Pinilla vi cómo bajaba como una bala la cabeza de carrera. Después de tres kilómetros de bajada, el último de ellos recto, el líder bajaba a unos 60-70 kmh. A pesar de llevar los cascos (a un volumen bajo para no perder del todo el sentido del oído), el sonido del desarrollo era similar al de un helicóptero ¿Cuál podía llevar? Supongo que un plazo de 56 dientes y el piñón  chico de 11; con los brazos apoyados en el manillar de triatleta, un casco de contrarreloj y una cadencia situada en la perfección técnica de las 90rpm, la estampa era acojonante a la par que bella.

Cambio de planes, que la carretera está cortada y, con las curvas que tiene,  sería una temeridad hacer el gilipollas corriendo por ahí. Vuelta para el pueblo. El goteo inicial se convierte en chorreo. El sonido helicóptero ya es similar a una escuadrilla de Apaches en pleno asedio de Kandahar. Ni dios en la carretera viendo la carrera. Lo que hasta entonces había sido un tranquilo rodaje a poco más de 5:00 se convierte en un ritmo más vivo y baja de 4:50. Quizás por mimetismo, espíritu competitivo o simplemente canguelo (cuando adelantaban pasaban cerca de mí, que iba por el arcén izquierdo), el caso es que la bajada la hice a 4:37.

Las bicis pasan por el pueblo en dirección a El Negredo por la Gran Vía así que  yo giro antes a la izquierda, hacia el albergue. En la misma curva una flecha verde fosforito y unos conos. “¡¡Tin!!” se enciende una bombilla. Éste es el circuito del sector a pie ¿por qué no? Vamos allá, que aún hay que conocer los senderos del pueblo. Sea por los conos, por el efecto dorsal-sin-dorsal el caso es que la “subida” me sale a 4:45. Siguiendo los conos, ya en modo competición repito los 4:37 del 10 al 12. Por la “M40” de Riaza (cuánta guasa hay también en Segovia) veo unos casoplones espectaculares mientras sigo la flechita verde como Garbancito haría con sus miguitas. Entre sembrados, robles, hierba y carril-bici el perfil es ascendente pero clavo los tiempos, 4:43. Voy siguiendo la cinta que me lleva hasta meta pero doy la vuelta antes y me vuelvo para casa. La inercia me hace apretar al ver las banderitas al fondo ¿4:25 en el km 15? No puede ser ¿otros 4:25 en el siguiente y último? Joder, pues sí que voy bien. No quería correr más, prefería quedarme con buen sabor de boca. Andaba acojonado, 4:44 de media hasta entonces, un ritmo “bueno no, lo siguiente” para lo que debería ser un rodaje. Me encontraba con fuerzas para ir por debajo de 4:35-4:40 durante algunos kilómetros más. Pero preferí no arriesgar y quedarme con la agradable sensación de haber ido in crescendo. Dieciséis kilómetros en total a una media de 4:44 con los últimos a 4:25, sin lugar a dudas uno de mis mejores rodajes. A ver si puedo mantener esta forma en el otoño.

Poco después vamos a ver llegar el chiringuito montado en El Rasero. ¿Lo que más nos gusta? “La Casa de Vettel” ¿esperábamos otra cosa de un tenderete de Red Bull?. Yo, que ni sigo la Fórmula 1 (“es deporte para coches, no para pilotos, según mi mediano, acérrimo seguidor del Rayo y de Paco Jémez por Rayo MacQueen) ni soy alonsista me sigo sorprendiendo con estas apreciaciones.

Del triatlón saco dos conclusiones: que es caro de cojones y que es muy sacrificado.

Caro porque necesitas un neopreno (“udos”), una bici de carreras, zapatillas, casco…. Y un sitio donde guardarlo todo, que aunque sean del Decartón ocupan su lugar. Además necesitas un portabicis. Caro porque la logística se complica: nada de madrugar como el running en el que como mucho coges el metro, no, tienes que pernoctar. Caro porque, aunque parezca de Perogrullo”, se necesita un pantano/lago/mar donde nadar y una carretera que se pueda cortar para unas horas de carrera. Y caro porque organizarlo cuesta una pasta.

Sacrificado  porque hay que correr, sí. Pero también hay que ir en bici y nadar. No cuenta el venir en bici a currar, no, ni comprar el pan en la bici de Pancho. Ni la clase de matronatación (a la que no vamos, pero que muchos sí cuentan cómo natación porque el Scattergories es suyo). “Hayque” (como dicen los jefes) correr, si. Y salir con la bici por carretera además de en el gimnasio para trabajar la cadencia. Y también ir a nadar; no vale ir a la piscina del barrio a ligar con las poligoneras o con el socorrista, no. Hay que ponerse el gorrito, las gafas y pimpán a nadar p’arriba y p’abajo en la piscina, menudo planazo. Ah, minucias aparte como currar y ejercer de marido y padre, que uno no es como Ulises. Al fin y al cabo Ulises se fue con Telémaco (que era hijo único, que se sepa) a Troya y a su Odisea y Penélope se quedó tan tranquila dándole que te pego a la aguja, que Ítaca podía ser todo lo bonita que tú quiseras, pero era muy aburrida y no tenía ni bares, ni tiendas ni Liga ni internés (y, temblad maqueros, aún faltaban tres mil años para que saliera el Aifon, para que luego os quejéis).