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jueves, 24 de octubre de 2013

Descubriendo el Parque Forestal de Valdebebas

Continúo con mi proceso de adaptación al nuevo entorno para correr. Gracias a uno de los comentarios en el bolg (gracias, “Anónimo”), el viernes me dirigí hasta Sanchinarro y, desde allí, crucé el puente con Valdebebas.

Conocía la zona de ir con la bici, si bien desde hace un año que no pasaba por allí. Entonces la calle se cortaba en una rotonda justo en ese puente por arriba y por abajo en otra rotonda que enlazaba Las Cárcavas con la Ciudad Deportiva.

Bordeando el futuro Parque Forestal de Valdebebas, con los dientes largos de “corriendo espero al parque más quiero” pasé como dije por el borde Norte de Las Cárcavas, barrio rebautizado como Valdebebas Oeste por motivos de mercadotecnia. Al llegar a la rotonda de abajo, sorpresa, vi que estaba abierto el paso y continué. Con casi cinco kilómetros recorridos debería haber dado media vuelta pero… era viernes, hacía un tiempo cojonudo (ligera brisa del sur), un camino terroso pero duro, casi plano, nuevo, qué coño con una ligera bajada me fui animando y tiré para delante. ¡¡Oh, sorpresa!! ¡¡Es la Ciudad Deportiva!! En medio de una planicie aún por urbanizar di una vuelta hasta que me di cuenta de que ya eran 6,5 kms los que llevaba corriendo. Había que pensar en dar la vuelta. ¿Por dónde? Si le doy la vuelta bordeando el parque no tengo ni idea de dónde voy a salir ni cuántos kilómetros van a salir (dicen que va a ser tan grande como la Casa de Campo). Una cosa es tomarse un ratito más y otra es meterse 15-17 kms a mediodía. Además, qué coño, no llevaba ni agua ni geles de ningún tipo, por lo que la cordura hizo acto de presencia y di media vuelta retrocediendo sobre mis pasos.

Buscando los senderos paralelos a las aceras iba disfrutando del camino. Veía el parque cerrado con ganas de meterme; alguna puerta abierta para entrada y salida de los vehículos… uyuyuy…. Pero, por lo visto, hasta Abril de 2015, unas semanas antes de las elecciones municipales (qué casualidad) no se abrirá. Eso sí, sólo una parte, que hay que esperar a inaugurarlo dos veces.
Corriendo como en “El Señor de los Anillos” por los senderos de la línea de aguas de los montes de Sanchinarro (¿se nota mi origen cordobés?) me iba acercando a mi punto de partida. Lo que había previsto que fuese una relajada carrera finisemanal se convertió en un semirrodaje de 12 kms a 4:40 min/km de ritmo.

Runner en Las Tablas gritando "Eureka" al encontrar ese camino deseado

Más feliz que una perdiz por el redescubrimiento de un nuevo sendero/alternativa me volví al curro.

Y es que el espíritu aventuro sigue en pleno desarrollo. Más por necesidad que por vocación (como la mayoría de los aventureros), ando metiéndome por caminos a la búsqueda de ese vergel desconocido. Valdelatas me pilla un poco lejos para una salida estándar de 10-12 kms pero no cejo en el empeño.

Las Tablas tendrá mucha urbanización mona de cinco alturas con “pistadepádelypiscinaosea”, mucha avenida ancha y muchos parques infantiles prefabricados pero sitios chulos donde correr tiene más bien pocos: o están muy bien escondidos o yo no los encuentro (por si acaso "sigo buscando" como en las tapas del danone de los '80). Entre semana se ven pocos runners y poco acostumbrados a devolver el saludo ¿qué coño os cuesta ser educados?  que es gratis saludar y genera una complicidad implícita. En el JC1, a mediodía, aunque sea se devuelve un saludo tipo señal de mus.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Equinoccio de otoño

Hay veces que uno no necesita una razón para correr. Simplemente te lo pide el cuerpo, sales y ya está. Sin metas.  Sin ritmos predefinidos. Aunque no pongas el despertador madrugas o el despertador de la casa de ocho años te hace madrugar con un “no quiero dormir más”.

Mecánicamente te pones la ropa de correr, te atas las zapas y sales a correr con la música en modo aleatorio.

Hoy ha sido uno de esos días. Temperatura perfecta (12ºC), sin viento. Al despuntar el alba en ese momento del equinoccio en el que la salida del sol por un noreste que está cada vez más al sur se solapa con el ocaso de una luna llena pletórica de luminosidad.

La infinita variedad cromática del cielo al amanecer se une al cielo aún oscuro que envuelve a la luna. Y todo esto con sólo girar la cabeza.

La soledad reflexiva en el parque compartida con otros runners, los patos, las ardillas, la humedad. La burbuja de silencio en medio de carreteras atestadas en plena hora punta.

Suenan canciones como “Fortunate Song”, “Sultans of swing”, “Crazy in love”  o “Entre dos tierras”; plagios como “Viva la Vida” o aberraciones como “Feel this moment”, “Hello”, “The edge of glory” o “Stronger” que pongo sólo para correr.

De verdad, no pretendo hacer proselitismo aunque lo parezca, pero hay veces que no hay que buscar argumentos para correr sino para no hacerlo.

Por lo demás…

Agosto (qué lejos quedas ya, cabrón) lo cerré con 133 kms acumulados (récord, personal) de carrera más algunos de senderismo y Septiembre lo he empezado fuerte en carga de kilómetros (llevo 125 hasta hoy). Algún rodaje que se me ha ido de las manos tiene la culpa. Eso sí, no tengo el “punch” que tenía a finales de Julio cuando me salían rodajes de 16-17 kms a 4:45. No, ahora no puedo.


¿Algo a la vista? En Septiembre y Octubre no creo que me apunte a ninguna carrera, que hay que aprovechar que vamos a Segovia. En Noviembre está la Media de Moratalaz que aún no he corrido. ¿Más adelante? Hay alguna idea por ahí que bien vale una misa y que iré desgranando próximamente (más que nada porque aún no hay nada decidido).

lunes, 19 de noviembre de 2012

Corriendo por sensaciones


Hasta que el GPS hizo acto de aparición, la larga distancia siempre se había corrido por sensaciones. La innovación tecnológica más destacable era la del Casio de la primera comunión, porque había quien iba con un cronómetro como Dustin Hoffman.


¿Te sientes bien? Corres más rápido. ¿Qué hay que hacer series? Pues se marcan “más o menos” 400, 1000 metros o los que sean. Los progresivos eran por tiempos y un poco más de caña. En fin, qué os voy a  contar.

El caso es que por una incidencia técnica estoy corriendo por sensaciones y lo cierto es que es gratificante el no tener el cacharro ése que te pita cada kilómetro y miras si van 5 ó 10 segundos por encima o por debajo o si vas largo o corto de pulsaciones.

Confieso que de vez en cuando corro así, unas veces porque el GPS se queda sin batería, otras por no ponerme la banda y otras, simplemente, por gusto. Y tiene un gran encanto liberador.

A ver, a uno le gusta saber cómo va cuando le metes caña, cuando quieres hacer un rodaje a un ritmo determinado, algún progresivo más o menos planificado. Pero el resto de las veces  el cacharro no deja de constreñirte por no ir lo suficientemente rápido o lento, por tener pocas o muchas pulsaciones o por no hacer ese tramo de 4:20 en 4:15.

Siendo animales de costumbres como somos, todos los “runners” tenemos varios recorridos predefinidos, esos recorridos que realizamos prácticamente sin pensar en función del tiempo que queramos correr, de la caña que queramos meter (con perdón) o de la meteorología que haga (buscando la sombra con calor o una zona más resguardada con viento) por lo que, “Caeteribus paribus”, para ver cómo vamos sólo se necesita un cronómetro. Joder, si nos conocemos hasta los tiempos de paso de cada parcial (o “laps”). En las carreras, incluso, sabemos cómo vamos a terminar cuando vamos por la mitad, equivocándonos en muy poco.

La semana pasada salí tres veces “más o menos”. En una hice “más o menos” 12 kms a 5:00. En la segunda “más o menos” 10 a 4:45 y el domingo “más o menos” otros 12 a 5:15. ¿Sabéis qué? Que sólo me equivoqué en “más o menos” 100 metros, y eso suponiendo que el mapeo de USATF sea 100% preciso.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Disfrutando como un enano


Llevo un par de semanas disfrutando como un enano con los entrenos que estoy haciendo. Probablemente sea por el hecho de que salgo a correr, sin más pretensiones que las de disfrutar mientras corro. A lo mejor tiene que ver el hecho de que en este tiempo ha llovido mucho en sentido estricto.

EL sábado hice un rodaje de 18 kilómetros por Gijón a 5:08 y 144ppm  acompañado gran parte del camino por la lluvia. ¿Truco? Sí, algo. Al fin y al cabo estaba corriendo a nivel del mar y por un recorrido plano en su práctica totalidad. Por cierto, mi FCMax es de 162ppm, de ahí que parezca que vaya sobrado tanto en los rodajes como en mis sesiones en el umbral anaeróbico (a 150-152ppm).

El jueves pasado igual, llovía cuando salí, después paró un poco y finalmente empezó a jarrear al final. De perdidos al río, “from lost to the river”. Como dicen los pingüinos de Madagascar, “sonreíd y saludad”, “cucos y coquetos”. Así que cabeza bien alta, sacando pecho  y gracilidad.



Me faltó ponerme a cantar el “Ardor guerrero” que no me sé porque uno hizo la mili en el arma de Ingenieros para cuyos integrantes los infantes eran carne de cañón (paradójico, por otra parte, cuando los zapadores son igualmente soldados valerosos del arma de Ingenieros). Llegué de barro hasta arriba, literalmente. Las zapatillas, blancas cuando las compré, tienen esa pátina que les confiere el viento y el barro asienta.

Ayer  hacía un tiempo espectacular. No más de 10ºC, sin viento y ninguna nube y decidí irme al JC1 en bici. Al final me salieron  21 kms a 22 kmh puerta a puerta. Qué pena que tuviese que volver, porque me he quedado con ganas de más. Hacía tiempo que no iba en bici con fines deportivos, y la verdad, tenía de ganas de meter desarrollos largos con cadencias altas, ya que el ciclismo urbano no permite apenas este tipo de caprichos. El problema es que para “enterarse” del ejercicio uno necesita un tiempo precioso, ya que he estado algo más de 53 minutos y las pulsaciones se han quedado en 122ppm.

¿Carreras a la vista? Ninguna la verdad. Bueno, miento, sí que hay una, pero esta vez voy de espectador cámara en mano. Y es que el domingo los enanos tienen carrera en el Parque del Oeste. Se estrenan en la ultradistancia de los 300 y 400 metros. ¿Necesitarán gel de hidratos? Eso es para los parchosos de los padres, que nos da por correr y correr sin parar.

jueves, 8 de noviembre de 2012

En la vida hay que elegir


Hoy tenía ganas de correr, pero a la hora de salir a correr a mediodía llovía sin parar. Y, claro, inmediatamente surgen las dudas:

  • ¿Malla larga o corta?
  • ¿Cortavientos o chubasquero?
  • ¿Adidas o Kalenji?
  • ¿Madonna o Kilye? Me refiero al MP3, malpensados. Además, uno no es tan fantasma.

En serio, a mediodía no llovía tan fuerte como por la mañana. Y tenía ganas de correr. Así que la las elecciones fueron:

  • Malla larga
  • Chubasquero
  • Adidas y Kalenji.
  • Para aprovechar el barro y el “shuffle” dejé que Madonna y Kilye se pelearan, que uno no puede hacerlo todo.


Y a correr. Mucho barro, mucho charco, por lo que el recorrido habitual hasta el JC1 lo iba modificando sobre la marcha. Un poco por Villarrosa (es increíble como todavía funciona el drenaje en este parque), el carril bici, Los Llanos por la acera que bordea el parque hasta El Corte Inglés del Campo de las Naciones y vuelta casa. Pim, pam, nueve kilómetros en 43:00 de menos a más (de 4:50 los primeros kilómetros a 4:40 los siguientes sin que las ppm se disparasen) a pesar de la pérdida de tracción como consecuencia de la gran cantidad de barro. ¿Qué si me mojé? Pues sí, pero terminé hiperhidratado. Tengo hoy la cara que ríete tú de los potingues esos “rinse-off”, “crema de día” “crema de noche” o “crema de pepino”, y gratis.

Llegué empapado por el cortavientos y por la borrasca atlántica. Y es que por mucho que prometan que el cortavientos favorece la transpirabilidad al final sudas como un cerdo. ¿Tendrá algo que ver que el cortavientos de Kalenji sólo me costó veinte pavos y que por ese precio no se le pueden pedir peras al olmo? Es posible. ¿Qué pensáis?

El resto de la semana correril se compone de un rodaje de 18 kms a 5:11 y 143ppm y una salida de calidad de 10 kms a 4:28 en las que las pulsaciones se me fueron a 154ppm.

martes, 6 de noviembre de 2012

Sol de otoño


En esta época del año el cielo se vuelve de un azul intensísimo cuando sale el sol. El aspecto del parque varía de un día para otro por el cambio de color de las hojas de árboles y vegetación y el tiempo tan cambiante propicia una sensación aún mayor de que todo cambia de un día para otro.

El árbol que el domingo estaba cargado de hojas con un amarillo intenso hoy está pelado y las que le quedan tienen un color ocre que sugiere que no llegan a este fin de semana.

Ver cómo la Sierra recién nevada refleja la luz naranja intensa del amanecer es algo tan espectacular como efímero bajo un cielo despejado que, todo junto, te da un contraste de colores espectacular.

Corriendo por varios parques a r2, tranquilamente, me da por pensar aún más. Y pienso que me gustaría llevar en ese momento la cámara para dejar constancia de esos colores tan amarillos como efímeros de los árboles cargados de hojas a punto de caerse y cómo se reflejan en el estanque del JC1 para, por pocos segundos, desgarrarse por una piragua que corta la imagen.

Inmediatamente desecho la idea, más que nada porque llevar una réflex es impracticable si uno sale a correr, ni siquiera una compacta. Lo dejo, pues, para cuando me jubile dentro de los años que diga al Gobierno, ahora a los 67 pero seguramente más tarde al paso que vamos.

Además, qué coño, una foto no deja constancia de la sensación de cómo se hunde ligeramente el pie en un camino saturado de agua cuando corres por un pinar después de la lluvia o de cómo ésta rebota en un cortavientos que supuestamente es impermeable, de tu respiración, de ese silencio que te acompaña asombrosamente a pesar de que estás a menos de medio kilómetro de la A-2 en el pinar de La Piovera o del halo que acompaña a tu respiración. ¿Y esa sensación de ligera pérdida de tracción cuando se pisan hojas recién caídas? ¿Y cómo se prensa la nieve virgen?¿y el olor del salitre o de la hierba o de la lluvia?

Tampoco se oye ese chorro apenas perceptible en El Capricho un domingo por la mañana, ni las hojas que pisas.

Para captar ese momento en que la Sierra refleja el sol del amanecer y lo refleja de un naranja intenso, además, hay que madrugar, tener un equipo cojonudo y un poco de suerte. Parafraseando a Picasso, la suerte es aleatoria, pero te tiene que pillar con la cámara en la mano. Al saber le llaman suerte.

Me conformo de momento con disfrutarlo cada vez que salgo a correr. Disfruto corriendo, disfruto del paisaje. Tan fácil de explicar como ponerse a correr. Tan difícil de explicar como no ponerse.

martes, 16 de octubre de 2012

..Y ABBA entró en mi MP3


Lo que me faltaba. Si el MP3 se me estaba llenando progresivamente de ¿música? que en mis años adolescentes no hubiese oído ni el primer acorde ahora voy y cruzo una de esas líneas rojas que había trazado.

¿Será que uno termina oyendo la música que le ponen en las carreras? ¿A que va a ser verdad que esta música incita a correr? ¿Será que me hago mayor y más moña?¿Será por un oculto –ya no- culto a Madonna? ¿Será, simplemente, que por exposición prolongada goebbeliana uno termina creyéndose de verdad una mentira como ésa de que nos iban a bajar los impuestos?

Pues sí, acabo de cruzar una de estas líneas rojas grabando el Gimme Gimme. Y lo peor de todo es que no puedo alegar en mi defensa que sufro al Síndrome de Diógenes porque la oigo (y escucho) cuando corro. Bueno, sí, podría, pero mentiría.

Eso sí, mientras suena no puedo evitar la imagen mental ochentera del corredor, con su chándal de algodón, las Paredes, calcetines blancos con dibujo de raquetas cruzadas, muñequeras a juego con la ferpa. Vale, sí, aún conservo (y oigo) el Appetite for destruction, el Black Album ¿cómo no emocionarse con el “The Unforgiven”?


Por lo demás sigo disfrutando de mis mañanas y mediodías otoñales. El domingo rodaje fresquito en Córdoba (volveré a escribir de ello). Cómo se nota que está a 60 metros y que es plana, hice 15 kms a 5:03 (con el último a 4:20) y 142ppm. El domingo me toca la carrera del CSIC en la que espero bajar de 43:00. Un entrenamiento rápido para probarme y otro más tranquilo, a ver qué tal se da.

jueves, 11 de octubre de 2012

Me encanta que los planes salgan bien



¿Quién no reconoce esta frase? ¿Quién no la ha dicho nunca viéndose a sí mismo como Aníbal?

EL miércoles me sentí como Aníbal, purazo incluido. Y es que después de un par de meses he vuelto a correr a 4:30 a pesar del calor. Lo más curioso es que no me había planteado correr a ese ritmo pero, como suele suceder, después de un par de kilómetros dije “¡qué coño!¡a echarle huevos!” Con una media de 4:42 hasta la entrada al JC1 empecé a apretar casi sin darme cuenta “moving like Jagger”. Los siguientes kilómetros fueron una progresión modélica de lo que debe ser una carrera cualquiera atacando el umbral anaeróbico: 4:32, 4:28, 4:24, 4:21, 4:31 (un gilipollas no quiso respetar el paso de cebra), 4:26 (cuesta arriba del Luis Aragonés) y 4:15. Al final 45:07 tiempo total, a 158ppm (94% FCMáx). No había nadie que me diese medalla alguna, pero a cambio me trinqué un tercio de Mahou cinco estrellas del tirón, pin-pan, a la hora de la comida que me sentó a gloria.



Y es que siempre noto un salto de calidad después de cada carrera en forma de rodaje rápido más rápido. Luego, como suele suceder, vuelvo a registros normales, pero durante unas semanas voy ligero como una moto, potente como un camión.

Lo que se me antojaba como una salida tranquila yo mismo la convertí en rápida. De hecho pensaba haber ido a correr por el Pinar de la Piovera pero la presunción de barro a espuertas me hizo desistir porque me había puesto las zapas nuevas, unas Adistar que me compré en las rebajas por 90 pavos. Y no es que sea precisamente pulcro, pero imaginarme a semejante maravilla hasta arriba de barro me daba pena.

Parece que estoy llegando a ese punto de forma que alcancé en verano, a ver si dura. Repasando tiempos pasados acabo de darme cuenta de que por estas fechas tuve una sobrecarga en el isquio el año pasado, por lo que he empezado a ver fantasmas de los que hacen pupa, porque los otros los veo de continuo.


miércoles, 3 de octubre de 2012

III Carrera del Corazón 2012


El sábado pasado había mucho vicio en la Casa de Campo a las nueve de la mañana de gente que había pagado por correr. A ver, no seais mal pensados, que sabéis que un cordobés nunca usa el doble sentido.

Hablando en serio, el día de agua anterior hizo de filtro para que el sábado hubiese menos corredores del o habitual, “sólo” 1.300, por lo que la manida excusa de las aglomeraciones iniciales para justificar un tiempo peor de lo esperado no valían.

¿Barro? Sí, pero sólo los primeros y últimos 100-150 metros, lo que tampoco puede ser excusa.

Salvo las incursiones cuando MAPOMA no había corrido nunca en la Casa de Campo. Lo sé, es una de las referencias “runners” en Madrid, pero qué queréis que os diga, teniendo tantos parques al lado de casa en Hortaleza se me hace raro coger el metro o el coche para ira correr a la otra punta de Madrid, perdiendo más tiempo yendo a correr que corriendo. En este sentido, pienso, los runners estamos mal acostumbrados… para bien. Para correr no necesitamos quedar con nadie, ni ir a ningún sitio, ni esperar al monitor guaperas de turno, ni que haga buen tiempo, o malo, ni forfait, ni pollas en vinagre. Ponerse las zapas y a correr.

Viendo el perfil pensé que podía ser una carrera “fácil”, pero de fácil nada. Las rampas eran muy suaves, sí, pero bastante largas. Además, el ir y volver por el mismo camino tampoco ayudaba a tener una perspectiva clara de cuánto llevaba y cuánto quedaba.

Lo que peor llevé de la carrera es el tramo de adoquines y granito de poco más de un kilómetro a la salida de la Casa de Campo y hasta que volvimos a ella. No me gustan nada ni el granito ni los adoquines ni elementos similares, noto como sufren las rodillas e instintivamente acorto el paso.

Antes de ir había pensado que mi tiempo iba a estar en torno a 43:00. Soy de los que piensa que se corre como se entrena, por lo que si en mis entrenos rápidos estoy yendo a 4:36-4:38 no podía esperar a repetir los 40:50 de Proniño en Junio, cuando entonces iba a 4:30-4:32. Esos cuatro ó seis segundos de diferencia explican parte de mis 43:16. Además, después de la carrera se comentó que la distancia real fueron cien metros más de los 10.000. Insisto, para mí no es una explicación para pasar de 41:50 a 43:16, ya que de ser cierto sólo explicaría una parte. Los parciales también fueron kilómetro a kilómetro algo peores que entonces. Por último decir que el que ganó también corrió Proniño, donde hizo treinta segundos menos. Todo explicado y justificado.

¿Qué saco en positivo? Que tengo margen de mejora. En la carrera del CSIC, mucho más rápida en teoría sí que espero estar en torno a los 42:00. Un poco de entrenamiento, dos kilitos menos en las alforjas, buena colocación y voilá. Sigo sin encontrarle gusto ni predisposición hacia las series. Desde la consciencia que son el principal medio para incrementar los umbrales de tolerancia al lactato rápidamente, sigue dándome una pereza tremenda ponerme con ellas. Al fin y al cabo corro por el placer de correr.

La Casa de Campo, por otra parte, es un sitio precioso para correr. Y en otoño aún más. Con las hojas de los plátanos ya amarillas, marrones y por el suelo junto con la frondosidad de los árboles y la fina lluvia que caía disfruté como un enano. Además, por tiempos, iba más o menos solo (terminé en el puesto 131), por lo que la sensación de ir en manada me permitía disfrutar sin mucho ruido del paisaje hasta que los altavoces de la organización empezaban a oírse a un kilómetro de meta.



viernes, 21 de septiembre de 2012

Fresquito otoñal


Hoy, y para celebrar el equinoccio otoñal, he decidido que ya estaba bien de madrugar. Entre la nocturnidad, alevosía (por querer salir), la miopía y el sudor en los ojos las posibilidades de meterse un hostión empezaban a crecer preocupantemente.

Total, que viendo que estos días de atrás que a mediodía corría  una brisa marina de lo más agradable del mundo por el carril-bici decidí correr a mediodía.

Error. A pesar de que el aire del este hacía que la sensación térmica fuese algo menor, cuando el aire dejaba de soplar hacía un calor del copón para estas fechas. Y al sol ni te cuento. Parezco nuevo, joder, me tenía que haber quedado en Villarrosa o haber ido hasta el pinar de Conde Orgaz en lugar de ir al JC1.

Con todos estos condicionantes me he ido hasta las 153ppm (recuerdo que mi FCmáx son 166ppm) en doce kilómetros, a 4:52. Y sudando como un cerdo. Eso sí, lo bueno de  correr a mediodía es que te ganas el premio Mahou cinco estrellas, y qué bien que siente un cervezón a eso de las 14:30 después de un carrerón. Ni Aquarius, ni Gatorade ni tonterías en vinagre. Malta y lúpulo fermentados.¡¡¡¡¡¡¡ Mmmmmmm¡¡¡

A esas horas, en esos sitios, con esa temperatura y siendo viernes no me he cruzado con nadie, lo cual es noticia con la fiebre “runner” que vivimos.

La verdad, no sé si volveré a correr a mediodía la semana que viene a mediodía. A las horas a las que voy por la ¿mañana? Meto más miedo que otra cosa. Imaginaos, aún de noche, enfrascados en vuestros pensamientos mientras vais al tajo pasando por un descampado debajo de uno de los accesos a la M40 y oís detrás algo que se acerca respirando fuerte/jadeando. He visto más de un respingón, y no me extraña. Hace uno o dos meses, al menos, era de día, y psicológicamente estamos más preparados ante estas sorpresas que cuando nos pasa a oscuras.

En cuanto a las otras dos salidas sigo afinando la máquina. El martes fui a 4:36, cerca ya de los 4:30 de hace un par se meses. Lo que no se van son los dos kilitos del verano, pero bueno, tranquilo en ese sentido porque ya se irán.

viernes, 14 de septiembre de 2012

El Invierno se acerca


Aunque andemos aún con 30 grados a mediodía y nos apetezca horrores tomarnos una cerveza a esas horas, ya se ve que al verano le quedan dos telediarios.



Para empezar que amanece cada vez más tarde. Parte del entrenamiento lo hago en penumbra; al sol cada vez le cuesta salir más y, cuando sale, lo hace desde una posición menos septentrional. Si uno corre en Madrid, para que me entienda, en verano sale por la carretera de Burgos, mientras que en invierno sale por la de Barcelona. El resto del año se mueve entre estas dos latitudes, lenta e inexorablemente según nos acerquemos al solsticio correspondiente.

Los chopos, que suelen ser los primeros árboles que echan hojas en los estertores del invierno, empiezan a perderlas. Este año incluso antes, como consecuencia de las olas de calor tardías de finales de agosto. Los pobres no han aguantado y se han desecho de tanta carga, con lo que el parque ya está lleno de hojas amarillas.

LA operación bikini ha quedado abortada. Los propósitos son menos agresivos y no madrugan, sino que se apuntan a un gimnasio o corren a mediodía.

Desde esta semana, la vuelta al cole. Madres (mayoritariamente) histéricas y padres estresados se dan cuenta que el recorrido que la semana pasada les llevaba veinte minutos de verdad  ahora se dan cuenta que el resto del mundo mundial ha tenido la brillante, genial y original idea de llevar los niños al cole. Como los niños son de cristal, hay que llevarles en coche hasta la puta puerta del cole, se les vaya a romper los huevos/ovarios si andan doscientos metros. Ahora siguen tardando veinte minutos pero de la escala del extrarradio madrileño, donde todo el mundo dice vivir a “veinte minutos del centro”.

La “feliz idea” origina un atasco del copón por aparcar “un momentito” el monovolumen, vehículo mínimo imprescindible para  cualquier familia madrileña con un niño, en la puerta del cole y que cuando pillen cincuenta metros despejados aceleren como Fernando Alonso a la salida de boxes cuando ve por el retrovisor a Hamilton a punto de adelantarle… solo que este caso Hamilton puede tomar la forma de un corredor. Cualquiera que corra por las mañanas en Madrid sabrá de lo que hablo.

De verdad, cada vez que paso por los puentes de la M-40 (y son varias a la semana, bien en bici o bien corriendo) me alegro de no depender del coche. Montones de coches semiparados o avanzando lentamente emitiendo basura por doquier. Y luego dicen que la gasolina es cara, ¡¡y una mierda!! Si fuese cara no se formarían los atascos que se forman, e iríamos todos andando, en bici o en transporte público. Tampoco nos iríamos de “finde” a una casa rural con encanto del Pirineo o a hacer las compritas a NY porque el cambio nos compensa con ese billete baratito que hemos encontrado. Cuando el “medianito” se muere de ganas por meterse en un atasco para saber qué es eso y me pregunta que qué es le digo que viene a ser como si todos los niños del cole se pusieran en la misma fila todos los días para entrar a clase, con semáforos incluidos. “¡¡¡Aaaaalaaaa!!!”

Por eso estoy aprovechando mis últimos madrugones. ¿Cuánto me quedarán antes de volver a correr a mediodía?¿dos, tres semanas?

Entre tanto sigo con mi readaptación a la rutina. El rodaje del sábado me costó al principio, pero al final me vine arriba precisamente subiendo desde El Capricho hasta casa (casi cuatro kms) como Contador, de menos a más y dejando atrás poco a poco a los demás, saliéndome a 5:20 y 139ppm. El resto de salidas las estoy haciendo entre 4:37 y 4:40. Me falta ese punto de velocidad e intensidad que me haga recuperar mis ritmos de 4:30-4:32 de antes de las vacaciones. ¿Tendrá algo que ver la alforja de dos kilos que me he traído puesta de las vacaciones?

En cuanto a próximas carreras.. como os dije sólo me he inscrito en la carrera del corazón, que es totalmente benéfica y “sólo” cuesta ocho pavos. A lo mejor no tiene ni el glamour ni el esnobismo de otras carreras, pero se acerca a lo que pienso que debería costar una carrera. Salvo en MAPOMA no he corrido en la Casa de Campo, y tengo ganas. Probablemente corra alguna más, con o sin dorsal, pero en estos tiempos de crisis pedir (y pagar) 19 pavos por la San Silvestre Vallecana me parece un atraco a mano armada cuando hay 35.000 corredores y Niké debe gastarse una pasta tremenda por patrocinarla y empapelar el  Metro. Pero en fin, vivimos una burbuja runner y este es el precio que hay que pagar por correr una carrera homologada. Comos siempre confundiendo los medios con los fines.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Las cosas del correr (y del leer)

A las cosas del correr les pasa como a las del leer, que son hábitos innatos adquiridos de pequeño que en un momento dado se pierden, llegando incluso a abominar de incluso de quienes lo practican. Con gran ligereza pensamos que son cosas de la edad, y que es lógico que se pierdan precisamente por crecer y madurar. Personalmente pienso que no es así, que lo que falla es la forma en que se nos ofrecen, o demasiado poco o en exceso de la misma forma que podemos enfermar después de vivir en una burbuja o desarrollar una alegia por una exposición intensa y prolongada a un patógeno. Afortunadamente, en muchos casos no desaparecen, sino que permanecen latentes, a la espera de un estímulo que los haga resurgir.

A cualquier niño le encanta que le cuenten historias e inventárselas. Para ellos todo es posible en un mundo de magia, donde realidad y ficción se dan la mano a nada que uno se lo proponga. Un cuento, con ilustraciones, fotos o desplegables es fascinante para ellos, y garantía de éxito si uno sabe o quiere llamar su atención. Al apagarse la luz antes de dormirse (aunque suponga un gran esfuerzo entre pises, aguas, coches/muñecos y remoloneos varios) y se les cuenta un cuento, la cara se les ilumina como sólo a un niño puede pasarle, imaginando que ellos son los protagonistas de ese gol inverosímil que le da el ascenso al Córdoba frente a un Barsa que se hunde en Segunda, o que le cambian la rueda justo a tiempo a Rayo MacQueen para ganar la Copa Pistón o que sólo ellos son capaces junto a los Gormitis de evitar que la Piedra Sulfúrea caiga en poder de un Obscurio alineado en el Eje del Mal con Chick Hicks y Gran Reactor.

Pero, en un momento dado, a la tierna edad de doce años, se les enchufa el Quijote. A pelo. Sin anestesia. A ser posible en versión original sin subtítulos, la del Siglo de Oro. Y claro, ya tenemos el shock anafiláctico prácticamente garantizado. En lugar de estimularle a la lectura desde pequeñitos, sin previo aviso, 600 páginas de la primera parte y 500 más de lo que cinco siglos después, en otro continente y en otra industria denominaron “secuela”.

Lo mismo ocurre con los juegos, que todos se hacen corriendo. Se juegue a pillar, al escondite, al fútbol, a policía y ladrón… no hay juego de niños que no se pueda hacer corriendo. También se juega en bici: un descenso a “dieciocho con seis” en la “velocidad 26” sólo está al alcance de los elegidos; el helado que nos comemos después de la cuesta terrorífica de acceso al JC1 viene a tener los mismos efectos que las espinacas de Popeye. En bici se puede ir a México si uno quiere por un camino secreto, a Villarreal o a recoger una tarta para el cumpleaños de Pelayo, según el día. Porque es divertido, porque les divierte. Para qué ir andando si corriendo se llega antes.

Cualquier cosa que les mandes la hacen corriendo (bueno, si te escuchan y te hacen caso).

Correr por el campo, con olores de los que de mayores nos enteramos que se llaman romero, adelfas, pino, jara, miel, arena mojada, fuego de leña de encina, panceta, migas es uno de los juegos más divertidos de un niño, y proporciona unos recuerdos que nunca llegan a borrarse. Meterse en la bañera y que el agua salga negra de toda la tizne que llevábamos era una muesca más en nuestro revólver y señal de lo bien que lo habíamos pasado.

Llega un momento, sin embargo, en que deja de ser divertido. Probablemente cuando te obligan a darle tres vueltas al campo, sin parar. Sin que quepa lugar para el juego. Con el tiempo como única medida. Sobresaliente, notable, bien, suficiente, insuficiente. Martes y jueves de tres y media a cuatro y media. Recuerdo horribles clases de “gimnasia” en EGB que eran cualquier cosa menos motivadoras. Alineados, “a cubrirse, ¡¡ya!”, brazos extendidos al frente, al lateral, sentadillas como si fuésemos a poner un huevo. AL final, por lo aburrido, terminabas por mostrarte indiferente primero y odiar esa clase después. Mientras tanto, Don Francisco echaba un cigarrito con Don Máximo o metiéndose un lingotazo de aguardiente como el que tenía de sexto a octavo.

¿Que a qué viene todo esto en el blog? Precisamente por el planteamiento vitalista del mismo. Corro porque me gusta, porque disfruto corriendo. Porque disfruto cómo pasa el tiempo cuando corro y no espero sentado a que éste pase y llegue el fin de semana. Porque, aunque hagamos el mismo tiempo (en términos cronométricos), en el parque ningún día es igual a otro: siempre hace más o menos viento, más o menos frío, llueve o no llueve, hay más o menos hojas en un suelo más o menos mojado, el cielo es más azul o menos, es de día o de noche, amanece o atardece, nieva o hace un calor tremendo. Porque, aunque hagas los mismos kilómetros, en la cinta pasa una goma mientras ves Bob Esponja en el monitor mientras en el parque pasa la vida, en el Muro rompen las olas o en Las Cuevas puedes correr al lado de unas ruinas de un acueducto califal que seguramente tenga sillares romanos y que abastecía a Medina Azahara, media hora más abajo. Porque disfrutando como un niño se vive mejor de adulto. Porque disfrutando del aire en la cara en bici tus hijos se lo pasan mejor viendo cómo te lo pasas con ellos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Pasando el mono (malamente)

Llevo algo más de un mes regulándome. Corriendo suave. Yendo al fisio. Saliendo menos a correr, sin forzar. Y todo por las molestias en el isquio/bíceps femoral izquierdo.
 
Hace dos domingos salí prontito y disfruté como un enano. Carrera a ritmo de rodaje, 5:10, sin forzar, reduciendo el ritmo cuando notaba la más ligera molestia real o figurada (como dirían los Serrano, creo que he terminado “sodomizando”). En una mañana sin frío, sin viento, con esa claridad y brillo que sólo hay en los días claros de Otoño y lleno de fuerzas troté 14 kms sobrado, con fuerzas suficientes como para haber hecho unos pocos más, pero con miedo a pinchar en la curva siguiente.
 
Dos días después me bajo al parque a correr suave y poco a poco empiezo a subir el ritmo: 5:00, 4:56, 4:52… hasta 4:40 en el octavo kilómetro. Todo iba “fenófeno” y decido volver a casa por si acaso me sigo flipando y, metiendo más caña, me termino rompiendo.
 
Empiezo a estirar un isquio, el otro con la pierna en alto, luego sentado en cuatro… y me da un leñazo que me cago. Un dolor intenso, localizado en el centro del bíceps femoral ¿me habré pasado?
 
Así que me voy al médico, sin saber si tengo una sobrecarga, una contractura o alguna rotura. Para romper el hielo, le digo que tengo fastidiado el músculo de moda, el bíceps femoral, y se descojona… porque por lo visto es médico de la Federación Madrileña de Fútbol, con lo que “algo” debe saber. Para mi consuelo y tranquilidad me dice que no puedo tener rotura porque de tenerla, al presionarme rabiaría como un perro (esto es cosecha propia).
 
De 7 a 10 días sin hacer ejercicio, ibuprofeno y antiinflamatorio. “¿Nada?””¡Nada!” (como Tip y Coll, y eso que traía traje). “Mire, voy en bici a currar” “Vaya en transporte público” “Mire, si fuese en transporte público tendría que andar veinte minutos, pero si voy andando sólo quince” “Entonces vaya tranquilamente andando, en bicicleta o en coche de peseta”.
 
Así que hasta bien esta semana a recrearme en el pecado capital de la envidia, el más español de todos. Envidia al ver a corredores madrugadores, de mediodía o nocturnos por no poder correr a mediodía disfrutando de mi ración de endorfinas. Envidia por tener que llevar un desarrollo que sería cómodo hasta para mi compañera de cruasán plancha con nutella y café con sacarina, dos paquetes de Fortuna diarios y noventa kilos en canal ¿Mono? Sí, mucho, pero tampoco es plan de hacer el gilipollas… otra vez.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Síndrome de abstinencia

Uno de los efectos perversos de “hacer deporte” en general y de correr en particular es que cuando reduces bruscamente la carga de entrenamiento algo en el hipotálamo empieza a demandarte su ración diaria de endorfinas. Si a esto se le añade algún que otro día intenso de trabajo, la necesidad empieza a tener un carácter perentorio. Me hace falta esa carrerita a mediodía que me reduzca la tensión arterial, que me haga olvidarme de hojas de cálculo, tablas dinámicas, presupuestos y tipos de cambio. Esa carrera rodeada de hojas de plátanos, cerezos, castaños y demás árboles que tanto hay en el JC1. Esa carrera al lado de la “ría” y del lago, con sus piragüistas, patos y tortugas. Saludar a los corredores habituales con la señal de duples, treintayuna o solomillo. Esa carrera que hace que, cuando vuelves a trabajar, te dé la sensación de que vuelves a tu sitio después de un largo tiempo de tanto que has desconectado.

Y es que el isquio de mis entretelas no termina de recuperarse. Ya sea por las ganas de volver a meterle caña o de no guardar el reposo suficiente, el caso es que cada vez que salgo a correr empiezo a notar cómo se carga lenta pero progresivamente; no puedo salir a correr en días alternos, y mucho menos seguidos. El martes fui a hacer la tirada larga que no pude hacer el domingo por notarme cargado…y cargado me quedé, con erre y sin erre, al ver que todo estaba más o menos igual.

Por eso motivo tengo un tanto desatendido el blog. Como me gusta escribir de correr, cuando no corro simplemente tengo poco que contar. Ya me gustaría haber competido en la carrera a la que me apunté (y pagué) el domingo. La expectación se tornó en inquietud ¿podría correr al menos dignamente? En el mejor de los casos, si no hubiese tenido molestias podría haber aspirado a 44:00, una marca más que aceptable dadas las circunstancias. Pero ¿arrastrarse durante cinco ó seis kilómetros? No, me quedé en casa y me fui a trotar el domingo 13 kilómetroa a 5:15.

Tampoco era plan de romperse del todo por no perder la inscripción. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de pasárselo bien corriendo, no de competir. Hay mucho advenedizo que ha traído a este mundillo el afán de competir por competir, probablemente trasladado desde su puesto de trabajo, sin darse cuenta de que por mucho que corran siempre va a haber alguien mejor. Eso sí, ellos contentos por ganarle a Fernández, el de Producción.

viernes, 21 de octubre de 2011

Bíceps femoral derecho

Las lesiones musculares se deben, por lo general, a una carga de ejercicio inadecuada por lo prolongada, a un esfuerzo explosivo, a una falta de estiramiento después de “hacer deporte”, a un descanso insuficiente o a una mezcla de todo.
 
El bíceps femoral derecho es el músculo de moda. Todas las lesiones de los futbolistas son en el citado músculo, otrora isquiotibial, a secas. Da igual que el afectado salga cojeando y agarrándose de la entrepierna como Piqué (tenía entendido que en esa zona estaban los aductores, pero bueno, se ve que los jugadores del Farsa tienen isquiotibiales en lugar de aductores), cuya falta de descanso, por lo visto, se debe a que se quedó leyendo a Tolstoi hasta tarde.
 
Como toda moda, ésta es efímera por naturaleza. Hace unos años se pusieron de moda los “virus estomacales”. Daba igual que el jugador no jugase o llegara tarde al entrenamiento, que la lesión era la misma, “virus estomacal”. Cuando Guti cerraba Pachá y llegaba borracho al entrenamiento siempre tenía ese “virus estomacal”; vamos, que el tío echaba la pota en la primera carrera de todas las copas que llevaba encima.

El viernes pasado me toco a mí, bíceps femoral… izquierdo, para dar lo nota. Al día siguiente de hacer series, ¡crack! Pinchazo y para casa. Como siempre, estas cosas te pillan a tres ó cuatro kilómetros, con lo que tuve que troticochinear hasta llegar a la ducha.
 
Por supuesto que no fui a la carrera del domingo. Nada de “si hay que ir se va, pero ir pa’ ná es tontería”; quita, quita, hay más carreras que chorreras, ya habrá otra, que son ganas de romperse como el chileno del Barsa por andar haciendo el gilipollas.
 
El martes intenté una carrera suave (empecé a 4:40-4:45), por aquello del mono, y me he tenido que volver, así que toca descanso unos días ¿hasta cuándo? El síndrome de abstinencia dictará, que el otoño (ahora sí) es una época ideal para correr.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Corriendo en la niebla

El lunes de la semana pasada salí a correr muy temprano para ser invierno, a eso de las nueve. No hacía apenas frío (unos diez grados), y había muchísima niebla. Entre eso, la escasa gente (sólo algunos runners, pocos ciclistas y algún flipao de las maquetas de los coches) y que todos los parques de Madrid están literalmente hasta arriba de hojas (manías que tienen los árboles de tirar sus hojas en otoño, habrá que multarlos a ver si recaudamos) porque nuestro querido hay-untamiento ha decidido prescindir de la recogida de hojarasca para poder pagar alquileres como el de la Consejería de (sus) Asuntos Sociales de la Botella en Ortega y Gasset, por momentos parecía que uno estaba corriendo en medio de una de esas idílicas escenas en las que Megan Fox o Matt Damon (según preferencias de cada cual/a) se entrenan en la enésima película de espías infiltrados en células islamistas en su paso previo por la Academia “señor-sí-señor” de turno.

Pero no, ni el JC1 es Fort Knox y su bosque adyacente ni uno es Matt Damon (que más quisiera Matt). Pero las hojitas son las hojitas, y las manías que tienen las hojitas es que tapan la mierda… y el agua. Menudos charcos que estoy pisando últimamente con el rollo de las hojitas.

Mientras uno va corriendo encima de ellas queda hasta peliculero el crepitar por las hojas, que se oye más de lo habitual porque no hay casi nadie por los parques; la sensación es agradable, de no ser por la posiblidad de que haya una mina de racimo en forma de charco en lugar más inesperado. Después del tiempo soleado-quince grados-sin viento, la niebla quizás sea el mejor para correr (por lo menos es el que más me gusta): no hay viento (la niebla se genera, entre otras cosas, por la ausencia de viento), no hace tanto frío, la humedad hace que no te deshidrates (y que se te reseque la piel) y los tiempos son algo mejores por la baja presión ambiental. Reconozco que las dos últimas entran de lleno en el campo del truchismo puro y duro, pero son ciertas.

En cuanto al plano meramente deportivo, entre la semana pasada y ésta he realziado tres salidas largas, de 15 a 17 kms, a ritmos relativamente tranquilos (140ppm) y otra más corta, pero con los mismos ritmos. Aprovechando el buen tiempo (más bien con la excusa del buen tiempo), he aprovechado para disfrutar de la carrera. La calidad y las series lo dejo para el año que viene, fun, fun, fun.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Corriendo bajo la lluvia

Menuda racha que llevamos de fines de semana y puentes con mal tiempo. No se libra ninguno; el día de antes empieza a nublarse y lluvia todo el fin de semana/puente. El último día, por la tarde, se abre el cielo y buen tiempo… hasta el viernes siguiente por la tarde.

En este puente tan entrañable, en el que los PCM (putos controladores de mierda) nos han felicitado como nos tienen acostumbrados las inminentes fiestas, he salido dos veces a correr, las dos salidas largas (la verdad, no me apetecía sesiones de calidad ni series, sólo trotar). Las dos a una media de 139ppm, 13 y 15 kms, troticochineo a 5:00 y 5:10 respectivamente. Dado el estado del tiempo, salí con cortavientos y gorra (en el bolsillo), mojándome en la primera salida, sobre todo a la vuelta, en un tramo de no más de 500 metros que empezó a caer mucho agua. El resto del recorrido, por momentos llovía, pero más bien poco, sin viento, y lluvia muy fina que no llegaba a calar.

La reacción lógica de una persona de secano ante la lluvia es la de recluirse en casa y suspender toda actividad externa hasta que amaine el temporal; parafraseando a los insulsos de “Cruz y Raya” si hay que salir se sale, pero salir pa’ ná es tontería.

Cuando corres, al principio, la reacción es idéntica; normal, no vas a cambiar un hábito adquirido por otro más nuevo. Además, cuando escampe se puede salir. Poco a poco “te la vas jugando”: sales aunque esté nublado; continúas saliendo aunque pinten bastos… hasta que un día el agua te pilla con el culo al aire y normalmente en el punto más alejado de tu recorrido, evidenciando una vez más la plena vigencia de las Leyes de Murphy. Dado que ya estás jodido/mojado tienes dos opciones:

1.- Joderte y mojarte.
2.- Disfrutar y mojarte.

En los dos casos vas a llegar calado a casa, así que lo mejor es “relajarse y disfrutar”. Como dicen los runners más veteranos, “la lluvia no jode, acompaña”, si bien es cierto que algunas compañías terminan jodiéndote.

Además, la mojadura que jode no es la que te cae del cielo (ésa se seca con el aire y se evapora hasta un límite), sino la que está en el suelo… parece una gilipollez, pero pisar un charco es mucho peor que la lluvia, toda vez que te mojas la zapatilla (y el pie, y el calcetín), y éso sí que no se va a secar hasta el final, pudiendo, además, provocarte una linda rozadura.

Después de tu primera mojadura te das cuenta de que te hace falta un cortavientos para “esos días”, que, posteriormente, te das cuenta que se pueden aprovechar en días de frío intenso para atenuar la sensación térmica. A partir de 25 lerenles empiezas a encontrar cortavientos decentes, existiendo una relación directa entre precio y calidad. Los modelos más sofisticados tienen una cantidad de bolsillos que McGyver fliparía, para el aifon, las llaves, documentación, PSP.

También es bueno agenciarse una gorra adecuada (las hay de GoreTex), ya que el agua sobre la cara mientras corres es un poco desagradable, ya que pareces un japonés estreñido después de una semana sin cagar (si, además eres miope y corres sin gafas entonces eres Cíclope).

Y cuando llego a casa…

Sorprendentemente no estás tan mojado. Si has salido con mallas lo más probable es que no hayas tenido sensación alguna de frío de la lluvia sobre las piernas, ni que estén apenas mojadas (con el calor que desprendes, la lluvia se evapora). Si, además, has corrido en un parque con bastantes árboles seguro que te han resguardado bastante del agua y del viento que le acompaña.

Por cierto, las zapatillas no se secan poniéndolas encima de ningún radiador ni metiéndolas en la secadora ni salvajadas por el estilo. Te cargarás las gomas, y cuando te las vuelvas a poner amortiguarán lo mismo que una olla exprés. Mejor que se sequen solas, en un lugar seco y, a ser posible, aireado.

Pero bueno, todo esto vale si la cantidad de lluvia es “normal”; si está jarreando te vas a mojar de todas formas, así que si te pilla por ahí, empieza a leer por el principio y si te pilla en casa espérate.

Como dice un amigo, “Uno no corre cuando hace frío, calor o viento, sino que cuando corre hace frío, calor o viento”. La frase es un poco legionaria, pero hay que reconocer que está bien.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Leyes de Murphy

Definitivamente las Leyes de Murphy son inexcrutables, sobre todo ésa que establece que si lavas el coche después de nosécuántosmeses, al día siguiente llueve. Bien, eso me pasó la semana pasada, pero con la bici. La dejé como una patena, incluso la cadena, piñones y platos, que limpié a conciencia (recomendable el uso para estos menesteres de toallitas, mucho mejor que los desengrasantes que te venden los del Decartón a precio de Reserva de Rioja y contaminan muchísimo más). Creo que nunca habían estado tan limpios (salvo cuando estaba nueva). ¿Qué pasó? Pues eso, que al día siguiente llovió, y vuelta el barro a la bici… en fin, como sólo se trataba de barro manguerazo al canto, y a correr.

Semana deportiva en línea con las anteriores, salvo que sustituí el troticochineo de fin de semana por una salida en bici de un par de horas, descansando con ello las rodillas y trabajando los cuádriceps; vaya a ser que me pase lo mismo que a Zapatero con Aznar, que el único comentario que le dedicó sobre la cumbre del G-20 es que no tenía cuádriceps. Me parece demasiado genial la frase como para venir de quien viene, cortito y limitado donde los haya (vamos, un border-line en toda regla); pienso que se trata más bien una casualidad que un certero análisis que lo más destacado haya sido su carrera con Cameron que lo que pudo hablar (poco) en la cumbre de Seúl o en la de Lisboa de la semana siguiente (impresionante –por lo risible- su foto tipo Wally entre Obama y Cameron que apareció en El País).

Dos sesiones de caña controlada a 4:30 y 4:40 (con viento, y algo de barro por la lluvia previa) y algo más de 40 kms en bici en casi dos horas. Este mediodía, carrerita por el JC1 con un tiempo espectacular para correr, diez grados, sol, casi nada de viento y sin domingueros culocentristas. Impresionante.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Rompiendo barreras

Llevo un par de semanas ó tres en las que los rodajes y sesiones de calidad me están saliendo mejor de lo habitual, sin haberlo planificado y,lo que es mejor, sin que los condicionantes de pulsaciones por minuto se eleven.

Por ejemplo, los rodajes largos, troticochineo puro y duro durante una hora/hora y cuarto, los estoy haciendo a 4:45/4:50, con unas ppm de 137-138, el 75% de mi frecuencia cardiaca máxima. Las sesiones de “calidad”, 40-45 minutos, caña controlada, me salen ligeramente por debajo de 4:30, y las ppm se sitúan en torno a 150, es decir, el 85% de dicha FC. En cuanto a las series (de mil metros), la media está en 3:59, y las ppm, lógicamente, se van hasta los 160-165ppm, lo lógico.
Estas mejoras, en mi caso, curiosamente, se producen justo a continuación de alguna carrera, en las que, hasta ahora, las marcas han sido mejor de lo previsto, presumiblemente por subestimar el efecto dorsal (o manada, según el grado de frikismo del que lo describa). Al correr, cada vez que se rompe una barrera temporal, otra mental cae. Por ejemplo, hace un par de años me parecía utópico bajar de 04:30 en los 10.000, y ya el año pasado bajé a 04:24, y éste a 04:14. El grado de esfuerzo es similar, pero algo cambia en la azotea como para que algo que veías antes como límite inferior se convierta en el superior en el siguiente intento.

Tampoco es que haya corrido muchas carreras (cinco en total, tres medias y dos 10.000); me da pereza perder una mañana para correr un ratito y encima pagando, pero justo a continuación de todas y cada una de ellas noto una mejora de unos cinco segundos en entrenamientos.

Por supuesto que de estas observaciones no hay que sacar conclusión alguna; llevado al absurdo implicaría afirmar que, por ejemplo, corriendo 12 carreras más podría llegar a la mínima para Londres 2012, y para absurdo ya tenemos a los tertulianos de nuestras queridas televisiones. ¿La próxima carrera? Ni idea, supongo que algo antes de la primavera. Si conocéis alguna San Silvestre o similar en Gijón o en Córdoba comentádmelo, por favor.

En cuanto a la semana deportiva, esto se traslada a una salida larga de quince kilómetros a 4:50 con 137ppm, otra de “calidad”, 9 kms A 4:29 y otra de 9 kms a 4:40, con viento y suelo mojado, que en un parque hace que vayas más lento. Con nueve grados a mediodía, y a pesar del sol, definitivamente la manga corta la olvido hasta verano, y las mallitas no me las quito en una buena temporada. Fun, fun, fun, se acerca la navidad… Para los amigos del metrosexualismo, deciros que una crema hidratante en invierno es muy útil; no te deja la cara como a la Belén Esteban en un nuevo episodio de “no sin mi Andreíta”.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Correr en Otoño

Otoño es una época perfecta para correr. Después del verano, las temperaturas más bajas, el ambiente más fresco y, porqué no, cierto “monillo” por la menor actividad del verano hacen que se tome con ganas el ejercicio. Esto hace que cada fin de semana haya multitud de carreras, casi todas ellas con gran éxito de participación.

De hecho, la “temporada oficial” empieza en Septiembre, como la Liga, teniendo dos picos en torno a Noviembre y Marzo/Abril, con un valle de mediados de Diciembre a mediados de Enero.

Aprovechando esta climatología, se puede meter caña, por lo que es buena época para sesiones de calidad (carrera sostenida larga, en el entorno del umbral anaeróbico) y series (ya que no te enfrías durante los momentos de “descanso”). Además, las salidas largas se aprovechan al máximo, ya que no hace tanto calor como para deshidratarse ni tanto frío como para tener que llevar multitud de capas que lo que hacen es mitigar (pero no anular) las condiciones exteriores.

También es una buena época para empezar o volver a correr. Todavía están presentes los “excesos” del verano pululando en el lomo o la cintura, con lo que junto con la estupidez humana de iniciar cambios al inicio de año, de primavera o vuelta de vacaciones (¿será que nos afecta el cambio estacional?¿no éramos seres racionales, de los que toman las raciones en los bares?), tenemos el cóctel perfecto para cambiar de hábitos.

La mayoría de los corredores tratamos de correr en un parque, por aquello de respirar aire menos contaminado y porque por lo general el firme es de tierra, que como sabéis castiga menos las rodillas. Con la luz tan clara de estos días, y saliendo de tres a cuatro veces a las semanas, a nada que seas mínimamente observador te vas dando cuenta de cómo las hojas de los árboles van cambiando de color prácticamente de un día para otro; del verde al amarillo, naranja y marrón. Todavía aguantan en el árbol, pero un día con viento hace que al día siguiente desaparezcan. Y tú, como los jubiletas que siguen las evoluciones de las obras públicas, lo contemplas a diario. Con las incipientes heladas mañaneras los aromas se acentúan a mediodía, con las temperaturas que aún suben hasta 20 grados.

En cuanto a mi reciente semana deportiva, se reduce a tres de salidas, una larga de quince kilómetros a 4:45, con 138 ppm y a nivel del mar (muy bien, es lo que tiene vivir en la Meseta, que co el entrenamiento en altura se mejora enormemente cuando salimos), y dos de calidad, la primera a 4:40 y la segunda a 4:35, ya con las PPM ligeramente por encima de 150.