viernes, 26 de septiembre de 2014

Correr es “trendy” y si tienes un “personal trainer” eres “cool” (ironic)

Que correr está de moda desde hace dos ó tres años no es ninguna novedad. A todos nos han respondido alguna vez cuando decimos que corremos algo del estilo “claro, es que correr está de moda…”. En estos días de Septiembre todos los parques están petados de gente y, por lo visto, hasta en los blogs para It Girls se hablan de estiramientos (en lugar de tarjeta de crédito), tipos de pisada (más allá de tacones altos o planos) o zonas aeróbicas/anaeróbicas (en lugar de de centros comerciales).

El look runner ahora es “trendy”. EL chándal con tacones ha sido desterrado a Alcalá-Meco y a la casa de la Pantoja (tanto da), pero en cambio el Mercadona está cada vez más lleno de mallas (oh, no, que hay que llamarlas leggins!!) y zapatillas microperforadas que dan el pego y no precisamente de la marca Hacendado.

Es “cool” llevar zapas de correr. Qué bien, ya era hora de ser “fashion” sin morir en el intento, y es que me resisto a tirar esas zapas con las que he pasado tanto tiempo juntos.

Prototipo de Pegasus... menos mal que rebajaron un poco el tacón después

EL chándal tenía su aquel y daba su juego por los amplios tallajes y colores disponibles. ¿Cómo olvidar el de la mili, ese verde picoleto con la rojigualda bajando por el brazo y la pierna a imagen y semejanza de Adidas? Pero las mallas, ah, amigo, nos empeñamos en meternos en una XXS y pasa lo que pasa, que algunas parecen que en lugar de piernas tienen el dos de bastos debajo de la cadera. Y no pasa nada porque el color negro adelgaza ¡ja! Adelgaza el que gasta calorías más de las que se mete, que eso de que me cambia el metabolismo suena a que el perro se comió los deberes (así estaba de gordo el puto perro).

 ¿De verdad que no tienen a nadie que les quiera y les diga cómo les queda? Que el fetichismo hay que dejarlo para casa colgado entre el disfraz de enfermera y el del bombero machoman. Y es que los borrachos, los niños y los leggins no mienten.

Pasa lo mismo que con el tanga o el turbo en la playa, qué puta manía con ponerse una prenda que no va a verse porque la lorza lo tapa. Mi santa dice que a lo único que se puede aspirar es a que no te quede mal. Y tiene razón (como siempre).

Y para los que se atreven a dar el primer paso…cualquier pelagatos tiene un “personal trainer” que le oriente en esto del correr, de los estiramientos y para que le ponga un “target”, lo que viene a ser un objetivo. Pero ¿qué coño es un personal trainer?  Un “personal trainer” puede ser cualquiera hoy en día. Basta con hacer un curso CCC o apuntarse (de verdad) a uno de la Junta de Andalucía. Por lo visto hay cursos de 100-150 horas para los que no te piden ni el carnet de la biblioteca ¿biblioqué? en los que se aprende sobre nutrición, biomecánica, técnicas de entrenamiento y marina mercante ¿quién quiere estudiar Medicina o INEF un porrón de años pudiendo hacer un curso on-line de personal trainer con un 80% de descuento de Groupon?

Con este curriculum hace un par de meses en el gimnasio se me presentó un Personal Trainer para “orientarme” en mi entrenamiento mientras tenía la cinta al máximo de inclinación en mi preparación para Somiedo. Empezó diciéndome que me tenía que poner un “target”, que la cinta estaba bien para “empezar a correr” para que había que ir poniéndose metas alcanzables.

Por vacilarle (y ponerle a prueba, que soy un poco cabroncete) le dije que ya lo tenía, el UTMB. “Es que hay muchas carreras de montaña últimamente, ésa no la conozco”. Vale que, como dice mi padre, las iniciales son como los cuernos porque sólo las entiendo quien los pone, pero os podéis hacer una idea de la idea que podía tener.


En lo que viene a ser entrenos sigo revisitando Valdelatas. Los caminos están aún duros aunque las últimas lluvias están dejando los charcos que no se irán hasta mayo. Ya huele a pino y las lagartijas se están escondiendo. Los militares están volviendo a correr a mediodía porque se les está acabando la jornada continua. Me cuesta bajar de cinco minutos el kilómetro pero es que no hay apenas rectas por los caminos de tierra de Las Tablas. Estoy disfrutando que no veas con esto de correr por el monte a mediodía viendo zorros y conejos; tanto disfruto que cuando vuelvo al curro parece que he hecho la Spartathlon. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Septiembre

Septiembre comienza con muchas bicis por la calle y por el carril bici. El otro día fui en “pelotón” de tres bicis desde la estación de Hortaleza hasta el colegio de las Cortes de Cádiz (unos dos kilómetros), todos vestidos de calle y al curro. He notado que me cruzo con muchos más ciclistas que hace dos ó tres meses y espero que sea la confirmación de una tendencia en lugar de el volátil propósito de la vuelta al curro. Si en Junio me cruzaba con dos ó tres, ahora fácilmente me cruzo con ocho ó diez. No es que sea para tirar cohetes pero por lo menos la visualización de ciclistas “normales” (vestidos para ir a currar o a estudiar, no para batir el récord de la hora) puede tener un efecto llamada a largo plazo.

Hasta la semana pasada estuve yendo prontito al curro para correr un poco antes por lo que mis entrenos siguen siendo “cortos” (9 kms frente a los 12 kms de media de antes), más que nada por no entrar muy tarde. La transición bici-carrera, eso sí, la tengo dominada, candado incluido.


Esta versión reducida me hizo dejar de ir a Valdelatas (3,8kms de camino) hasta esta semana, disfrutando de la fauna de Las Tablas. Y menuda fauna, que se nota ya que la gente se ha olvidado del buen rollito de las vacaciones y va en plan kamikaze por unas calles llenas de pasos de cebra.

Mi recorrido habitual de verano ha sido el de la carrera Proniño, sólo que buscando los caminos de tierra y en su defecto el carril-bici. Lo bueno es que los tres últimos kilómetros tienen un perfil descendente y me permito alegrías como hacerlos a ritmos “endiablados” (4:10-4:15 de media con el último por debajo de 4:00).

Entraba en la oficina en plan zen, paz y amor estimados compañeros y sin embargo amigos, el buen rollito se iba diluyendo a medida que pasaba el tiempo.

EL martes volví a Valdelatas ¡¡al fin!! Eso sí, sólo de manera testimonial (entrada por el camino de la subestación, giro a izquierda donde el arroyo y subida por el camino del cuartel)  pero suficiente para valorar la suerte de poder correr a diario por este sitio.

También estoy yendo algo más al gimnasio. Lo del GAP me ha gustado; hago los abdominales que no haría y fortalezco los músculos de las piernas que necesitaría fortalecer. Ya no hay Pilates a mediodía (qué pena, los martes los tenía en rojo reservados al Pilates) pero lo he cambiado por Body Balance. ¿Cómo describir el Body Balance? Todos te dicen que es una mezcla de Pilates, Yoga y Tai-Chi.. pero en la práctica es algo de Pilates con momentos dar cera-pulir cera. Sí señores, por momentos uno llega a creerse el puto Daniel San haciendo la grulla contra el malo del Kobra Khan en la mítica final pero con menos equilibrio que los Presupuestos de Montoro. Estoy convencido que a Daniel San le pusieron cuatro remaches en el pie para que no se moviera. Pero lo peor no fue la postura de la grulla sino que ¡¡hay que echar el tronco hacia delante con los brazos extendidos!! ¡¡y moverlos como si uno estuviera bailando sevillanas!! El truco (por lo visto) está en apretar el abdomen y en controlar la respiración… vamos, como los partos que no he tenido. Encima de que hay que estar pendiente de no ostiarse hay que apretar el “six-pack”. Sin llegar a entusiasmarme he de decir que volveré porque los estiramientos me vienen muy bien. Eso sí, no lo apunto en mi hoja de ejercicios.
Track de equilibrio de Body Balance... donde se ven los remaches en los pies de Daniel-San


La carrera que tengo en el horizonte, la del Pico de las Tres Provincias (Media de Somosierra) la voy a preparar con una salida ligerita por montaña y alguna furtiva por Valdelatas si las temperaturas lo permiten, que parece que sí. Y si no se va más lento.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Desafío Somiedo, Media Crónica

Ésta no va a ser una crónica al uso. De hecho si buscáis épica os aconsejo que no sigáis leyendo o que os descarguéis “300” porque no terminé la carrera. Si queréis saber porqué continuad…

El día anterior las previsiones eran de sol, lluvia, chuzos de punta, tormentas, meteoritos  y viento a punta pala. Vamos, las siete plagas bíblicas. Aún así decidimos ir y plantearlo como una excursión abortable.

Teniendo la salida a las 09:30, puse el despertador a las 05:30 (tenía casi dos horas de viaje desde Gijón). A esas horas, un sábado y por la autovía lo único que se veían eran coches poligoneros (lo siento, un Seat León amarillo con llamas en el lateral estilo Hot Wheels, lunas tintadas de negro y Juan Magán a todo trapo es de poligoneros por mucho que le pese a mi hijo mediano).

La hidratación hizo su efecto y al inicio del desvío para Somiedo tuve que entrar en boxes. “Está entrando en el concejo de  Somiedo” o algo así. Acaba de amanecer y empieza a sonar el “Welcome to Paradise” de Greenday, menuda metáfora.


Llego a la Pola de Somiedo a eso de las 08:00 y el pueblo ya estaba petado. A eso de las 09:00 ya estaba en Valle del Lago, lugar de salida y tenía que buscar mi dorsal que por error se lo habían dado a otro. Cinco minutos antes de salir llega la familia y retrocedo para despedirme. Segunda vez que me llaman desde la organización, esta vez porque salgo cinco minutos tarde.

Con el coche escoba (premonición al canto) empiezo a correr una cuesta asfaltada muy tendida que en menos de un kilómetro abandonamos para empezar el trail de verdad. Andando rápido empiezo a alcanzar corredores desde el segundo kilómetro. Voy como un tiro (eso creo), los bastones los llevo como si los hubiese llevado toda la vida. Da tiempo para hablar (u oír, en mi caso), que si el trail de Mallorca, el de Pirineos, el de Marte… y yo con menos pedigrí que un perro de escayola me limito a oír. El tiempo es perfecto: nublado pero sin llover y sin viento. El terreno con alguna piedra pero en continua subida me permite alegrías como correr en algún tramo. EL sol se asoma y permite ver los picos en todo su esplendor. Con unos ritmos muy controlados llego a Lago del Valle. En un entorno idílico toca reponer agua mirando al Lago y aprovechando para echar alguna foto.



Mi retorcida mente financiera-runner (menudo cóctel explosivo) calcula que debo ir unos 20 minutos por encima del cierre por lo que me relajo y disfruto del paisaje. Estoy a 1.500 metros y feliz como una perdiz.

A partir de ese momento el camino se difumina y pica hacia arriba durante un par de kilómetros. Las Salomon empiezan a demostrar sus cualidades agarrándose como pulpo a la piedra viva. Girando en una curva uno se da cuenta de porqué Somiedo es Somiedo.

Aquí iba como una bala. Sólo faltaban los hobbits saltando

Altitud 1.750 y empieza una bajada por una pista que va bordeando los distintos lagos de Saliencia (Cerveiriz, Negro, de la Cueva). El suelo es oscuro, casi color caldera. Y es que hasta durante siglos se extrajo mineral de hierro por aquí. Con continuos toboganes en los que me lo paso teta sigo incrementando mi “colchón” hasta más allá de los 40 minutos en el km 15, justo la tercera parte del recorrido y el avituallamiento en La Farrapona, a 1.750 metros de altura. Me vengo arriba cuando veo a mis dos hijos pequeños y a mi mujer que llevan esperando un bien rato allí. De estraperlo consigo dos nubes para los enanos y me pongo gincho de nubes, frutos secos, acuarios y chocolate. Estoy exultante y pienso que no es para tanto. La ignorancia es atrevida y osada.

Justo encima del puerto, en la frontera con León, se alza el puerto de Los Bígaros, una peña que hay que subir… y bajar. En poco menos de un kilómetro hay que subir unos 300 metros, entre jaramagos al principio y roca pelada al final. No pasa nada, en fila india voy subiendo…y justo al final a gatas. En ese momento se levanta un viento del sur bastante tocapelotas… en 29 minutos he subido. Pero todo lo que sube baja… si hay cojones. Los mismos voluntarios te dicen que bajes con cuidado “¡¡coño!! Si estos son más de monte que un muflón ¿cómo será la cuesta?” La puta cuesta de Los Bígaros es una puta pared de la que cuelgan piedras con más miedo que vergüenza. Sigo las banderillas porque debe ser lo menos difícil “¿Vertigo?” me pregunta uno “No, miedo” “¿Y qué diferencia hay?” “El vértigo paraliza, el miedo ralentiza”. Para más INRI el helicóptero de rescate da más vueltas que la Noria del Tívoli. La escena de Frodo y Sam Sagaz bajando a Mordor me viene a la cabeza; cómo se despeñan las putas piedras, que cogen una velocidad que no veas. Poquito a poco y con ese pensamiento de “¿quién coño me mandaría apuntarme?” bajo al trantrán. En 33 minutos hago un kilómetro con un tramo en el que puedo andar… imaginad el ritmo que llevaba. Ha dejado de llover, el aire no lo noto (menos mal).

Una vez abajo me meto por la braña de La Mesa y la Foz de los Arroyos. Un tramo chulísimo. De nuevo vuelvo a disfrutar con el paisaje, con la carrera, con el agua. Sigue haciendo buen tiempo… y recupero algo de tiempo porque puedo correr. Pero la (mala) experiencia de la bajada se va extendiendo. El perfil del siguiente puerto (parecido, pero más bajo), unas nubes negras realmente amenazadores y el coche escoba en Saliencia son factores que van sumando. No tengo ganas de echar fotos al que considero el mejor tramo (por bello) que he corrido. Para colmo el corredor-cierre  me alcanza y empieza a ¿motivarnos? A los que vamos con él a base de meternos caña. Joder, lo que me faltaba, en Somiedo metiéndome prisa, coño, para eso no está una cosa que se hace por gusto.

Llegamos a Saliencia con diez minutos por encima del cierre de control. Y en ese momento decido abandonar. Sí, abandonar. La expectativa de una nueva bajada parecida y un tormentón por ahí no me atrae. Y llevar durante cuatro horas a un Pepito Grillo al lado tampoco. Ojo, que esa tiene que ser su función, pero no me atraía nada. Los macarrones con tomate me saben como dos cuartos de lechazo bien servidos, qué buenos. Cuando voy a darle el dorsal a la voluntaria me pregunta “¿de verdad vas a abandonar?” y me da razones para no hacerlo.. que si el siguiente puerto no es tan duro, que lo intentes y si no abandonas en el siguiente punto… después de la bajada. Físicamente me encuentro bien: he hecho los CaCos de manual, no me he flipado; me he hidratado y comido gominolas o frutos secos en las subidas. He corrido en las bajadas. Por un momento dudo pero me reafirmo en mi decisión. Km 23 y 4:20. No es lo mismo “sufrir” media hora o una hora que cuatro horas con dos mil metros más de desnivel. Fin.

Cojo el autobús de regreso a Pola de Somiedo y, casualidades, allí está la familia. Ya en Pola me encuentro con Óscar que ha abandonado lesionado y nos tomamos el reglamentario tercio de Mahou (éste sí que debería ser material obligatorio en todas las carreras). A eso de las cuatro se desata una tormenta de esas que pondría cachondo al mismísimo Noé. Nos alegramos de haber abandonado.

Sin embargo… UNA NUEVA ESPERANZA … al día siguiente ya estaba dándole vueltas a qué había hecho mal porque mi intención es la de volver y terminarla.

Mi hijo mayor me decía “ya sé porqué se llama SoMIEDO”. Pues va a ser que sí, que otro año será Sofrito, Soterrado, Sefiní pero no SoMIEDO. “Volveré”.

Estoy convencido de que he empezado la casa por el tejado, por lo que toca cambiar de estrategia y reinventarse. Me ha gustado demasiado el trail como para dejarlo por tres piedras de nada. Pero este análisis da para otro post.

PD: Acabo de apuntarme al Medio Maratón de Somosierra, con 900D+ y subida al Pico de las Tres Provincias

sábado, 19 de julio de 2014

Ensayo Final, perespectivas Desafiío Somiedo

La preparación de mi primer trail de verdad (46km, 5.000 metros de desnivel) la voy a cerrar con seis entrenos en montaña, uno de ellos en competición (18 km, 800 D+).

El domingo fui capaz de despertarme antes que mi hijo mayor. Pronto, muy pronto. No eran ni las siete y a las 07:30 ya estaba saliendo con mi camiseta de compresión que ni al puto bipolar de Lobezno le sienta tan bien como a mí.
Ultra-runner con bastones en forma de garras y camiseta de compresión


EN un recorrido ”clásico” fui hasta Riofrío (1.300m) y desde allí a Piedras Llanas (1.500m) donde metí una variante, la de ir a Martín Muñoz de Ayllón (1.200m) en un descenso de la muerte de 300 metros en 2,7kms (los 150 primeros en unos 700-800 metros) con un montón de pizarra suelta la pizarra, la amiga de los niños. Esa variante la “descubrimos” la semana anterior con los enanos.

Vistas hacia Martín Muñoz de Ayllón

Todo lo que baja sube, y al llegar al pueblo me di la vuelta e inicié el ascenso. Con un calor que ya empezaba a apretar a pesar de ser sólo las 09:00 e ir por la sombra, el consumo de agua se disparaba (menos mal que llevaba dos litros en la joroba) . Comiendo gominolas, almendras y alguna que otra pirula de sales (menudo descubrimiento) los kilómetros caían sin parar.

Y qué decir de las zapatillas, las Salomon XT-Wings… que se agarran más que un chotis. Estoy encantado con ellas. Ligeras, transpirables, flexibles, cómodas…dentro de que son unas zapatillas de montaña.

A esas horas, por esos sitios, te encuentras más animales que personas. Recapitulando: a un kilómetro me encontré con un par de perros tremendos (desconozco las raza) que me acojonaron; menos mal que el pastor que iba con ellos los detuvo con un chiflido. Muchas ovejas. Vacas a punta pala a lo largo del recorrido. Cigüeñas cazando algún ratón. Una jabalina con sus cuatro jabatos que sí que me acojonaron de verdad ya casi de vuelta, y es que estos animales son extremadamente defensivos y agresivos cuando hay crías cerca. Que se cruce un bicho de estos gruñiendo con sus más de 100 kilos te hace pararte en seco.



¿Personas? El pastor del principio, un viejete con traje mimeta y cuatro runners que, además, iban juntos por una pista forestal.

El resto de entrenos… por Las Tablas y Valdelatas y sobre 8-9 kms dos ó tres días a la semana. Corriendo por la mañana es lo máximo que puedo correr si quiero entrar a mi hora. Alguna clase de GAP y de Pilates por aquello de tonificar lumbares, abdominales, glúteos y cuádriceps.

Sé que no es mucho bagaje para lo que se avecina. Leyendo vuestros entrenos subís (y bajáis) al Everest varias veces. Si el maratón nos pone a cada uno en nuestro sitio la montaña dicta sentencia.

Me gusta ¿correr? Por la montaña. Me gusta respirar, sentirme vivo. Gritar mentalmente un “¡Sí se puede!” y comprobar que no tenemos más límites que los que nos queramos poner. Sentir cómo cambia la temperatura en sólo cien metros de altura. Oler a pino, a jara, a roble, a campo…

Ahora bien… me he dado las suficientes duchas de realidad como para saber que el coche escoba y yo vamos a tener una dura pugna por ver quién entra antes.

Mi táctica va a ser la del Cholo, paso a paso, la de ir llegando sucesivamente a los distintos controles horarios y decidir si seguir o no. Son 3 (km 14, km 21 y km 37), que en realidad serían dos porque el del 37, con 9 km cuesta abajo hasta meta, casi que no cuenta. Serán, pues tres “mini-trails” de 14, 7 y 16 kms.


No voy a correr cuesta arriba. Nada. Mejor dicho, no quiero correr cuesta arriba, porque luego la realidad puede ser otra. Voy a intentar correr cuesta abajo… y a ver hasta dónde llego. En el km 21,5, en Saliencia, tengo hora de cierre en 4:30 por lo que ésa será mi primera referencia.

viernes, 11 de julio de 2014

Que viene, que viene... el verano

Supongo que a todo el mundo que trabaja le pasa lo mismo con las vacaciones, que cuando están ahí cerca no terminan de llegar.

Ahora que queda poco estoy más en modo vacaciones que otra cosa. Hay veces que casi salgo en chanclas. Cuando el jefe me da los buenos días casi le pido una jarra helada de cerveza, un espeto y morralla (en Málaga hay que pedir morralla para que te pongan chanquetes o, más propiamente, pez plata). El MP3, muy listo él, ya no pone a la Creedence y su “Have you ever seen the rain” sino que selecciona insistentemente grandes canciones (melodía de ironía por favor) como el La, la,la Leego (Chaquira), Ole Ola (JLo, Pitbull).

Por cierto, hablando de lluvia, de menuda chupa me libré el jueves. Mirando por la ventana a mediodía vi que hacia el este estaba claro, así que cogí el petate de emergencia (ese equipamento básico que tengo en el curro por si acaso) y me fui a Valdelatas. En la salida me encontré con un compañero que iba a hacer el mismo recorrido y fuimos juntos. Tranquilos, sin pausa, un poco más rápido él y lento yo, andando en un par de cuestas como entrenamiento de los famosos Ca-Cos.

El camino estaba perfecto. Ni duro como estos días de atrás ni blando como en pleno invierno. Vamos, perfecto. Además, con toda la lluvia, el campo olía muchísimo a campo; menuda perogrullada, pero a 9-10 minutos corriendo desde una oficina en Madrid es más un lujo que una evidencia. Habiendo llovido tanto y con expectativas de seguir lloviendo no había ni dios por el monte. Y lo disfruté muchísimo. Nos cruzamos con un zorro, un conejo y algunos pájaras de buen tamaño que mi ignorancia y miopía me impidieron reconocer.

Cuando coronamos la valla que da a la salida de Alcobendas y yendo en paralelo a la vía de servicio de la carretera que va a Alcobendas (donde está el Decartón) vemos hacia el este una nube como la de Mordor o más negra pero sin el ojo que todo lo ve. Volviendo empiezan a caer algunas gotas y apretamos algo más; total, el trabajo Ca-Co ya estaba hecho y nos podíamos permitir alegrías como ir a 4:30.


Se preparaba una buena granizada... hay que darse prisa


A eso de las 15:15 dejamos de correr y, al salir del vestuario, se desató una granizada tremenda. Granizos como cojinetes modelo “borroka eguna” que luego me enteré que provocaron el corte momentáneo de la M40 con el consiguiente atasco. Y es que no hay nada como ir en bici para llegar pronto a cualquier sitio.

La salida del domingo la tuve que abortar y es que llovía tela marinera cuando tenía que salir. Además no tenía ni ropa adecuada y, arriba en la montaña, había que intuir su forma porque estaba muy cubierta. Dejo, pues, sólo un entrenamiento más para Somiedo que se me irá a 25 kms. Confío en que con ese entrenamiento y las cervezas del chiringuito sea suficiente para terminar dignamente. Mejor dicho, para terminar.

Me reconforta saber que mi Sensei particular ha terminado el GTP por delante de muchos profesionales andando en todas las subidas (y corriendo como un gamo en las bajadas). Ah, me ha aconsejado ir con camiseta de compresión, y yo, obediente como pocos, me he comprado una con la que se me nota toda la tableta de chocolate... y el melón, y el paquete de colacao porque de sugerente tienen poco estas camisetas, cagüenlaputa, cuánta pasta se ahorraría Seguridad Social en Rayos X con una simple camiseta de compresión.


En cuanto la pinta de cara a la playa, como cualquier otro runner, parezco una orca: cabeza, pescuezo, piernas hasta el tobillo y mangas negras como los cojones de un grillo. Espalda, pecho, piernas hasta donde la malla deja de existir y tobillo blancos como la teta de una monja. 


runner buceando después de un año corriendo en manga y mallas cortas

viernes, 27 de junio de 2014

Sendereando y subiendo a primera

A pesar de la esperada (no por deseada pero sí anunciada)  eliminación de España al menos tuve la inmensa alegría de ver a un Córdoba de Primera. Sí señores, si me permitís este pedazo de off topic aquí en medio lo cuelo… después de¡¡ 42 años!! y de manera sorpresiva (hace dos meses estábamos más cerca del descenso que del ascenso)  se puede decir que ¡¡somos de primera!!. Muchos años viendo cómo penaba en 2ªB y ahora a recibir al Madrid, al Barsa o al Athletic. Además el Madrid ha vuelto a ganar la Champions y España (aunque por pocos días) es Campeona del Mundo: si hace 20 años alguien me hubiera dicho que está conjunción planetaria  se iba a producir algún día hubiese puesto en cuestión la salud mental, el estado etílico, el psicotrópico o todos a la vez de quien me lo dijera. Y sin embargo ¡¡existe!! Joder, que el Marca ya ha puesto el escudo del Córdoba en la Liga BBVA (el mismo que el de à côté).

Off-Topic aparte (que nos quiten lo bailao), la semana  pasada fue de transición por las secuelas de la carrera del sábado anterior. Sólo salí a correr un día a un ritmo muy tranquilo. Me metí en Pilates y GAP (muy cañero) con la intención de seguir fortaleciendo esos músculos de los que hay que tirar en el monte.

EL jueves estuvimos con los enanos en el camino de Schmidt, una ruta que va de Navacerrada a Cercedilla. Despechados porque no nos habían invitado a la coronación, “la reina y yo” decidimos irnos a la sierra a dar una vuelta, aprovechando que curiosamente ese día era festivo en Madrid. Para mi satisfacción personal  muchos madrileños pensaron lo mismo, lo que confirma una vez más que la gente no es gilipollas por mucho que intenten tratarla como tal.

Sensei Óscar me estuvo instruyendo sobre aspectos de las carreras de montaña y una de las cosas que más me gusto (aplicamos los filtros que queremos) es que para carreras largas hay que tener un poco de chicha. Sí, señores, apretarse un bocata de panceta con pimientos no es bueno sino que es hasta recomendable. Al fin y al cabo nos pegamos mucho tiempo en el umbral aeróbico donde se tira de ese depósito de grasa que con tantos homenajes nos cuesta llenar.

A pesar de la instrucción sigo midiendo las semanas en kilómetros en lugar de desniveles  ¿seré un mal alumno o un Lord Sith?

Aprendiz de runner de montaña en una "master class"



Un paseo por el Río Lobos (Soria) con los enanos completó el senderismo semanal, aunque entre el calor y una amenaza de tormenta tuvimos que emprender la vuelta anticipadamente. Por cierto, hay que ver que el mundo está lleno de gilipollas. Hay una fuente en el aparcamiento donde lo normal es beber agua y, si puedes, refrescarte. Nosotros estábamos en ello cuando una familia llegó chillando "agua, agua..." Cada uno de ellos debía pesar más que nosotros 5 juntos (de gordos que estaban yo creo que no podían ni abrazarse y seguro que no cogían un ascensor juntos no por seguridad sino por volumen). No sólo bebieron agua sino que les faltó enchufar el lavavajillas porque estuvieron mucho tiempo refrescándose, jugando con el agua, "limpiándose las manitas" porque la niña tenía barrito en las uñitas (joder con el campo, que tiene arena y bichos, menuda guarrada). Tuvimos que coger la posición al estilo Lebron James para llenar las botellas de agua porque el niño con la camiseta de un colegio de Villanueva del Pardillo (Umenuda metáfora) no paraba de salpicar al grito de "¡¡Papá, mira qué fresquita!!". 

El domingo, en Riaza, a las 07:45 estaba dándole ya. A eso de las 08:30 estaba en la plaza de Riofrío donde a esas horas unos abuelos estaban montando un tinglado con una sábana, unas flores y unas velas. Me preguntaba qué coño estaban haciendo tan temprano, justo lo mismo que podían preguntarse ellos al ver a un pollo corriendo con una mochila en su pueblo.

Después de 1.100 metros de desnivel en 21,8 kms, a las 10:10 estaba de vuelta (es lo que tiene madrugar). Sí, lo sé, es poco desnivel para tanta distancia, pero a esas horas uno sólo se cruza con vacas por esos caminos (y encima huyen las cobardes al verte), por lo que a lo mejor no es buena idea correr el riesgo de hostión por meterse por caminos de esos que molan (sale el momento valiente de Jose).


 A eso del mediodía volví a ver a un grupo de abuelos montando otro chiringuito idéntico: ¿van a invocar a algún espíritu? ¿estarán celebrando el solsticio de verano coo en Stonehenge y no me he enterado?¿van a vender móviles robados? No, según me dijeron en la carnicería era que estaban preparando la procesión del Corpus. 

miércoles, 18 de junio de 2014

Trail Challenge Riaza 2014, mi crónica


Al final llegó mi bautismo en esto de las carreras de montaña. La cena del día anterior no fue precisamente equilibrada (fútbol, cervezas y picoteo). Si, además, te dan un repaso tremendo (sin actitud no se puede ir por la vida) y tienes que explicarles a tus hijos que lo normal es que nos volvamos en cuartos de final (o antes) y no que ganes la final (los pobres sólo han visto ganar a la Selección) entonces es cuando te vas con mal cuerpo a dormir.

La hora de salida era las 11:30, por lo que por una vez no puse el despertador sino que éste vino a despertarme “no quiero dormir más”. Desayuno tranquilo, completo y paseo hasta la Plaza Mayor. Joder, hasta preparé las cosas con tranquilidad sin ese “joder” que se suele soltar a las 07:30 porque no eres capaz de enhebrar el dorsal con la camiseta (más que nada porque no tenía el dorsal).

Desde primera hora noté que hacía calor mientras íbamos hacia la salida. ¿Me llevo los bastones? Pues sí, hay que habituarse a ellos pese a que la distancia no los haga necesarios.

Los macho-camachos de la carrera de 70 kms nos llevaban dos horas y media de ventaja y salimos unos 300 corredores con puntualidad. Acostumbrado a carreras familiares de 3.000 corredores, ésta me parecía una reunión de amigos ya que podíamos entrar y salir del arco de salida sin problemas.

Iba tranquilo ya que el recorrido me lo conocía en su práctica totalidad salvo por el ascenso a La Buitrera. Corriendo desde el principio (cuesta abajo todo el mundo sabe correr), sin embargo a la primera cuesta todo cambia aunque sigo corriendo. Sin embargo, ante la constatación de que el andar en una carrera se veía con toda la naturalidad del mundo decido salir de mi armario runner y camino. Primer prejuicio runner que salta por los aires.


Dejamos el asfalto y nos metemos por la senda. Ahora empieza lo bueno

A los 500 metros de la salida nos metemos por la senda que nos llevará a Hontanares entre jaras florecidas, robles y un pinar. A pesar de que tenemos que subir, el ambiente es bastante distendido. En esta primera parte hay que subir unos 200 metros en 3 kms, con lo que se puede caminar rápido o correr lento, según gustos. Opto por lo primero. Además voy bien de tiempo según la “planificación” mental que tenía construida desde mi ignorancia en ir a 8 min/km en este tramo (7:20 de media, 23:00 en total en el km 3). Intento dejar ese ángel runner tocapelotas de lado y pongo el pulsómetro en modo tiempo total-distancia, despojándome de pulsaciones y distancia última vuelta.

Sin prisa, sin pausa llego a la pista que va de Riofrío a Hontanares, territorio de sobra conocido, donde me echo para adelante y me sale un kilómetro en 5:20 con sus toboganes pero pica para arriba y meto la reductora hasta la ermita ¿seguro? No, el ramalazo runner me sale doscientos metros antes del avituallamiento y me pongo a correr: dignidad ante todo, antes muerto que sencillo.

Toca ahora la parte más dura. Estamos a 1.400 metros y hay que subir a 1.900… en poco más de 3 kms. Al principio hay que pasar por uno de esos pinares donde los pies se hunden entre arena y humus. Avanzo en fila india no menos de lo que haría en solitario. Poco a poco vamos saliendo del pinar y el paisaje se vuelve más agreste, cada vez con menos árboles y más pizarra suelta donde las zapas se ponen a prueba. Hay momentos que me acuerdo de las tres cervezas del día anterior pero no creo que me lastrasen ¿no sería que en ese momento la inclinación fácilmente podía ser del 20-25%? Esa parte runner (más bien ese pitido Garmin) me dice que hago dos kilómetros en 16.22 y 16:54; me queda casi un km para coronar y la media está en 10 min/km. Como los grandes ciclistas (Perico eras el puto amo en el último kilómetro) me pongo a correr cuando veo que el puerto está ahí… pero me detengo a echar unas fotos a unos 200 metros de la cima; aún así hago ese último km de subida en 11:29 en el que incluso adelanto a unos pocos.

A 1.900 metros, Riaza abajo y el Valle del Duero al Fondo: Ancha es Castilla

Me pongo en modo runner, acelerando para coronar corriendo


Sin embargo… todo lo que sube tiene que bajar. Y aquí llega el momento "lindo gatito" de Jose. A ver… uno no es que sea precisamente valiente cuesta abajo (de hecho soy más bien cagón). En entradas anteriores le echaba la culpa a la miopía como se la podía echar a Zapatero o a Yoko Ono. Pero no, a pesar de llevar gafas nuevas el cerullo apretao estaba ahí. Las piedras sueltas parecía que quemaban como brasas por la forma de correr que tenía. Piedras muy sueltas en medio de regueras que me llegaban por las rodillas ¿es esto lo que los ultras llamáis “bajada técnica”? Dos kilómetros en lo que lo único que veía eran mis pies, las piedras de delante y como mucho la curva siguiente.

Poco a poco van desapareciendo las piedras dando paso al camino. He bajado dos kilómetros a una estratoférica media de 8:40, “pa habernos matao” mientras oía en mi mente “para ser un corredor de primera aceleeera, aceleeeeeeeeeeera” Pues no, no quiero meterme un hostión; a pesar de llevar unas tiritas de Rayo Macqueen (que, como todo el mundo saben cortan las hemorragias con más precisión que un bisturí de grafeno) no estoy por la labor de estrenarlas. Riofrío ya se ve y me  permito correr y beber a la vez.

En Riofrío me tomo con calma el avituallamiento. Frutos secos, bebida isotónica, membrillo… y una fuente en la plaza que echa el agua como los botijos de mi pueblo, helada, helada. Me mojo la cabeza, la gorra, los brazos. Quedan seis kilómetros y estoy en 2:02… otra paja mental runner  me dice “¿a que no hay huevos de bajar de 2:40?” , como si importase un minuto más o menos. Vamos a intentarlo. Me aprieto una pirula de sales y me piro.

El último tramo me lo conozco bastante bien: tiene unos 100 metros de desnivel negativo con algunos repechos considerables pero negativo al fin y al cabo. Bastantes piedras pero asequible. Me noto la articulación de los dedos gordos de los pies cargadas y sobre todo los noto hinchados (se mascaba la tragedia en forma de ampolla); los tobillos los siento al borde del colapso, tan acostumbrados ellos a correr en terrenos más estables. Me salen dos kilómetros a 6:08. “¡Sí, se puede!”. Sólo queda remontar una vega pedregosa de un par de kilómetros y ya está. Ando, corro y adelanto a gente, 7:02 y 7:14… pues va a ser que sí… echo un vistazo al reloj y llevo 2:34 acumulados. Esto está hecho… o casi: invoco al espíritu runner que vive en mí y le digo “ahora sí, chaval, dalo todo”.  Dentro de que era una carrera de 300 corredores adelanto a 5 ó 6… veo q voy a 4:30 y sigo acelerando.

AL doblar para entrar a la plaza veo un 2:38  en el cronómetro que me pone pimpón y entro… en 2:38:44. Puesto 168 de 244.

No sé si el puesto es bueno o no. Tampoco sé si puede considerarse como una aproximación para mi próximo trail, ya serio, de 46 kms y 5.000 metros de desnivel. De hecho pienso que estaré más cerca del coche escoba que del percentil 10 por una mera cuestión de selección natural ya que para apretarse 46 kms hay que ser un puto máquina o tener un punto chalado.

Lo que he aprendido es que hay que comer como un vikingo en la montaña. Y si los bastones tienen modo arpón por si un muflón despistado se cruza por el camino mejor. El Garmin me decía que había consumido 2.000 calorías (que supongo calculará en función de la distancia recorrida y la altura ganada) en 18 kms, cuando en llano no suelen llegar a 1.000.

Y vamos con las consecuencias: los cuádriceps duros como piedras. La yema de los dedos gordos de los pies más rojas que La Pasionaria y el lumbar como el de Piqué el día de antes (hasta las farolas me regatean). Aún así me lo pasé muy bien y estoy muy contento, y es que pare esto hay que tener un punto masoca.


martes, 10 de junio de 2014

Cateto a babor

Reconozco que soy poco de gimnasio. Me da una pereza terrible hacer esas repeticiones interminables con aparatos y ponerme a hacer posturitas delante del espejo en plan Cobra Khan para llegar a un orgasmo cuántico al contemplar mis músculos o, lo que es más preocupante, los ajenos.

De cara a preparar un trail ¿es bueno subirse a una cinta? ¿Alguna máquina alternativa tipo elíptica? Es que el otro día me subí a una cinta y lo puse al tope de inclinación (un genérico “15”). Lo que no sé es si esta cifra representa el ángulo (15 grados) o el desnivel (notoriamente superior). Iluso de mí se lo pregunté a un monitor y lo tuve que reiniciar a pesar de que era humano; normal, tanto pensar en mancuernas, barras, cardio o pectorales si le pides algo mínimamente técnico peta el pobre.

¿Me podéis ayudar? Reconozco que ni  la trigonometría ni la geometría eran mis fuertes; era más de Matemáticas II; desde entonces me gusta la estadística (qué depravado) y, lo que nunca pensé, la Econometría la entiendo y hasta se me da bien. Y quince años después de terminar la carrera puedo afirmar que sí que sirve y tiene aplicación.

Mi duda: La distancia en un trail ¿cómo se mide? ¿sobre la distancia recorrida -la hipotenusa- o sobre la horizontal –el cateto o proyección sobre el mapa. No, no me he fumado nada ni he mezclado medicamentos caducados con alcohol.

Dudas existenciales aparte, me he instalado definitivamente en el entreno mañanero. El cuerpo no pide desniveles a las 08:00. He ido un par de veces en coche a trabajar pero voy a seguir en bici. Aparte de la mala hostia intrínseca gano poco a nada yendo en coche, pero es que en bici, además llego con el metabolismo en modo ejercicio  con lo que gano en eficiencia. Transición rápida en el aparcamiento (haciendo el Supermán, Clark Kent sí que es un “trending setter”)) y a correr. Tengo que currarme la transición de verdad en la que tendrá mucho que ver cómo traer la ropa de curro bien doblada.
Runner de oficina preparándose para salir. Ya en los 80 había camisetas de compresión.


Me apetece mucho el trail del sábado, a ver cómo se da. De cómo salga dependerá mucho el ánimo con el que encare el Desafío Somiedo. Seguro que pecaré de pardillo cienes de veces pero para eso corro el sábado, para aprender.

miércoles, 4 de junio de 2014

Segunda excursión a la montaña

No, no me he equivocado con el título. La palabra “excursión” está deliberadamente escogida. Y es que el domingo intenté realizar la salida “seria” que la semana pasada no tuve. Para empezar a las 08:00 estaba dándole. Con mis nuevas zapas, que desde un primer momento me demostraron que tenía un pepino en cada pie. Y con los bastones.. momento bastón… a ver cómo la planteo ¿dónde puede llevar uno los bastones sin que por ello pierda la hombría? Vale que poco a poco con las mallas, las camisetas de rejilla y la ropa ceñida la línea se haya difuminado un poco, pero hay líneas rojas por las que no puedo pasar.

No sabía dónde meter los bastones. La mochila no tiene nada para colocarlos y es demasiado pequeña para meterlos dentro. Me veía como un torpe que no sabía dónde llevar los bastones por lo que opté por llevarlos en la mano. Para mi tranquilidad, a eso de las 13:00 vi a un runner corriendo con los bastones en la mano, por lo que no lo hice del todo mal.

Esta vez no “perdí” tres kilómetros por asfalto/llano hasta llegar a la montaña. Fui directamente hasta la senda de la semana pasada y desde allí para arriba. Justo a las ocho de la mañana lo único que había en el campo eran vacas. En la cara norte de la Buitrera el sol ni se intuía entre la frondosidad del robledal. Caminando en las cuestas arriba y corriendo  en el llano/cuesta abajo ¿es bueno hacer esos cambios de ritmo o tienen que ser más sostenidos? Me planté en Piedras Llanas (+200m). Y ahí hay un cortafuegos de 60 metros de desnivel  con una hipotenusa de 300 metros. Y lo subo una vez. Y lo bajo. Y otra, y otra… así hasta tres veces. A 1.600 la vista de la meseta es espectacular. Llevo sólo diez kilómetros y algo más de una hora fuera.

Entre las subiditas, las bajadas y el GAP noto que el culo está cargadito. Sí señores. El viernes me metí en clase de GAP pensando que podría ser un buen complemento  a las salidas a la montaña. Y seguramente lo es, pero el domingo por la tarde tenía las pierna cargadas. Después bajé por donde había venido, esta vez corriendo porque el coche estaba a 1.200 metros y yo estaba a 1.550.

Cuando el sol empezaba a asomar en los caminos y en las veredas llegué al coche. Con los cuádriceps cargadísimos me puse a estirar y para casa. Había que sacar a los enanos por el mismo camino y coronar, que llevábamos dos semanas que por circunstancias no pudimos. Esta vez sí, llegamos hasta la pista que va de Hontanares a Riofrío y luego llegó la difícil decisión ¿deshacer lo recorrido -3 kms cuesta abajo-  o ir a Hontanares – 1.5 kms cuesta arriba- a apretarse un cervezón? Obviamente ganó lo segundo. Eso sí, a falta de 400 metros sí que deshice lo camindado (4 kms y -200metros) para recoger a la family en Hontanares. La cerveza de reserva me supo a gloria ¿y cómo no, con estas vistas?


Tomando una cerveza con estas vistas (queda poca nieve, que la foto es de Marzo)

Contando con que el Scattergories es mío y puedo sumar los 200 metros de esta segunda carrerita sí que llego a los 1.000 que me había propuesto. Soy consciente de que el bagaje que llevo es escaso, de ahí el nombre de “excursión”. Pero no dejan de ser sólo 18 kms. El camino, más o menos, me lo conozco  y creo que andaré con tiempo para que no me cierren el control (son 3:30 horas), aunque tampoco me va a sobrar mucho. Para lo que sí llegaré justito será a Somiedo, y es que tres puertos son palabras mayores.


De aquí a la carrera del día 14 no voy a tener salidas de mención, por lo que la carrera del domingo fue mi (único) test antes de la carrera. Pese a lo escuálido de la preparación estoy seguro de que me lo voy a pasar bien; pasé de 1.200 a 1.600 metros a un ritmo más o menos cómodo. Otra cosa es llegar hasta 1.900 metros…. Y bajar, que uno no es que sea precisamente valiente ante los caminos empinados ¿tendrá algo que ver la miopía? Seguro.

viernes, 30 de mayo de 2014

Primera incursión en la montaña

El domingo pasado hice mi primera incursión en lo que pienso que es un trail de cara a mi bautismo de fuego del día 14.

Intenté salir “pronto”, pero no fue hasta las 08:30. Craso error. Porque en la montaña hay que estar cuando la abren Un error menor fue que hasta donde empezaba de verdad el sendero había dos kilómetros: antes, terreno urbano y asfalto. Más errores… el calzado: pensaba que las botas de trekking era suficiente pero no contaba con que son pesadas para correr, son demasiado impermeables y la suela se gasta más que los neumáticos de agua de un F1. Ah, se me olvidaron los bastones que me había dejado Óscar.

Obviando todas estas cantadas (preludio de la de Iker), el resto creo que me salió bien. Mochila con el peso estimado de lo que llevaré. Hidratado. Con alimentos. Corriendo cuando se podía y caminando cuando picaba par arriba. Y el pulsómetro configurado con frivolidades como la altura o la inclinación.

La previsión era de sol, nueves, lluvia, viento y meteoritos  (por predecir que no quede), por lo que llevaba de todo.

Me metí por un sendero que descubrimos hace un par de semanas y que se mete por un robledal que está ahora frondosísimo; tanto que hacía hasta frío. Partiendo de 1.200 metros enseguida me planté en los 1.400 con la flora cambiando casi por completo. Cuando más picaba el terreno salí a una pista que va desde Hontanares hasta Riofrío y Riaza y decido seguirla. Camino rápido, 6-7 kmh, con un perfil del 6-7% y corro en los falsos llanos. De vez en cuando hay que vadear  algún arroyo que con mis botas parezco un basilisco.

Prosélito de los trails con sus botas goretex pasando por un arroyo

Llego a Hontanares en medio de olores intensísimos a primavera acentuados porque estaban talando unos pinos; es lo que tiene madrugar. Aún no son las 09:15 y casi he llegado a mi objetivo, el mirador de Piedras Llanas a un kilómetro escaso y cien metros más de desnivel que los cubro dignamente.

Voy a un ritmo bastante más alegre del que me esperaba. Disfrutando del paisaje, de los olores y sobre todo del silencio. Y es que siempre hay un hortera con el Máxima FM en cualquier sitio a partir de las 11:00. O un “me aburro” o un “el tata me ha pegado” o “hay una mogggca” (así en madrileño).

Voy tan bien que incluso puedo hablar por teléfono sin parecer Golum. Y ”corono” después de ocho kilómetros en un mirador desde el que se entiende la expresión de "Ancha es Castilla". Toca volver, que son las 09:30. Llego nuevamente a Hontanares y busco el sendero que baja a Riaza… pero un río baja por él: no way, mate. Como seguro que me pierdo por el camino de ida tengo que bajar por la carretera, una de las más bonitas que he visto porque se va literalmente por un túnel de robles.

Sin caer en la “trampa” de correr en las subidas pronunciadas llegué a casa después de 15 kms y casi 500 metros de desnivel. Sé que es muy poco y que me queda poco margen de maniobra. Para el domingo que viene le tengo echado el ojo a un cortafuegos con ojos golosones que hará que haga unos mil metros de desnivel con dos ó tres subidas.

Y por  la noche prolongamos nuestra semana deportiva con la final de la Champions. Siendo más merengue que Bernabéu un pelín de amargura me quedó. Y es que mi hijo mediano es colchonero. Sí, como el del anuncio. Y, claro, en una final como ésta la euforia tras el gol de Ramos no puede ser completa si ves que tu hijo no lo pasa digamos bien (vamos, que las pasó putas). Menos mal que podía decir eso de “no pasa nada, la liga está ganada”. Mucha psicología, mucho el año que viene, que si la Liga son 38 partidos y la Champions 13…

Desde entonces me he comprado unas zapas de trail de verdad, unas Salomon XT-WING3 que por lo visto son un pepino y suben solas. Las he probado en Valdelatas y he comprobado que se agarran más que un chotis. Llegué muy cansado para un triste ritmo de 5:19 pero es que me metí por todas las cuestas y cortafuegos de Valdelatas.

El domingo pienso madrugar (a ver si un día puedo ganarle a mi hijo mayor, que madruga más que el hambre). También me llevaré los bastones y hasta que no llegue a los 1.000 metros no lo dejo.

El Pilates al que no pude ir lo he sustituido por GAP. No, aún no voy con las medias de rejilla, pero todo se andará :D!! en serio, es un ejercicio súper-cañero. Se hacen las abdominales que normalmente no se hacen por falta de ganas, para qué decir que no tengo tiempo cuando siempre se puede correr un kilómetro menos. Se trabaja el glúteo que de otra forma me da pereza al igual que las sentadillas. A ver si así supero las agujetas que tenía el domingo pasado en el culo.