miércoles, 29 de enero de 2014

¿Rodaje rápido o salida larga?

Qué gran día para rodar el domingo pasado. Nada de frío (para estar en enero), nada de viento y un sol que animaba a estar en la calle. Ni una sola nube en el cielo y un amago de niebla que se batía en retirada a eso de las 09:00 hacían que el sol brillase aún más.

Después de tres ó cuatro fines de semana “malos” parecía que parques y carril-bici iban a petarse como finalmente ocurrió. Por lo que salí un poco antes para aprovechar.

Solo, con casi todos en la Media de Getafe, salí a mi ritmo. Con el MP3, y con el objetivo de no pasar de 140ppm, me fui por Villarrosa, Silvano, la Alameda de Osuna, El Capricho y el Juan Carlos I.

Después de unos días corriendo por Valdelatas, el perfil descendente y compacto de este recorrido debía parecerle suave a mi patata, porque si no  no me explicaría que me fuese a 4:54 los siete primeros kilómetros con unas cómodas 134ppm (FCmáx 162).

¿Qué hacer? ¿Mantener el ritmo cardiaco?¿la velocidad? No estoy haciendo series como mejorar tanto la velocidad; tampoco creo que mi ritmo de maratón esté en 5:00. A lo mejor en 5:15…en llano. O, simplemente, que hay días que te sale todo.

Decido meterme en El Capricho, metiendo cuestas, curvas y cambios de dirección. La velocidad baja (5:20) y el ritmo cardiaco sube algo (142ppm). Otra vuelta al Capricho, que hay que disfrutarlo hasta el fin de semana que viene e igual. Seguía todavía en 5:05 y las pulsaciones seguían controladas en 139ppm. ¡¡Oh!! Que llevo 14 kms, hay que volver, que no quería hacer medio maratón todavía y si me descuido lo sobrepaso.

Me vuelvo por el JC1 y se nota ya movimiento. Hay más gente corriendo y algunos demasiado monos como para llenarse de polvo del parque los zapatos… ¡¡coño, que este fin de semana era FITUR!! Quién lo ha visto y quién lo ve… hace unos años había hordas de patilleros (esos que van a arramplar con todo por la patilla) que petaban el aparcamiento a las 09:00 y este año había sitio de sobra a las 10:30…y más tarde también. ¿Seguro que estamos saliendo de la crisis?

Mi vuelta por el JC1 hace que vaya más rápido. Por instinto acelero progresivamente; clavo los parciales a 4:40-4:45; el inconsciente me juega seguramente una mala pasada porque esos ritmos eran los habituales en tantas salidas a mediodía. Y la música.

Correr con música, sin duda, influye en los ritmos. Con una lista de reproducción más bien ecléctica (por no decir inclasificable), con el único patrón común de que son cañeras o motivadoras y son las que podemos oír en cualquier carrera. Sin embargo, si te pones en modo off y te dejas llevar (lo normal en un rodaje) la consecuencia es que te salen unos ritmos más rápidos de los deseados.

¿Correr con otro tipo de música? ¿Clásica? No, pero no pondré el “Resistiré” del Dúo Dinámico (soy más del “Resistiré” de Barón Rojo). ¿New Age? No, yo corro y ésa es música de ascensor. ¿Ligera? Joer, eso es para las discotecas de Benidorm en Febrero. Me quedan pocas opciones, la verdad.


¿Próximas carreras? Fuencarral, en dos semanas. No es precisamente una carrera para hacer marca pero seguro que no la haré. Los del equipo querían correr una media al ritmo del más lento y han quedado en que sea ésta; total, mejor que sea en una dura que en otra más susceptible de ser disputada. Y mejor que sea así, que me conozco; por mucho que uno diga que “no voy a disputar una carrera” el caso es que casi siempre se disputa. Qué fáciles que somos, joer. Así de paso disfruto de un paseo por El Pardo en forma de rodaje. No la he corrido nunca, peor las referencias que tengo es que es dura (sobre todo al final) y que hace un frío de cojones.

jueves, 23 de enero de 2014

Corriendo por Valdelatas

"Cuando estás a punto de morir es cuando te sientes más vivo" (Finn McMissil, Cars 2)

Menuda frase para una película de niños ¿no? ayer me le recordó mi hijo mediano. Y es que cuando uno lo da todo es cuando más satisfecho se queda.

El martes volví a correr por Valdelatas, que me tiene alucinado. Entre autopistas (Carretera de Colmenar, M40, etc), una subestación eléctrica, barrios periféricos desarrollados en plena burbuja existe un reducto de bosque mediterráneo por donde hacer el cabra con la MTB, ir con los enanos a un área recreativa, pasear o correr. Pese a que reúne todas las condiciones para estar transitado al lado de barrios que supuestamente no tienen servicios (que se vayan a un barrio periférico de verdad, a ver qué servicios tienen y cuáles no), oficinas (Timofónica está a menos de un kilómetro), una Universidad (la Autónoma) y un cuartel el caso es que a mediodía sólo me he cruzado con militares de los que sólo saludaba el sargento que cerraba el grupo.

Por situaros, es un espacio cercado a la izquierda por la carretera de Colmenar y al norte por la Autónoma y el Club de Tiro de Cantoblanco.

Vale que el acceso desde Las Tablas no hace presagiar nada bueno (se pasa por la carretera que va a Alcobendas, ésa donde está el Decartón), por una subestación eléctrica y un camino que parece un vertedero pero “enllegando” a la puerta todo cambia.

Por lo visto tiene unas dimensiones de 300 hectáreas. A un lado encinas, a otro pinares; “entrambos” vaguadas con dos ó tres arroyos. Se huele a jaras y cantueso, las piñas están ahora “reventás” de piñones (es la época) y, a pesar de la miopía, llegué a ver alguna seta. Se oyen los pájaros o alguna oveja cuando tres minutos antes estábamos esperando a que el hijoputa del Q7 se dignara en pararse en un paso de cebra para dejarnos pasar (se ve que cinco ó diez tíos como carros corriendo a mediodía con ropa fosforita son más difíciles de ver que un urogallo).

Entrando por el camino eléctrico (el del sur) hay una bajada de casi un kilómetro en el que es muy fácil fliparse y cargarse los cuádriceps; a partir de ahí, y olvidándose de un camino que sigue de frente y que no tiene salida, se gira a mano izquierda y empieza lo bueno; subidas y bajadas cortas que son el preludio de una subida muy larga (unos 500-700 metros). Tras una meseta de otro tanto hay dos opciones: girar a la izquierda y, por otro camino, volver hacia donde entramos o… sí, girar a la derecha y tras un descenso tremendo con la reductora puesta alargar tres kilómetros más el recorrido. De fondo el "skyline" de Madrid, presidido por las torres de Mordor, perdón, de la antigua Ciudad Deportiva.

Tenía tiempo, así que opté por ir con un compañero de esos que corrían antes de que hubiese distintos tipos de pisada que me llevó en volandas. Pisando senderos apenas distinguibles, cubiertos de hojas de pinos iba encantado con lo que veía. Dos ó tres arroyos (o el mismo pasado varias veces).


Al final los diez kilómetros que pensaba hacer se convirtieron en casi catorce; el ritmo tranquilo que pensaba llevar se quedó en el país de los propósitos pero es que me dejé llevar. Por el entorno y por el día, que, también hay que decirlo, era espectacular: unos diez grados, sol, sin apenas viento y con la atmósfera limpia por las recientes lluvias… un lujo que había que disfrutar. El ritmo, como comprenderéis, fue lo de menos. Con toboganes y el suelo húmedo lo mismo me salían a 5:50 que a 4:30. Al final 4:57 con el corazón en la boca y la sensación de haberlo dado todo.

martes, 21 de enero de 2014

Consolidando entrenos

Semana de consolidación la pasada. Por un lado he podido salir sin molestias un día después del rodaje del domingo. Y lo que es mejor, sin consecuencias. Con más miedo que vergüenza salí en plan conservador el lunes a correr ocho kilómetros con la reductora puesta, y al final fui bajando los parciales kilómetro tras kilómetro a medida que respondía la pierna derecha al ritmo de David Guetta (a qué extremo hemos llegado).

Confirmación además de que el Pilates y el running son complementarios. Más allá del coñazo de las abdominales (salvo para Ánsar y CR7 no conozco a nadie que disfrute con ellas), con el Pilates se trabaja la zona abdominales a fondo. Y el lumbar. Y se tonifica el tren inferior. “He tonificado músculos que jamás imaginaría”. En consecuencia también al día siguiente tenía molestias que “jamás imaginé” en el glúteo sobre todo y en menor medida en la fascia, pero esa clase de molestia que tienes después de haberlo estirado bien.

Que sí, que las clases se petan de señoras respetables de cierta edad pero aguantan que no veas. Además hay tres modos para cada ejercicio: modo señora (fácil), modo metrosexual (doliendo un poquito pero haciendo la posturita) y modo Macho-Camacho. ¿Cuál elegir? El Macho-Camacho, que de bajar siempre hay tiempo. Para mi sorpresa estoy mejor de lo que esperaba: descartando la coordinación motora (nunca haré el Moonwalk, ni falta que hace), la ejecución de los ejercicios la salvo con mucha dignidad.

EL miércoles, y con una lluvia que al final se contuvo, fui por Valdelatas. Es increíble que al lado de la M40, de una subestación eléctrica  y de horribles urbanizaciones diseñadas con AUTOCAD en las que lo único que cambia es el mando a distancia del garaje  haya un chaparral como éste. Con algún pino intruso hay unos toboganes muy divertidos tanto para correr como para ir en MTB. Joder, que se corre entre ovejas, oliendo a campo de verdad. Para los que no lo conozcáis, está por debajo de la Autónoma y EL Goloso. Y ya, al otro lado de la carretera de Colmenar está el monte de El Pardo. Qué pena tener que volver porque con gusto hubiese dado la vuelta larga.

Al final me salieron casi doce kilómetros a un ritmo más rápido del inicialmente previsto pero es que el efecto manada es muy poderoso; a ver quién es el que deja de tirar en las cuestas arriba, sobre todo porque desconociendo el recorrido es muy fácil desorientarse. Y a la vuelta, y cuesta abajo como que no se retiene.

Doblete el jueves aprovechando que dan malo para los próximos días; ni me acordaba qué era eso de correr dos días seguidos y esta semana ya llevo dos en apenas cinco días. Con un inicio tranquilo me fui acelerando poco a poco y terminé con sensaciones de fuerza que no tenía desde mediados de Noviembre. Y, como no hay dos sin tres, el viernes salí a correr porque el plan alternativo era apretarse un hamburguesón a mediodía y como que no. No es que fuese una salida al uso (sólo ocho kilómetros) pero entre la mala leche que me quité (mucha) y las grasas saturadas que no me apreté mereció mucho la pena.


Y para rematar el rodaje semanal que por primera vez en mucho tiempo (años) lo hice el domingo por la tarde. La pereza y una lluvia intensa me hicieron desistir por la mañana pero “se abrió un claro entre las nubes, volvimos a ver el sol como dos presos comunes en el tejao de un prisión” el domingo por la tarde y allá que salí. Me sorprendió la cantidad de gente que corre a esas horas; más bien me sorprendió la cantidad de gente que corre. No sé si es que nos concentramos por el mal tiempo del fin de semana o es que, simplemente, los que salimos a las 08:30-09:00 de la mañana somos pocos en comparación al resto. Animado por tanto ambiente el caos es que el rodaje me salió más rápido que otros, 5:00 clavaos. También pienso que influyó el hecho de que saliera sin guantes y cuando el sol se fue tuve que apretarlos porque el frío hacía que se me durmieran las puntas ¿pardillo o falta de costumbre?

Al final me salieron 55 kms acumulados; teniendo en cuenta que hace un mes estaba de reposo por la jodida fascia lata es todo un logro.

sábado, 11 de enero de 2014

Adiós, dolor, adiós.

"Parecía que no les importaba el rápido paso de los años,  y aquellos seres encerrados en una tienda,  sin duda medían la vida por varas, no considerando que alguna vez llegarían al final de la pieza" ("El 19 de Marzo y el 2 de Mayo", Benito Pérez Galdós).

Al fin vuelvo a escribir, pero es que entre la fascia lata, vacaciones y un inicio de año un tanto achuchado en el curro he tenido poco tiempo para escribir y para entrenar. Y es que si no hay nada que contar tampoco es plan de escribir por escribir.

Al menos he tenido tiempo para leer y he de decir que estoy enganchado a los Episodios Nacionales que, dicho así, suena a algo decimonónico y desfasado y nada más lejos de la realidad. Uno lee “La corte de Carlos IV” y se da cuenta que en dos siglos nuestra clase política no ha cambiado nada: medrar a la sombra del poder es fácil si tienes a quién arrirmarte; las intrigas palaciegas, las  puñaladas traperas, la memoria de pez colectiva, la saña con la que se pisotea a ídolos caídos… Frases como la anterior nos recuerdan la cantidad de gente que vive esperando no se sabe qué o esperando a no sé cuándo como la capellanía del tío de Inés, presunto paisano de Godoy. Hay que disfrutar de lo que tenemos y luchar por ello; nadie va a darnos nada y menos ahora.

¿Se nota que me gusta Galdós? ¿O Baroja? ¿O Víctor Hugo? ¿O Tolstoi o Doostoievski? 

Que me voy por la tangente... La fascia lata… ese músculo tan desconocido como hijo de puta cuando se manifiesta.  Y, como las hemorroides, debemos sufrirlo en silencio porque una vez que empezamos a hablar de “ello” empiezan a salir otros afectados. Por lo que tengo entendido, junto con el aductor proporciona estabilidad movimiento motor. Junto con éste viene a formar una “V” invertida que envuelve el recto anterior, cuádriceps… y todos esos músculos que están por ahí (corregidme la barrabasada, que hablo de oídos). De hecho al principio pensé que era un dolor de aductor.

Después de una visita al fisio en la que vi las estrellas, éste me confirmó lo que pensaba: una inflamación de la fascia lata. ¡¡Cómo puede doler tanto que te toquen este músculo con saña!! Reposo casi total. De entrada nada de venir en bici a currar: 17 kilómetros son casi una hora a un ritmo ligero como para andar con tonterías. A tomar por culo también el spinning, qué carga este músculo. Ah, y nada de ibuprofeno, a soportarlo a pelo, que lo carga el diablo. Las fiestas, además, mitigaron el síndrome de abstinencia. Al final once días de reposo que vinieron muy bien. Hasta que el 31 de Diciembre decidí que ya era suficiente, que llevaba corriendo unos pocos años ese día como para dejar de hacerlo en este año tan.. entrañable (por los cojones). Doce kilómetros por Córdoba que me supieron a gloria... por notar cómo no se cargaba, por ir tranquilamente a un ritmo cómodo, por ver cómo amanecía, por ver cómo la piedra caliza refulgía mientras mi sombra se proyectaba al infinito, por correr en Córdoba. Una horita en total en la que el ritmo (5:10) fue lo de menos.

De vuelta a la rutina, y con roscones de por medio, tocaba evaluar daños. La lorza sólo ha crecido un kilo (y eso que he comido como un cerdo), por lo que la operación bikini este año parece más fácil de lo normal. Pero es que tiene truco, yaque los dulces no son precisamente mi debilidad. Sí lo es la cerveza del chiringuito y los espetos de sardinas, o los chanquetes, o la paella “Verano Azul”; la de Septiembre sí que es jodida de quitar.

También tocaba empezar a correr, sin prisa pero sin pausa. Mi particular calendario maratoniano decía que tenía que correr el fin de semana entre 15 y 16 kms. Por si acaso me quedé en 14 cuando el aductor empezaba a avisarme ya en el km 10 cuando estaba saliendo del Pinar de Conde Orgaz. Y menos mal; seguramente pude ir más rápido (5:15) o más lejos porque los compañeros fueron a correr “un poco más” pero yo me olí la tostada y ese “poco más” fueron 23 kms de nada.

Esta semana, por fin, he podido correr dos días seguidos si bien no por decisión propia. Y es que tenía programada una clase de Pilates pero un “porcierto” (todo junto) con la chaqueta puesta me hizo que me la perdiera con gran dolor. Sí, no suena muy masculino eso de que me gusta el Pilates pero qué queréis que os diga.. tampoco eran muy masculinas las mallas y pocos runners se ven ya con un meyba. Además el Pilates es todo lo duro que uno quiera (o pueda).

De momento ni la cantidad ni la calidad de los kilómetros son dignas de contar. Sí que vuelvo a correr sin consecuencias, lo cual sí que es digno de mención. Disfrutando de correr sin molestias. Y pensando que que me voy a adentrar por Valdelatas, que el otro día me pusieron los dientes largos los compañeros que se adentraron por ahí. Qué fáciles somos los runners, coño.


martes, 24 de diciembre de 2013

Carrera de la Solidaridad 2013 (Infantil)

Si hay una excusa que nos impulsa a apuntarnos a una carrera es que ésta sea solidaria. Nos gusta correr, somos animales gregarios y, como tales, nos gusta reunirnos con otros congéneres con las mismas inquietudes. Y si, además, la inscripción se destina a algún fin solidario mejor mejor que mejor.

Hacía tiempo que los enanos nos andaban pidiendo que les apuntásemos a una carrera. Eso de correr un rato, pasar por la “salida”, por la “meta”, el recuerdo de la carrera y su lata de bebida isotónica  tiene su aquel. Calentar antes (aunque vayan a correrse 500 metros) ponerse el dorsal, colocarse en la salida.. son actos que se incluyen en un incipiente ritual que con el tiempo es como el Rexona.

Los apuntamos un par de semanas antes a esta carrera que se celebra en la Casa de Campo. Al ser a las 11:30 no había que madrugar mucho, por lo que la logística podía ponerse en marcha sin problemas.

Pensando en que la Casa de Campo podía estar petada (hacía buen tiempo, era la hora del paseo, había carrera…) intentamos salir con tiempo. Llegamos sobre las 11:00, justo cuando la carrera de 10km estaba terminando.

¿Petada? Al contrario; de hecho creo que fue una de las veces que menos problemas hemos tenido. Sea por las compras navideñas, por el frío que hizo los días de atrás o porque las 11:00 de la mañana es “temprano” para según qué gente (a las 11:00 yo me he tomado el segundo desayuno de los hobbits), el caso es que no había casi nadie.

Las carreras infantiles empezaron a su hora. No había muchos niños y las distancias eran muy asequibles (1.500 metros para cadetes, 1.200 para infantiles, 500 para benjamines y 200 para prebenjamines). Sin aglomeraciones las salidas y las llegadas fueron muy rápidas.

En definitiva una carrera muy recomendable. Perfectamente organizada, sin aglomeraciones, un marco incomparable… vamos que si la organizan el año que viene repetiremos si los virus y los elementos no lo impiden.

A las 12:00 habíamos terminado ¿y qué mejor que hacer sino darse una vuelta por el lago y tomarse un aperitivo en “El Urogallo”? Pues eso, añadiendo momentos al ritual. QUe no todo va a ser correr, y la paella o el pollo frito que te ponen con la cerveza de este sitio son incomporables. Unas Mahous generosas, tres refrescos y una ración por 10 pavos; vamos que si pedimos un par de rondas más casi que comemos.

En cuanto al aspecto deportivo anda algo parado y no precisamente por estas fechas tan entrañables. Un dolor que no se va en el tensor fascia lata me está haciendo ir más despacio y corriendo menos. Me hace andar como Chiquito en ocasiones y he tenido que aparcar la bici para ir a trabajar. Lo que no consiguieron los elementos lo ha logrado un músculo tan pequeño y aparentemente inútil como éste. Y el fisio, que me ha dicho que repose. Vi las estrella con ese dedo que pasaba por todo el contorno del músculo, menudo cabrón. En fin, que a veces hay que parar para llegar más lejos.

Felices fiestas a todos


jueves, 5 de diciembre de 2013

El comienzo del comienzo

Comienzo a preparar el maratón de primavera. ¿Pronto? Es posible, depende también cuál sea serán 16 ó 18 semanas. Por lo pronto el de Sevilla no es porque ni es en primavera ni hay dorsales. El punto de partida lo he puesto en la Media de Córdoba de la semana pasada; ahora toca subir progresivamente el kilometraje, la carga, las tiradas largas…

Por primera vez me he prometido a mí mismo que no me voy a engañar. No voy a meter series en mis entrenos. No voy a ganar, no disfruto con las series. Si voy con alguien y nos picamos sí que puedo ponerme a 3:45 min/km en tramos de mil metros varias veces. Pero en solitario no hago esas cosas. Y es que pienso que es más divertido disfrutar de esos momentos tan intensos en compañía que en solitario. No está mal, un propósito de año nuevo cuando se está terminando éste.

Para empezar la semana pasada fue muy suave; sólo salí tres días y uno de ellos porque en el gimnasio no había nada programado a las horas a las que fui. Y, como un autómata, salí a correr disfrutando de uno de esos días de invierno mesetario en los que no corre nada de aire pero que brillan sin una nube.

Los tiempos, discretos, a 4:45. Tres entrenos prácticamente calcados no así la progresión (en el último tenía prisas por llegar y bajé de 4:15 los últimos tres kilómetros).

El rodaje del domingo, bien abrigado, fue algo lento. Y es que los que habían triunfado en el maratón de Donosti no tenían cuerpo para rodar muy rápido. No digo mucho a conciencia porque al final se apretaron quince kilómetros como unos campeones, pero rápido rápido no fue precisamente.

Después hice lo que llevaba muchos años sin hacer: jugar tranquilo al BA LON CES TO. Un uno contra uno, sin prisas, sin más interés que hacer una filigrana, meter una canasta imposible o rememorar el “sky-hook” que si salió alguna vez fue más fruto de la casualidad que de la técnica. Una serie de tapones seguidos hizo que me acordara de que no estaba en una cancha de Harlem ni jugaba contra Barkley sino con mi hijo mayor. Algún 21, entradas a canasta... Primera lección: no se tira a cuchara (es de los tiempos de Buscató), que te clavarán a tapones. Lo mejor de todo es que la epicondilitis no dio señales de vida ni entonces ni después; parece que el colágeno ése funciona.

Fruto del rodaje, de la pachanga o de todo, el domingo por la tarde tenía una ligera molestia en el abductor. Manda huevos, 21 km a 4:24, dos platos de albóndigas con caldo y 400 kms de vuelta y como una rosa el domingo anterior. Rodaje pisando huevos a 5:18 y molestias. “Eso es asín” como dirían los sevillanos esos.



En cuanto a esta semana aún va floja en kilómetros, pero no en intensidad.  El lunes spinning paea que descansara la pierna. El martes quería ir tranquilo pero esto de tener los dos primeros kilómetros de tu recorrido habitual con un perfil descendente es muy peligroso porque a nada que se te den un poco bien te puedes flipar y mandar a la mierda todos tus planteamientos previos. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Media Maratón de Córdoba 2013, la crónica

Tal y como os comenté la semana pasada, uno de mis patrocinadores tuvo a bien obsequiarme con un dorsal para la Media de Córdoba. Una marca de bebidas norteamericana que serigrafía multitud de nombres en sus latas me preguntó si quería correr y contesté sin más y sin mucha esperanza de correrla. Total, quedaban dos ó tres semanas.

Sin embargo, oh, sorpresa, me dijeron que había sido agraciado con un dorsal. Era una buena señal, había que hacerle caso a los astros y correrla.

Con tan poco tiempo de antelación tampoco cabía prepararse nada; voy a pelo. Mis amigos de Córdoba no corrían, no iba a ir con nadie conocido.
EL día de antes, celebración familiar y yo con dieta especial. Especial porque tenía todo lo que me gustaba: panceta, chorizo, Mahou clásica…. Total, proteínas, lípidos y carbohidratos para una carrera con frío.

La carrera empezaba a las diez de la mañana, cuando el sol empieza a desperezarse (que no a calentar porque la temperatura rondaba los 6-7ºC). Con “sólo” 4.000 inscritos (pocos para una carrera en Madrid, muchos en Córdoba), la salida fue rápida y sin muchas aglomeraciones. Mi idea al principio era dejarme llevar, a ver cómo me encontraba y decidir sobre la marcha qué ritmo llevar.

Con un perfil netamente descendente (no hay grandes cuestas en Córdoba), dejándome llevar por el Parque Cruz Conde, Avenida del Aeropuerto (en Córdoba somos así, no tenemos aeropuerto comercial pero tenemos avenidas del aeropuerto, la ONCE está en “Vistalegre” y el cementerio es de “Nuestra Señora de la Salud”), Conde Vallellano, Puente Nuevo y Avenida de Granada, en los tres primeros kilómetros “volé” a 4:15 y 4:11. Tocaba girar y dirigirnos hasta el Arenal, a la espalda del Arcángel. Con unas pulsaciones controladas (como un reloj entre 152-153ppm, de un máximo de 155ppm), los kilómetros se iban sucediendo con unos ritmos sostenidos y regulando. Con un ritmo de 4:35 en mente, el saco se iba llenando progresivamente sin necesidad de recurrir a él en ningún momento. Los kilómetros se sucedían entre polígonos. La subida hasta Carlos III hace que tenga que bajar un poco el ritmo. Sin embargo noto que voy mejor que los demás. Se trata de una subida de 1,5 kms o así muy suave pero que se deja notar al final. Km12, poco más de la mitad y ¡¡allí están ellos!! Mi familia al pleno, allá en las Ollerías después de una bajada en la que aprieto. Orgullo conyugal, paterno/materno filial con muchos cruces, “choca esos cinco” y p’alante. Cruzando el vial nos dirigimos a la Avenida del Brillante, la peor parte en  mi opinión. Es una subida sostenida de alrededor de 1,5 kms que se me hacen más largos de lo esperado. De hecho son los dos kilómetros más lentos, ya que me salen a 4:30. No obstante cada vez adelanto a más gente y los que me adelantan son compañeros de carrera, de estos con los que vas adelantándote sucesivamente.
Km 15 último avituallamiento y ¡¡naranjas!!! De verdad, qué gran idea la de dar esta fruta. Fresca, de asimilación inmediata y semicortada en cuatro cuartos. Toca bajar por Arroyo del Moro con un viento de frente bastante frío. Entre el perfil más benigno, la naranja y que ya quedaba el último cuarto de carrera “vuelo” nuevamente, 4:18 y 4:19. “¡¡¡Jooooooooooose!!” ahí estaba el Neke, con la familia al completo, que me vio, me gritó y le devuelvo el saludo. Ni lo había visto entre las pulsaciones y la miopía. Veo que el 1:34 lo tengo prácticamente en el bolsillo y aprieto. No pensaba ni de lejos verme en ésta por lo que quedándome cuatro kilómetros aprieto. Por la carreta de Almodóvar doblamos para dirigirnos nuevamente hasta la Avenida del Aeropuerto y meternos en el Parque Cruz Conde. Mantengo en el 18 (4:24), aflojo en el siguiente en mi afán por regularme y que el lumbar no salga al hiperespacio y encaro los dos últimos kilómetros… aprieto, voy al tope de pulsaciones (por encima de 160) y recupero muchas posiciones ¡4:19! En el 20, ¡4:23! En el 21 con una subida que no termina hacia El Fontanar. Entro en la pista de atletismo y acelero... adelanto a unos cuantos que se dejan llevar y los últimos doscientos metros los hago por debajo de cuatro minutos viendo que el cronómetro está en 1:33. “¡¡Tooma!!”.
Al final 1:33:16. ¡¡MMP!! Que tampoco es mucho decir porque en carreras oficiales ésta es mi quinta Media (dos en Madrid, otra en La Latina y otra en Segovia, facilitas y planas todas por los cojones) y no son comparables. De lo que sí me encuentro satisfecho es de la capacidad para leer una carrera de esta distancia. Siendo mi rodaje tipo de 15-17 kms, media maratón es un rodaje con mucha más gente, algo más rápido y un poco más largo. Saber (como sé) apretar, reservarte, regularte… ayuda mucho. Ver cómo vas de menos a más, adelantando posiciones hace que te convenzas de que tu táctica es la adecuada. ¿Podría haber ido más rápido? Sin dudas, pero no creo que ganase más de un minuto en total sin petar. Después de unos pocos años corriendo sabes dónde puede estar el punto entre petar y darlo todo. Bueno, en el maratón nunca se sabe.
¿Capacidad de mejora? Sin lugar a dudas. Aún haciendo una carrera perfecta en términos de contemporizar y adaptar tus ritmos a la carrera, me faltan esos entrenos de calidad que tan poco me gustan. Puedo correr rápido, meterle caña, pero no consigo que me ilusionen las series. Lo que sí saco en claro es las 3:30 en un maratón es algo al alcance.
En cuanto a la organización de la carrera empecemos por la parte positiva…
Se trata de una carrera excelentemente organizada, la mejor de las que he corrido sin lugar a dudas. No hubo que esperar por el dorsal ni en el ropero. La bolsa es más que correcta para lo que hay hoy en día (camiseta técnica, camiseta cervecera –un plus y pantalón de atletismo) por sólo 14 pavos. ¡ah, la medalla te la dan antes de correr. Además hay cena de pasta y fruta incluida en el precio para corredor y acompañante. A la llegada te dan el agua y la bebida isotónica habituales, bocata, refresco y, atención señores ¡¡un cervezón como un cortijo!! ¡¡Sí, el sueño hecho realidad!! Una cerveza nada más terminar, ahí, antes de recoger la ropa del ropero. Esto sí que es atención al corredor.
Y sigamos por la negativa… el recorrido (que por lo visto va a cambiar). Siendo como es Córdoba una de las ciudades más bonitas del mundo mundial te mandan por un polígono, por las afueras…sin pasar por sitios vistosos. Vale que correr por la judería no es aconsejable (empedrado, calles estrechas…) pero de forma testimonial se podría pasar por ejemplo por el Puente Romano: una foto desde la Puerta del Puente o desde la Calahorra con un Guadalquivir cargado de agua sería uno de los mejores carteles posibles. Pasar por la Ribera (absolutamente plana), por Conde Vallellano, Paseo de la Victoria, Ronda de los Tejares, Cruz Conde, Tendillas… le daría una vistosidad que muy pocas carreras puedan tener aunque quisieran. Además la animación de las calles ayuda mucho al corredor. Afortunadamente para la edición del año que viene se quiere cambiar la salida hasta el Paseo de la Victoria, lo que le daría más vistosidad. En Segovia se pasa por el centro y se termina debajo del acueducto aparte de pasar por polígonos y barrios periféricos, pero en el centro te da un subidón que no veas pasar entre un público que te jalea.
Sé que hay condicionantes de logística, desniveles mínimos, distancias entre salida y llegada o permanencia del circuito que condicionan mucho la homologación del recorrido pero ahora que se está planteando la posibilidad de organizar un MA-RA-TÓN habría que repensarlo. Este tipo de eventos mueve mucha gente y mucha pasta en un fin de semana como para cuidar estos detalles (que son los que te hacen triunfar como prueba)  y el homenaje gastronómico posterior.

En definitiva, una carrera totalmente recomendable por la organización, el perfil y, por supuesto, la ciudad.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Sorpresas te da la vida: Media Maratón de Córdoba 2013

No pensaba competir de aquí a fin de año. Había por ahí una Media Maratón por Carabanchel a la que le había echado el ojo después de que (otra vez) se me escapase la de Moratalaz. Sin embargo uno de mis “patrocinadores” ha tenido a bien regalarme un dorsal para la Media Maratón de Córdoba que se celebra este fin de semana.

Nunca la he corrido. Ni cuando corría por Córdoba porque se me antojaba una distancia inasumible ni después por cuestiones de logística o por imposibilidad sobrevenida (que me enteraba después, vamos). Escéptico de mí porque lo más que me ha tocado ha sido una primitiva de sesenta pavos, decidimos correrla.

El recorrido es muy suave, los desniveles no son ni mucho menos prolongados. Córdoba no es una ciudad en la que haga mucho viento  al estar abrigada por Sierra Morena. Si llueve suele venir por el oeste, una lluvia “cálida” por venir del atlántico.  A finales de otoño, si hace sol, es fácil que se lleguen a 15-20 de máxima. Y, qué coño, habiendo corrido en La Latina con -4ºC con viento y con los toboganes de la Casa de Campo y Aluche, la carrera parece más bien “facilona”. Entrecomillo lo de “facilona” porque no existen carreras fáciles ni difíciles sino ritmos intensos o tranquilos. Es, pues, una carrera perfecta para hacer marca, comer de puta madre y conocer una ciudad Patrimonio de la Humanidad-Pata Negra (hay un puente de hierro en Baracaldo que también lo es).

Desde el punto de vista turístico-deportivo es una carrera “panorámica”. Sin pasar por el casco histórico como la de Segovia sí que se puede apreciar una perspectiva muy amplia de la ciudad, ya que una vez pasado el Puente Nuevo (uno construido en los años 50 que sigue siendo el “Puente Nuevo” a pesar de después se construyeron tres más... pero es que era el primero que se construía desde el Puente Romano).

No ha habido, pues, preparación alguna para la carrera más que nada porque me enteré hace unos días. La semana pasada salí tres días a correr. El lunes 4:40, el miércoles 4:32 y el jueves 4:35. Ésta me la he tomado con tranquilidad por si acaso. No es que pretenda hacer una marca de relumbrón pero oportunidades o posibilidades de correr una carrera plana como ésta tengo pocas.

¿Estrategia? Mi idea es salir a 4:40 y a ver qué pasa. SI me noto con fuerzas apretaré un poco más para tratar de ir a 4:35 y en los tramos más generosos a 4:30. Quiero estar en torno a 1:36-1:37.

El lunes tocó carrera a mediodía.  Suave porque el instinto me hace regularme en esta semana previa a la carrera. Suave porque estaba también pendiente de las cimas de la sierra recién nevadas. Y suave porque tampoco tenía mucha prisa por volver; al fin y al cabo la diferencia entre meterle caña y tomárselo con tranquilidad no suele superar los tres minutos. 4:50 de media, más rápido de lo que esperaba pero mucho más lento que los ritmos de la semana pasada.


Entre tanto, el martes tocó Pilates, el miércoles probé qué era eso del Body Combat y ayer me metí en spinning en la búsqueda de la perfección cruzada. La primera impresión es que el Pilates es más útil para el “running”; sin embargo el BC es más útil para el coco; al fin y al cabo somos mucho de “visualizar” o, como dirían en “Los Serrano”, de “sodomizar”. Y es que una hostia bien dada al aire te tiene que quitar toda la mala leche que te sube durante el día. ¿El spinning? es útil para el glúteo/piramidal, pero teniendo en cuenta que hago casi una hora en bici de verdad desplazándome por Madrid su aportación marginal es claramente decreciente. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Dónde está mi queso?

A finales del siglo pasado (qué viejuna suena esta frase) se puso de moda un libro de autoayuda llamado “¿Dónde está mi queso?” que seguro que conocéis la mayoría. Básicamente de lo que trataba era de una fábula en la que unos ratones vivían de puta madre porque tenían todo el queso que querían gracias a unos investigadores que se lo proporcionaban a discreción. Sin embargo, un buen día, deciden putearlos y quitarles el queso. Los ratones, hambrientos, tienen que buscarse la vida para conseguir un nuevo queso u otra alimento aún mejor. Lo que era un puteo puro y duro se les presentaba como una oportunidad… joder, sí que es actual el puto libro… vivíamos felices con nuestro queso sin molestar a nadie; de repente alguien decide que hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades” y nos quita el queso diciéndonos que es bueno para nosotros porque así tenemos un incentivo para progresar y realizarnos buscándonos la vida. Todo ello, adornado con un pizca de filosofía zen que nos dice que en chino mandarían las palabras “crisis” y “oportunidad” significan lo mismo y voilá, moto vendida.

Menuda chapa… me he ido por los cerros de Úbeda para hablar de los nuevos recorridos que estoy encontrando para correr por Las Tablas, Sanchinarro o Fuencarral. Acostumbrado al Flor de Esgueva de los parques de Hortaleza y Barajas con sus recorridos de más de 20-25 kms sin salir de parques ni repetir por ninguno y con una accesibilidad prácticamente inmediata, correr por esta zona se antoja más Philadelphia, El Caserío o queso de Burgos, que dan el pego pero poco más.

La búsqueda del parque perfecto me ha hecho descubrir el queso de bola  Pilates. Sí, lo sé, desde fuera suena menos varonil que los grandes éxitos de Miguel Bosé interpretados por Ana Torroja. Desde el más absoluto desconocimiento parece que entra más dentro de la categoría “juego” o incluso “baile” que ejercicio, pero qué va. Es tan cañero como uno quiere (más bien puede) que lo sea; uno se pone los límites. Para empezar hicimos unos ejercicios de tonificación/estiramiento del tren inferior. Coño, que sentía cómo ese piramidal que me castiga se dejaba domeñar (qué ganas de utilizar esta palabra) pasando de rugir a maullar tiernamente. Luego lumbares, los sufridores de tanto impacto tras muchos kilómetros de carrera. Joder, que se queda bien y todo. Finalmente abdominales… tan intensos como largos. Entre saludos al sol, flores de loto y posturitas de pequeño saltamontes se me pasó rapidísima la clase. “¿Alguno se queda a Combat?” preguntó la monitora. Y la presupuestación a medio terminar, manda huevos.

Tarareando “Seré tu amante bandido, bandido… huracán, huracán abatido” me fui al vestuario volando; eso sí, mentalmente, que luego se le cae a uno la pastilla de jabón y no veas.  Volviendo en bici al trabajo se me escapaba un “El corazón que a Triana va nunca volverá Sevilla con qué pasión te enamorará y te embrujará… Sevilla… bandido ¡ay!¡ Muero yo por ti! Tu paloma fui…”

Al hacer mínimo 17 kms en bici saboreando una rica torta del Casar también estoy notando cómo los cuádriceps están más fuertes y torneados o que el piramidal se me carga menos como consecuencia de una mayor tonificación del glúteo.

Y es que siempre hay que tratar de ver el lado bueno de la vida sin perder nunca el sentido crítico. Adaptarse o morir, darwinismo en estado puro.

Deportivamente llevo dos entrenos saliéndome, y es que una revisión médica me ha confirmado que cardiacamente estoy hecho un toro. Será que "sodomizo", será que el pilates ha sido mano de santo, el caso es que dos días seguidos me han salido 10 kms a 4:32 y 4:35, esta última reteniéndome al principio. La semana que viene más, que hay novedades.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Esos grandes amaneceres de otoño...

Revisando mis entradas pendientes me he dado cuenta de que me dejé ésta en el tintero... y no quisiera por lo bien que lo pasé; es de hace un par de semana. Espero que os guste como yo la disfruté...

A unas horas intempestivas para el nuevo horario salí a rodar para despedirme de mis rodajes riazanos hasta la próxima. Fiándome de la previsión (soleado, con una mínima de ocho grados) me fui con unas mallas, camiseta de manga corta y otra de manga larga “por si acaso”.  Y pasé más frío que pelando nabos (los nabos se recogen en diciembre).

Eran las 07:40 (de la nueva hora) cuando empecé a correr. Hacía un frío de cojones y lo que debía ser el rocío estaba helado por mor de la temperatura. El sol se vislumbraba allá por el Pico del Lobo con un rojo intenso que prometía un día claro. Con dirección norte me dirigí hacia Riofrío. Un viento del sur, enfriado por la sierra, me daba en la cara y en las manos y se me encogían como pocas veces.

EL sol aún no terminaba de asomarse y por tanto seguía en penumbra hasta que di la vuelta poco antes de llegar a Riofrío. Una vez que doy la vuelta y miro hacia delante veo una mancha blanca brillante. ¿Acaso se ha levantado bruma en la llanura castellana? Desde el cruce con la carretera de La Pinilla se puede comprender en toda su extensión el dicho “ancha es Castilla”, abarcando la vista tierras de Segovia, Burgos, Soria o Guadalajara. Toda ella tenía un blanco intensísimo. Conforme iba bajando, con el sol proyectando ya mi sombra a una gran distancia, fui comprendiendo lo que pasaba: era la helada la que hacía refulgir la luz del sol que recién salía. Por minutos este blanco se iba desvaneciendo hasta desaparecer. La humedad pasaba ahora a mostrar unos colores intensísimos a los campos amarillos, marrones o verdes que se sucedían.

Por medio de un robledal que se resiste a perder sus hojas en este otoño tardío pasé al lado de un prado aún en penumbra pero sobre el que en ese momento empezaba a dar el sol. Unos caballos pacían tranquilamente y la luz empezaba a reflejarse con fuerza sobre el hielo sobreexponiendo la imagen hasta tal punto que los árboles y los caballos eran meras sombras.
Andaba flipado con lo que venía viendo. Una de mis aficiones es la fotografía, como sabéis, y una mañana como la de ayer te proporciona muchas ocasiones de hacer esa foto perfecta. Eso sí, hay que madrugar, tener paciencia y experimentar con filtros y contrastes extremos de luminosidad. Como decía Picasso “la inspiración existe; el único problema es que te tiene que pillar trabajando”.

Con el flipe los ritmos se aceleraron; de un 5:00-5:10 inicial me fui progresivamente hasta los 4:40-4:30 con los que terminé. Aún no eran las nueve, hora de apertura de la carnicería, y estuve haciendo algún kilómetro de más hasta esa hora. Cuarto de lechazo al morral y para el horno, que también nos teníamos que despedir gastronómicamente en forma de lechazo.


A las 09:15 estaba de vuelta a casa, con el rodaje y compra hechos (es lo que tiene el cambio horario). Un día de 25 horas, todo un regalo.