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jueves, 22 de diciembre de 2016

Media Maratón Villaverde, mi crónica

Hacía tres años que no competía ninguna Media Maratón; parece mentira pero no me había apuntado desde noviembre de 2013. Correr esa distancia muchas veces, pero ponerme un dorsal no. Y eso que me lo regalaron.. Por eso tenía una MMP de 1:33 en Córdoba que sabía que podía estar un poco desactualizada.

Hace tres de semanas me hablaron de esta carrera. Ni bonita ni fea, una media de las tradicionales de Madrid. Poca gente (en Madrid 2.000 inscritos son pocos), precio apañado (12,5 lebros) y recogida de dorsales el día de la carrera, que facilita la logística.

Los compañeros de la Panda se apuntaron en masa a la carrera y eso me animó a apuntarme.

No tenía expectativas de tiempo, ni objetivos. Sólo las ganas de quitarme la carbonilla y ver cómo iba en media maratón. Sabía que podía estar en torno a 1:30-1:32 pero había que ver cómo se daba todo.



Con tanta gente es fácil encontrar a alguien que vaya a un ritmo parecido y Roberto iba a bajar de 1:32. Nos colocamos juntos y a  con el "Blanco y Negro" de Barricada se da la salida ¿seguro que ésa es la mejor canción de Barricada? De entrada en el "Rojo" hay tres ó cuatro canciones mejores. En fin, ésa es la que eligieron.

Salimos cuesta abajo. Cada vez me gustan más las salidas cuesta abajo... te ponen a toda velocidad en nada. Como Villaverde no es cuqui no hay postureo apenas y las cuquirunners del Telva ni se les ve ni se les espera.

Un cálculo rápido nos lleva a pensar en llegar en 41:00-42:00 el primer 10k. Después de un tramo corto por asfalto, nos metemos en el Parque Lineal del Manzanares por donde transcurre casi toda la carrera. Y ése es el principal hándicap que le encuentro a esta carrera.

Una carrera por un parque no mola. Pistas de cemento, caminos, barro, muchos giros que hacen que pierdas el tiempo que por perfil pareces ganar. Aparte que había alguna zona con algo de hielo o resbaladiza por las hojas que hay en otoño.

Los primeros kilómetros por debajo de 4:00. Bien.... haciendo saco porque la segunda parte es peor que la primera. Vamos clavando los kilómetros... qué pasada correr con alguien que va a tu ritmo y que te clava los parciales como tú se los clavas a él. En seguida nos juntamos con otros dos corredores que llevaban ritmo parecido y con quienes fuimos casi toda la carrera. 4:01-4:10-4:07:4:04... clavados. El 1:30 se percibe como algo posible pero voy forzado. Primer cinco mil 20:01, segundo 20:42... es decir, primer 10k en 40:43... tercera MMP y sólo quedaban 11k.

Justo delante nuestra las dos primeras chicas... es un espéctaculo ver cómo se controlan.

Tres kilómetros seguidos a 4:11 me acercan al objetivo... pero me noto forzado. Le digo a Rober que tire, que va un pelín mejor que yo pero continúa... 4:19-4:23... parece que peligra el 1:30 pero no el 1:32. Contemporizo. Tiro de oficio. Bajo de ritmo y tiro de saco acumulado. En las cuestas abajo trato de meterle cadencia acercándome a 180 pasos por minuto tal y como me dijo Javi sin acortar la zancada.

Después de algo más de 15 km en el parque salimos a Villaverde. En el km15 llevo justo 1:02... me quedan 28:00 para hacer 6 km... ¡¡sí se puede!! si consigo ir a 4:20.


Rober se aleja, bueno, me quedo atrás. La sucesión de cuestas me hace alternar kms con 4:11 con 4:34, 4:12 con 4:37 ¡¡estoy en el 19 y veo un 1:19 en el peluco!!


El oficio y la competitividad de mi oficio me hacen acelerar. Los últimos kilómetros se me dan bien... o no tan mal como a muchos. Suelo adelantar a gente. Me quedan fuerzas para acelerar. 4:09 en el 20, adelanto a Óscar que andaba al trantrán por cosas turbias (no, es broma) y me grita ¡¡vas por debajo de 1:30 aprietaaa!" Y aprieto. Me vengo arriba por Villaverde. Poca gente por la calle pero es que hace un frío de cojones el Puente de la Purísima (eso sí, el Carreful petao). Me queda la última recta que es una cuesta de cojones. Veo dos arcos al final y digo ya está hecho. Choco una manita sin fuerzas, que nunca digo no a chocar una manita.

Llego al segundo arco y, sorpresa, ahí no termina... curva a derecha y recta... unos 50 metros. Esto sí que está hecho ¡¡1:29:33!! Sí!!!

Conclusiones:

  • Qué gusto da correr con gente que sabe correr y que te marca los ritmos. Y a la inversa.
  • Qué gusto da correr una carrera sin cuquirunners deseos@s de colgar en el Instagram su outfit recién estrenado en la línea de salida.
  • Qué bien sientan unas Mahous con ración de oreja después de una carrera.
¿Próximo reto? MAPOMA17 mediante, alguna media, algún trail, quién sabe. Mientras tanto disfrutando del correr (cuquirunners del mundo... atención correr=running en castellano antiguo) solo o acompañado. Hasta que se seque el Malecón.

jueves, 11 de agosto de 2016

Carrera Norte-Sur, crónica de una MMP anunciada

A pesar de que han pasado casi dos meses, publico la crónica de una carrera en la que me permití el lujo de correr con la casi certeza de hacer marca.

La Carrera Liberty me dejó un sabor agridulce. A pesar de que la marca fue muy buena para mí (41:09), me quedé la sensación de que podía haberlo hecho mejor. El hecho de tener que parar un par de veces y a pesar de ello hacer un 41:00 me dejó con la sensación de que a poco que se me hubiese dado mejor hubiera bajado (o acercarme) a 40:00 en un recorrido muy exigente.

Así que una semana después me apunté a la carrera Norte-Sur, el 17 de Junio. Para los que no conozcáis Madrid os cuento la orografía de la capital…  en el Norte tenemos el Sistema Central. En el Sur tenemos el Manzanares. Más al Sur, ese rabito que tiene el mapa, está el Tajo a su paso por Aranjuez. Por tanto, es cuesta abajo de Norte a Sur.

Entre Plaza de Castilla (720 msnm) y el Manzanares (aprox 630msnm)  hay casi 100 metros de desnivel. Por cierto, off topic al canto ¿sabéis a que altura está el “Angel Caído” del Retiro? Sí, interpolad y os saldrá 666.

Todas las carreras en Madrid tienen la misma “mala sombra”, que hay muchas cuestas. Por tanto, y haciendo de la necesidad virtud ¿por qué no una carrera cuesta abajo? SI además es homologada para los marquistas mejor. O darse el gusto de correr rápido, que no es tan fácil cuesta abajo.

Ésta es una de las carreras marcadas en rojo para hacer “mínima” para la San Silvestre, así que pese a estar en Junio la afluencia es masiva.

Salida desde Mateo Inurria (escultor cordobés, dicho sea de paso), en Plaza de Castilla. Madrid no es tan grande, es decir, en diez kilómetros entras y casi sales. Transversalmente seguro. El truco para que salgan diez kilómetros sin apenas cuestas está en meter zigzags.

Frío para ser Junio y gente que lo de los cajones se lo pasa por los cojones, no sé si por manía o exceso de amor propio… correr de la manita puede sonar muy romántico sobre todo en las primeras fases del apareamiento pero en un cajón de sub40 ó sub38 es cuanto menos temerario por la cantidad de búfalos que van a salir en estampida a 3:30.

Mi idea era bajar de 39:00. Y como no sé correr diezmiles voy en plan cholista kilómetro a kilómetro. Tengo que ir ganando seis segundos a diez parciales de cuatro (Botín decía que "lo que no son cuentas son cuentos"). Y me pongo en el cajón de sub40. No me atrevo con el sub38.

El primero, con las aglomeraciones, me sale a 3:54. Bien empiezo bien. Nos metemos en el Madrid señorial (Pío XII, Serrano...) siempre por debajo de 4:00 y haciendo saco. Oír el pulsómetro y ver parciales por debajo de 4:00 mola. Los pequeños repechos estabilizan el ritmo. 19:20 el km5 y no me hidrato. Veo en lontananza el globo de 38:00. ¿Y si sí?..

Pasar por la Biblioteca Nacional, Museo Arqueológico. Plaza de la Independencia/Puerta de Alcalá a esas horas es un lujo. Y mola ir rápido. Kilómetros a 3:30-3:35...  Puedo ver con nitidez el 38' Por la Cuesta de Moyano acelero... voy por debajo de 3:15 SEGURO... el globo de los 38:00 sigue ahí y ya sólo queda girar, subir por Recoletos... mantengo el ritmo. Esa subida se hace dura porque voy al límite. Adelanto a muchos... los metros finales siempre se me dan bien. No veo los números del cronómetro pero sé que bajo holgadamente de 39:00, y de 38:30. Aprieto...

¡¡38:15!! Según se desarrolló la carrera me doy cuenta de que podía haber bajado de 38:00... pero la estrategia era bajar de 39:00. Otra cosa es que el saco de segundos de salir con esta estrategia me hubiese permitido encarar los 38:00. Otro año lo intento. La idea no era tener mejor o peor marca... si así fuera competiría más y me entrenaría más metódicamente. Pero que va... la idea es correr por correr y tapar bocas, que no veas cómo se vienen arriba los runners de oficina neófitos. Bocachanclismo en estado puro.

Conclusiones:

  • Quien diga que correr cuesta abajo es fácil no dice la verdad. O no sabe correr. Correr cuesta abajo es más rápido, pero no fácil. Precisamente porque es rápido te flipas. Te dejas llevar por la manada. Te pones a unos ritmos estratosféricos pero que no puedes mantener ni aeróbica ni muscularmente. Evidentemente te salen mejores marcas... un minuto y medio es mucho tiempo. Pero hay que correr regulándote muy bien porque la posibilidad de petar está ahí. Y, qué coño, tampoco estamos acostumbrados a un perfil tan bueno.
  • El salto de calidad que doy en cada carrera me hizo correr el domingo pasado 15k a 4:27... a nivel del mar... sin darlo todo... ¿estaré para bajar de 01:30 en media maratón? A ver cómo estamos a la vuelta de las vacaciones.
  • 10.000.... distancia que sigue sin gustarme y que no preparo pero que se me da bien. Demasiado bien diría para lo que lo preparo. ¿Llegará a gustarme algún día?
  • 38:00... mínima para la San Silvestre Internacional y tener la posibilidad de correr con todas las bestias pardas

miércoles, 25 de mayo de 2016

Carrera Liberty 2016, mi crónica

No tenía pensado correr esta carrera. Ésta ni ninguna otra. No tenía ganas de competir desde MAPOMA (tengo pendiente una crónica). Pero hace 3-4 semanas un amigo me ofreció un dorsal de gañote sin ser fotocopiado ni robado de wallapop… una empresa se lo ofreció para sus conocidos.

Y, claro, como para tantas otras cosas, a un dorsal no se le puede decir que no. Bien sea por superstición o por premonición, el caso es que cuando a un corredor le ofreces un dorsal lo deja todo y va. Da igual que sólo cueste diez euros, lo importante es el detalle.

Después del “maratón blues” la vuelta a los entrenos ha sido progresiva. Lenta. Con pocos kilómetros. Sin llegar a la velocidad de crucero de 40-50 kms semanales. Sin rodajes o de poca distancia (15 kms). Y de velocidad, poquita. Hay que oxigenar.

Con este bagaje me presenté el domingo al lado del Palacio de los Deportes. Odio los apellidos comerciales de sitios tan emblemáticos con nombres comerciales. Joder “Palacio de los Deportes” es ya de por sí un nombre mítico y evocador que nada tiene que ver con la mierda ésa del “Barclaycard Center”. ¿Os imagináis dentro de veinte años discutiendo sobre qué concierto fue mejor si el de Estopa en el BC Center o el de Manolo García en el CukiMonster Center o el de Auryn en el Chupiguay Center? En fin, todo por el “branding”.

Mis sensaciones y mi idea era hacer en torno a 42:00-43:00. Perfil exigente con cinco kilómetros de subida tendida desde Cibeles al Bernabéu ¿premonición de algo grande el sábado?, sensaciones de semanas anteriores… me invitaban a ser prudente.

Sin dilaciones me meten el cajón de sub40 “porque tú lo vales” me dicen los compañeros. Y allí que me pongo con morlacos de estos que salen en estampida como ñúes. El cajón, sorprendentemente, se respetaba a pesar de no tener ningún control… parece que algo estamos madurando.

Perfil de la carrera


Pistoletazo de salida y estampida. Salida muy rápida… joder, en el cajón en el que estaba como para no… Goya es una calle ancha. Alcalá también… y cuesta abajo. Me dejo llevar por la cuesta abajo y la manada. ¿Rápido? Rapidísimo. Primer kilómetro 3:30. Segundo 3:40. Oh, oh… algo falla. No puedo ir tan rápido. No puedo venirme arriba. El correr no son matemáticas, en un sentimiento como el Atleti, pero algo de planificación hay que tener porque las consecuencias se pagan. En el km3, a la altura de Colón, noto que no voy tan bien. Voy al 100%. Aún así sigo por debajo de 4:00. Conscientemente bajo el ritmo… en el 4 el flato hace acto de presencia... me tengo que parar 15-20 segundos a la altura del Museo de Ciencias. ¿Sigo o no sigo? Joder, todavía por debajo de 20:00, “vamos Jose.. no estamos para 40:00 pero sí para 42:00” Sólo quedaban 6. 20:15 en el km5 y ya se vislumbra el Bernabéu. A 4:15-4:20 iba bien. A pesar de notarme mal notaba como adelantaba a muchos corredores. La cuesta de Concha Espina… matadora pero la supero con una dignidad que no me la esperaba.

Ya en Príncipe de Vergara casi todo es cuesta abajo. Pero en la única subida otra vez... el flato. Esta vez ando 20-30 segundos. Consigo sacar la energía de reserva como el Terminator y me pongo en marcha. Llevo 30:30 en algo menos de 7,5 kms. Me queda claro que no voy a bajar de 40:00 pero los 42:00 están ahí a huevo. Plas, plas… 4:10 el 8, 3:54 el 9 y 3:50 el 10, esprintando y todo durante 500 metros. Tiempo total 41:09.


La carrera me dejó un sabor agridulce. Por un lado hice mejor marca de lo que esperaba (41:09 frente a 42:00) con un circuito exigente en el que otras veces había hecho 41:50. Pero por otro el hecho de tener que parar un par de veces me dio un poco de rabia… quién sabe si me hubiera regulado un poco mejor hubiese bajado de 41:00. En fin… que no hay que comerse la olla… un marcón (para mí) en una carrera exigente. Lo mejor de todo las dos cañas de después, a las 10:00 AM. Y es que pocos sitios como una cervecería tradicional de Madrid para tomar una Mahou canónica.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Carrera BBVA 2014

No soy muy de carreras de 10.000, se me hacen muy estresantes. Entre que tienes que llegar con tiempo para colocarte bien y que debes andar sorteando a los que se ponen delante sin hacerle ni puto caso a los carteles/cajones uno termina dicendo “nunca mais” hasta la siguiente.

Pero el domingo hice una excepción con la carrera BBVA. Una carrera totalmente solidaria, que discurre por Castellana y Recoletos y la posibilidad (nada desdeñable) de tapar alguna boca que se había apuntado.

El sábado estuvimos en una exposición de Ibáñez con los enanos en el Círculo de Bellas Artes donde nos quedamos alucinados con la cantidad de peña que estaba haciendo cola para hacer cola por subir en un ascensor a ver las vistas desde la terraza y tomarse algo (si se podía porque estaba petado). Y es que la terraza del Círculo se ha puesto de moda, con un bar muy cuqui. Las vistas, por lo que se ve en las cuquirevistas o en los blogs de las cebs como diría mi coach, tienen que ser chulas. Pero pasar más frío que pelando nabos cuando está ahí todo el año… en fin, somos gregarios para esto y para las carreras también. Después hamburguesón en el Hard Rock, donde se nos olvida de un año para otro el descomunal tamaño de sus nachos (joder, otra vez estoy salivando) pero no lo buenos que están.

Amaneció un día muy frío (en Diciembre), helado. Descarté la opción de ir en bici porque podría llegar arrecido e iba a estar más tiempo buscando el ropero que yendo vestido de faena en metro (tres paradas).

No tenía un objetivo de tiempo, tan sólo una referencia, 42:13, de mi último 10k de Octubre (CSIC) con un recorrido prácticamente calcado (3 kms de bajada, 5kms de subida y otros 2kms de bajada). No hago series, por tanto no sé cuál es mi “ritmo de competición” aunque lo puedo intuir. Pensaba ir a 4:00-4:05 en las bajadas y a 4:20-4:25 en las subidas. Con un viento de cola y una salida rápida a pesar de meter dos carreras en una (5 y 10 kms) los dos primeros kilómetros fui a 4:01. En manada llegamos casi hasta Cibeles (nos vemos en Mayo, diosa mía, pero respeta a mi Córdoba en Enero) donde después de un giro empezamos a subir.

Al principio la subida es suave (si has corrido por el monte, Castellana es suave) pero poco a poco se iba dejando notar. Y es que cuesta abajo todos sabemos correr pero cuando nos damos la vuelta es cuesta arriba y hay que subirla. Además el viento fresco actuaba de freno. Con precisión de martillo pilón el 4º lo hago a 4:23 y el quinto (no hay quinto malo) a 4:22. El reguero de adelantados al principio es lento pero constante pero ya a la altura del ABC de Serrano noto que voy muy bien… de tiempo. El sexto, 4:14. Iba bien de tiempo, 25:11, veinte segundos menos que mi referencia. Veo el “obelisco” de Plaza Castilla a lo lejos, veo la figura de la pezuña de la bestia (qué clarividencia tuvo Álex de la Iglesia al elegir la sede de Bankia como imagen de su peli) y pienso que ya está… sí, sí, los cojones. Me quedaban dos kilómetros, que andaba todavía por el Bernabéu.

El kilómetro 7 para mí siempre es el peor en un 10.000. Se me hace eterno porque todavía te queda un mundo para terminar, vas al tope de tu ritmo y piensas que no puedes. Además la cara la nota tiesa como un ajo con el vientecito serrano que nos baja desde Peñalara con amor. Pero es todo psicológico. Llego a Cuzco en 4:26 y aún me queda colchón de mejora. Vamos ya de uno en uno y ahora sí, estoy llegando a Plaza de Castilla con el mejor árbol de Navidad del Mundo, todo rojo y con una “M” de Mahou que se te hace la boca agua a pesar del frío y de la hora. Vuelta al ruedo donde hago mi peor kilómetro en 4:32 y ya estoy diez segundos por encima de mi tiempo objetivo.

Llegando a Plaza de Castilla para dar la vuelta...

Los corredores de 5 kms se entremezclan con nosotros y acelero... viento de cola, meta a la vista, sólo diez segundos que recuperar  y diferencia de ritmos brutales… me dejo llevar, alargo la zancada y mantengo las pulsaciones en unas increíbles 166 ppm y el pulsómetro quejándose más que Neymar. ¡¡3:53!! En el 9… ahora estoy justo con el mismo tiempo que había tomado como referencia. Aprieto más, “from lost to the river”, sigo adelantando a gente pero pocos. 100 últimos metros, esprinto porque veo un 41:30 en el cronómetro que me pone pimpón y termino con un ¡¡41:39!! MMP a la buchaca, último kilómetro en 3:37, mi mejor kilómetro de siempre. Entro con un “¡toma!” al estilo Nadal porque le he pegado un bocado de 14 segundos a mi MMP.

Puesto 246 absoluto (de 5.346) y 137 de mi categoría, todo un percentil 95 (si bien pienso que la distribución se asemeja más a la ballena que a la normal, pero eso son pajas mentales de mi retorcida mente; rarito que es uno, que le gusta la econometría).


En conclusión…

Si me tomara en serio las series.. corrijo, si hiciera series ser un sub40 lo tendría ahí cerca. Este recorrido es duro, pero si en cinco kilómetros de subida constante, con aire en contra y con un desnivel de unos 150 metros, mantengo una velocidad implacablemente constante de 4:23 es que hay materia prima (no tengo abuela); si puedo hacer un último kilómetro por debajo de 3:40 es que sé regularme.

Más allá… en media maratón tengo 1:33, también muy regular en todo el trayecto.

Con estas referencias tendría que ser un 3:25-3:30 en maratón y no  un 3:51. Pero falla quizás esa preparación específica de series. El lado más analítico y racional me pide que las incluya pero el más pasional y vitalista me dice que las mande a tomar por culo. De momento gana el vitalista porque el racional es un tocapelotas de cojones y termina diciendo que “un récord sólo sirve para batirlo”. Pues a disfrutar de las carreras.

lunes, 20 de octubre de 2014

Carrera CISIC 2014, crónica

Al final la disputé. Salvo lesión compromisos con alguien, no conozco a ningún corredor que no salga a disputar ninguna carrera. Ni siquiera en ese “Medio Maratón a ritmo de Maratón” que se aconseja correr 3-4 semanas antes que al final nos dejamos llevar por el ambiente/euforia/dorsal/manada. Joder ¿no os suena a eso de “venga, la última y nos vamos” y terminar seis horas después haciendo la coreo de “Paquito el Chocolatero”, una conga o similar?

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas pero es una gilipollez. No son buenas si no te va bien pero si te va bien por supuesto que son buenas; que se lo digan a Ramos y a su minuto 93. Mi segunda participación en esta carrera la califico como de muy buena. Y eso que no hice MMP (41:53) pero cuando corres más rápido de lo que piensas te quedas la sensación de haber triunfado.

Esta vez me tocó recoger el dorsal cerca de la entrada del CSIC (no del Ramiro) y pasé por la Residencia de Estudiantes; menudo sitio con pedigrí por donde pasó lo más ilustre de la Cultura Española de los siglos XIX y XX  (Lorca, Dalí, Unamuno, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Alberti…).

No fui a rodar pero fui rodando…en bici. Con 6-7 kms desde casa ésta era, en mi opinión, la mejor opción. 20 minutos, sin transbordos ni espera y aparcamiento en la puerta. En pleno veranillo del membrillo un poco de aire fresco en la cara a esas horas se agradece.

Muchos corredores habituales, de esos que se apuntan por costumbre desde hace años y se conocen el exigente recorrido e instruyen a sus Paddawan: “no te flipes con la bajada” se oye sin parar.

La salida es rápida y limpia, y es que un una calle de cuatro ó cinco carriles como Serrano no puede ser de otra forma. Como siempre, hay que esquivar a mucha gente mal colocada pero se hace sin problemas.

Mi idea original, bajar de 43:00, suponía bajar de 4:10 en los tramos de bajada y aguantar a 4:30 en las subidas porque llano, lo que se dice llano, en esta carrera poco. Los tres primeros kilómetros los clavo a 4:08 (frente a 3:53 en 2012) pero me encuentro bien de pulsaciones. En Recoletos giramos para llegar hasta Colón en una subida que todavía no se nota. Justo a partir de Colón la subida ya empieza notarse en forma de ritmos (me voy a 4.20). En esos momentos tiro de oficio o, más bien, el oficio tira de mí… 4:21, 4:22, 4:26 del 4 al 6 y empiezo a adelantar a más corredores de los que me adelantan. En el Bernabéu me vengo arriba y paso a 4:16… sólo me queda un repecho en Alberto Alcocer y sigo aligerando: 4:09. Me encuentro bien y en los dos últimos kilómetros acelero: 3:59 y 3:53!! Al final 42:14, puesto 357 de más de 7.000. Pues menos mal que no iba a disputarla pero es que la segunda parte se me ha dado de puta madre; de hecho hice el mismo tiempo en los primeros cinco que en los siguientes, 21:07, precisión suiza travestida de cordobesa.


Aunque resulte paradójico, los diezmiles se me siguen haciendo largos que un maratón. Tienes que salir enchufado, andar pendiente de los ritmos, de los demás corredores y dándolo todo desde el principio. Nada (o casi nada) de regularte, sólo lo mínimo para no petar en esos fatídicos kilómetros del 6 al 8. En esta carrera, al menos, se corre muy bien y cómodo por lo ancho del trazado y la experiencia de los corredores. ¿Seguiré corriendo diezmiles? Probablemente, aunque sólo he corrido seis. Además en éste la chispa de la vida me regaló el dorsal y, como dice Javi, a un dorsal no hay que hacerle un feo. Y es que sigo sin ver eso de levantarse a las siete para correr sólo diez kilómetros. Eso sí, el empujón que se le da a la autoestima entrando en un selecto percentil 95 no tiene precio. Sigo siendo un manta; siempre lo seré. Sigo sin hacer series y no creo que las haga al correr más por sensaciones que por objetivos. Si hago MMP estupendo, si no la hago pues también. Por otra parte lo tengo difícil si me apunto a una carrera cada dos años y, como en este caso, seis días antes.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Media Maratón de Córdoba 2013, la crónica

Tal y como os comenté la semana pasada, uno de mis patrocinadores tuvo a bien obsequiarme con un dorsal para la Media de Córdoba. Una marca de bebidas norteamericana que serigrafía multitud de nombres en sus latas me preguntó si quería correr y contesté sin más y sin mucha esperanza de correrla. Total, quedaban dos ó tres semanas.

Sin embargo, oh, sorpresa, me dijeron que había sido agraciado con un dorsal. Era una buena señal, había que hacerle caso a los astros y correrla.

Con tan poco tiempo de antelación tampoco cabía prepararse nada; voy a pelo. Mis amigos de Córdoba no corrían, no iba a ir con nadie conocido.
EL día de antes, celebración familiar y yo con dieta especial. Especial porque tenía todo lo que me gustaba: panceta, chorizo, Mahou clásica…. Total, proteínas, lípidos y carbohidratos para una carrera con frío.

La carrera empezaba a las diez de la mañana, cuando el sol empieza a desperezarse (que no a calentar porque la temperatura rondaba los 6-7ºC). Con “sólo” 4.000 inscritos (pocos para una carrera en Madrid, muchos en Córdoba), la salida fue rápida y sin muchas aglomeraciones. Mi idea al principio era dejarme llevar, a ver cómo me encontraba y decidir sobre la marcha qué ritmo llevar.

Con un perfil netamente descendente (no hay grandes cuestas en Córdoba), dejándome llevar por el Parque Cruz Conde, Avenida del Aeropuerto (en Córdoba somos así, no tenemos aeropuerto comercial pero tenemos avenidas del aeropuerto, la ONCE está en “Vistalegre” y el cementerio es de “Nuestra Señora de la Salud”), Conde Vallellano, Puente Nuevo y Avenida de Granada, en los tres primeros kilómetros “volé” a 4:15 y 4:11. Tocaba girar y dirigirnos hasta el Arenal, a la espalda del Arcángel. Con unas pulsaciones controladas (como un reloj entre 152-153ppm, de un máximo de 155ppm), los kilómetros se iban sucediendo con unos ritmos sostenidos y regulando. Con un ritmo de 4:35 en mente, el saco se iba llenando progresivamente sin necesidad de recurrir a él en ningún momento. Los kilómetros se sucedían entre polígonos. La subida hasta Carlos III hace que tenga que bajar un poco el ritmo. Sin embargo noto que voy mejor que los demás. Se trata de una subida de 1,5 kms o así muy suave pero que se deja notar al final. Km12, poco más de la mitad y ¡¡allí están ellos!! Mi familia al pleno, allá en las Ollerías después de una bajada en la que aprieto. Orgullo conyugal, paterno/materno filial con muchos cruces, “choca esos cinco” y p’alante. Cruzando el vial nos dirigimos a la Avenida del Brillante, la peor parte en  mi opinión. Es una subida sostenida de alrededor de 1,5 kms que se me hacen más largos de lo esperado. De hecho son los dos kilómetros más lentos, ya que me salen a 4:30. No obstante cada vez adelanto a más gente y los que me adelantan son compañeros de carrera, de estos con los que vas adelantándote sucesivamente.
Km 15 último avituallamiento y ¡¡naranjas!!! De verdad, qué gran idea la de dar esta fruta. Fresca, de asimilación inmediata y semicortada en cuatro cuartos. Toca bajar por Arroyo del Moro con un viento de frente bastante frío. Entre el perfil más benigno, la naranja y que ya quedaba el último cuarto de carrera “vuelo” nuevamente, 4:18 y 4:19. “¡¡¡Jooooooooooose!!” ahí estaba el Neke, con la familia al completo, que me vio, me gritó y le devuelvo el saludo. Ni lo había visto entre las pulsaciones y la miopía. Veo que el 1:34 lo tengo prácticamente en el bolsillo y aprieto. No pensaba ni de lejos verme en ésta por lo que quedándome cuatro kilómetros aprieto. Por la carreta de Almodóvar doblamos para dirigirnos nuevamente hasta la Avenida del Aeropuerto y meternos en el Parque Cruz Conde. Mantengo en el 18 (4:24), aflojo en el siguiente en mi afán por regularme y que el lumbar no salga al hiperespacio y encaro los dos últimos kilómetros… aprieto, voy al tope de pulsaciones (por encima de 160) y recupero muchas posiciones ¡4:19! En el 20, ¡4:23! En el 21 con una subida que no termina hacia El Fontanar. Entro en la pista de atletismo y acelero... adelanto a unos cuantos que se dejan llevar y los últimos doscientos metros los hago por debajo de cuatro minutos viendo que el cronómetro está en 1:33. “¡¡Tooma!!”.
Al final 1:33:16. ¡¡MMP!! Que tampoco es mucho decir porque en carreras oficiales ésta es mi quinta Media (dos en Madrid, otra en La Latina y otra en Segovia, facilitas y planas todas por los cojones) y no son comparables. De lo que sí me encuentro satisfecho es de la capacidad para leer una carrera de esta distancia. Siendo mi rodaje tipo de 15-17 kms, media maratón es un rodaje con mucha más gente, algo más rápido y un poco más largo. Saber (como sé) apretar, reservarte, regularte… ayuda mucho. Ver cómo vas de menos a más, adelantando posiciones hace que te convenzas de que tu táctica es la adecuada. ¿Podría haber ido más rápido? Sin dudas, pero no creo que ganase más de un minuto en total sin petar. Después de unos pocos años corriendo sabes dónde puede estar el punto entre petar y darlo todo. Bueno, en el maratón nunca se sabe.
¿Capacidad de mejora? Sin lugar a dudas. Aún haciendo una carrera perfecta en términos de contemporizar y adaptar tus ritmos a la carrera, me faltan esos entrenos de calidad que tan poco me gustan. Puedo correr rápido, meterle caña, pero no consigo que me ilusionen las series. Lo que sí saco en claro es las 3:30 en un maratón es algo al alcance.
En cuanto a la organización de la carrera empecemos por la parte positiva…
Se trata de una carrera excelentemente organizada, la mejor de las que he corrido sin lugar a dudas. No hubo que esperar por el dorsal ni en el ropero. La bolsa es más que correcta para lo que hay hoy en día (camiseta técnica, camiseta cervecera –un plus y pantalón de atletismo) por sólo 14 pavos. ¡ah, la medalla te la dan antes de correr. Además hay cena de pasta y fruta incluida en el precio para corredor y acompañante. A la llegada te dan el agua y la bebida isotónica habituales, bocata, refresco y, atención señores ¡¡un cervezón como un cortijo!! ¡¡Sí, el sueño hecho realidad!! Una cerveza nada más terminar, ahí, antes de recoger la ropa del ropero. Esto sí que es atención al corredor.
Y sigamos por la negativa… el recorrido (que por lo visto va a cambiar). Siendo como es Córdoba una de las ciudades más bonitas del mundo mundial te mandan por un polígono, por las afueras…sin pasar por sitios vistosos. Vale que correr por la judería no es aconsejable (empedrado, calles estrechas…) pero de forma testimonial se podría pasar por ejemplo por el Puente Romano: una foto desde la Puerta del Puente o desde la Calahorra con un Guadalquivir cargado de agua sería uno de los mejores carteles posibles. Pasar por la Ribera (absolutamente plana), por Conde Vallellano, Paseo de la Victoria, Ronda de los Tejares, Cruz Conde, Tendillas… le daría una vistosidad que muy pocas carreras puedan tener aunque quisieran. Además la animación de las calles ayuda mucho al corredor. Afortunadamente para la edición del año que viene se quiere cambiar la salida hasta el Paseo de la Victoria, lo que le daría más vistosidad. En Segovia se pasa por el centro y se termina debajo del acueducto aparte de pasar por polígonos y barrios periféricos, pero en el centro te da un subidón que no veas pasar entre un público que te jalea.
Sé que hay condicionantes de logística, desniveles mínimos, distancias entre salida y llegada o permanencia del circuito que condicionan mucho la homologación del recorrido pero ahora que se está planteando la posibilidad de organizar un MA-RA-TÓN habría que repensarlo. Este tipo de eventos mueve mucha gente y mucha pasta en un fin de semana como para cuidar estos detalles (que son los que te hacen triunfar como prueba)  y el homenaje gastronómico posterior.

En definitiva, una carrera totalmente recomendable por la organización, el perfil y, por supuesto, la ciudad.

lunes, 25 de febrero de 2013

Crónica Media Maratón La Latina 2013


Al final el león no fue tan fiero como parecía. Ni el tiempo fue tan malo (a pesar de los 3-4 grados bajo cero no hacía apenas viento y lucía un sol espectacular) ni el recorrido me pareció tan duro como la vista del perfil hacía presagiar.



De la organización sólo puede decir que fue perfecta. Para empezar el hecho de poder recoger el dorsal sin aglomeraciones el día de la carrera supone no tener que perder una tarde en ir a recogerlo. Cuando vives al lado a lo mejor no supone un problema, pero cuando vives a 30 kms puede ser un engorro.

Que en cinco minutos, además, puedas consultar tu dorsal, recogerlo y soltar la bolsa en el ropero dice mucho a favor de la organización y de los voluntarios (estos sí que pasaban frío, a la sombra y de pie desde las 08:00).

Dos ó tres minutos antes nos situamos en la salida, justo al lado del arco de salida. Según la organización éramos 3.000 corredores. En detalles como éste se manifiesta que la burbuja competitiva runner se está deshinchando: hace dos ó tres años no habría dorsales disponibles semanas antes.

Comienza la carrera con puntualidad y sin aglomeraciones, qué gusto. La salida es limpia, sin empujones, sin los agobiaos de siempre que piensan que van a perder una MMP por los tres segundos que pierden en la salida.

Mi estrategia a priori era la de salir ligeramente por debajo de cinco minutos para hacer un “saquito” de cara a la segunda parte de la carrera, regulándome desde el principio, que desde el km12 en adelante era todo de subida prácticamente.

Clavo los dos primeros kilómetro en 4:44 y el tercero en 4:35. La peña se flipa con las cuestas abajo y me adelantan. Que corran, que corran. En las pocas cuestas arriba de esos tramos recorto distancias. Los siguientes cuatro, todavía por Aluche, los hago a 4:34. Ahora sí que me noto rápido, y las molestias del glúteo apenas se manifiestan ¿será psisomático? En ese momento dejamos Aluche y nos metemos en la Casa de Campo por el Parque de Atracciones, pasándome factura la cuesta de acceso por debajo de la M-30: km8 en 4:51. El siguiente kilómetro es de subida y, sobre el papel, el más duro. Sin embargo mantengo el ritmo, 4:59 Hasta entonces llevo ya un colchón de dos minutos y medio que me hace replantearme el objetivo de tiempo: ahora voy a por el 1:40.

Correr en la Casa de Campo es una gozada sobre todo si no estás habituado. Por su multitud de caminos, paisajes y amplitud uno se olvida de que está rodeado ed carreteras y de seis millones de habitantes. Además hay más público del que imaginaba. Hasta el Lago, el punto más bajo del recorrido en el km12, hago una media de 4:39. Esto marcha, a pesar de las pulsaciones que las mantengo en 151-153 desde el km5, casi en el máximo.

Y como “siempre hay un gilipollas” en el Lago está el típico espectador aburrido con sobrepeso/gordo que le dice a su mujer “estos no tienen pinta de ganar la carrera”, ante lo cual la respuesta lógica “¡corre tú, gilipollas!” Y es que a veces hay que meterse la lengua en el culo.

En el Lago empieza lo bueno, un arreón de una cuesta arriba y empiezo a “recoger cadáveres”. La cuesta no se me hace tan pesada. El recorrido es prácticamente el mismo que el de MAPOMA a estas alturas sólo que con quince kilómetros menos. Regulándome me mantengo como un reloj: ¿Estoy acelerando? No, simplemente adelanto a más gente 4:54,4:47,4:54,4:47,4:46. Veo que la gente anda. Y esto está hecho, sólo quedan cuatro kilómetros. Estos kilómetros me ponen las pulsaciones en 158 (de un máximo de 163) pero me noto bien. La entrada a Aluche es por el Metro Casa de Campo.

Pienso en las cuestas de bajada del principio y me temo que voy a bajar el ritmo, pero ni mucho menos. Las cuestas por aquí son más tendidas. Muy prolongadas pero tendidas. Ahora sí que voy adelantando a corredores. No es que vaya excesivamente rápido, pero a esas alturas el tener ese puntito más de fuerza te hace parecer un etíope: 4:52 el 18 y ya empiezo a apretar: 4:41, 4:41 y veo a lo lejos los arcos de llegada en el polideportivo. Adelanto a mucha más gente y entro en la pista del polideportivo: no es tartán, pero da igual, acelero, la fuerza centrífuga en la curva me hace estilizarme y adoptar una posición de semiprofesional (eso quiero creer). 4:34 en el 21  y encaro el arco de llegada. Mi miopía me impide ver el tiempo pero cuando paso por debajo veo ¡¡1:39:59!! Y es NO HAY NADA QUE DÉ MÁS GUSTO QUE TODO LO ENTRA JUSTO. Tiempo neto 1:39:48, que no es que sea precisamente mi MMP, pero para cómo me había planteado la carrera es mucho mejor de lo que esperaba.

La bolsa pesa bastante: dos powerades, caldo, naranjas, glucosa… y una camiseta negra sin mangas. Porque en Aluche, Hortaleza y Córdoba una camiseta sin mangas es una camiseta sin mangas. Conozco a muchos fantásticos que dicen “sleeveless” pero eso sigue siendo una camiseta sin mangas digna de los mejores tiempos de Rosendo. Aunque sea en la playa me la pondré si me deja mi mujer, porque, hay que reconocerlo, la camiseta es un rato macarra. Y uno no es que sea precisamente el más elegante del mundo (me gusta más ir de chándal que al teclista de los Camela).

miércoles, 2 de enero de 2013

San Silvestre Gijón 2012


Hasta ahora nunca había corrido una san Silvestre. Había corrido, sí, en San Silvestre, pero una carrera organizada como tal no me lo había planteado.

Influyó mucho que el fin de año no lo pasábamos en Madrid y que las San Silvestres de Córdoba o de Gijón tenían poco kilometraje para mi gusto (tres y seis kilómetros respectivamente). También que no soy muy amigo de pagar por correr, todo sea dicho. Pero este año tenía ganas de darle en los morros en forma de tiempo a los pseudorunners que pululan por la ofi y que se apuntan a la Vallekana para presumir luego de camiseta runner en el túnel de autolavado o, en un alarde de esfuerzo físico, en la clase de Pilates.

Hace un par de semanas habilitaron la inscripción para la Carrera de Gijón, seis kilómetros y que por lo visto es la vicedecana de las San Silvestres oficiales en España. Sólo costaba tres pavos, un precio más que razonable por correr. Además vi que había carreras para los enanos de 800 metros. Como Gijón en Diciembre no es precisamente el Caribe nos abstuvimos de decirles nada hasta un par de días antes por  la previsión del tiempo. Viendo que daban bueno se lo dijimos y los apuntamos. ¡¡Uf, 800 metros!!! ¡¡Lo que nunca he corrido de mi vida!!! Pues hay que preparlos machotes. Y como Rocky III en las playas de California con Apollo Creed allá que hicimos unas pocas series en la playa que comenté en mi anterior spot. Además inspeccionamos el recorrido, viendo donde podíamos atacar a 300 metros de la llegada.


 (impagables los calcetines de rayas y la camiseta de tirantes)

A última hora el medianito decidió que no corría, que mejor se quedaba en casa viendo dibujos, y tampoco era cuestión de forzar. Nos fuimos para el Muro, con los nervios a flor de piel, un tiempo perfecto para correr (algo más de 10ºC y nada de aire) y con los últimos consejos antes de la carrera. En una decisión de la organización que no me gusta en absoluto los padres pueden acompañar a sus hijos. No me gusta porque hay padres que NO PUEDEN acompañar a sus hijos porque sus hijos corren más que ellos y no hacen sino entorpecer a los niños que van detrás de ellos. Y porque quieren inmortalizar ese momento “Carros de Fuego” con la cámara de video, al réflex, lienzo, caballete y pinturas al óleo más unas tabillas para ir esculpiendo un bajorrelieve poniendo en riesgo la integridad de todos (me extenderé en este aspecto). Antes de tiempo se da la salida y, como siempre, los más lentos se han colocado los primeros, a instancias de los padres, por supuesto. Hay que esquivar. Como los niños van “de la manita de mamá” con ocho años buscamos el pasillo lateral y nos ponemos a remontar. Hay un amago de chocar con el muro pero es una falsa alarma. Nos reponemos sin apenas bajar el ritmo, curva, contracurva y vemos la meta allá abajo tal y como habíamos inspeccionado. Pasamos un arco, otro y ¡¡¡llegamos!! Peaso de sprint de 200 metros que nos hemos marcado, “recogiendo cadáveres” desfondados. La afición enfervorizada ruge en la misma línea de meta. Lata de Acuario, chuches de regalo y para casa, que está empezando a llover y no tenemos ropa de repuesto. Tiempo final: 4:33, bueno, 4:30 porque lo paramos en la fila. Y es que los malos hábitos runners de arañar 2 ó 3 segundos por las aglomeraciones de la llegada parecen tener un trasfondo más innato que sociológico.

Mientras tanto ahora el que tiene que correr soy yo. La salida está a unos dos kilómetros y son las 16:30, tengo media hora, tiempo de sobra para ir a trote cochinero. EL cielo está ennegreciéndose, hay marea alta que vierte sus aguas sobre el muro empapando al personal que pasa por allí, lo normal al lado del Cantábrico, no sé de qué nos quejamos.

Llego con tiempo, me coloco de los primeros y con el “Paradise City” entramos en calor. Con el “Enter Sandman” se bordea el éxtasis colectivo y se da la salida. Hay mucha gente durante todo el recorrido, y se nota. A pesar de la aglomeración del principio, el primer kilómetro me sale en 4:01. La carrera se estira y hago el siguiente en 3:59 con las pulsaciones disparadas a 168. Los dos kilómetros siguientes los hago a 4:03 con algo de subida y callejeando por Gijón. Empieza a llover más intensamente. Sigo jodido de pulsaciones, ya a 175. Sin embargo, y en la Avenida de Castilla el trazado se hace más benévolo y con menos quiebros por lo que decido (más bien intento) apretar a ver si rompo la barrera sicológica de los 4min/km. La lluvia se intensifica pero no influye. Noto que adelanto a muchos más corredores de lo que me rebasan, 3:59 y 3:59. Pim-Pim. Doscientos metros más de propina al mismo ritmo, que la carrera mide algo más. Entro a 179 pulsaciones, totalmente reventado y a cuatro segundos del objetivo sobrevenido de la ruptura de los 4 min/km. Esperaba haber hecho menos de 25:00 en 6.000 metros y me quedo en 24:45 en 6.200. Bien.

¡¡Cómo mola mi pistola!! Pienso. He podido hacer seis kilómetros seguidos a 4:01. Tenía como referencia un ritmo de competición de 4:11 en Proniño y CSIC, pero éste rompe todos los límites. Es cierto que “sólo” son seis kilómetros, que el recorrido era prácticamente plano y que estábamos a nivel del mar, pero creo que si hubiese sido en un recorrido típicamente madrileño de 10.000 metros hubiese podido ir a 4:05-4:08, referencia ésta última que tomaré como marca a batir en un futuro próximo ya que ahora toca MAPOMA.

La organización de la carrera es cojonuda y hay mucho ambiente dentro y fuera de la carrera, ya que estaba lleno de público todo el trazado, algo que se agradece cuando venimos de entrenar en solitario. De la música qué puedo decir: que te pongan a Metallica en el momento de la salida hace que te salte el espíritu navideño y se salte una lágrima. EL precio cojonudo para lo que hay. Por poner una pega: te cobran un depósito de cinco pavos por el chip que luego te devuelven, pero es por poner alguna pega a una buena organización.

martes, 11 de diciembre de 2012

MMP en entrenamiento


Definitivamente me voy a pasar a las grasas saturadas. Puede ser que sean más malas que el tabaco que se mete Coentrao, pero para esto del correr son buenas no, lo siguiente.



Casualidad o no, hoy me he apretado un trozo enorme de Panetone de chocolate (“Panedoro” según la precisión de turno) cortesía del jefe y me he cascado después diez kilómetros a ¡¡4:24!!, sí, MMP en entrenos, rebajando mi anterior marca en cinco segundos, de 44:09 a 44:04. La anterior marca la hice cinco días antes de la carrera del CSIC donde hice 41:53 y me quedé a tres segundos de mi MMP oficial, por lo que a falta de ratificación oficial puedo aspirar con motivos fundados a rebajarla aún más.

Como buen español soy anárquico en la planificación y metódico en la ejecución, y es que la secuencia de los parciales ha tenido una frecuencia asombrosa:

Km
Parcial
            1
0:04:46
            2
0:04:29
            3
0:04:33
            4
0:04:03
            5
0:04:25
            6
0:04:16
            7
0:04:21
            8
0:04:23
            9
0:04:23
          10
0:04:25

He llegado, eso sí, roto. Salvo el primer kilómetro en que me he “probado” para decidir si me metía caña o iba más tranqui y el tercero en el que el perfil era cuesta arriba, el resto han estado en 4:21, y lo que es mejor desde mi punto de vista, la frecuencia (laps) ha sido asombrosamente estable teniendo en cuenta que es un recorrido urbano, con sus cuestas, sus perros y sus coches.

¿Pulsaciones? Dándolo todo, 154ppm, el 92% de mi FCmáx: 135, 143, 152, 152, 158, 159, 161, 162, 161 y 164.

Ayer, sin embargo, carrera algo más suave, a 5:00 durante nueve kilómetros y 140ppm (84% FCmax), que no tenía muchas ganas de forzar la patata.

¿Próximas carreras? Mapoma es un uno fijo, ya que París se ha caído de mi calendario. La que cobra enteros con uan fuerza inusitada es Lisboa, allá por el puente de la Constitución. Una media de quince grados, totalmente plano (increíble, pero en Lisboa se pueden sacar 42,195kms planos), a nivel del mar y una ciudad encantadora. Además se come de puta madre y la logística familiar es de lo más sencillo que puede ser con carnet de familia numerosa.. Entre medias ya se verá, puede que alguna media y algún 10.000, que este año me he salido (una media y tres diezmiles).

lunes, 22 de octubre de 2012

Carrera del CSIC 2012


Cómo me gustó la carrera del domingo. Se nota que es una de las clásicas y que está muy bien organizada. Me habían dicho que era rápida. También que era dura. Y lo cierto es que fue ambas cosas.

Rápida porque los dos kilómetros y medio primeros son de bajada. Exigente porque los cinco y medios siguientes son de una subida tendida pero constante que te obliga a regularte para no desfallecer. Los últimos kilómetros, con un perfil más bien descendente y con la mente en meta, se hacen rápidos también.

Me sorprendió que la entrega de dorsales y el chip fuese el día de la carrera, pero estando tan bien organizada no hubo que esperar apenas. Me ahorré, pues, el viaje al consabido Centro Comercial el día de antes. Nunca había estado dentro del Ramiro y me gustó encontrar estas instalaciones deportivas (Magariños) y educativas tan grandes en pleno distrito “glamoroso” de Madrid. Y es que aquí el que no juega al ba-lon-ces-to es que es porque no quiere, hay una canasta en los rincones más insospechados. Hasta las papeleras de los baños estaban a 2,5 metros de altura para poder ejercitar el “sky-hook” después de “dar de vientre”.


El día era perfecto para correr, nublado y 10-12 grados, sin viento y sin un animador en modo locutor de Máxima FM que nos aturullase. La salida en Serrano es bastante rápida, pero SIEMPRE HAY UN GILIPOLLAS QUE SE DEDICA A DAR CODAZOS EN LA SALIDA. Qué manía, coño, la de empujar al de delante tuya para pasar. Un compañero de La Panda del Muro se metió un hostión porque alguien le dio un codazo en su afán de adelantar en la salida. Ni que se estuviese jugando la medalla de oro en la final de los 10.000. La malo de estas hostias, aparte del golpe que te llevas, es que que te puedes llevar más de un pisotón por la masificación de la salida. Afortunadamente todo quedó en un moratón.

A pesar de este incidente, el primer kilómetro lo hice a 3:53, el segundo a 3:52 y el tercero a 3:55. Los compañeros del Muro me aconsejaron que no me flipase en estos primeros kilómetros porque luego la subida de Recoletos y Castellana se podía hacer muy dura a pesar de que la subida no era muy pronunciada. De pulsaciones iba en modo carrera, es decir, entre el 95%-100% (157-160). Girando a mano derecha, terminamos de subir por la acera de Recoletos y la Biblioteca Nacional y cruzamos Colón.

Para un tiempo previsto de 42:00-42:30 ya llevaba un buen colchón de un minuto que, bien administrado, me haría cumplir el objetivo temporal.

La subida empieza a notarse. Con las pulsaciones casi al máximo  tengo que bajar el ritmo, pero aún así empiezo a adelantar a más corredores de los que me rebasan. Los siguientes cuatro kilómetros los hago a una notable media de 4:21, consumiendo parte del colchón pero manteniendo aún una reserva considerable de tiempo. Las pulsaciones al 100%, pero pasando por delante del Bernabéu uno tiene que darlo todo. La cuesta de Alberto Alcocer no se me hace tan pesada, en el JC1 hay cuestas peores, si bien no las subo tan forzado como ya entonces.

Giramos a mano derecha por Príncipe de Vergara. EL camino es mucho más plano e incluso tiene algo de bajada salvo por la tachuela en Serrano donde se sitúa el Hospital de San Rafael. 4:03 en el km8, el colchón se agranda. Con bajada ya hasta el final me embalo. 4:08 el km9 y ¡4:00! en el último. A pesar de pensar que no daba más de mí pude acelerar (más bien alargué el paso por la bajada). En un giro inesperado por lo desconocido nos metimos en el Ramiro. Me sorprendió (y me gustó) que la carrera no terminase en Serrano sino que se metiese dentro del Ramiro. Todo un guiño hacia la Residencia de Estudiantes y a los orígenes de la Carrera.

Paro el pulsómetro en 41:51. ¿Habemus MMP?. Uyuyuyyyy…mi MMP era de 41:50, en la carrera de Proniño de Timofónica. Había que esperar. EL tiempo final fue de ¡41:53! Por tres segundos no bajo de mi MMP, pero este tiempo me sabe mejor que el de Junio por varias razones: la caída del principio, que algo te retrasa; el perfil más exigente que Proniño; la mayor presencia de corredores al principio o la curva tan cerrada del final te hacen perder algo de tiempo. Mi posición fue la 484 del total, ganando 54 puestos con respecto a la salida y en un percentil 93, en línea con mis resultados de este año.

La buena organización se nota en detalles como no tener que esperar en el ropero, lo cual se agradece en estos días que empieza a refrescar. O en la buena idea de que te den la camiseta de manga larga al final de la carrera para ponerte algo seco encima. El precio de la carrera, diez pavos, está en línea con cualquier carrera popular, pero poniendo todo en valor (tradición, organización, recorrido, camiseta)  hace que sea una carrera muy recomendable. No soy muy amigo de hacer planes, pero si puedo el año que viene repetiré.

martes, 19 de junio de 2012

Carrera Proniño 2012


Este fin de semana corrí la Carrera de Proniño, con llegada y salida en el edificio de Telefónica en Las Tablas (me niego a llamar “barrio” a una sucesión interminable de urbanizaciones cerradas de cuatro alturas de ladrillo visto con piscina y pádel).
Fiel a mis principios, me fui en bici tranquilamente. ¿Transporte público? No, gracias, después de la última subida, a dos pavos el trayecto sin consumición, se me antoja caro para hacer dos transbordos y tardar una hora. Veinticinco minutos, aparcando en la misma línea de salida y cuatro pavos a la buchaca (muchas gracias Esperanza, por preocuparte de nuestra salud). Lo del coche descartado, que cogerlo para evitarse la molestia de ir veinte minutos en bici es como ponerle a tus hijos una bolsa de plástico en la cabeza y encender el motor.
No me gustó nada Las Tablas. Siendo políticamente correcto, es una puta mierda. Para vivir allí tienes que actuar como uno de los pioneros que cruzaban el Mississipi en La Larga Carrera hacia el Oeste, con el carro pertrechado con todos los útiles necesarios para la vida: semillas, una vaca, un buey con su arado, dos cerdos, ropa, herramientas, una escopeta para cazar ciervos, una bayoneta por si entra un cuatrero en casa, pólvora y una brújula por si el GPS se queda sin cobertura. Porque más allá de algún que otro bar (cerrado) no hay nada más. Ni un chino donde comprar el pan de chicle que se pone como el mármol en dos horas. Nada. Vamos, que como te quedes sin papel higiénico un sábado, literalmente, la has cagado. O te limpias el culo con el periódico del día o con el Ipad si es que dejaste de comprarlo precisamente porque te habías gastado 500 pavos en un cacharro para no gastarte un pavo en el periódico.
No había muchos participantes, sólo 2.500, y asombrosamente, los cajones eran respetados. En el calentamiento me noto algo cargado el sóleo derecho (que exquisito me estoy volviendo). Diez minutos antes de la salida entro al cajón “¿nos metemos en el de menos de 40?” “vale, a echarle huevos”. Calor a las 08:45. “Vamos a pasarlas putas”.
La salida, como los buenos encierros de San Fermín, es limpia y rápida. Martín Fiz y Chema Martínez se me escapan porque yo quiero, ya caerán al final. Primer kilómetro en 4:02, segundo en 3:51. “Joder, voy más rápido que en las series”. Las pulsaciones se me disparan a 172 y tengo que bajar el ritmo porque si no, no llego y vamos cuesta abajo. El siguiente a 4:08 y las pulsaciones bajan a 164. Me encuentro mejor.
El barrio me sigue pareciendo horrible, no hay nadie animando, y la poca vida que se ve está encabronada porque los municipales no dejan pasar a los pocos coches que se ven y que, por lo visto, no pueden esperar los quince minutos que tardamos en pasar ni pueden dar la vuelta por donde han venido (por lo visto deben ir de gasolina como los aviones de Ryanair). Al final de una larga avenida giramos sobre nuestros pasos, acompañando al trazado del Tren de la Risa oficialmente denominado “Metro Ligero”. Ya voy a la velocidad de crucero, 4:14 y 4:13 en el km 4 y 5 respectivamente.
Calor, mucho calor, agarro una botella de agua, le pego un sorbo de camello y me echo el resto por encima. Sólo un contenedor amarillo para que tiremos las botellas vacías, ¡¡viva la sostenibilidad y el reciclaje!! “¡¡Mirad, una persona!!” “¡¡Joder, y un bar!” “¿Será un espejismo?” “¡Bah, está cerrado!” Llegamos al límite entre Las Tablas y Montecarmelo marcado por la vía de tren, y subimos una cuesta matadora del carril bici que no tenía más de treinta metros. Los dos siguientes los clavo a 4:20, y empiezo a hacer mis cálculos. Bajar de 42:00 es factible. Me hubiese gustado cantar eso de “Vamos muy  bien..” pero hubiese sido una mentira cochina. Iba bien de ritmo, pero las pulsaciones estaban en 168 desde el km 6. A pesar de ello, y quizás por ver el Distrito C en lontananza, el km 8 lo hago en 4:14, y el 9 en 4:18.
Mi deformada mente financiera hace unos cálculos rápidos: “si repites el último km bajas de 42:00”. En el 9,5 nos cruzamos con Chema Martínez, que está estirando y nos anima “¡¡Venga chavales, quinientos metros cuesta abajo!”. En realidad era alguno más, doblamos la curva y efectivamente era cuesta abajo. Aprieto las pestañas, porque el ritmo era imposible. Me dejo llevar. Veo el cronómetro borroso por mi miopía. Cuando alcanzo a atisbar los últimos números veo un 41:45 como un cortijo, y aprieto. Aprieto para pasar rápido. Una, dos, tres, cuatro alfombras azules. ¡¡41:55 según el cronómetro y 41:50 de tiempo neto!!. Mi posición general fue el 162º de 2.352, 86º de mi categoría.
Se trata de mi Mejor Marca Personal (para los cool fashion, “Personal Best”), y un minuto por debajo de mis previsiones de 43:00. Tampoco es que haya corrido muchos diezmiles (éste era mi cuarto), pero el anterior era de 2010 con 42:14 y encima fui descalificado por un problema del chip.
Me habían dicho que era una carrera rápida. Y una mierda como el sombrero de un picador. A lo mejor en Octubre puede que lo sea, pero en Junio no. ¿Y esos toboganes gratuitos de las avenidas fantasma? no hay nada más que ver el tiempo con el que terminó Chema Martínez, 31:05. O Martín Fiz, 33:26. O incluso Fabián Roncero, quien tocó pelo con 35:05. Joder, que el campeón del mundo de maratón (por equipos) “sólo” me sacó 41 segundos por kilómetro.
Salvo las zonas interiores del Distrito C, no había una mísera sombra. Los plátanos recién plantados apenas si dan sombra a los pocos gorriones que tienen cojones para salir con este calor. Como soy de los primeros en llegar todavía no hay aglomeraciones en el ropero, ni en la llegada y quedan bebidas frías.
Son las diez menos cuarto y toca esperar, que los enanos vienen de camino con su camiseta, listos para correr. Mientras tanto los castillos hinchables, rocódromo y tirolina ya han empezado a funcionar para amenizar la espera de los niños que han ido con sus padres a las ocho y media. Incluso el camión de bomberos empieza a tirar espuma desde la escalera desplegada. Y no, no hay ningún grupo de suecas bailando en la espuma con camisetas mojadas.
Después de que terminase una actuación de ¿un mago? Que contaba unos chistes malísimos empiezan las carreras de los enanos. Pelayo corre ligero como una moto, potente como un camión, acompañado de Rayo, Rey y Sigis en su dorsal. La medalla se la pone Martín Fiz, lo cual le hace más ilusión al padre que al hijo, quien sólo tenía ojos para la medalla y el refresco. Después corre Álvaro quien, tras una mala salida, llega de los últimos, pero se lleva su medalla igualmente. Una hora después tuvo un momento de pánico al pensar que había perdido la medalla, pero no, Martín la estaba guardando.
¿Lo mejor del día? Por supuesto que la sirena del coche de bomberos, que no paramos de hacerla sonar, y la espuma que tiraban. Y el “togogán”. Y el aquarius de después de la dura carrera de 200 metros. Y la medalla. Ah, por cierto ¿he escrito por algún sitio que hice 41:50? Bueno, eso también.