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lunes, 7 de mayo de 2012

Visualización


Este largo y raro puente he estado visualizando varias veces el maratón de hace un par de semanas. Y no, no es debido a que aún no me haya bajado de la nube. De hecho creo que al segundo día me bajaron a perdigonazos, y no porque me dejara (trato de mimetizarme), sino porque más allá de la cortesía en mi entorno laboral más cercano lo más parecido al deporte que se practica es el pádel y el golf, salvo honrosas excepciones. Exquisito que es uno, que sudar es de pobres.

¿Obsesión? No, no creo (bueno, a lo mejor los que me aguantan pueden decir algo al respecto). Puede que tenga que ver el hecho de que en estos días de puente haya estado con la familia en El Retiro (aparcando en Alfonso XII) y en la Casa de Campo, donde no subimos a Garabitas por la lluvia que empezó a caer. Todo una semana después de carrera, lo que hace inevitable rememorar porqué fui a tal ritmo en ese sitio, porqué no lo bajé en ese otro o qué hizo que desfalleciera a la salida.

En cuanto al “marathon blues” del que habláis (cuánto aprende uno leyendo), afortunadamente no lo padezco. Al contrario, tenía mono desde el día siguiente a pesar de no sentir las piernas. Tres días después ya estaba dándole a las zapatillas. Eso sí, estas dos semanas estoy yendo a ritmos muy tranquilos, entre 4:50 y 5:10, por lo que el calificativo de “blues”, en mi caso, sí que se puede aplicar a los ritmos.


En cuanto a futuras carreras están intentando liarme. Que si Valencia, que si Florencia… de momento a ir pensando en empezar a madrugar para correr, que yo nos pronostican 28 grados para finales de la semana, y ayer con el cortavientos en el parque. Así tengo de jodida la garganta, que en mi casa las pirulas de ibuprofeno rulan que no veas.

jueves, 26 de abril de 2012

Sensaciones sobre MAPOMA 2012



Más allá de la crónica de la carrera del otro día, ahora pienso escribir de las sensaciones que tuve ese día. 

El post anterior lo dediqué a la crónica de mi primer Maratón. De lo que no escribí fue de las sensaciones. Bueno, sí que las dejé fluir, pero no incidí en ellas por no hacerlo demasiado coñazo.

Cuando hablamos con profanos o iniciados de cómo llevamos al límite nuestras propias fuerzas lo lógico es que te digan ¿por qué pasarlas putas? ¿qué te lleva a hacerlo?.

Las sensaciones que viví fueron intensísimas. Ese día y los anteriores. Antes, durante y después de la carrera. El momento de ponerse el dorsal, el de despedirse de la familia. Hablar con la gente con la que has coincidido preparando el maratón, bien en persona o a través de los blogs. Desearse suerte. Empezar a andar antes de correr. Ver cómo te anima gente que te conoce de la bulla de la Feria (es decir, de nada). Cómo van sonando en el pulsómetro los parciales por kilómetro, cómo vas de pulsaciones.

Escuchar el "Inmigrant Song" te da alas. El paso por el centro de Madrid es inenarrable. Acostumbrado a correr por parques y jardines, tanta gente te da alas, de verdad.

Empiezas a sentir molestias en el isquio, en la rodilla, en el gemelo. Sabes que es pronto para tener esas molestias y que yendo por asfalto el desgaste muscular es menor. No son dolores, son nervios. Lees en la camiseta de delante “El dolor es pasajero, la gloria es eterna” y tiras para adelante.

Pasas la primera media maratón. Bueno, ya me queda menos de la mitad, y voy ligero como una moto, potente como un camión. Ves como algunos corredores se paran con sus familias, sus amigos, conocidos, seguidores… y  ves cómo tíos y tías como carros se emocionan. Normal, es su día. Muchas carreras en solitario, mucho parque, mucha “soledad del corredor de fondo” y hoy tienes seguidores.

Conforme pasan los kilómetros vas notando cómo se te cargan los músculos. Cómo el gemelo puede contraerse hasta tener el tamaño de una canica de duro de las de antes. Cómo las articulaciones empiezan a dolerte. Pero estás subiendo Garabitas y no es tan duro como te habían contado.

En la Casa de Campo no hay actuaciones, no hace falta. Sólo hay ánimos. Y réflex. Y corredores caminando. Y apretar de dientes al grito de “por mis cojones”.

Y qué decir de los últimos ocho kilómetros. Parezco nuevo, joder. Son sólo ocho mil metros, algo que me lo hago tranquilamente. Pero qué va, mi cuerpo no es capaz de mantener el ritmo. Ni siquiera de correr sin parar. Es curioso como en estas situaciones tu cuerpo llega a ser más inteligente que tu mente y te ordena dejar de correr. Y andas. Ves el reloj y piensas, todavía obcecado, “voy en tiempo, un minuto y vuelvo a correr un kilómetro”. En realidad son dos minutos, y vuelves a correr, pero medio kilómetro. Sigues yendo en tiempo, la gente te anima. Los corredores tiran de ti. “Venga, que estos siete los hacemos juntos” “Venga, vamos”. Pero a los quinientos metros o no puedes tú o no puede el otro.

Poco a poco llegas como puedes al kilómetro 40, y es ahí donde se activa la reserva como la de Terminator en su lucha final contra el T-1000. Y corres. Corres porque quieres que los tuyos te vean, porque quieres pasar por meta. Porque te has preparado durante meses y años, no sólo durante dieciséis  semanas. Corres.

Que por la noche Álvaro te pida que le cuentes un cuento en el que él y sus hermanos corren con su padre un maratón, entran en Retiro y después se aprietan un helado “te llena de orgullo y satisfacción” y le emplazas a que repita lo mismo dentro de quince años. Que te pida la medalla y vaya todo el camino con ella puesta todo orgulloso hace que se te caiga el moco. Que Pelayo insista en correr contigo justo en el momento que le ves y tú haces la pose del Discóbolo porque el cuádriceps tiene la misma maleabilidad en ese momento que el mármol.

Cuando hablo de correr no hablo solamente de tiempos, ni de distancias. Hablo de sensaciones. De superarte a ti mismo, de ser tú tu rival a batir. A pesar del agotamiento y de que te duelen hasta las pestañas empiezas a pensar en el siguiente. No estará tan mal cuando muchos repiten ¿no? Y es que sarna con gusto no pica. Como dice Risco “corro maratones porque es la mejor forma de preparar un maratón”. Amén, amigo.

martes, 24 de abril de 2012

¿ECHAMOS OTRO? Crónica de MAPOMA 2012


Como era de esperar, la noche de antes no dormí mucho. Madrugón aparte, los nervios hicieron que el sueño fuese bastante ligero. Pero bueno, descansar descansé. Después de un buen desayuno me fui hasta el metro donde habíamos quedado. Los que nos estrenábamos parecíamos unas viejas, con dolores ficticios en cualquier parte del cuerpo, pero expectantes ante lo que se avecinaba.

Después de dejar la mochila en el ropero que estaba justo al lado de la salida (por los cojones) nos dimos un bonito y bucólico paseo de unos tres kilómetros por el Retiro, Puerta de Alcalá y Cibeles hasta la salida. Por el camino los efectos de la hidratación se dejaron notar, ya que tuve que entrar a boxes tres veces. Me dirijo a mi “cajón” pero eso era Sodoma y Gomera, por lo que me cambio al siguiente. Y después al otro. Quedan diez minutos para salir y me entran ganas de mear nuevamente. A esperarse, chaval, que como salgas no entras.

Y empiezo a correr. Pese a que había “pensado” salir esos cinco primeros kilómetros a 5:25-5:30 me salen a 5:01. Voy algo subido de pulsaciones, 145ppm, pero de sensaciones me encuentro estupendamente, por lo que mantengo el ritmo. El ambiente es indescriptible. Muchos corredores y mucha gente animando a propios y extraños a los lados. Turistas sorprendidos por el espectáculo esperan sonrientes para pasar, pero me imagino que con el tiempo cambiarían de actitud por la tardanza del paso de tantos corredores.

Sigo bien los cinco siguientes, que hago a 5:15 porque tengo que hacer una parada técnica. De pulsaciones voy igual, a 148ppm y con toda la subida hecha.

Los espectadores se concentran en torno a las salidas de metro y puentes,  y siguen animando. Cuatro Caminos y Raimundo Fernández Villaverde están petados, al igual que el recorrido por Chamberí. Mantengo mi ritmo, a 5:05 y 149ppm. Las pulsaciones no terminan de bajar, pero por lo menos no suben, y me tomo el primero de los tres geles que me había llevado.

Nos metemos por la parte que más me gusta, Fuencarral, Gran Vía, Callao, Preciados, Sol, Mayor, Palacio Real… y claro, los hago a 5:03. Las pulsaciones se me van a 152ppm. Mala cosa, me acerco a ese punto de no retorno donde empiezo a acumular ácido láctico. Pero el subidón que me da con tanta gente animando me pone la piel de gallina, me sale ese sudor frío de las emociones. Y no me encuentro mal, al contrario. En Ferraz me dan el primer Powerage, y un voluntario me da la botella, detalle que agradezco porque soy incapaz de beber en vaso durante la carrera. El paso por el medio maratón lo hago en 1:48. Muy rápido, pienso, tiempo proyectado de 3:36-3:40.

Intento regularme en la bajada hacia el Parque del Oeste y el Paseo de la Florida, y los hago en 5:05. Las pulsaciones, pese a la bajada, no disminuyen, y ya están en 154. Nos disponemos a entrar en la Casa de Campo y me encuentro bien.

Conforme a lo previsto me tomo el segundo gel, antes de llegar al Lago, y empezamos a subir Garabitas que no me sienta nada mal; de hecho recupero más de 100 posiciones. Me regulo, haciendo una media de 5:28 y las pulsaciones que se van a 159ppm. Me empiezan a doler las articulaciones, lo normal, y noto cómo el gemelo derecho se me sube, por lo que aflojo el ritmo hasta que veo a una voluntaria que me enchufa un pelotazo de reflex. Qué gran invento el réflex, sobre todo a esas alturas de la carrera.

Antes de la salida nos ofrecen un gel que está, pongámonos poéticos, asqueroso. Puede que tuviera glucosa por un tubo, pero la textura lo hacía intragable: era como el relleno del Twix, por lo que a esas alturas lo tuve que escupir como pude.

Es el km 32 y voy a 5:10; he subido y bajado Garabitas sin secuelas en forma de bajada de ritmo, y encaro a la salida animado porque quedan menos de diez kilómetros y voy bien…  o eso creo. Hasta el 34 todo bien, incluso el 33 lo hago a 5:13, pero en el Paseo de la Ermita del Santo me encuentro con ÉL.

El tío del mazo es un hijoputa. Y un maricón de mierda. Y todo dicho desde el cariño y manteniendo el tono irónico de este blog. Es un hijoputa porque te pega con todas sus fuerzas, impidiéndote correr como quieras. Y un maricón de mierda porque te ataca cuando menos te lo esperas, donde menos te lo esperas y por la espalda. A mí me ataco a la salida de la Casa de Campo, donde estaba escondido agazapado como Viriato a la espera del paso de las legiones romanas.

Como dice Óscar, es como si alguien te agarra y tira de ti hacia él, pese a que tú quieras seguir. Pero es que además te hace un placaje. No tenía fuerzas para seguir. Mi cuerpo decía que naranjas de la China comunista, y mi cabeza me decía “venga, cabrón, que siete kilómetros los haces con la misma”. Pero qué va; la materia gris que me quedaba de guardia me ordenó combinar el paseo con la carrera. Vale, anda dos minutos y corre tres. Paso el puente de San Isidro corriendo…como Chiquito, con los pies pegados al suelo y pensando “No puedor, no puedor”. Paseo Imperial, Acacias… parecen la cara norte del Annapurna. Las zapatillas me pesan com plomo, pero no hay ningún sherpa que me las lleve. Sigo caminando dos minutos y corriendo tres, aunque, sinceramente, no sé en qué modo iba más rápido. Los corredores nos animan “vamos, con dos huevos, que ya llegamos”. Los espectadores mucho más “¡¡venga, chavales., que sois unos campeones, que lo tenéis hecho, que eso de ahí es Atocha!!”. Sé que es Atocha, pero está cuesta arriba, ¿acelero? No, voy a 6:52 de media. Cuando corro animo a otros que van tan mal como yo, que a su vez me animan cuando me rebasan doscientos metros más adelante.

Alfonso XII. Qué putada de calle. No puedo subir corriendo el primer tramo, lo hago andando. Km 40 y, a la vista de la Puerta de Alcalá aprieto el culo empiezo a correr a la velocidad PSC (Por mis Santos Cojones). Poco antes de entrar al Retiro km 41. La velocidad es lo de menos, me vengo arriba. El público ruge, o eso me parece a mí. Después de 41 kms estos ánimos te hacen sentirte indestructible. Se te olvida que el gemelo lo tienes a la altura de la rodilla y que se ha dado la vuelta, que los cuádriceps están a mitad de recorrido o el dolor en el tendón de Aquiles, que a pesar de que lo tienes más caliente que el cenicero de un bingo te empieza a doler mucho.

Voy buscando con la poca vista que me queda a la familia. Por lo visto se puede pasar por meta con los enanos en brazos o corriendo. Me pego a la izquierda porque pienso que pueden estar ahí, pero no los veo. Soy un pardillo porque he dado por hecho que si un tío sin dorsal no puede pasar un enano de 4 años (casi cinco) tampoco puede, pero qué va, parece que nos conceden el pequeño capricho (y gran honor) de poder entrar en meta con ellos.

El arco con el cronómetro se ve a lo lejos. No me duele nada, pero no puedo ir más rápido. Un arco, otro arco… 3:51:45 tiempo neto, justo en el punto medio del rango que me había planteado como objetivo, de 3:45 a 4:00. Me siento Gebreselassie; total sólo nos separan una hora y cincuenta minutos y un tono uun poco más oscuro de piel.

Me pongo a andar como un autómata, me tomo dos powerages del tirón y cojo un tercero. Recojo la medalla y me tiro a ¿estirar? No tengo fuerzas ni para eso. Sólo quiero llamar a mi mujer y verlos a todos. Al final están a 30 metros, me han visto pasar y yo no. El año que viene cruzo la meta con los enanos.

Dicen que uno es maratoniano cuando habiendo terminado uno empieza a pensar el siguiente, y yo estoy pensando en el siguiente.


Me queda hablar de las sensaciones de la carrera, que haré en el siguiente post.

Enhorabuena a todos por vuestros tiempazos.

jueves, 19 de abril de 2012

NO va más


Después del rodaje del domingo, y hasta la carrera, no voy a correr más. No es que no me apetezca, pero es que no quiero que una inoportuna sobrecarga me joda lo que he estado preparándome estos tres meses y medio. Esta tarde, además, voy a por en dorsal y la Bolsa del Corredor.

Mi naturaleza analítica me impulsa a interpretar todo lo que he entrenado y ahí van algunas pinceladas:

  • He hecho un total de 635 kms desde Enero frente a 438 kms que hice el año pasado hasta el 10 de Abril antes de mis 26 kms en MAPOMA, casi un 50% más. ¿Son muchos o son pocos? Son los que he podido hacer, en ocasiones robándole tiempo a mi familia que lo han entendido y a quienes se lo agradezco enormemente.
  • Han sido 50 salidas frente a las 40 del año pasado, un 25% más. La diferencia se explica principalmente en los rodajes, ya que este año he hecho una media de 19,6kms en 11 rodajes y el año pasado fueron 14 rodajes con una media de 14,4 kms.
  • No he hecho series, pero a cambio he alternado salidas a ritmos anaeróbicos de 9-10kms con ritmos entre 4:30 y 4:40 (tres series de 3.000 sin descanso, con dos cojones) con otras  a ritmos menos vivos, de 4:45-5:00.
  • Tampoco he ido al gimnasio a fortalecer ningún músculo. Me da una pereza de la hostia. Poder ir a mediodía a casa, ponerse las zapas y a correr es todo un lujo del que no quiero prescindir. Además, meter un día más en el entrenamiento me supone desatender otras necesidades. Cuestión de prioridades, no todo es running.
  • En total he corrido a 4:58, frente a 5:02 del año pasado. Como todas las medias son odiosas, en la medida que siempre hay un cabrón que se come nuestro medio pollo, pienso que lo más útil es centrarse en los rodajes, que nos da una aproximación más real de lo que se puede esperar en competición. En 2011 rodé a 5:12 mientras que este año he ido a 5:14, lo cual lo doy por positivo dado que he hecho 5 kms más por salida y he tratado de contener los ritmos (si excluyo la MM de Segovia la media se me va a 5:17).
  • No he seguido una dieta muy estricta. Mejor dicho, no he seguido ninguna dieta. Si hay que apretarse un cocido, se aprieta. Si juega el Madrid y hay que apretarse dos Mahous, pues p’adentro. No he llegado al punto de ver un plato con un 30% de hidratos, 20% de grasa y 50% de proteínas en lugar de un chuletón con patatas.
  • Pese a ello mi mochila se ha aligerado en tres kilos desde el 7 de enero, cuando ventilamos el último Roscón. Esto, pese a no ser muy significativo, se ha materializado en alguna talla menos en los vaqueros y en el traje de romano por eso de que la grasa que se pierde ocupaba más espacio que el músculo ganado. Lo que no se retira es el flotador ni el pellejo abdominal, pero eso creo que viene de serie.
  • Este año, como el pasado, el Madrid juega con el Farsa, con lo que eso de irse tempranito a la cama lo veo complicado. Además, qué coño, seguro que no dormiré bien por los nervios el resto de la noche, pero me iré pronto a dormir los días de antes. Esperemos que se repita el resultado del año pasado (1-1). Lo que no haré será apretarme dos hamburguesas con queso y tres Mahous, como entonces.

Me lo he pasado de puta madre entrenando, leyendo cómo lo estáis preparando (especialmente a los que, como yo, os “estrenáis” en la distancia) y he conocido a mucha gente del barrio con los que correr. Lo que antes era un buen rodaje de quince kilómetros ahora me lo aprieto tranquilamente para desayunar. A buen seguro repetiré el año que viene, no sé dónde, porque ayer mi agente me estaba organizando la agenda de 2013 con el Maratón de París con alguna visita comercial a Eurodisney o a la Place Vendôme: es lo que tiene ser una estrella (en casa), que hay que cumplir con los patrocinadores. Y es que Pixar es mucho Pixar. 

miércoles, 18 de abril de 2012

Poniéndome guapo

Cuando uno se casa es normal que haga algunos de estos actos “antes de”

  • Hacer dieta desde seis meses antes. Bien la Dukan, la del cucurucho o la del melón, el caso es pasar más hambre que un caracol pegado a un espejo después de ir al Naturhouse de turno a que le peguen el sablazo por un papelito copiado y pegado de una dieta-milagro obtenida de Internet por un “dietista” que cobra (con suerte) como un becario.
  • Como complemento de lo anterior, a dar paseos por la ruta del colesterol más cercana a casa, que uno tiene que ser intrépido pero no estar hecho un David Crockett yendo a La Pedriza La Pedriza o a  Los Villares por La Cuesta del Reventón.
  • Ir a la pelu, a hacerse pruebas varias. El gran día, también, incluso con manicura.
  • Con tiempo suficiente (meses), ir a comprar a la ropa y los zapatos para “el gran día”. Andar por casa con los zapatos para acostumbrarse y que no salgan ampollas.
  • Ir a la lámpara, para salir moreno en las fotos.
  • Exfoliarse.
  • Hacerse una limpieza y blanqueado de boca/dientes. Como dicen los pingüinos de Madagascar para “Sonreir y Saludar”.
  • Ponerse un reloj de marca o un trucho de esos comprados en páginas chinas y que dan el pego.

Que levante la mano quien no lo haya hecho y encontraremos a un mentiroso. A pesar de que el Photoshop es más barato, cuando tenemos a la vista un evento tan importante reaccionamos con actos de esta naturaleza, tan irracional como humana.

Por eso esta semana yo también me estoy poniendo guapo:

  • Pienso ponerme a dieta… de carbohidratos para tener gasolina. Pasta, arroz, papas… me voy a hinchar como un globo.
  • Como estoy con el tapering, voy a dejar de correr esta semana.
  • He ido a la pelu, más que nada porque el pelo no me cabe en la gorra (o más bien al revés) y no conozco a Sergio Ramos para pedirle una de esas cintitas tan poligoneras que lleva.
  • Voy a ir al fisio, para que estire a conciencia los músculos.
  • Hay que cortarse las uñas de los pies.
  • En lugar de ponerme moreno en la lámpara me echaré crema solar. Cuatro horas al sol son muchas horas.
  • Con tiempo he comprado la ropa y las zapatillas, para irlas desgastando y que no me rocen ni provoquen ampollas. Obviamente son un misterio para todos, aunque como pista decir que no serán precisamente discretos.
  • Cargaré el pulsómetro a conciencia y le cambiaré la pila a la banda del pecho, que Murphy existe y llevo un año y media sin cambiarla.
¿Se os ocurre alguna analogía más? Y es que estoy en un "vivo sin vivir en mí y de tal manera espero que muero porque no muero"

lunes, 16 de abril de 2012

Hipocondria

En estos días pre-maratón pienso que los runners somos unos putos llorones de mierda, todo sea dicho desde el cariño. Estamos hechos unas viejas, llorando por dolores reales magnificados o inventados. ¿Qué la Pruden se queja de que tiene el cuádriceps sobrecargado? Pues la Ascen, para no ser menos tiene una amenaza de contractura en el isquio.

Nunca me he considerado un hipocondriaco, todo lo contrario. Pero desde la semana pasada, y a pesar del “tapering”, notaba una ligera molestia en el isquio izquierdo. Uy, uy, uyyyyy…que la estamos cagando…. Pero va a ser que no. Hablando con otros corredores parece que esta etapa de somatización es frecuente y ¿lógica? No mucho, pero sí humana. Todos, en mayor o menor media, tenemos estas sensaciones. ¿o es que acaso nos olvidamos de cuando decíamos “no tengo ni idea”, “me van a suspender”  un día antes de un examen?

Pero vamos a ver, si nunca me ha dolido la espalda durante o después de la carrera ¿por qué tengo la sensación de tener el lomo desgarrado? ¿por qué vemos un enemigo implacable en forma de virus cuando el vecino del quinto estornuda en su casa y lo oímos a través de esas paredes tan bien aisladas de la construcción española? Y es que nos asaltan los temores hacia cualquier contratiempo que nos impida correr. ¿Qué tu jefe te jode y hoy te has levantado con náuseas ¿estoy embarazado? Pues hombre, todo es posible, como dice Rajoy, pero teniendo en cuenta que cuando te joden normalmente te suelen dar por detrás y que tu último par de cromosomas es XY lo tienes complicado, y más ahora con los recortes en Sanidad y en las prestaciones “No necesarias”.

Si, además, lees cómo entrenan los keniatas (gracias, Sergio, por este post tan bueno) es cuando te das cuenta de que nos quejamos de vicio, que somos unos hipocondriacos. En fin, seis días para el gran día.

viernes, 13 de abril de 2012

Momento Full Monty

Full Monty es una peli con una gran carga de humor negro. Está ambientada en Sheffield, a finales de los 80 en pleno declive de la industria metalúrgica con el consiguiente incremento del paro y conflictividad social, algo que la hace desgraciadamente muy actual.

Qué os voy a contar de la peli. Si acaso recordar alguna escena mítica como la de la defensa del Arsenal en sus ensayos.


Palabra de honor que ayer no tenía pensado correr, a pesar de tener el día libre. El caso es que, por motivos que no vienen al caso, tuve que ir por la mañana al Retiro. A eso de los 09:30 con el día fresco, nublado veía a lo lejos a bastante gente corriendo por el Retiro y, claro, tuve mi momento Full Monty. 




Como para no tenerlo con semejante marco y en plena fase de “tapering”, con las endorfinas pidiendo guerra.

Así que cuando llegué a casa me puse las zapas y a correr a un ritmo algo más ligero que el de MAPOMA (5:09 y 135 ppm). En el km9 siento un pequeño pinchazo en el isquio. Vámonos pa casa, campeón, no hagamos el gilipollas a estas alturas. Más tarde, y hablando con un amigo, me comenta que le pasó lo mismo con la rodilla. ¿Sugestión? El caso es que parece que estoy “sodomizando” como decían en “Los Serrano”. Y hoy, hablando con un ex-mapomero, me he enterado que esto es habitual. Vamos, igual que el “no tengo ni puta idea” de antes de un examen. Llamémoslo miedo, duda o inquietud mezclado con un poco de base real (al fin y al cabo llevo casi un 20% más de kms hasta marzo que el año pasado (540 frente a 400).

A estas alturas poco más se puede mejorar. Simplemente calmar a ese ángel tocapelotas que nos decía “estudia más, que no tienes ni puta idea”. Un rodaje más el domingo y listo, Evaristo.

lunes, 9 de abril de 2012

A vueltas con el tapering

Esto de leer blogs de otros runners hace que aprendas conceptos nuevos o, por lo menos, palabras nuevas. El otro día, leyendo el blog de "Motivación Runner"“ la palabra “tapering”. Anteayer también lo volví a leer en el de "La Pingüina veloz". Cateto de mí, pensé en dos posibles significados:

  • Acción y efecto de ir de tapas, o “tapeo”. Podría ser, ya que tenemos el “vending” para las máquinas de venta de cualquier cosa o el ya histórico “puenting” para tirarse de un puente atado de una cuerdecita ¿por qué no?-
  • Acción y efecto de llevarse el “tupper” o “táper” al curro para comer allí y ahorrarse los 9 ó 10 pavos del menú del día. Vamos, el bocata de siempre pero envuelto en un táper encajable en una cestita de diseño en lugar del menos glamuroso papel de periódico o aluminio, modelo obra.

Pues no. Gracias a Manuel y Yolanda me he enterado que la reducción en la carga de los entrenamientos tiene un nombre, “tapering”. Una vez leído el término me fui al sancta santorum, Google, para ver qué coño era eso del tapering, encontrando estos artículos:



En los planes de entrenamiento había visto que en los 2 ó 3 últimas semanas (sobre todo en la última) la carga se iba reduciendo de forma progresiva. Instintivamente pensé que podía deberse a que con esta reducción se trataba de ir minimizando el riesgo de lesión después de estar 10-12 semanas de trabajo intenso. Hablando en plata, para no cagarla por hacer dos kilómetros de más. Al fin y al cabo, por correr 3 ó 4 kilómetros más la última semana no va a mejorar nuestro umbral anaeróbico y sí que nos puede joder bastante en forma de contractura o sobrecarga.

¿Y qué tal mi fase de “tapering”? Bueno, hace un par de semanas hice tres salidas bastante tranquilas (salvo una, a 4:38 aún flipado por la media de Segovia, las otras dos a una media de 5km). El rodaje del domingo, de sólo 18 kms, lo hice a 5:19, y 135ppm, el 80% de mi FCMáx. Con esta media, mi tiempo final en MAPOMA estaría en 3:45. A este ritmo me encontraba bastante cómodo, aunque extrapolarlo a 24 kilómetros más pueda resultar aventurado. 3:50 quizás sea más realista (8 segundos más por kilómetro de “colchón”).

La semana pasada salí un par de veces, batiendo mi récord en una salida de 10 kms, a 4:28, y eso que quería ir tranquilo precisamente por el tapering. Pero ya se sabe, dos kilómetros iniciales buenos y, qué coño, “ligero como una moto, potente como un camión”, como dice Pelayo. Me imagino que influyó la situación pre-borrascosa (menor presión atmosférica), ya que llevo varias salidas a umbrales anaeróbicos a 4:31 (28 de Febrero), 4:32 (22 de Marzo), 4:35 (5, 8 y 13 de Marzo). Son “sólo” un par de segundos, pero al final lo que queda es que uno corre a “cuantro veintipico” en lugar de “cuatro-treintaypico”. No es lo mismo, no señor. ¿Y el rodaje? bien, muy bien, sólo quince kilómetros por Córdoba pero que me supieron a gloria, haciendo honor al día la Semana Santa en el que lo corrí y del que me explaré en el siguiente post.

lunes, 2 de abril de 2012

Media Maratón de Segovia 2012 (parte II)


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

De la misma forma que el mejor manual de fotografía es un libro de pintura, el mejor texto de motivación “runner” puede ser de Machado, quien, por cierto, vivió en Segovia trece años. Ni títulos grandilocuentes como “Nacidos para correr” ni aparentemente intimistas como “De qué hablo de correr cuando hablo de correr”.

Cuando uno va a alguna carrera, muchas veces lo de menos es la carrera en sí. De hecho la carrera puede llegar a ser una excusa, y no seais mal pensados.

Pienso que una carrera no debe dejar de ser lo que es, un medio para constatar y superar los límites de cada uno. Cuando la convertimos en un fin en sí mismo nos encontramos con que no disfrutamos de ella porque vamos más pendientes de los ritmos que de disfrutarla.

Lo de menos, pienso, es el tiempo que hagamos, salvo que sea para vacilar con Fernández, el de Contabilidad, que no es capaz de bajar de 1:50 por muchas mariconadas técnicas que se compre, mucho más caras que las mías, pero que son “la potencia definitiva del universo” que les hará igualarme. No digo que no sea importante, que lo es, pero hay otros factores alrededor que para mí hacen que el tiempo final pase a un segundo plano. Como todo en la vida, lo importante es disfrutar del momento, del recorrido, de la gente con la que vas. Cualquiera que haya corrido más allá de la nevera para coger una cerveza para poder criticar a Raúl con la garganta húmeda “éste viejo no tiene ni puta idea” sabe que hay carreras para disfrutarlas y carreras para hacer marca o “Personal Best”, (tal y como les gusta decir a los que confunden lo exquisito con lo gilipollesco).

Sé que para el profano esto puede resultar paradójico, que los términos “disfrutar” y “correr” son antagónicos a su entender como “político” y “honesto” lo pueden ser para mí.  

Es indescriptible ver cómo amanece sobre Segovia, con el sol de costado iluminando el Alcázar y la Catedral como elementos más visibles con la Sierra de Guadarrama al fondo con las cumbres nevadas, los campos recién sembrados de cereal y un cielo azul intenso (lo siento, el género masculino sólo distingue entre azul clarito y azul oscuro, los que vienen en unos plastidecores de 12).

Acostumbrado (y encantado) de correr solo o acompañado en silencio, cuando la gente anima a unos perfectos desconocidos aplaudiendo y gritando te pega un subidón que no veas. Aunque no vaya contigo también te pone la carne de gallina un grito “¡¡Artilleeeeeeeeros!! ¡Con dos cojones!!” cuando alguien ve pasar el estandarte de la Batería, con ésta detrás y que suena a algo así como "¡¡Espartaaanos!!¿Cuál es vuestro oficio?".



Después de hacer cientos o miles de kilómetros por parques, jardines, carriles-bici, calles, carreteras, canales, cañadas, veredas y acequias, enfilar los últimos metros esprintando para pasar por debajo del Acueducto es un momento irrepetible que hay que disfrutar.

¿Y cómo entra el cervezón de después? Pocas cervezas entran mejor que ésa que te tomas con tu familia o con los amigos a eso de las 13:00 un día de calor después de apretarte media maratón.¡¡joder qué sed!!.

Si llevas cuidándote un poco con la comida durante semanas, en las que, por lo visto, llegas a ver un 30% de carbohidratos saturados, un 20% de grasa y un 50% de proteínas en lugar de unas chuletillas de cordero con patatas ¿cómo te sienta el chuletón de después? Me autocensuro, que luego me cae un chorreo. El cochinillo del otro día me supo a gloria, y los judiones ni te cuento.

Hace un par de domingos disfruté muchísimo. Corriendo, sí, pero lo de menos fueron los 21,097 metros.

lunes, 26 de marzo de 2012

Media Maratón de Segovia 2012 (parte I)

Que levante la mano quien, habiendo dicho “Nos tomamos la última y nos vamos”, haya cumplido su palabra. Lo mismo aplica en el mundo de las carreras cuando uno dice “no, si yo voy a ir tranquilo, que no voy a disputarla porque estoy preparando MAPOMA”. Como dice el Dr. House, todo el mundo miente. Puede que esa sea la intención original, pero una vez en el ambiente la cosa cambia, desdiciéndonos de nuestras buenas intenciones casi de inmediato.

Eso me pasó el domingo pasado en Segovia. Mi intención era que fuese un rodaje un poco más vivo de lo habitual, matar un poco el gusanillo competitivo (llevaba casi un año sin ponerme un dorsal) y, todo sea dicho, apretarme unos judiones y un cochinillo después de la carrera.

De la Media de Segovia me habían hablado por sus excesos. Exceso de cuestas, arriba y abajo. Muchísima gente jaleando. Bolsa del corredor enorme, para los que acostumbramos a correr en Madrid. Bocatas de chorizo a la llegada, queriéndolos o no, por cortesía artillera.

El marco para correr, orografía aparte, es incomparable. Se sale desde el mismo acueducto, con un cañonazo como señal de salida.

Con 4.000 corredores (muchos venidos de fuera y militares), la presencia de cajones se hace innecesaria, por lo que la salida es bastante rápida y sin tropiezos con otros corredores (joder, esta frase parece la crónica de un encierro de San Fermín), haciendo el primer kilómetro en 4:52.

A partir del primer kilómetro empieza la primera subida, de dos kilómetros y una pendiente media del 3,5%. Al son de la BSO de Rocky que un hotel había puesto en bucle me vengo arriba. La cuesta no es tan fuerte como el perfil parece mostrar, y me hago los dos kilómetros en 4:51 y 4:44. A todo esto veo que, de vuelta, ya vienen los keniatas, eritreos y marroquíes de turno. Menudos cabrones, ya nos sacan un kilómetro.



Los tres siguientes kilómetros son de bajada, por asfalto, adoquines y por tierra en un paseo muy bucólico al lado del río, justo por debajo de la pared del Alcázar y de la ciudad. Los hago a una media de 4:22 y con las pulsaciones controladas a 147 ppm.

Al final del paseo toca la subida a Segovia y, emulando a Perico Delgado, intento mantener el ritmo y bien que lo consigo, ya que me salen a 4:56 de media con ochenta metros de desnivel y muchos adoquines. En esta subida noto que voy ligero como una moto, potente como un camión, ya que empiezo a adelantar corredores sin parar, y no me adelantan apenas. Atisbo en lontananza el globo del 1:40, al que adelanto casi al final. Segovia entera (se va de borrachera) está en la calle. Hasta unas monjas en la puerta de su convento aplauden en una estampa típica del NODO.

Llegamos a la catedral y la bordeamos, iniciando un descenso de dos kilómetros por las calles de Segovia como paso previo a la gran subida que va desde el km 11 al 16. Alcanzo a otro globo de 1:40 que iba algo rápido para ese tiempo, y es que el cabrón del portador iba corriendo a pelo, por sensaciones.

Aprieto el culo y sigo adelantando corredores, el 12 y el 13 a 4:45 de media. El ánimo de la gente ayuda, y mucho, sobre todo cuando no se ve el final de la cuesta. Flaqueo en el km 14, 5:16, pero en el 15 me vengo arriba a la vista del pabellón de Perico Delgado, ya que lo hago eb 4:43. “Ya está hecho”. Los cojones de Mahoma, me quedaba un repecho al girar por el pabellón que me parece el Annapurna, y son sólo 200 metros. Noto algo de flato y bajo el ritmo. “Dosíficate, coño” digo en voz alta. Mala cosa, ya hablo solo. “¿Dónde coño está Segovia?, joder, que estamos en el km 16”. Un pitido me avisa de que el 16 lo paso en 4:53.

Seguimos por una recta muy larga, sin viento, al sol, pero con algo de pendiente negativa. No noto el flato, y voy apretando poco a poco. 4:38, 4:25. Ante su incredulidad, dejo atrás a un sargento paraca que bien hubiese podido protagonizar “El Sargento de Hierro” y que marchaba en la cabecera del pelotón de su compañía, portando el estandarte de la misma.



Quedan tres kilómetros y ahora sí que se ve Segovia. En otro momento NODO hay una mesa y unas personas cortando jamón para ofrecérselo a los corredores. No puedo, y mira que me gusta el jamón, pero llevando la boca más seca que el ojo de un tuerto y a 160 pulsaciones  como que no. Kilómetro 19 a 4:18, y un montón de público nos jalea. Un cabrón disfrazado de corazón va saludando a todo cristo, y debe ser el puto amo de Segovia. Va sobrado para poder saludar tanto en el km 19, porque yo no puedo ni guiñar el ojo.

Giramos a mano izquierda, donde empieza el acueducto. Esto está hecho. Aprieto. Los adoquines hacen que note cierta presión en las caderas, pero sigo. 4:08 en el 20, 4:05 en el 21. Intento esprintar algo más, pero no puedo. Los últimos 97 metros no consigo incrementar el ritmo, pero al menos lo mantengo. Paso bajo el acueducto y paro el pulsómetro en 1:38:02, en el puesto 662 de la general y 164 de mi categoría, Veterano A.

En un próximo post escribiré de lo que no fue la carrera, tan importante o más que la carrera en sí, que muchas veces no es más que una excusa.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cómo ir a IKEA sin comprar en IKEA

El domingo pasado fui al IKEA de San Sebastián de los Reyes. “Qué novedad, como muchos madrileños, que han visto que el dormitorio Magnus está de oferta y además regalan el florero Ülma”, “¡¡¡Buuhhhh!! Que te has cambiado de acera”. Perdón, reescribo. El domingo pasado fui al IKEA de San Sebastián de los Reyes corriendo. Punto y seguido. Ah, venga, a ver qué decís los que pensabais que me había vuelto un gafapasta con fular a juego con el polo del Factory, ávido de ver en directo la grandiosidad del catálogo recién recibido para comentarlo el viernes con el estilista, otrora barbero. Para que veais el cambio que implica pasar de una frase sencilla a otra compleja.

El caso es que salí a las 09:00 decidido a hacer un rodaje largo (muy largo) en torno a 30 kms. Nada más llegar al punto de encuentro en Villarrosa “me liaron” para ir al IKEA sin pasar por caja. “Eso es imposible, siempre compras una chorrada” Que no, que no, corriendo a paso ligero. Y allá que nos fuimos, subiendo por el carril-bici hasta Sanchinarro desde donde por caminos totalmente ignotos para mí empezamos a subir a ritmos relativamente vivos para lo que pensábamos (medias de 5:15 con unas increíbles 133 ppm en los diez primeros kilómetros).

Durante el camino me di cuenta de los contrastes de la gran ciudad. El campo está más seco que el ojo de un tuerto; la hierba amarilla en marzo, los caminos secos a más no poder y las regueras es que ni existen. Sin embargo, cosas del microclima mesetario, el campo de golf(os) de La Moraleja lucía en todo su esplendor en un ambiente primaveral. Verdecito, cuidadito, recortadito, árboles exóticos, setos exquisitos y adelfas exteriores que impedían ver la miseria de las chabolas cercanas a los distinguidos socios del Club, ya que se les podía cortar el brunch por el que habrían pagado 25 pavos.

Atravesando caminos en medio de sembrados llegamos finalmente a nuestro destino. No sé cómo no nos perdimos, porque ninguno de nosotros llevaba Iphone, ese factotum moderno que hace que encuentres el restaurante que tienes en frente y que no puedes ver porque estás en el Facebook colgando en tu muro un mensaje lo mal que te sientes por haber pisado una mierda por ir precisamente buscando un restaurante en el Iphone. Además, qué coño, seguro que esos caminos no estaban cartografiados, por lo que el cacharrito en cuestión se hubiese hecho la picha un lío intentando localizar el saiguiente cruce a la derecha para girar.

Bueno, para ser exactos no llegamos al IKEA, sino a una rotonda que le da acceso y que pasa delante del Plaza Norte desde donde nos fuimos hasta el Alcampo en donde hicimos una parada técnica para beber agua y probar los geles que había comprado.

Momento gel… hasta el domingo no había probado los dichosos geles y no sé si tienen un efecto más allá del psicosomático, porque mejoría, mejoría no noté. Sí, después fui algo más rápido, pero es que empezaron a meterle caña y a mí me costaba seguirles. Seguramente esperaba un efecto inmediato del estilo de las espinacas de Popeye, pero nada de eso. Probablemente su efecto puede notarse a lo largo de la carrera, precisamente no notando que uno se queda sin fuerzas, pero en ese momento no pensé que me supervitaminara ni mineralizara.

Emprendimos la vuelta por El Soto de la Moraleja. Club social de diseño, casoplones del copón, calles impolutas y coches de capricho. Después de una larga y tendida cuesta arriba, empezamos un descenso a tumba abierta (yo no, el ascenso me había pasado factura, y en el descenso notaba cómo los cuádriceps iban cargándose) que nos llevó hasta Sanchinarro, desde donde emprendimos la vuelta.

Poco antes de las cocheras de la EMT alcancé a mis compis que se habían distanciado unos 50-100 metros en el descenso ¿o fueron ellos los que aflojaron para que me incorporara?, pero cuando empezaron a apretar los tres últimos kilómetros a ¡¡4:40!! (llevábamos 25 del tirón) Dije, “lo siento, no puedo, sigo en mis 5:15”. Me notaba las piernas rígidas, no sé si eso es el temido muro o que, simplemente, las cuestas por caminos de tierra donde hay que hacer un gran esfuerzo muscular me pasaron factura. En este sentido, siento discrepar con Yolanda; los caminos de tierra son muy jodidos, porque se pierde tracción y hay que esforzarse un poco más para recorrer las mismas distancias. Además hay toboganes que requieren un esfuerzo adicional para subirlos y bajarlos que el entorno urbano no tiene. También puede ser que en los cuatro últimos kilómetros no encontré ninguna fuente que funcionara (y eso que había cuatro).

Al final me salieron 28 kilómetros, no tenía fuerzas para hacer los dos que había planificado, pero lo di por bueno. Al fin y al cabo, el esfuerzo fue mayor.
Las sensaciones, como en los chistes, fueron buenas y malas.

Por el lado positivo quiero destacar la perfecta adaptación a la ropa técnica. Sin llegar a embadurnarme en vaselina, no tuve ninguna rozadura en los pies, ni en las axilas (me protegí los pezones con sendas tiritas), a pesar de que en muchas de las torsiones de los tobillos por esos “andurriales” pensaba “hostia, ampolla al canto” con tanta presión ejercida sobre las zonas de fricción de los pies por la pérdida de tracción. También que puedo mantener un ritmo constante sin dejarme llevar por tirones de los demás.

En cuanto al negativo… que puede que el tío del mazo exista de verdad. Tendré que ser reservón, y sobre todo, hincharme de glucógeno (carbohidratos) los días de antes. E hidratarme. Por medio del campo, obviamente, había pocos puntos donde beber, salvo el del Alcampo, ya en el km 16. Durante la vuelta no encontré nada de nada. POr no haber, no había ni charcos donde abrevar. Mucho Soto de la Moraleja y mucha polla, pero en cuanto a fuentes nada de nada. Se nota que son ricos, que no dan ni agua los cabrones, como si fuera agua de Vichy lo que tuvieran que dar.

Ah, se me olvidaba, el perchero Lïllestromme, que hacía juego por su veteado con el sinfonier Nikaüs, está descatalogado. Si es que estos putos suecos nos tienen manía. Cómo se nota que el Rey de Suecia desciende de un general de Napoleón.


Afortunadamente para mí, la decisión de ir al IKEA no fue premeditada, sino sobrevenida. De haberlo planificado probablemente hubiese tenido que volver a casa con el perchero Lïllestrom a la funerala, con cuidado para no rayarlo.

martes, 13 de marzo de 2012

Roto

Semana intensa en términos deportivos. Dado que hace dos domingos no salí a rodar, el lunes me encontraba pletórico de fuerzas. Tres salidas entre lunes y jueves a 4:36, 4:40 y 4:35 así lo atestiguan, con buenas sensaciones a pesar de la cantidad de dióxido de nitrógeno de coche oficial que lentamente vamos acumulando en nuestros pulmones y en los de nuestros hijos a fuerza de ir a comprar el pan en coche. El viernes, como postre, nueva salida con un compañero, esta vez más tranquila, a 5:00.

En cuanto al rodaje dominguero, me fui hasta los 23 kms, a 5:12 de media y 142ppm, con buenas sensaciones salvo porque en ocasiones me notaba los talones un poco cargados. Me imagino que algo tendrá que ver las cuatro salidas anteriores (normalmente hago dos ó tres), que hicieron que sumara 65 kms de lunes a domingo frente a los 32 kms de la anterior (mi media actual es de unos 45-50, compuesta por tres salidas intersemanales más el rodaje).

El caso es que con la “pertinaz sequía” y con la insolación actual estamos teniendo unos rangos de térmicos de 15-20 grados. ¿Qué se pone uno con una amplitud térmica digna de Estación Espacial? ¡¡Ah!! Con los rangos térmicos actuales lo tenemos jodido, porque con cuatro ó cinco grados a las 08:00 hace frío, pero con quince dos horas más tarde hace bastante calor si uno se abriga, de ahí que algunos vayamos en modo verano (malla corta y camiseta) cantando el himno de la legión los primeros kilómetros y otros de invierno, con su cortavientos y malla larga. Vamos, que si no te hielas al principio te deshidratas después.

Y hablando de deshidratar… a ver cuándo vuelven a poner en funcionamiento las fuentes inhabilitadas en invierno. El domingo, desde El Capricho hasta casa no encontré ninguna que funcionara (y hay cuatro), que vale que las quiten para evitar roturas con las olas de frío, pero parece poco probable que las temperaturas vayan a bajar tanto como para provocar estos accidentes.

Lo mejor es, sin duda, la intensidad de los ritmos y sus sensaciones. Lo peor es que, de seguir así, vamos a terminar haciendo el Matrix en la a fuerza de enchufarle contaminación y más contaminación, sin que llueva nada.

Poco después de la carrera me encontraba nuevamente en otro parque, esta vez con la familia, La Quinta de Los Molinos que ahora está espectacular con los almendros en flor. Eso sí, si tenéis alergia no os lo recomiendo, pero si no, no perdáis ocasión. Sólo dura una ó dos semanas. El olor a miel es intensísimo, y el paseo por ese parque es muy agradable. Para los urbanitas deciros que hay metro directo (Suanzes), el carril bici pasa al lado (se puede ir por el anillo ciclista, desviándose en Avenida de los Andes, o se puede ir por el Arturo Soria, Avenida Donostiarra, o venir por el que sube desde O’Donnell hasta Arcentales, o, joder, también se puede ir por la calzada, que la bici es un vehículo….   No hay excusa) o, como mal menor, se aparca relativamente bien. Ah, se me olvidaba, hay varios bares en los alrededores con terracitas de esas que gustan en Madrid.






Esto, y un buen paseo por la tarde, hicieron que ayer me encontrara roto. Agotado. ¿O será la astenia primaveral ésa? Puede ser, pero me quedo con que estuve cuatro ó cinco horas a un sol que quema como a finales se septiembre sin más protección que el MP3 y la espada de Santiago mientras se canta: “Soldados valerosos del Arma de Ingenieros, cantemos a la patria con recia fe y amor, ¡arriba nuestro lema: Lealtad y valor!”. A estas alturas hay que dejarse de remilgos, y echarse cremita. La gorra, simplemente, se me olvidó. Vamos, que pequé de pardillo, ni que fuera nuevo.



jueves, 8 de marzo de 2012

Reestructuración sobrevenida

La semana pasada fue atípica en términos preparatorios para MAPOMA.

Para empezar, las tres carreras intersemanales que me pegué las hice a ritmos muy vivos, 4:31, 4:47 y 4:38 sucesivamente el martes, miércoles y viernes, en torno a 150 ppm (90% de mi FCmáx). Pienso incluso que muy vivos, pero bueno, muchas veces me dejo llevar por las sensaciones en estas salidas de 45-50 minutos. De hecho, por los tiempos y ritmos podrían considerarse como series de 3.000 sin descanso.

El domingo no pude salir, por lo que me lo tomé como un descanso más, a la espera de futuros rodajes. Con todo el bagaje que llevo, pienso que a estas alturas la preparación es más mental que física. La condición aeróbica no la voy a mejorar en cuatro ó cinco semanas por correr 20 ó 22 kilómetros más, pero la mental sin duda que hay que currársela, más que nada para saber qué es eso de correr más de dos horas. Además está el hecho de ir probando la ropa para ver si yendo al límite no producen esas temidas rozaduras.

¿Se puede mejorar la anaeróbica? Sí, sin dudas puede mejorar aún más con estas sesiones  a umbrales.

Con estos tiempos, sensaciones, rodajes anteriores, vuestros comentarios y que a las 13:00 dan ración de paella en el Florida Park (:-D!), me estoy replanteando mi tiempo objetivo, de 4:00 a 3:45/3:50, yendo siempre dentro de un rango de pulsaciones de 140 a 150 (al menos en la primera parte).

De cara a MAPOMA me ha surgido un nuevo (e inesperado) reto en forma de Media Maratón, el de Segovia. Una prueba nada rápida ni fácil, pero que al menos tiene que ser chula de correr. Prueba dura donde las haya, lo de menos es plantearse hacer marca.

¿Que por qué Segovia? Pues porque “me han liado”, como se suele decir. La culpa, como siempre, no es de uno mismo, al que le va la marcha, sino del colega ése que “te emborracha”, o de la banca. Allí estaré, el 25 de Marzo.

Con el calendario en la mano, sólo quedan cinco semanas de entrenos (no cuento con la última).  Excluyendo el fin de semana de Segovia, son cuatro, en los que tengo que hacer un par de tiradas largas (muy largas) según mi entrenador particular (que no personal) para que las piernas se vayan acostumbrando. Y es que está todo el pescado vendido.

martes, 28 de febrero de 2012

Una muesca más: pasando el Ecuador

Al final voy a cogerle gusto a los superrodajes premaratonianos. El domingo me tocaba ir más allá de los 20 kms, y, dado lo bueno que iba a hacer, decidí salir  un poco antes de lo normal para tener después más tiempo hasta el mediodía.

Esta vez iba solo, con la única compañía del MP3. Para no aburrirme mucho en el JC1, decidí dar un rodeo antes de meterme en el parque. Fui por el carril-bici hasta la Alameda de Osuna, dando una vuelta por una especie de parque o descampado que hay en frente del Polideportivo.


 Me metí en El Capricho, y estuve dando vueltas cuatro ó cinco kilómetros. No había nadie en ese parque; con el buen tiempo que hacía y sólo me crucé con los seguratas de la puerta y un operario de limpieza. La verdad, es todo un lujo correr por este parque sin ningún ruido (bueno, el lujo es poder correr por ese parque, lo del ruido es un plus). 




A pesar de que sólo tiene una recta más o menos larga (la de entrada, de unos 400-500 metros) y tener muchas cuestas y curvas que te restan algo de tracción, ir por unos senderos entre pinos, cerezos, tejos, cedros y robles centenarios disfrutando del silencio es una sensación muy placentera. Hay otros árboles, arbustos y plantas que desconozco, pero que son igualmente espectaculares.

 En algunos casos llegan a formar auténticas bóvedas a lo largo de los senderos, por lo que se configura como un sitio a tener en cuenta para correr cuando llegue el calor.


 Oír sólamente tus pasos acompasados a tu respiración, el crepitar de hojas y alguna rama suelta junto con algún pájaro te relaja sumamente a pesar de ir a 140-150 ppm.
  A primera vista puede parecer un poco bucólico tirando a moña, y lo es, al fin y al cabo el parque se diseñó con ese espíritu. Puede sonar a anuncio de Aseguradora o de yogures con bífidus y l-casei (que lo es, menudos cabrones, tratando de apropiarse de sensaciones), pero es más que eso.


Después enfilé el JC1, donde di dos vueltas y media. Este parque, enorme y más desangelado, estaba ya más lleno de gente, y empecé a cruzarme con bastantes runners que aprovechaban que ya no hacía frío. ¿Operación bikini en ciernes? Sin lugar a dudas, sí; después de unos pocos años corriendo uno distingue quién corre habitualmente del que lo hace de forma ocasional o circunstancial y cómo estas decisiones se toman de forma más o menos colectiva en base al calendario y a la previsión meteorológica. Además, qué coño, hace dos semanas éramos cuatro gatos los que estábamos echados a la calle a esas horas y no creo que haya habido un ejercicio de catarsis colectiva que saque de forma masiva a la gente de su casa. Lo del “Ensayo sobre la lucidez” queda muy bien en una novela de Saramago, pero en la vida real (desgraciadamente) no sucede.

Con todo, al final hice el medio maratón a 5:08, con 139 ppm, 1:48 en total. Yendo un poco más allá de los datos finales, la primera parte me salió a 5:14 con 138 ppm, mientras que la segunda a 5:02 y 142 ppm. A diferencia del fin de semana pasado, me dosifiqué bastante más, plasmándose en dieciséis segundos menos de media frente a tres ppm más. Lo que no recoge el pulsómetro son las sensaciones, que fueron muy buenas. No es que llegase sobrado a casa, pero sí que llegue con la sensación de poder unos cuantos kilómetros más. SI hubiese metido un poco más de caña desde el principio seguro que hubiese bajado de 1:40, pero tampoco era mi intención hacer tiempo.

Sin tomar geles, sólo parando a beber agua en El Capricho, no sentí fatiga, lo cual me hace pensar si el objetivo de las cuatro horas es muy conservador. Será cuestión de ir a 5:20-5:25 y ver qué pasa con las ppm, que no es lo mismo correr con cinco grados a las 09:00 y terminar a 15 a las 10:30 que los 25-30 a las 12:00 del año pasado o del anterior, que es cuando hay que dar el do de pecho en los últimos (y fatídicos) ocho kilómetros finales cuesta arriba.

Del resto de semana preparatoria, destacar que estoy clavando las medias a 4:45 y 150 ppm. Dos salidas a esos ritmos más otra a las 07:30 más relajada (4:55 y 141 ppm), que a esas horas el cuerpo no pide tanta marcha ni tiene tanta mala hostia que soltar.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un maratón no se prepara en 16 semanas

Hay gente que va de listos por la vida. Son unos listos. Con lo que me joden los listos (como dice mi padre). Son gente que ponen de manifiesto con sus actitudes vehementes que la ignorancia es atrevida, cuando no insolente. O, como dijo Baltasar Gracián, “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”.
El otro día le comenté a un compañero que estaba preparando MAPOMA. Lo normal en estos casos es que te digan “joder qué duro”, ´”¡ánimo!” o comentarios similares. Pero no, éste no es de esos, qué va, éste se tira a la piscina y en el camino decide si le hace falta bañador, paraguas o llamar al 112. Me soltó una frase de este pelaje: “eso está tirado, con un plan de entrenamiento de 16 semanas puedes terminarlo sin problemas”. Y se quedó tan ancho, como fumándose un Montecristo y un whisky de malta en copa balón. Para rematarlo dijo “Yo es que no tengo tiempo, que si no…” estamos hablando de un tío soltero, treinta y pico palos, sin pareja conocida y viviendo con sus padres. Sus carreras, por lo visto, se circunscriben a media horita en la cinta del gimnasio o, si está ocupada, una carrerita hasta El Corte Inglés por la acera.
Vamos a ver, alma de cántaro, los planes de entrenamiento constan de 16 semanas, si, pero están dirigidos a gente que corre habitualmente. Mejor o peor, más rápido o más lento. Pero que corren. Y para seguirlos hacen falta al menos tres ó cuatro horas a la semana de carrera entre rodajes, series y ritmos diversos. Y, si se puede, complementar con ejercicios de fortalecimiento en gimnasio, pero si se puede, que hay que tener vida. Además tiene que haber cierta disciplina alimentaria (no es que uno tenga que ser un asceta y estar comiendo forraje e hidratos de carbono todo el puto día, pero tampoco tomarse tres copas al día y apretarse un cordero de aperitivo), vamos, lo que viene a ser una dieta equilibrada. Sin desayunar y comiendo a mediodía un par de galletas como hace el pollo éste como que es difícil tener una dieta equilibrada.
“¡Mariconadas! Es que lo he leído en Internet”. Acabáramos. Lo has leído en Internet. Si escribes “fin del mundo” en Internet también te salen fecha, hora y lugares a patadas. Y si escribes “¿me puedo quedar embarazado oliendo unos gayumbos de Paquirrín?” también, seguro que te quedas embarazado, que las armas las carga el diablo.
Yo, mientras tanto, pasándolas putas intentando rascar cinco segundos en mis ritmos en umbrales, con los amagos en los isquios y con la amenaza siempre presente de que te salga alguna ampolla después de un rodaje que te haga parar en seco una semana y el perla éste va y dice que él, con 16 semanas, podría prepararse un maratón porque lo ha leído en internet. Si buscamos un ejemplo de lo que significa “coger el rábano por las hojas” este se lleva la palma.
Si estás de hacer otros deportes con una carga aeróbica fuerte o media sin lugar a dudas puedes, es fácil… si le echas tiempo y huevos. Nadar, ir en bici o correr como parte importante de la preparación física para la práctica de otros deportes te hará fácil adaptarte a un plan de entrenamiento. El único secreto es la constancia. Pero si lo más parecido al deporte que practicas es jugar a la Wii, lo mejor es que te compres el “Pro Maratón 2012”, en el que si mueves las pestañas ritmo de foxtrot tu avatar corre a ritmo de Chema Martínez, mientras que si eres capaz de pestañear a ritmo de reggaeton avanzarás hasta la velocidad de Gebreselassie y, quien sabe, igual te dan una medalla de oro del que cagó el loro en Londres 2012, por supuesto virtual.
Joder, es lo mismo que decir “no tengo ni puta idea de chino cantonés, pero si me voy tres meses a China aprendo hasta declinar los verbos en chino”. Puede que te hinches de brochetas de perro, de rollitos de primavera o de arroz tres delicias, pero aprender, “mijau”  y gracias.
En serio, que haya gente por la vida con esta autosuficiencia jode, sobre todo cuando quiere darte lecciones de algo de lo que no tienen ni puta idea cuando tú tienes algo que decir pero no lo dices por no parecer pedante o simplemente porque sabes que no sabes nada. Pero bueno, este listo también piensa que Raúl no tiene ni papa de jugar al fútbol (porque lo ha leído en El Mundo Deportivo… y él, Mahou en mano, sí que la tiene, por lo visto)
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Ya lo dijo Makinavaja. “Y que siempre tiene que haber un gilipollas…”