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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Crónica Canillejas 2015. Crónica de un sub40

Desde hace semanas me rondaba la cabeza apuntarme a un 10k para quitarme la carbonilla. Llevo varias salidas de 7-8 km a 4:15-4:20 por Las Tablas. Entre aceras, carriles-bici y pasos de peatones estas medias, más que habituales, se han vuelto constantes para estas distancias.

Sólo había corrido seis diezmiles (en diez años). No es una distancia que me apasione precisamente porque es muy agónica. Tienes que salir dándolo todo desde el principio. Colocarte bien. Ir al 100%. Y el margen de mejora es poco… al menos para mí que ni me la trabajo en entrenamientos con series ni mucho menos en competición. Sí que la domino (y mucho) en entrenamientos ya que 45 minutos es el tiempo que suelo sacar entre semana.

El otro día lo que iba a ser un tranquilo rodaje se convirtió en una sesión de cambios de ritmo muy cañeros, con ritmos puntuales de 3:45 o menos. “Estás para bajar de 40:00” me comentó un amigo. Eso y el hecho de verme bien (en torno a 41:00) hicieron que me apuntara a la Canillejas.

Perfil de Canillejas 2015


El domingo, con un frío pelón y bastante aire, me fui en bici para allá. Aparco en el metro del Carreful, donde había quedado con un compañero, y nos vamos a trotar algo. Nos colocamos en buena posición y esperamos los quince minutos de rigor. Sin frío, sin viento, al amparo de la manada.

Lo primero que sorprende de esta carrera es que hay poco sitio para el postureo. Las/os cuquirunners ni se les ve ni se les espera. Canillejas, por lo visto, no tiene el glamour de otras carreras o sea más céntricas. Mucha camiseta de club, olor a réflex y poco selfie en la salida para gloria del caralibro.
Salida rápida, muy rápida. Se nota que la gente sabe correr porque la peña mantiene la dirección y no se cruza salvo causa de fuerza mayor (adelantamientos) y en cualquier caso lo indica con ese leve movimiento de brazo anunciando el cambio. Así da gusto correr. Primer kilómetro cuesta abajo (donde hasta la mierda sabe correr). Intento no fliparme, que la carrera es rápida pero los 10.000 metros hay que hacerlos. Aún así, 3:43. En mi planificación sobrevenida me hago la cuenta de la vieja, 4:10 por kilómetro para repetir MMP (41:40)… 27 para el zurrón. Km 2 y y uno de los pocos con perfil ascendente… hemos dado la vuelta y desde el Carreful nos metemos por García Noblejas, 4:06 y 3:59. Sigo llenando el zurrón. Con el viento de frente bajamos por Arcentales… en el km 4 (3:50) están mi hijo y unos amigos.. me vengo arriba, foto de postureo para el Facebook que todavía no tengo y para adelante. No siento el viento. Ni las piernas. El efecto túnel se hace presente y, con repechos incluidos, hago el primer cinco mil en ¡¡19:31!!

¿Alguien dijo que iba a 41:00? ¿A que no hay huevos…? Km6, con algo de subida y de nuevo veo a mi hijo mayor y sus amigos: otra foto de postureo en la que (creo) soy capaz de sonreir. Viento de cola (menos mal) porque Arcentales hacia arriba cuesta, valga el juego de palabras. Bajo el ritmo y adelanto: las cuestas de Valdelatas y Valdebebas tienen su efecto porque adelanto a más corredores que en el resto de la carrera. Termino el km 7, casi todo cuesta arriba con un dignísimo 4:14. ¡¡27:44!! Y sólo quedan los últimos tres con un perfil descendente. ¡¡Sí se puede!!

Nos metemos nuevamente por García Noblejas y giramos a mano derecha buscando el parque de Canillejas. Todo en una ligerísima cuesta abajo. Sigo kilómetro a kilómetro. No quiero petar y el hecho de contar con 12:15 para tres kilómetros hacen que tire de calculadora mental, 4:05 por km de margen. 3:49 en el 8 (esta vez mi hijo me vio a mí, me llamó y me tuve que girar para saludarlo) , 3:47 en el 9… harían incluso factible bajar de 39:00.. pero no, no se me va la pinza. Además el cartel del km 9 está 100 metros más adelantado que lo que marca el GPS. Arco de bebida isotónica al fondo… aprieto un poco porque visualizo ese sub40… ¡¡la meta está 100 metros más adelante!! Mantengo (creo) el sprint y cuando mi miopía me permite ver el cronómetro ¡¡veo un 39:48 como el sombrero de un picador!!  ¡¡Síiiiii!!!

Como suele suceder el GPS marca algo más que la carrera. ¿Estarán todas mal o será un reflejo de la inercia masculina a pensar que lo nuestro mide más que la realidad?

Un sub40 ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

Conclusiones

-       -   No iba de tapado. No tengo experiencia apenas en carreras y apenas entreno la distancia. Series las justas.

-     - A pesar del subidón y de que se me da muy bien la distancia sigue sin gustarme. No hay lugar para el disfrute d ela carrera (en mi caso) salvo el pitido del pulsómetro que me anuncia que voy mejor de lo que esperaba ¿qué pasaría al revés? Pues eso.

-          - Estuve comiendo todo el domingo sin parar. Entre la carrera y el trayecto (20-22 kms en bici con frío y viento) estuve dándole toda la mañana. Más alguna propinilla corriendo hasta llegar a la bici.

-          - Carrera muy recomendable por el ambiente y por el recorrido. A pesar de que la salida y la meta están muy alejadas entre sí, la experiencia de los organizadores hacen que no se pierda tiempo con el ropero.

-         - El precio… entramos en una discusión más emocional que racional. 16 euros para un diez mil está en la banda alta. El ser una carrera rápida y que haya premios en metálico hacen que muchos élite se acerquen a ver qué pasa y se nota en las marcas. ¿Podría haber menos premios y que se bajase el precio? Podría, pero sería otra carrera más.

-          ¿La recomendaría? SÍ. Hay que planificar la logística pero sí (sólo hay metro inmediato en el carreful… la meta tiene metro a 600-800 metros, línea verde).

-          ¿Volveré a hacer diezmiles? Sin duda, pero próximamente no.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Carrera BBVA 2014

No soy muy de carreras de 10.000, se me hacen muy estresantes. Entre que tienes que llegar con tiempo para colocarte bien y que debes andar sorteando a los que se ponen delante sin hacerle ni puto caso a los carteles/cajones uno termina dicendo “nunca mais” hasta la siguiente.

Pero el domingo hice una excepción con la carrera BBVA. Una carrera totalmente solidaria, que discurre por Castellana y Recoletos y la posibilidad (nada desdeñable) de tapar alguna boca que se había apuntado.

El sábado estuvimos en una exposición de Ibáñez con los enanos en el Círculo de Bellas Artes donde nos quedamos alucinados con la cantidad de peña que estaba haciendo cola para hacer cola por subir en un ascensor a ver las vistas desde la terraza y tomarse algo (si se podía porque estaba petado). Y es que la terraza del Círculo se ha puesto de moda, con un bar muy cuqui. Las vistas, por lo que se ve en las cuquirevistas o en los blogs de las cebs como diría mi coach, tienen que ser chulas. Pero pasar más frío que pelando nabos cuando está ahí todo el año… en fin, somos gregarios para esto y para las carreras también. Después hamburguesón en el Hard Rock, donde se nos olvida de un año para otro el descomunal tamaño de sus nachos (joder, otra vez estoy salivando) pero no lo buenos que están.

Amaneció un día muy frío (en Diciembre), helado. Descarté la opción de ir en bici porque podría llegar arrecido e iba a estar más tiempo buscando el ropero que yendo vestido de faena en metro (tres paradas).

No tenía un objetivo de tiempo, tan sólo una referencia, 42:13, de mi último 10k de Octubre (CSIC) con un recorrido prácticamente calcado (3 kms de bajada, 5kms de subida y otros 2kms de bajada). No hago series, por tanto no sé cuál es mi “ritmo de competición” aunque lo puedo intuir. Pensaba ir a 4:00-4:05 en las bajadas y a 4:20-4:25 en las subidas. Con un viento de cola y una salida rápida a pesar de meter dos carreras en una (5 y 10 kms) los dos primeros kilómetros fui a 4:01. En manada llegamos casi hasta Cibeles (nos vemos en Mayo, diosa mía, pero respeta a mi Córdoba en Enero) donde después de un giro empezamos a subir.

Al principio la subida es suave (si has corrido por el monte, Castellana es suave) pero poco a poco se iba dejando notar. Y es que cuesta abajo todos sabemos correr pero cuando nos damos la vuelta es cuesta arriba y hay que subirla. Además el viento fresco actuaba de freno. Con precisión de martillo pilón el 4º lo hago a 4:23 y el quinto (no hay quinto malo) a 4:22. El reguero de adelantados al principio es lento pero constante pero ya a la altura del ABC de Serrano noto que voy muy bien… de tiempo. El sexto, 4:14. Iba bien de tiempo, 25:11, veinte segundos menos que mi referencia. Veo el “obelisco” de Plaza Castilla a lo lejos, veo la figura de la pezuña de la bestia (qué clarividencia tuvo Álex de la Iglesia al elegir la sede de Bankia como imagen de su peli) y pienso que ya está… sí, sí, los cojones. Me quedaban dos kilómetros, que andaba todavía por el Bernabéu.

El kilómetro 7 para mí siempre es el peor en un 10.000. Se me hace eterno porque todavía te queda un mundo para terminar, vas al tope de tu ritmo y piensas que no puedes. Además la cara la nota tiesa como un ajo con el vientecito serrano que nos baja desde Peñalara con amor. Pero es todo psicológico. Llego a Cuzco en 4:26 y aún me queda colchón de mejora. Vamos ya de uno en uno y ahora sí, estoy llegando a Plaza de Castilla con el mejor árbol de Navidad del Mundo, todo rojo y con una “M” de Mahou que se te hace la boca agua a pesar del frío y de la hora. Vuelta al ruedo donde hago mi peor kilómetro en 4:32 y ya estoy diez segundos por encima de mi tiempo objetivo.

Llegando a Plaza de Castilla para dar la vuelta...

Los corredores de 5 kms se entremezclan con nosotros y acelero... viento de cola, meta a la vista, sólo diez segundos que recuperar  y diferencia de ritmos brutales… me dejo llevar, alargo la zancada y mantengo las pulsaciones en unas increíbles 166 ppm y el pulsómetro quejándose más que Neymar. ¡¡3:53!! En el 9… ahora estoy justo con el mismo tiempo que había tomado como referencia. Aprieto más, “from lost to the river”, sigo adelantando a gente pero pocos. 100 últimos metros, esprinto porque veo un 41:30 en el cronómetro que me pone pimpón y termino con un ¡¡41:39!! MMP a la buchaca, último kilómetro en 3:37, mi mejor kilómetro de siempre. Entro con un “¡toma!” al estilo Nadal porque le he pegado un bocado de 14 segundos a mi MMP.

Puesto 246 absoluto (de 5.346) y 137 de mi categoría, todo un percentil 95 (si bien pienso que la distribución se asemeja más a la ballena que a la normal, pero eso son pajas mentales de mi retorcida mente; rarito que es uno, que le gusta la econometría).


En conclusión…

Si me tomara en serio las series.. corrijo, si hiciera series ser un sub40 lo tendría ahí cerca. Este recorrido es duro, pero si en cinco kilómetros de subida constante, con aire en contra y con un desnivel de unos 150 metros, mantengo una velocidad implacablemente constante de 4:23 es que hay materia prima (no tengo abuela); si puedo hacer un último kilómetro por debajo de 3:40 es que sé regularme.

Más allá… en media maratón tengo 1:33, también muy regular en todo el trayecto.

Con estas referencias tendría que ser un 3:25-3:30 en maratón y no  un 3:51. Pero falla quizás esa preparación específica de series. El lado más analítico y racional me pide que las incluya pero el más pasional y vitalista me dice que las mande a tomar por culo. De momento gana el vitalista porque el racional es un tocapelotas de cojones y termina diciendo que “un récord sólo sirve para batirlo”. Pues a disfrutar de las carreras.

lunes, 11 de febrero de 2013

Semana 4 MAPOMA 2013


En esta cuarta semana los fantasmas se van desvaneciendo. El isquio  no me ha molestado apenas; a cambio tengo un dolor en el glúteo bajo que se manifiesta tímidamente en torno al km. 10. Casi nada comparado con lo que tenía antes.

Una sesión de fisio de descarga, carreras suaves por terreno más compacto (asfalto y carril bici), un par de descansos y una reunión de padres en el cole y la verdad es que lo he notado.

He llegado a pensar que parte de la culpa la podían tener las mismas zapatillas, ya que ahora estoy usando unas Adistar (tope de gama en cuanto a pisada neutra, con doble de amortiguación y mozzarella) que me compré en rebajas. Por peso estoy entre las Adistar (+80kg) y las Glide (hasta 80 kg), y desde Navidades estoy en las Adistar. ¿Por qué he llegado a pensarlo? Aparte de que porque soy muy “mal pensado” he llegado a desarrollar la teoría de que por tener una zapatilla con mayor amortiguación, el esfuerzo que tienen que realizar mis piernas para desplazarse es mayor que con otras con una amortiguación menor. ¿Paranoia? ¿Influencia de las teoría “barefoot”? ¿Se nota que ha calado en mi interior “Nacidos para correr”? ¿Simplemente sobreentrenamiento?

A lo mejor un poco de todo, quién sabe. Para empezar el domingo no fui a la Media de Fuencarral-El Pardo. Por si acaso no me apunté y por si acaso no me planteé ir sin dorsal como otros. Prefería ir a un ritmo contenido antes que dejarme llevar por la manada en una carrera. “¿Pa’ qué? ¿Pa’ cagal-la”?” A cambio me estoy planteando correr la de La Latina en un par de semanas dependiendo de cómo me vea ésta.

Mientras tanto sigo con mis ritmos lentos pero constantes. Al trantrán. Apretando hasta que las piernas me dicen basta y dándome de bruces con el viento del norte. Dos salidas martes y miércoles a 4:50 de 10 kms y otra más larga el viernes de 12 a la misma velocidad liberado de las molestias. Por cierto, se confirma que el viernes es el día con menos runners de la semana (al menos en el JC1, donde los runners de oficina corren de lunes a jueves porque los viernes tienen jornada reducida).

El rodaje del domingo lo hice a 5:15. Unos 18 kms en un recorrido donde predominaba el firme compacto para evitar sobrecargas musculares, por lo que no me fui por el Pinar de Conde Orgaz e hice doblete en el JC1. No pude resistirme, no obstante, a entrar en El Capricho. Sin viento apenas (qué alegría) he empezado a probar geles de cara a MAPOMA. De momento uno de los más conocidos me sienta muy bien; da un subidón de fuerzas tremendo. Sin embargo me sale casi como un menú del día si quiero tomar uno cada 10-12 kms. Había más gente corriendo que otros días ¿no habíamos quedado en que los propósitos se habían quedado? Pues no, se ve que el buen tiempo sacudió la conciencia de alguno.

miércoles, 30 de enero de 2013

Semana 3 MAPOMA 2013


Semana breve en cuanto a salidas pero intensa en todo lo demás. Sólo salí tres veces en las que noté que las molestias en el isquio siguen remitiendo aunque no desaparecen. Dos salidas intersemanales de 10 kms a 4:50 y 4:37. La primera de ellas, además, luchando contra los elementos en forma de frío, viento, lluvia y nieve. A  diferencia con el Duque de Medina-Sidonia al mando de la Invencible yo no culpé a los elementos de lo que puede parecer un mal entreno. Al contrario,  lo considero muy meritorio dadas las condiciones adversas. Y satisfactorio,  que me lo pasé muy bien. Y es que pienso que cuando corremos con lluvia, barro o con todo a la vez dejamos salir a ese niño que llevamos dentro amordazado que disfruta saltando en los charcos, llenándose de barro  o mojándose con la lluvia sin miedo (inducido) a mancharse o mojarse.

El domingo rodé poco más de 18 kms a 5:09, pero con los cuatro últimos a 4:59. De pulsaciones bien, quizás algo subidas (142), pero bien. El isquio no empezó a molestarme hasta dos kilómetros antes de terminar pero controlado en todo momento, de ahí que mantuviese el ritmo.

En mi recorrido habitual por los parques de Hortaleza y Barajas (el expansionismo hortalezano se atribuye como propios el JC1 y su anexo de El Capricho), di una vuelta de más en este último. Me encanta El Capricho para correr. A pesar de sus cuestas y de lo umbrío que es, en un día de invierno como los que vivimos es perfecto para correr, a la par que idílico y bucólico con sus estatuas, chorritos o patitos. Abren a las 09:00 y a las 09:30 aún no hay nadie. Con tantos y tan grandes árboles el viento desaparece, los coches de las autovías y vías rápidas que lo circundan ni se oyen y el frío se ve amortiguado por el manto de las hojas de los árboles.

Y cuando escribo nadie es que, aparte de los seguratas, no hay nadie. Qué gusto da correr así, ver cómo las ardillas se sobresaltan a tu paso, oír pájaros por doquier, algún pato despistado chapoteando… qué pena que sólo abran los fines de semana, porque aúna las ventajas de correr por un bosque con la cercanía de tenerlo al lado de casa.







Lo que sí estoy notando es que los propósitos que inundaron los parques ahora madrugan menos para correr o directamente no madrugan. Ellos se pierden los amaneceres tan espectaculares que estamos vi-viendo. Simplemente im-presionante el espectáculo de ver la sierra nevada reflejando el naranja intenso del alba.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cómo ir a IKEA sin comprar en IKEA

El domingo pasado fui al IKEA de San Sebastián de los Reyes. “Qué novedad, como muchos madrileños, que han visto que el dormitorio Magnus está de oferta y además regalan el florero Ülma”, “¡¡¡Buuhhhh!! Que te has cambiado de acera”. Perdón, reescribo. El domingo pasado fui al IKEA de San Sebastián de los Reyes corriendo. Punto y seguido. Ah, venga, a ver qué decís los que pensabais que me había vuelto un gafapasta con fular a juego con el polo del Factory, ávido de ver en directo la grandiosidad del catálogo recién recibido para comentarlo el viernes con el estilista, otrora barbero. Para que veais el cambio que implica pasar de una frase sencilla a otra compleja.

El caso es que salí a las 09:00 decidido a hacer un rodaje largo (muy largo) en torno a 30 kms. Nada más llegar al punto de encuentro en Villarrosa “me liaron” para ir al IKEA sin pasar por caja. “Eso es imposible, siempre compras una chorrada” Que no, que no, corriendo a paso ligero. Y allá que nos fuimos, subiendo por el carril-bici hasta Sanchinarro desde donde por caminos totalmente ignotos para mí empezamos a subir a ritmos relativamente vivos para lo que pensábamos (medias de 5:15 con unas increíbles 133 ppm en los diez primeros kilómetros).

Durante el camino me di cuenta de los contrastes de la gran ciudad. El campo está más seco que el ojo de un tuerto; la hierba amarilla en marzo, los caminos secos a más no poder y las regueras es que ni existen. Sin embargo, cosas del microclima mesetario, el campo de golf(os) de La Moraleja lucía en todo su esplendor en un ambiente primaveral. Verdecito, cuidadito, recortadito, árboles exóticos, setos exquisitos y adelfas exteriores que impedían ver la miseria de las chabolas cercanas a los distinguidos socios del Club, ya que se les podía cortar el brunch por el que habrían pagado 25 pavos.

Atravesando caminos en medio de sembrados llegamos finalmente a nuestro destino. No sé cómo no nos perdimos, porque ninguno de nosotros llevaba Iphone, ese factotum moderno que hace que encuentres el restaurante que tienes en frente y que no puedes ver porque estás en el Facebook colgando en tu muro un mensaje lo mal que te sientes por haber pisado una mierda por ir precisamente buscando un restaurante en el Iphone. Además, qué coño, seguro que esos caminos no estaban cartografiados, por lo que el cacharrito en cuestión se hubiese hecho la picha un lío intentando localizar el saiguiente cruce a la derecha para girar.

Bueno, para ser exactos no llegamos al IKEA, sino a una rotonda que le da acceso y que pasa delante del Plaza Norte desde donde nos fuimos hasta el Alcampo en donde hicimos una parada técnica para beber agua y probar los geles que había comprado.

Momento gel… hasta el domingo no había probado los dichosos geles y no sé si tienen un efecto más allá del psicosomático, porque mejoría, mejoría no noté. Sí, después fui algo más rápido, pero es que empezaron a meterle caña y a mí me costaba seguirles. Seguramente esperaba un efecto inmediato del estilo de las espinacas de Popeye, pero nada de eso. Probablemente su efecto puede notarse a lo largo de la carrera, precisamente no notando que uno se queda sin fuerzas, pero en ese momento no pensé que me supervitaminara ni mineralizara.

Emprendimos la vuelta por El Soto de la Moraleja. Club social de diseño, casoplones del copón, calles impolutas y coches de capricho. Después de una larga y tendida cuesta arriba, empezamos un descenso a tumba abierta (yo no, el ascenso me había pasado factura, y en el descenso notaba cómo los cuádriceps iban cargándose) que nos llevó hasta Sanchinarro, desde donde emprendimos la vuelta.

Poco antes de las cocheras de la EMT alcancé a mis compis que se habían distanciado unos 50-100 metros en el descenso ¿o fueron ellos los que aflojaron para que me incorporara?, pero cuando empezaron a apretar los tres últimos kilómetros a ¡¡4:40!! (llevábamos 25 del tirón) Dije, “lo siento, no puedo, sigo en mis 5:15”. Me notaba las piernas rígidas, no sé si eso es el temido muro o que, simplemente, las cuestas por caminos de tierra donde hay que hacer un gran esfuerzo muscular me pasaron factura. En este sentido, siento discrepar con Yolanda; los caminos de tierra son muy jodidos, porque se pierde tracción y hay que esforzarse un poco más para recorrer las mismas distancias. Además hay toboganes que requieren un esfuerzo adicional para subirlos y bajarlos que el entorno urbano no tiene. También puede ser que en los cuatro últimos kilómetros no encontré ninguna fuente que funcionara (y eso que había cuatro).

Al final me salieron 28 kilómetros, no tenía fuerzas para hacer los dos que había planificado, pero lo di por bueno. Al fin y al cabo, el esfuerzo fue mayor.
Las sensaciones, como en los chistes, fueron buenas y malas.

Por el lado positivo quiero destacar la perfecta adaptación a la ropa técnica. Sin llegar a embadurnarme en vaselina, no tuve ninguna rozadura en los pies, ni en las axilas (me protegí los pezones con sendas tiritas), a pesar de que en muchas de las torsiones de los tobillos por esos “andurriales” pensaba “hostia, ampolla al canto” con tanta presión ejercida sobre las zonas de fricción de los pies por la pérdida de tracción. También que puedo mantener un ritmo constante sin dejarme llevar por tirones de los demás.

En cuanto al negativo… que puede que el tío del mazo exista de verdad. Tendré que ser reservón, y sobre todo, hincharme de glucógeno (carbohidratos) los días de antes. E hidratarme. Por medio del campo, obviamente, había pocos puntos donde beber, salvo el del Alcampo, ya en el km 16. Durante la vuelta no encontré nada de nada. POr no haber, no había ni charcos donde abrevar. Mucho Soto de la Moraleja y mucha polla, pero en cuanto a fuentes nada de nada. Se nota que son ricos, que no dan ni agua los cabrones, como si fuera agua de Vichy lo que tuvieran que dar.

Ah, se me olvidaba, el perchero Lïllestromme, que hacía juego por su veteado con el sinfonier Nikaüs, está descatalogado. Si es que estos putos suecos nos tienen manía. Cómo se nota que el Rey de Suecia desciende de un general de Napoleón.


Afortunadamente para mí, la decisión de ir al IKEA no fue premeditada, sino sobrevenida. De haberlo planificado probablemente hubiese tenido que volver a casa con el perchero Lïllestrom a la funerala, con cuidado para no rayarlo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Como un toro


El desecrebrado de Jesulín siempre encontraba una similitud entre los toros y cualquier cosa (o más bien al revés, que todo se parecía a un toro).

No obstante, el símil más común que todos solemos utilizar es el de encontrarse muy fuerte cuando uno se encuentra como un toro, y es así como me encontré en mi rodaje dominical.

Con una mañana fresquita, tres grados en el JC1, y con el recuerdo de la nevada que no cuajó en Madrid capital el viernes anterior, me fui a paso de legionario para allá.

Los ritmos, tranquilos al principio, fueron “in crescendo”: de un ritmo medio de 5:05 los tres primeros kilómetros (con un perfil prácticamente descendente), pasé a otro de 4:55 los tres siguientes (Mortirolo incluido), 4:50 del 7 al 9 y 4:53 del 10 al 12 y 4:55 los tres últimos. Vamos, un rodaje de manual en cuanto a la progresión, pero mejor de lo esperado. Quince kilómetros en poco menos de hora y cuarto, tiempo máximo de utilidad de un rodaje y a partir del cual no te aporta nada el extenderte más allá salvo que estés preparando un maratón y te encuentres en las semanas finales.

Los dos rodajes anteriores los hice a 5:12 y a 5:17 con unas ppm similares, lo que da una medida de la calidad del rodaje. Es cierto que el domingo pasado hizo algo de aire, y que el anterior estaba saliendo de una lesión, pero 20 segundos para un nivel de esfuerzo similar no lo explica todo.

Y por la tarde, doblete. Pero esta vez con balón.

jueves, 3 de marzo de 2011

Vivir sin aire

Cuando corro, lo que más me jode es el viento. Ni la lluvia (me pongo una gorra y un cortavientos), ni el frío (con ropa térmica, guantes y braga es suficiente), ni el calor (basta con madrugar) me echan para atrás. Sí, ya sé que uno no corre cuando hace viento, sino al contrario, pero un día de viento te puede joder el día.

Hay veces que no eres consciente de la magnitud de la velocidad del viento hasta que no te das media vuelta y lo tienes de cara; cuando esto sucede, qué casualidad, además vas cuesta arriba. La sensación que tienes es la de ir asfixiado como un perro, de no poder más, y, encima, ir lento de cojones, como si hubieses metido la reductora pero sin ir cómodo. Esos días, piensas mientras corres, “para la mierda que estoy haciendo y cómo lo estoy pasando mejor me hubiese quedado en casa”.

El viento, además, es caprichoso; lo mismo desaparece como te arrea un hachazo en el lomo cuando pasas por una esquina.

Después de unos días de primavera, la penúltima recaída del invierno ha traído un relativamente fuerte y persistente viento del noreste muy incómodo. Desde el domingo que estamos así, y por lo visto nos quedan unos días más.

En fin, como lo que no te mata te hace más fuerte, hay que verlo por el lado positivo, y tomárselo como un ejercicio de fuerza (realmente lo es, joder, que al fin y al cabo hay que vencer una fuerza en sentido contrario y velocidad constante… ejercicio de vectores deSegundo de BUP al canto, para uqe luego digan los de la LOGSE que la Física no sirve... no sirve si no corres :D!).

Tanto el domingo como el martes disfruté del viento serrano, y ayer en menor medida. El domingo me pilló de pardillo; pensaba que iba a hacer malo pero a partir de la tarde y lo cierto es que al principio no hacía apenas viento, pero cuando estaba llegando al JC1 el puto Eolo de los cojones empezó con la gracia, y, amigo, me pilló con el culo al aire. El martes al menos sabía lo que había, y ni siquiera amagué con ir al JC1, sino que me quedé en Silvano y Villarrosa (por cierto, me ha salido una media cojonuda, de 4:34…si no llega a hacer viento bajo de 4:30 seguro). Ayer, con menos viento, sí que me fui al JC1, pero dando la Vuelta Mariconetti que tanto gusta a mis compañeros que gustan de decir que dan "una vuelta al JC1". Trampas al solitario.