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jueves, 21 de enero de 2016

San Silvestre Cordobesa 2015

Días de ajetreo han hecho que me retrasara algo en escribir una crónica de una carrera.

Llevaban los enanos desde hace tiempo con ganas de apuntarse a una carrera. Eso y que el año pasado tuvimos un fallo logístico en la San Silvestre de Gijón al quedarnos sin dorsales (sí, también existe burbuja runner lejos de la capital del Imperio y también en categoría infantil) hicieron que este año nos tomáramos en serio eso de la San Silvestre…nos apuntamos tres días antes a la vista del ritmo que llevaban las inscripciones.

Con 33 ediciones celebradas es una de las carreras con más solera en Córdoba junto con las Medias de Córdoba, la Córdoba-Almodóvar o la subida a las Ermitas (seguro que me dejo alguna en el tintero).

Con precios realmente populares (dos euros los niños, cinco los adultos), la salida era a las 15:15 (niños) y 16:30 (adultos), un horario que se me antoja pronto para una carrera de tarde o tarde para una de mañana. De hecho ése fue uno de los principales motivos para que no me apuntara. Porque seamos sinceros, entre apretarse unos macarrones ligeritos a las 13:00 y apretarse un señor rabo de toro con papas fritas (barquitos de telera incluidos) de mi señora madre  no hay color. Carreras hay a patadas, todos los días pero ese menú pocas.

La Carrera se celebra en el Parque Figueroa, otrora jocosamente conocido como “Brillante Bajo” y hoy encajonado en medio del Arroyo del Moro. La salida y llegada en la Plaza de la Marina Española, en cuyo centro está emplazada un ancla casi idéntica a la que hay en la plaza del mismo nombre en El Retiro.
Los nombres de las calles son de insignes marinos españoles como un tal Marino (Gabriel de)  Castilla quien, entre otras cosas, avistó la Antártida. O Blas de Lezo, quien impidió una cacareada victoria de Vernon en Cartagena de Indias que hubiese estrangulado el Imperio Español y de la que incluso se acuñaron monedas en su conmemoración.

Monedas conmemorativas de la victoria de Cartagena que se comieron con papas los hijos de la Gran Bretaña incluido Washington, el hermano mayor del otro Washington y capitán de los voluntarios de Virginia


La distancia era de algo más de 1.000 metros la carrera de benjamines e infantiles y 2.000 para categorías superiores en un recorrido totalmente plano y cuadrado. Pocos inscritos y muchos menos presentados por la lluvia que había ido cayendo a lo largo del día y la que presuponía. Plaza llena de gente celebrando el fin de año. La salida, conjunta para ambas categorías, fue rápida por los pocos niños que había y una ligerísima cuesta abajo. Sobre el mapa se recorría un rectángulo con lo que pocas curvas había que pudiesen hacer lenta la carrera.

Y en medio de la carrera aparecen los “recortadores” quienes, a esa edad, confirman que un recortador nace y no se hace. En un recorrido rectangular, con calles que cruzan el perímetro, es muy tentador meterte por la calle de antes para ganar la carrera. No estamos hablando de recortar la esquina por la acera para lo que siempre existe alguna excusa (forma parte del recorrido, no quería atropellar a nadie, la abuela fumaba…) sino de meterte por otra calle. Si, además, te delata tu primo en lugar de un árbitro entonces tenemos lío familiar para tres generaciones.

En el filo de los cinco minutos los chavales empiezan a llegar en plan chorreo. Con sus dorsales, con sus zapatillas de “Física”, con sus zapatos. Algunos con ropa de calle. Pocos con ropa técnica. No paran el GPS que no tienen nada más entrar. Pero cuando ven la línea de meta aceleran para adelantar al que llevan delante (no hay nada que te motive más en una carrera que meter la cabeza delante de ése en el último momento en plan foto finish).

“Noto los músculos como si se hubieran vaciado, pegados al cuerpo” me dice el mayor. “Eso es que lo has dado todo”. ¿Tiempo? Seis minutos o así y el mediano unos pocos más.


Nos ponemos rápido el abrigo que, a pesar del cambio climático, estamos sudados y empieza a llover. Mola correr. Mola esa cara que se te queda después de haberlo dado todo. Y mola que se acuerden de “Medio Hombre” (Blas de Lezo) cuando ven una alegoría en el acceso del Templo de Debod dos semanas más tarde.

Por otro lado, ya estoy en modo maratón. Los tres kilos de las navidade se han quedado en uno; "aesy come easy go", como en Bohemian Rapsody.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Resumen 2014, propósitos 2015, proyectos...

Uno de los efectos de correr es que aunque te propongas hacer una salida “ligera” de 7-8 kms siempre puede haber alguien que te termina liando y terminas haciendo 14 kms por un monte embarrado a 4:50. Eso me pasó el martes pasado cuando quedé con dos compañeros. Por supuesto que la culpa fue mía: sabía con quién iba, a dónde iba y era consciente de por dónde me metía, por lo que siempre podía haberme dado la vuelta. No cabe echarle la culpa a ningún gobierno, a ningún país, a ningún banco o a la mismísima Yoko Ono.

Desde el primer momento me sentí como el tonto de “La Cena de los Idiotas”, pero esta vez era plenamente consciente de que corría con dos keniatas descoloridos. En las cuestas abajo, los únicos tramos en los que podía hablar sin quedarme con aire, comentábamos la posibilidad ya avanzada de crear una comunidad de corredores en la empresa y parece que pinta bien la cosa. Además siempre queda el “orgullo y satisfacción” de participar desde el principio.

Dado que nos adentramos en “estas fechas tan entrañables” uno siempre tiende a analizar qué ha hecho y qué había esperado hacer.

Sólo he corrido una carrera planificada, el Maratón de París en el que “pinché”  por llevar unas expectativas demasiado altas pero en el que disfruté como un enano con la familia en los días previos y en los posteriores y que no olvidaré nunca. En total han sido casi 2.000 kilómetros de los que 165 han sido en competición. Aparte he ido más al gimnasio donde he hecho GAP, Pilates en la primera parte del año y Body Balance. Seguramente a causa de estas actividades las lesiones se han reducido drásticamente.

Por el contrario, me he apuntado a seis carreras más que no había previsto ni por asomo. Dos diezmiles, CSIC y BBVA de los que saqué una MMP (41:39) que no me merezco por no haber preparado la distancia en un recorrido bastante exigente. Me queda la esperanza de que si me la preparo y me apunto a alguna con un perfil más benévolo me podría acercar a los 40:00. Incido en el “si” condicional por lo condicional y lo condicionado que supone hacer series (qué poco me gustan), que tendría que hacer en solitario.

París aparte, lo mejor del año deportivo ha estado en el descubrimiento del trail. Nuevamente me dejé liar (me lie yo solito) un día de Mayo en el que después de pinchar una rueda, sin darme cuenta, al día siguiente ya estaba dándole a “Aceptar” en el formulario del “Maratón Desafío Somiedo”. Yo, que el Maratón de Madrid me parecía duro, voy y me inscribo a uno con 5.000 metros de desnivel: los de Bilbao son la señorita Pepis al lado de los de Córdoba, que nos da por ganar nuestro primer partido en primera en San Mamés. Para probar me inscribo en un trail de 18 kms en Riaza (Segovia) y lo termino dignamente (2:38, con 900+ y muy buenas sensaciones). Subidón y euforia desbordada me llevan a Somiedo donde me doy un baño de realidad bajando La Farrapona. Con un tramo no excesivamente técnico me falló la cabeza y en punto de control de Saliencia me retiro ante la posibilidad de otro descenso similar con menos fuerzas y peor tiempo. También jugó su parte el corredor escoba con el que me encontré llegando a este pueblo quien, cumpliendo su función, nos arengaba a los más lentos para ir subiendo el colchón de quince minutos que llevábamos sobre el cierre. Pequé de pardillo, me dejé llevar por la euforia y lo pagué.

Este sabor agridulce mejoró con la Media de Somosierra en Octubre. Con un perfil duro pero no técnico (1.900 metros de desnivel en 21 kms) hago 2:26 (posición 113 de 199) y me confirmo en mi estrategia de ir curtiéndome en trails de perfil menos técnico e ir incrementando la dificultad poco a poco para quitarme la espina en Somiedo en un par de años.

Para 2015… mi cuarto maratón, seguramente Madrid. Si el principal patrocinador deportivo sigue “regalando” el dorsal sin tocar aún más los cojones (este año compra de material sin rebajar en febrero por valor de más de 120 euros en determinadas tiendas, etc), sin duda, y repetiré proveedor a pesar de que después de nueve pares ya empiezo a tener ganas de cambiar. Alguna media (Latina, Fuencarral) le precederá.

Y a partir de Mayo trails en las cercanías de Madrid. Si se puede distancias “cortas” de 18-25 kms y eventualmente dar el salto a alguna distancia más larga (hasta 40 kms) por la dificultad añadida de preparar estas pruebas in situ y la necesidad de estar con la familia en el escaso tiempo libre que tenemos. No me veo con fuerzas ni con ganas de afrontar un GTP corto (60 kms y estar durante las campanadas pendiente de la inscripción) ni un MAM, por lo que iré poco a poco cogiéndole el gusto y disfrutando de los pequeños logros.

Prometo llevar una “conducta ejemplar”, con series y cuidando la alimentación. Nada que me haga decir “Lo siento mucho no volverá a ocurrir”. Desde la semana que viene me pongo en modo maratón.

… Pues para pasarme por el forro los discursitos del rey de copas me ha quedado un post muy monárquico. SI es que me estoy haciendo mayor :D


¡¡Felices Fiestas a todos!!!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Carrera BBVA 2014

No soy muy de carreras de 10.000, se me hacen muy estresantes. Entre que tienes que llegar con tiempo para colocarte bien y que debes andar sorteando a los que se ponen delante sin hacerle ni puto caso a los carteles/cajones uno termina dicendo “nunca mais” hasta la siguiente.

Pero el domingo hice una excepción con la carrera BBVA. Una carrera totalmente solidaria, que discurre por Castellana y Recoletos y la posibilidad (nada desdeñable) de tapar alguna boca que se había apuntado.

El sábado estuvimos en una exposición de Ibáñez con los enanos en el Círculo de Bellas Artes donde nos quedamos alucinados con la cantidad de peña que estaba haciendo cola para hacer cola por subir en un ascensor a ver las vistas desde la terraza y tomarse algo (si se podía porque estaba petado). Y es que la terraza del Círculo se ha puesto de moda, con un bar muy cuqui. Las vistas, por lo que se ve en las cuquirevistas o en los blogs de las cebs como diría mi coach, tienen que ser chulas. Pero pasar más frío que pelando nabos cuando está ahí todo el año… en fin, somos gregarios para esto y para las carreras también. Después hamburguesón en el Hard Rock, donde se nos olvida de un año para otro el descomunal tamaño de sus nachos (joder, otra vez estoy salivando) pero no lo buenos que están.

Amaneció un día muy frío (en Diciembre), helado. Descarté la opción de ir en bici porque podría llegar arrecido e iba a estar más tiempo buscando el ropero que yendo vestido de faena en metro (tres paradas).

No tenía un objetivo de tiempo, tan sólo una referencia, 42:13, de mi último 10k de Octubre (CSIC) con un recorrido prácticamente calcado (3 kms de bajada, 5kms de subida y otros 2kms de bajada). No hago series, por tanto no sé cuál es mi “ritmo de competición” aunque lo puedo intuir. Pensaba ir a 4:00-4:05 en las bajadas y a 4:20-4:25 en las subidas. Con un viento de cola y una salida rápida a pesar de meter dos carreras en una (5 y 10 kms) los dos primeros kilómetros fui a 4:01. En manada llegamos casi hasta Cibeles (nos vemos en Mayo, diosa mía, pero respeta a mi Córdoba en Enero) donde después de un giro empezamos a subir.

Al principio la subida es suave (si has corrido por el monte, Castellana es suave) pero poco a poco se iba dejando notar. Y es que cuesta abajo todos sabemos correr pero cuando nos damos la vuelta es cuesta arriba y hay que subirla. Además el viento fresco actuaba de freno. Con precisión de martillo pilón el 4º lo hago a 4:23 y el quinto (no hay quinto malo) a 4:22. El reguero de adelantados al principio es lento pero constante pero ya a la altura del ABC de Serrano noto que voy muy bien… de tiempo. El sexto, 4:14. Iba bien de tiempo, 25:11, veinte segundos menos que mi referencia. Veo el “obelisco” de Plaza Castilla a lo lejos, veo la figura de la pezuña de la bestia (qué clarividencia tuvo Álex de la Iglesia al elegir la sede de Bankia como imagen de su peli) y pienso que ya está… sí, sí, los cojones. Me quedaban dos kilómetros, que andaba todavía por el Bernabéu.

El kilómetro 7 para mí siempre es el peor en un 10.000. Se me hace eterno porque todavía te queda un mundo para terminar, vas al tope de tu ritmo y piensas que no puedes. Además la cara la nota tiesa como un ajo con el vientecito serrano que nos baja desde Peñalara con amor. Pero es todo psicológico. Llego a Cuzco en 4:26 y aún me queda colchón de mejora. Vamos ya de uno en uno y ahora sí, estoy llegando a Plaza de Castilla con el mejor árbol de Navidad del Mundo, todo rojo y con una “M” de Mahou que se te hace la boca agua a pesar del frío y de la hora. Vuelta al ruedo donde hago mi peor kilómetro en 4:32 y ya estoy diez segundos por encima de mi tiempo objetivo.

Llegando a Plaza de Castilla para dar la vuelta...

Los corredores de 5 kms se entremezclan con nosotros y acelero... viento de cola, meta a la vista, sólo diez segundos que recuperar  y diferencia de ritmos brutales… me dejo llevar, alargo la zancada y mantengo las pulsaciones en unas increíbles 166 ppm y el pulsómetro quejándose más que Neymar. ¡¡3:53!! En el 9… ahora estoy justo con el mismo tiempo que había tomado como referencia. Aprieto más, “from lost to the river”, sigo adelantando a gente pero pocos. 100 últimos metros, esprinto porque veo un 41:30 en el cronómetro que me pone pimpón y termino con un ¡¡41:39!! MMP a la buchaca, último kilómetro en 3:37, mi mejor kilómetro de siempre. Entro con un “¡toma!” al estilo Nadal porque le he pegado un bocado de 14 segundos a mi MMP.

Puesto 246 absoluto (de 5.346) y 137 de mi categoría, todo un percentil 95 (si bien pienso que la distribución se asemeja más a la ballena que a la normal, pero eso son pajas mentales de mi retorcida mente; rarito que es uno, que le gusta la econometría).


En conclusión…

Si me tomara en serio las series.. corrijo, si hiciera series ser un sub40 lo tendría ahí cerca. Este recorrido es duro, pero si en cinco kilómetros de subida constante, con aire en contra y con un desnivel de unos 150 metros, mantengo una velocidad implacablemente constante de 4:23 es que hay materia prima (no tengo abuela); si puedo hacer un último kilómetro por debajo de 3:40 es que sé regularme.

Más allá… en media maratón tengo 1:33, también muy regular en todo el trayecto.

Con estas referencias tendría que ser un 3:25-3:30 en maratón y no  un 3:51. Pero falla quizás esa preparación específica de series. El lado más analítico y racional me pide que las incluya pero el más pasional y vitalista me dice que las mande a tomar por culo. De momento gana el vitalista porque el racional es un tocapelotas de cojones y termina diciendo que “un récord sólo sirve para batirlo”. Pues a disfrutar de las carreras.

martes, 18 de febrero de 2014

Hablando de meteorología...

(Dedicado a los meteorólogos de salón, esos que tanto hablan de “ciclogénesis” en España o de “polar vortex” en los EEUU).

Cuando tú ves lluvia yo me pongo un impermeable y corro. Cuando tú notas frío yo me pongo otra capa, guantes, gorro y corro. Cuando tienes calor yo madrugo y corro. ¿Nieva? Aprovecho, que en Madrid dese 2010 no cuaja la nieve y corro.

Te quedas mirando por la ventana “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” como escribía Machado para mofarse de los pedantes; yo mientras formo parte de lo que pasa en la calle como Pérez.

La Humanidad ha pasado por el estrecho de Bering (entre Siberia y Alaska) a pie en plena glaciación en busca de un futuro mejor a pelo, sin quitanieves, sin botas de Goretex, sin cobertura, sin Windstopper sin GPS sin Mercadona  y sin pollas en vinagre: no existe el frío sino la ropa inadecuada.

Lo tomo prestado de un blog amigo

Tú ves que son las siete y media de la mañana y te lamentas porque sólo te queda media hora. Yo me levanto, corro y veo amanecer: los amaneceres de Castilla (Madrid es Castilla) son espectaculares y si el día de antes ha llovido o va a llover refulgen de un naranja intenso.

Piensas que hace un día horrible porque haya niebla: es un día precioso para correr por un pinar. No hay viento, no hace frío ni calor. ¿Qué te puedes manchar de barro? Para eso está la lavadora. ¿Qué te puedes mojar? Es sólo agua, tranquilo, se seca. ¿Qué sudas? Eso es que estás vivo.


Con el tiempo, como con la vida, caben dos opciones: lamentarte por lo que consideras tu sempiterna mala suerte (se te ha colgado el güifi, te has comprado un Iphone dos semanas antes de que saquen el último modelo, se te han manchado de barro los zapatitos de charol en enero) o ponerte una ropa u otra para salir a la calle.

Tú eliges, lamentarte del tiempo que hace o correr un MA RA TÓN.

jueves, 24 de enero de 2013

Nieve en el parque, Nieve en Invierno


Como colofón de la ciclogénesis del fin de semana, este martes anunciaban nieve en cualquier cota de la Meseta. “Prepárense  porque puede nevar”. En invierno. “Utilicen el transporte público”. Ni puto caso, que lo usen los demás, que yo voy calentito en mi mole de dos toneladas. Luego nos quejamos cuando se colapsa la A-6 y nuestro flamante Q-7, un engendro de más de 2.500 kgs, no es capaz de circular con un poco de hielo con su pretencioso aire de todoterreno. Eso y mandarle a Teta-5 el vídeo grabado con el “esmarfon” de lo mal que lo estamos pasando y que nadie viene a rescatarnos.

Por la mañana caía esa lluvia que en cualquier momento se podía convertir en nieve, y en eso se convirtió a a las 09:30 durante quince minutos. Después, la lluvia. Decepción en casa porque los enanos se las prometían muy felices cuando vieron por la ventana del cole que empezaba a nevar.

A mediodía ni rastro de nieve. La lluvia, incluso, desapareció brevemente y el viento con ella. ¿Una carrerita? ¡Cómo no! Hay que aprovechar que no hay viento.

EL cielo parece claro pero por el oeste se ciernen unos nubarrones negros. Me pongo el impermeable y me echo en el bolsillo la gorra Goretex del Decartón por si acaso. Y salgo.

Salgo a correr con un aire limpio consecuencia de haber estado toda la mañana lloviendo. Y con muchos charcos y barro consecuencia también de dicha lluvia.

El isquio no me molesta aún por lo que decido ir algo más rápido, 4:50, 4:40, 4:45, 4:33. Bueno, “decido” a lo mejor no es el verbo correcto, sino que debería ser “me dejo llevar”. Paso por el lago del JC1 cercano a la salida de la Avenida de Logroño y noto alguna gota. El ritmo se incrementa y el goteo se convierte en chorreo, por lo que saco la gorra y me la pongo. Empieza a hacer más aire justo cuando tengo girar y empezar a subir dirección noroeste, pegadito al Campo de golf “público” del Olivar de la Hinojosa.

La lluvia se convierte en esa aguanieve que cuando te cae es dura y que inmediatamente te resbala y se funde por el camino. Noto los golpes en la visera de la gorra (menos mal que me la he traído, porque en las manos sin guantes molesta un poco), los ritmos bajan pero me gusta mucho. Estoy disfrutando con la nieve; al fin y al cabo, y para desgracia de los enanos, en Madrid nieva una ó dos veces al año como mucho, por lo que hay que verlo como una circunstancia excepcional con lo que disfrutar en lugar de lamentarse por nuestra “mala suerte”.

En el JC1 no hay casi nadie, diez personas como mucho. Me cruzo con muy pocos runners. Nos saludamos con esa mirada de complicidad con la que no decimos nada pero viene a querer decir “joer, hoy sí que estamos pocos”.

Al final me salen los diez kms a 4:45. A pesar de las circunstancias me voy acercando a mis registros habituales pese a que las molestias en el isquio siguen ahí aunque ya menores.

La “nevada” dura menos de un cuarto de hora pero sigue lloviendo. Llego a casa con las mallas llenas de barro y con un subidón por las circunstancias de la carrera. Cuando llego a la oficina mis compañeros (y compañeras) juran en arameo porque la “nevada” les ha pillado a la hora de la comida y se hacen cruces por cómo volverán a casa en su coche. Como si no estuviéramos en alerta naranja ni lo hubieran anunciado.

Algunos no entienden cómo puedo salir a correr con “este tiempo” y yo no puedo entender cómo vienen en coche “con este tiempo”. La diferencia está en que yo disfruto como un enano corriendo “con este tiempo” y ellos se encabronan conduciendo “con este tiempo”.

jueves, 19 de enero de 2012

MOTIVACIÓN EXTRÍNSECA: SI BUSH PUEDE, TÚ PUEDES

Hasta la semana pasada, pensaba que algunas actividades cuyos practicantes denominaban “deportes” no podían ser muy difíciles de practicar cuando personas como la familia real al completo eran capaces de esquiar o navegar, Ánsar podía ser campeón de noséqué campeonato de pádel, Felipe de dominó y Franco se supera a sí mismo año tras año en la pesca del salmón.


Pensaba que, frivolidades aparte como las de Zapatero en esas míticas fotos en las que no dejaba huella en la playa de Matalascañas (qué gran y triste metáfora de su legado) o su estilo “Nopuedorl”, las cosas del correr tenían alguna barrera de entrada.










Pero va a ser que tampoco. Sabía que dos de esas frivolidades eran Ánsar y Bush, quienes fueron pillados por un “avispado” periodista de EL PAÍS hablando que hacían los 10.000 en 5:10. Dicho periodista, tirando de una pretendida y falsa ironía (para usar la ironía hay que ser inteligente, como dice mi amiga Cristina), se reía de lo fantasmas que podían ser estos dos perlitas cuando el récord del mundo de Gebreselassie estaba por debajo de 27:00, poniendo de manifiesto que (el periodista) no tenía ni puta idea de que, en medias y largas distancias, los ritmos se medían en minutos por kilómetro. Como diría mi padre “este tío es un listo...¡¡cómo me joden los listos!!”


El caso es que leyendo el blog La Pingüina Veloz leí que Bush había terminado un maratón en 03:44:52. Me quedé con una cara de gilipollas que no veas. Yo pensaba que las dos únicas cosas que compartía con Bush eran que respirábamos oxígeno (aunque con ciertas dudas, porque creo que este tipo era como las bacterias de Río Tinto, que son capaces de vivir en entornos con altas concentraciones de hierro y arsénico) y que nuestra capacidad de hablar y escribir inglés era la justita.

Pues no, resulta que el pollo éste corre, y mucho. Visto lo visto, que nadie me diga ahora que para terminar un maratón hay que tener un carácter especial, espíritu de sacrificio y autocontrol. Si Bush, careciendo de todo esto, puede, tú puedes.

Esto es un claro ejemplo de motivación extrínseca, que es aquélla que encontramos en factores externos (por ejemplo, cuando vemos correr en lontananza a Fernández, el de Contabilidad, y apretamos para quitarle la pegatina), frenta a la intrínseca (autosuperación, mejora personal de una marca personal o “personal best”).

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Invernalia

Como se dice en la serie “Juego de Tronos”, el invierno se acerca. O, según la hora, puede que ya esté aquí.
 
El domingo pasado salí a eso de las 09:30 a hacer una tirada larga tranquilamente y alejar de paso los fantasmas de las lesiones.
 
El día amaneció frío incluso hasta para estar al sol (dos grados en el JC1) pero ideal para correr. No hacía nada de viento, ninguna nube. Un cielo azul intenso. Me imagino que de aquí a nada tendré que pertrecharme con algo más que una simple camiseta de manga larga, porque tardé en entrar en calor.

Es curioso esto del cambio climático: en cinco semanas he pasado de palntearme madrugar para correr sin calor a tener que buscar la ropa térmica.
 
Todavía quedan árboles con hojas, pero de amarillas o marrones que están no aguantan otro “temporal”. Escuchar (y no oír) el “Eye of the Tiger”, “La mirada del Tigre” de Rocky 3 corriendo alrededor del estanque del JC1 es impagable. Lo sé, es una “frikada”, pero quien esté libre de pecado-friki que tire la primera piedra (¡ah, que me guardo la piedra en el bolsillo!).
 
Con más miedo que desgana, rodaba a ritmos más bien bajos, pero es que el recuerdo de la contractura lo tengo muy reciente (tan reciente que volví a correr el martes pasado). Al final 15 kms a 5:14 y 144ppm, y lo mejor de todo con la sensación de tener fuerzas para haber estado corriendo un buen rato más, pero ¿para qué forzar?
 
De momento seguiré troticochineando esta semana. Si venzo al miedo la que viene empezaré a meterle caña, fun, fun, fun, casi en Navidad.
 
Esta mañana los coches ya tenían el techo blanco, y el césped también tenía ese color. El cuadro de la bici ya no se llena tanto de polvo como hace un mes, señal de que la arena está más pesada y compactada. Los del Carreful ya están poniendo las lucecitas. Fun, fun, fun, se acerca la Navidad.