Semana breve en cuanto a salidas pero intensa en
todo lo demás. Sólo salí tres veces en las que noté que las molestias en el
isquio siguen remitiendo aunque no desaparecen. Dos salidas intersemanales de
10 kms a 4:50 y 4:37. La primera de ellas, además, luchando contra los
elementos en forma de frío, viento, lluvia y nieve. A diferencia con el Duque de Medina-Sidonia al mando de
la Invencible yo no culpé a los elementos de lo que puede parecer un mal
entreno. Al contrario, lo considero muy
meritorio dadas las condiciones adversas. Y satisfactorio, que me lo pasé muy bien. Y es que pienso que
cuando corremos con lluvia, barro o con todo a la vez dejamos salir a ese niño
que llevamos dentro amordazado que disfruta saltando en los charcos, llenándose
de barro o mojándose con la lluvia sin
miedo (inducido) a mancharse o mojarse.
El domingo rodé poco más de 18 kms a 5:09, pero
con los cuatro últimos a 4:59. De pulsaciones bien, quizás algo subidas (142),
pero bien. El isquio no empezó a molestarme hasta dos kilómetros antes de
terminar pero controlado en todo momento, de ahí que mantuviese el ritmo.
En mi recorrido habitual por los parques de
Hortaleza y Barajas (el expansionismo hortalezano se atribuye como propios el
JC1 y su anexo de El Capricho), di una vuelta de más en este último. Me encanta
El Capricho para correr. A pesar de sus cuestas y de lo umbrío que es, en un
día de invierno como los que vivimos es perfecto para correr, a la par que
idílico y bucólico con sus estatuas, chorritos o patitos. Abren a las 09:00 y a
las 09:30 aún no hay nadie. Con tantos y tan grandes árboles el viento
desaparece, los coches de las autovías y vías rápidas que lo circundan ni se
oyen y el frío se ve amortiguado por el manto de las hojas de los árboles.
Y cuando escribo nadie es que, aparte de los
seguratas, no hay nadie. Qué gusto da correr así, ver cómo las ardillas se
sobresaltan a tu paso, oír pájaros por doquier, algún pato despistado
chapoteando… qué pena que sólo abran los fines de semana, porque aúna las
ventajas de correr por un bosque con la cercanía de tenerlo al lado de casa.



Lo que sí estoy notando es que los propósitos que
inundaron los parques ahora madrugan menos para correr o directamente no
madrugan. Ellos se pierden los amaneceres tan espectaculares que estamos vi-viendo.
Simplemente im-presionante el espectáculo de ver la sierra nevada reflejando el
naranja intenso del alba.

