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miércoles, 30 de enero de 2013

Semana 3 MAPOMA 2013


Semana breve en cuanto a salidas pero intensa en todo lo demás. Sólo salí tres veces en las que noté que las molestias en el isquio siguen remitiendo aunque no desaparecen. Dos salidas intersemanales de 10 kms a 4:50 y 4:37. La primera de ellas, además, luchando contra los elementos en forma de frío, viento, lluvia y nieve. A  diferencia con el Duque de Medina-Sidonia al mando de la Invencible yo no culpé a los elementos de lo que puede parecer un mal entreno. Al contrario,  lo considero muy meritorio dadas las condiciones adversas. Y satisfactorio,  que me lo pasé muy bien. Y es que pienso que cuando corremos con lluvia, barro o con todo a la vez dejamos salir a ese niño que llevamos dentro amordazado que disfruta saltando en los charcos, llenándose de barro  o mojándose con la lluvia sin miedo (inducido) a mancharse o mojarse.

El domingo rodé poco más de 18 kms a 5:09, pero con los cuatro últimos a 4:59. De pulsaciones bien, quizás algo subidas (142), pero bien. El isquio no empezó a molestarme hasta dos kilómetros antes de terminar pero controlado en todo momento, de ahí que mantuviese el ritmo.

En mi recorrido habitual por los parques de Hortaleza y Barajas (el expansionismo hortalezano se atribuye como propios el JC1 y su anexo de El Capricho), di una vuelta de más en este último. Me encanta El Capricho para correr. A pesar de sus cuestas y de lo umbrío que es, en un día de invierno como los que vivimos es perfecto para correr, a la par que idílico y bucólico con sus estatuas, chorritos o patitos. Abren a las 09:00 y a las 09:30 aún no hay nadie. Con tantos y tan grandes árboles el viento desaparece, los coches de las autovías y vías rápidas que lo circundan ni se oyen y el frío se ve amortiguado por el manto de las hojas de los árboles.

Y cuando escribo nadie es que, aparte de los seguratas, no hay nadie. Qué gusto da correr así, ver cómo las ardillas se sobresaltan a tu paso, oír pájaros por doquier, algún pato despistado chapoteando… qué pena que sólo abran los fines de semana, porque aúna las ventajas de correr por un bosque con la cercanía de tenerlo al lado de casa.







Lo que sí estoy notando es que los propósitos que inundaron los parques ahora madrugan menos para correr o directamente no madrugan. Ellos se pierden los amaneceres tan espectaculares que estamos vi-viendo. Simplemente im-presionante el espectáculo de ver la sierra nevada reflejando el naranja intenso del alba.

jueves, 24 de enero de 2013

Nieve en el parque, Nieve en Invierno


Como colofón de la ciclogénesis del fin de semana, este martes anunciaban nieve en cualquier cota de la Meseta. “Prepárense  porque puede nevar”. En invierno. “Utilicen el transporte público”. Ni puto caso, que lo usen los demás, que yo voy calentito en mi mole de dos toneladas. Luego nos quejamos cuando se colapsa la A-6 y nuestro flamante Q-7, un engendro de más de 2.500 kgs, no es capaz de circular con un poco de hielo con su pretencioso aire de todoterreno. Eso y mandarle a Teta-5 el vídeo grabado con el “esmarfon” de lo mal que lo estamos pasando y que nadie viene a rescatarnos.

Por la mañana caía esa lluvia que en cualquier momento se podía convertir en nieve, y en eso se convirtió a a las 09:30 durante quince minutos. Después, la lluvia. Decepción en casa porque los enanos se las prometían muy felices cuando vieron por la ventana del cole que empezaba a nevar.

A mediodía ni rastro de nieve. La lluvia, incluso, desapareció brevemente y el viento con ella. ¿Una carrerita? ¡Cómo no! Hay que aprovechar que no hay viento.

EL cielo parece claro pero por el oeste se ciernen unos nubarrones negros. Me pongo el impermeable y me echo en el bolsillo la gorra Goretex del Decartón por si acaso. Y salgo.

Salgo a correr con un aire limpio consecuencia de haber estado toda la mañana lloviendo. Y con muchos charcos y barro consecuencia también de dicha lluvia.

El isquio no me molesta aún por lo que decido ir algo más rápido, 4:50, 4:40, 4:45, 4:33. Bueno, “decido” a lo mejor no es el verbo correcto, sino que debería ser “me dejo llevar”. Paso por el lago del JC1 cercano a la salida de la Avenida de Logroño y noto alguna gota. El ritmo se incrementa y el goteo se convierte en chorreo, por lo que saco la gorra y me la pongo. Empieza a hacer más aire justo cuando tengo girar y empezar a subir dirección noroeste, pegadito al Campo de golf “público” del Olivar de la Hinojosa.

La lluvia se convierte en esa aguanieve que cuando te cae es dura y que inmediatamente te resbala y se funde por el camino. Noto los golpes en la visera de la gorra (menos mal que me la he traído, porque en las manos sin guantes molesta un poco), los ritmos bajan pero me gusta mucho. Estoy disfrutando con la nieve; al fin y al cabo, y para desgracia de los enanos, en Madrid nieva una ó dos veces al año como mucho, por lo que hay que verlo como una circunstancia excepcional con lo que disfrutar en lugar de lamentarse por nuestra “mala suerte”.

En el JC1 no hay casi nadie, diez personas como mucho. Me cruzo con muy pocos runners. Nos saludamos con esa mirada de complicidad con la que no decimos nada pero viene a querer decir “joer, hoy sí que estamos pocos”.

Al final me salen los diez kms a 4:45. A pesar de las circunstancias me voy acercando a mis registros habituales pese a que las molestias en el isquio siguen ahí aunque ya menores.

La “nevada” dura menos de un cuarto de hora pero sigue lloviendo. Llego a casa con las mallas llenas de barro y con un subidón por las circunstancias de la carrera. Cuando llego a la oficina mis compañeros (y compañeras) juran en arameo porque la “nevada” les ha pillado a la hora de la comida y se hacen cruces por cómo volverán a casa en su coche. Como si no estuviéramos en alerta naranja ni lo hubieran anunciado.

Algunos no entienden cómo puedo salir a correr con “este tiempo” y yo no puedo entender cómo vienen en coche “con este tiempo”. La diferencia está en que yo disfruto como un enano corriendo “con este tiempo” y ellos se encabronan conduciendo “con este tiempo”.

martes, 6 de noviembre de 2012

Sol de otoño


En esta época del año el cielo se vuelve de un azul intensísimo cuando sale el sol. El aspecto del parque varía de un día para otro por el cambio de color de las hojas de árboles y vegetación y el tiempo tan cambiante propicia una sensación aún mayor de que todo cambia de un día para otro.

El árbol que el domingo estaba cargado de hojas con un amarillo intenso hoy está pelado y las que le quedan tienen un color ocre que sugiere que no llegan a este fin de semana.

Ver cómo la Sierra recién nevada refleja la luz naranja intensa del amanecer es algo tan espectacular como efímero bajo un cielo despejado que, todo junto, te da un contraste de colores espectacular.

Corriendo por varios parques a r2, tranquilamente, me da por pensar aún más. Y pienso que me gustaría llevar en ese momento la cámara para dejar constancia de esos colores tan amarillos como efímeros de los árboles cargados de hojas a punto de caerse y cómo se reflejan en el estanque del JC1 para, por pocos segundos, desgarrarse por una piragua que corta la imagen.

Inmediatamente desecho la idea, más que nada porque llevar una réflex es impracticable si uno sale a correr, ni siquiera una compacta. Lo dejo, pues, para cuando me jubile dentro de los años que diga al Gobierno, ahora a los 67 pero seguramente más tarde al paso que vamos.

Además, qué coño, una foto no deja constancia de la sensación de cómo se hunde ligeramente el pie en un camino saturado de agua cuando corres por un pinar después de la lluvia o de cómo ésta rebota en un cortavientos que supuestamente es impermeable, de tu respiración, de ese silencio que te acompaña asombrosamente a pesar de que estás a menos de medio kilómetro de la A-2 en el pinar de La Piovera o del halo que acompaña a tu respiración. ¿Y esa sensación de ligera pérdida de tracción cuando se pisan hojas recién caídas? ¿Y cómo se prensa la nieve virgen?¿y el olor del salitre o de la hierba o de la lluvia?

Tampoco se oye ese chorro apenas perceptible en El Capricho un domingo por la mañana, ni las hojas que pisas.

Para captar ese momento en que la Sierra refleja el sol del amanecer y lo refleja de un naranja intenso, además, hay que madrugar, tener un equipo cojonudo y un poco de suerte. Parafraseando a Picasso, la suerte es aleatoria, pero te tiene que pillar con la cámara en la mano. Al saber le llaman suerte.

Me conformo de momento con disfrutarlo cada vez que salgo a correr. Disfruto corriendo, disfruto del paisaje. Tan fácil de explicar como ponerse a correr. Tan difícil de explicar como no ponerse.

jueves, 2 de febrero de 2012

30 gramos

Uno de los argumentos de promoción de mis nuevas zapatillas es que son mucho más ligeras que sus predecesoras, ya que  pesan 322 gramos frente a 352 gramos, 30 gramos menos. 

Independientemente de los aspectos técnicos, que estoy seguro de que influyen más pero que son más difícil de argumentar sobre todo si no tienes mucha idea de lo que significan, sugerir que con 30 gramos menos vamos a poder correr más rápido me parece cuanto menos aventurado.

Imaginaos al revés, decir que vas a correr más lento si llevas las zapatillas de la versión anterior, como si el cruasán plancha con jamón york, queso y el café con leche desnatada y sacarina de media mañana pesasen menos que esos treinta gramos.

Joder, que con John, Alberto y Eduardo me he tomado pintas de cerveza de un trago que pesaban más que esos 352 gramos por zapatilla, y si no nos fuimos de ningún garito a paso legionario fue porque no sabíamos la letra del “Soy el novio de la muerte”, pero no por falta de ganas.

En niveles más escatológicos, seguro que he tenido ventosidades con una masa molecular mayor.

Bromas aparte, lo que sí he notado es que el impacto es ligeramente más seco que el anterior modelo, muy parecido al de las Mizuno, aunque no tanto. Doy por hecho que la amortiguación es similar ¿para qué empeorarla? Pero ese hundirse del talón propio de Adidas no lo siento tanto. También he percibido más el contacto con el aire, probablemente porque la anunciada ola de frío siberiano ya empieza a notarse a ras de suelo.

Ayer me tocaba sesión en el umbral anaeróbico. Bueno, seamos sinceros, las circunstancias hicieron que la sesión fuese anaeróbica. ¿por qué? Porque me salieron los tres primeros kilómetros a poco más de 4:30, por lo que apreté el culillo y me dije como Rayo MacQueen, "ligero como una moto, potente como un camión". Diez kilómetros como diez cortijos a 4:36, con el último a 4:45. ¿Pulsaciones? Muchas para mí, 155ppm.

Y hoy, por primera vez desde Octubre (y la anterior en Septiembre), he vuelto a salir. Dos días seguidos corriendo sin sentir molestias era algo que no hacía desde principios de Septiembre. Eso sí, he tratado de tomármelo con calma (subrayo lo de “tratado” porque mi intención era la de ir a 5:00-5:05 y cuatro kilómetros a 4:40-4:45 han hecho que la media se vaya a 4:54. Y es que me he flipado yo solo al notar que no tenía molestias.

Cierro Enero con mi máximo histórico para ese mes en cuanto a kilómetros, con 141, debido principalmente a que los rodajes son algo más largos que en el año pasado (17,8 kms frente a 14,5 kms; en total doce sesiones, de 11,9 kms de media en 2012 frente a 13 de 10,4 kms en 2011).

lunes, 29 de noviembre de 2010

Corriendo con frío

Menudo frío que hacía ayer cuando salí a correr. Un grado bajo cero de mínima, y cinco ó seis de máxima. Al menos, la sensación térmica no era tan baja; sol y poco viento hacían agradable la mañana para correr, salvo por el “pequeño olvido” de los guantes. Al final hice catorce kilómetros a 4:50, con 138ppm; troticochineo en estado puro, con los puños encogidos gran parte del camino por el frío y con las gotas de sudor condensado en las sienes de lo poco que corría. El estanque de Villarrosa presentaba una capa de hielo que evidenciaba la helada de la noche, al igual que la hierba blanca, sobre todo de las zonas en penumbra.

Y es que al correr en invierno y con un frío mesetario como el que hace requiere otra equipación. O más que otra, más. Aparte de las mallitas (que, según gustos, pueden ser más o menos tupidas), el tren superior (lo que viene a ser el pecho), requiere una mayor protección. Es más eficaz, y por tanto preferible, la multicapa, que, como su propio nombre indica, se trata de varias capas de ropa. Con una camiseta térmica de esas julandronas pegaditas y otra de manga larga también térmica (de a 25 lerenles en el Decartón) es suficiente en principio. Luego, y a gusto del consumidor, alguna camiseta más entre ambas y/o cortavientos, que abrigar no abriga, pero quita precisamente ese viento del norte tan jodido.

Otros elementos útiles que no abrigan pero que quitan sensación de frío (y que por tanto ayudan) pueden ser unos calcetines más largos. No es que tengas que ponerte unas medias de futbolista, pero unos calcetines un poco más altos te evitarán esa sensación de frío en los tobillos que tienes con unos calcetines sin caña. También quitan frío unos guantes de los finos (a seis euros), y un gorro (o gorra, si llueve o nieva), sobre todos en días de nieve como hoy, que te quitan gran parte de los copos que irían a los ojos y no te mojas del todo la cabeza. . Una braga/pañuelo en el pescuezo te pueden ayudar a prevenir posibles faringitis. Lo de las zapatillas de invierno (con goretex) y verano lo dejo para los parchositos y los que hacen trail; en un parque hay pocos charcos que pisar, y siempre se pueden evitar (por mucho que digan mis enanos), y por lo general el drenaje no es tan malo como para que nos pongamos hasta arriba de barro (salvo error).

Una forma rápida de resumirlo es añadir/quitar una capa por cada diez grados. Tomando como “referencia ideal” veinte grados centígrados, con diez llevaríamos una camiseta de manga corta y otra larga, y con cero (ni frío ni calor ;)) otra más. Pero bueno, esto es todo muy genérico, y al final depende de las sensaciones de cada uno.

Cambiando de tema, ¿a que no sabéis que esta noche juegan el Barsa y el Madrid? La madre de todos los partidos, el partido del siglo, choque de trenes… tópicos al margen, me tranquiliza bastante que Zapatero (por una vez) se haya mojado con un pronóstico… 4-2, lo mismo que lo que espera que crezcamos, un 4,2% (cortito donde los haya, se aprende un número y con eso va al G-20, a comprar 4,2 kilos de patatas o al palco del Nou Camp), así que sabéis, será todo lo contrario, un 2-4 (ó -2,4%).