Mis recientes y persistentes problemas de
lesiones me han hecho replantearme la forma de entrenar. En realidad nunca ha
sido un entrenamiento muy metódico sino más bien impulsivo. Que me tocaban las
pelotas pues le metía caña (esto es fácil cuando corres a mediodía). Que pasaba
una noche toledana y el cuerpo me pedía suavidad, pues un ritmo más tranquilo.
Que tenía más tiempo pues alargaba la carrera hasta convertirla en minirrodaje.
Eso sí, el rodaje dominical no me lo he saltado salvo contingencias.
Dentro de la anarquía táctica al menos había una
planificación estratégica que me hacía incrementar tanto el kilometraje como la
intensidad de cara a los maratones de estos dos últimos años.
A modo de propósitos de “maratón nuevo” pretendo:
- Aparecer por el gimnasio. Dice mi fisio que mi pierna izquierda tiene
menos masa muscular que la derecha y que eso hace que al pisar se debilite
más, lo que redunda en lesiones a largo plazo. Y yo, que soy un depravado
economista que carece de conocimientos médicos, le tengo que dar la razón
por el conocimiento que se le supone.
- Al menos este verano alternar la carrera con la bici; no mucho tiempo,
porque la hora de la comida da para lo que da, pero al menos espero
realizar un ejercicio aeróbico que no implique tanto impacto sobre las
articulaciones y que de paso me permita fortalecer el glúteo e,
indirectamente, descargar del trabajo al piramidal.
- ¿Hacer series? No, de momento. No me gusta hacer series. Me aburren.
Lo paso mal. Aún sabiendo que es la forma más rápida y efectiva de mejorar
tiempos no voy a caer en la trampa de pasarlo mal un día a la semana para
mejorar ¿cuánto? ¿cinco segundos por kilómetro como mucho? No, por favor,
de lo que se trata es de correr y de disfrutar corriendo, no de correr
algo más rápido que yo. No soy keniata, no tengo 25 años, no como de
correr… por lo que no quiero “sodomizar” durante días porque el miércoles
tocan series. Prefiero “Dexter”, “Homeland” o “Game of thrones”.
Dice Yolanda que el maratón nos pone a cada uno
en nuestro sitio y es una verdad como un templo. Yo, además, pienso que se
corre como se entrena y que no podemos tener unas expectativas más optimistas
de lo que entrenamos: en un 10.000 vale, podemos ir 5 ó incluso 10 segundos más
rápidos de lo que esperamos y bajar un minuto. Incluso en una media maratón.
Pero en 42,195 no valen brindis al sol: vamos a recoger exactamente lo que
sembramos.
Con lo que me quedo es con que me gusta correr.
Más allá de un objetivo determinado me quedo con el vehículo. Disfruto
corriendo, madrugando para correr, viendo amanecer, sintiendo el aire en la
cara (el aire, no el viento), la lluvia, viendo la nieve en Somosierra, oliendo la primavera,
oír el crepitar de las hojas del otoño… y quiero seguir disfrutándolo.
Tonterías las justas.