viernes, 13 de septiembre de 2013

Running 2.0

No por inesperado, a finales de mes se me presenta un cambio total en la rutina habitual y, con ello, en todos los aspectos logísticos, familiares y deportivos.

En lo meramente deportivo, los últimos siete años lo he tenido “fácil, no, lo siguiente” (¿quién habrá sido el perla que ha puesto de moda esta coletilla tan absurda como estúpida y pegadiza para enfatizar el superlativo?): viviendo cerca del trabajo (o trabajando cerca de casa) he podido ir a casa a mediodía, ponerme las zapas (bueno, y las mallas más la camiseta, que el último que corrió con corbata fue “Con la muerte en los talones”) y a correr. Comer como un perdigón (engullir picoteando compulsivamente, que las piedras del estómago procederán a moler la comida ingerida), cafelazo de máquina al llegar y todo en 1:45h. Fin de la historia.


Runner corriendo cuando está hasta arriba de trabajo


Cuando apretaba el calor (de Mayo a Septiembre) madrugaba un poco y a las 07:30 ya estaba dándole, con tiempo para ducharme  y estar como un campeón a las 09:00 aporreando el teclado.

Me ahorraba (me ahorro) una pasta con esta organización, ya que muchos “runners” os veis obligados a pagar 50 pavos de media al mes si la única hora que tenéis disponible es la del mediodía (algunos afortunados tienen el abono vestuario en Madrid)

 En verano, además, con la carrera mañanera se eleva tanto el nivel de endorfinas que los marrones del curro tienen color de rosa por la mañana y hasta parece que huelen bien, si bien es cierto que conforme pasa el día se tornan hacia su verdadero color y olor.

Sin embargo, como he escrito antes, todo esto cambiará. Me cambian el centro de trabajo más al norte de la capital, a seis kilómetros de casa. Con ello no podré ir a casa a mediodía a cambiarme para entrenar, por lo que tendré que buscar una alternativa. Me considero una persona positiva en tanto en cuenta miro alrededor y me doy cuenta de que no me puedo quejar de nada, que soy un afortunado por todo lo que tengo y hago. Puedo ir en bici a currar tranquilamente, ya que hay carril-bici directo e, incluso, el tráfico rodado de entrada a los barrios periféricos no es muy intenso. En total no creo que lleve más de veinte minutos el recorrido. Me sigo ahorrando el abono transporte que, por otra parte, no me soluciona mucho por estar configurado radialmente (sí, en los barrios periféricos también sufrimos el centralismo). El coche, por otra parte, tampoco es una alternativa mínimamente racional: pudiendo llegar en veinte minutos puerta a puerta es de género tonto perder más del doble de tiempo más pasta más la mierda en forma de emisiones por andar en un atasco. Además, qué coño, se me va a poner un culito respingón que no veas.

Pese a que no comeré en casa sí que comeré comida de casa, en fiambrera (venga, vale, empleo el palabro bárbaro…en un “tupper”).

Durante la “temporada” mi estampa habitual será la misma que la de un pionero, con las alforjas llenas con la mochila para entrenar y la comida de mediodía. El Winchester del 73 me lo dejo en casa porque lo usaría en un arrebato 

Mi única duda es qué hacer los meses de más calor, de mayo a septiembre. A pesar de ser más cordobés que un flamenquín con salmorejo correr con calor no lo llevo bien.

Correr por las mañanas no es una opción muy viable, ya que por motivos logísticos antes de las 07:40 no empiezo a correr. Teniendo que estar a las 09:00 vestido de romano, duchado y con veinte minutos de camino las cuentas no salen ¿correr por ahí? Es una opción. Una alternativa aeróbica es rodar los fines de semana y salir en bici entre semana; total, ya que tengo la bici… es una opción, pero una hora en bici da para poco. ¿Apuntarme a un gimnasio? Sólo hay dos, el de Hortaleza y otro de una cadena al lado de Timofónica. ¿Qué hacer? Musculación lo  descarto, es aburrido de cojones y una epicondilitis me lo echa para atrás ¿Clases dirigidas? Dependería del horario, y sólo me atraen algunas más cañeras tipo Body Combat o Pump. ¿Spinning? No, por favor, con 15-20 kms diarios de bici como mínimo los ritmos me los pongo yo en función de la prisa que lleve. ¿Natación? Va a ser que no, de momento. El arrebato triatleta me duró lo que tardé en enterarme que la distancia a nadar era de 1.500 metros. ¡¡uf!!.


¿Alguno entrenáis a mediodía a la hora de la comida? ¿Cómo lo lleváis en verano?

viernes, 16 de agosto de 2013

Dándole un capotazo al estreptococo

Para una familia numerosa, un virus estomacal es como la familia Plómez en Zipi y Zape, que llegan de improviso con el menor de los pretextos y se enquistan días condicionando la comida y el descanso.

La difusión del susodicho nunca es simultánea sino que juega al “tú-la-ligas” como dirían mis hijos saltando de uno a uno. Y no se libra ni dios.

Así hemos estado una semana. Afortunadamente no nos ha pillado recién iniciadas las vacaciones como hace dos años, sino en el previo. Entre despertares nocturnos propios y ajenos no hemos dormido mucho, la verdad.

Con este cuadro lo de menos ha sido salir a correr, y cuando he salido, normal, la calidad se ha resentido.

EL domingo, además, aborté el rodaje semanal. A pesar de estar en Riaza con diez-doce gradazos (sí, señores, en plena canícula en Segovia hay que taparse para dormir) a las 08:00, el cuerpo no estaba precisamente para meterle mucha caña. Cansancio acumulado, deshidratación… son factores que hicieron que el domingo dijese “va a ser que no”. En la eterna lucha entre ese ángel cabrón que te dice “vamos, sal un ratito, diez kilómetros suaves y nos volvemos”(sabiendo que ni de coña) y el tocapelotas “que no, quédate descansando, que te tienes que recuperar” terminó ganando el último. Es curioso, sientes a la vez que estás perfecto (muscularmente lo estás) y que andas como una braga (también lo estás, que has practicado las salidas desde los tacos varias veces del sofá al baño).

Además, “salir ¿para qué? ¿pa cagal-la?” Pues sí, pa cagal-la. En el cinturón de hidratación aparte del bidón el paquete de toallitas del enano, que están perfumadas y pican menos que las ortigas segovianas. No, en casita, que hay más rodajes que sandías.


Virus estomacal manifestándose en todo su esplendor


Así que lo más parecido a la carrera que hemos practicado en casa (escatología aparte) ha sido ver los mundiales de atletismo. Afortunadamente en Teledeporte han rectificado y lo emiten, no sé si porque han encontrado un patrocinador, porque se lo han regalado o por vergüenza.

Me he tenido que poner al día del récord de Bolt (no recordaba exactamente que eran 9,58), he tenido que explicar la diferencia entre la marcha y la carrera, explicar que el decathlon es una prueba de atletismo aparte de una tienda de deportes, que un martillo puede ser redondo y con una cuerda o que en las carreras en pista los chicos no corren con las chicas. Y todo en los descansos entre el Clan y el Boing.


Por lo demás… contar que el domingo anterior me marqué otro “rodaje” de esos antológicos a 4:44 y 17 kms. Lo entrecomillo porque últimamente siempre me pasa lo mismo, que quiero rodar pero me termino animando y corriendo algo más deprisa  de lo que debiera. Y en el previo a lo que queda de escapada masiva, y ya en Madrid, rodé buscando la sombra por Villarrosa, Los Llanos y El Capricho. Qué frondosidad, qué espectacularidad tenemos en este parque: fácilmente pueden hacer 5-10 grados menos que fuera entre la sombra, humedad y corrientes que se forman. Mis dos kilómetros de circuito habitual dentro de este parque se fueron a seis por mor de aprovechar el lujo que supone rodar con sombra en pleno agosto en un paruqe solitario, salvo por un pintor y el personal de mantenimiento.

viernes, 2 de agosto de 2013

Half triatlón de Riaza, la crónica de una no participación

El rodaje del domingo estuvo marcado por el “Half” de Riaza. Suena raro, pero el relato del rodaje es la crónica de un Half que no corrí.

Cuando llegamos el viernes por la tarde notamos una inusitada actividad ciclista en los alrededores. Pero no de globeros como yo de esos que se conforman con “rodar” a 25-30 kmh. No. Bicis de las de verdad, de fibra de carbono y complementos personalizados que cuestan como un apartamento en Torrevieja (Alicante) movidas por ciclistas de verdad y no como algunos que se ven por el carril vieja con las mismas bicis que estos triatletas. También había bicis proletarias movidas por triatletas y bicis galácticas remolcadas por tri-jaja-atletas, que de todo hay.


Globero por el carril-bici con su bici que pesa diez  kilos menos de lo normal para compensar sus diez kilos más de lo normal


Se celebraba en Riaza un “half” y un “short” ¿por qué no llamarlo medio y corto u olímpico? EN fin. El caso es que para empezar antes que ellos salí a las 08:30 pensando que empezarían a las 09:00 como el año pasado. Me fui tranquilamente hasta Riofrío con el interés de ver cómo nadaban por el pantano de la localidad (por mucho que se empeñen en Riaza de reclamar su soberanía, la Riaza irredenta, que también existe a nivel extremosegoviano) en unas aguas que tienen que estar frías de cojones con su lecho de pizarra y con el cobijo de la cara norte de la Sierra de Ayllón.

Iluso de mí, la salida la habían dado a las 08:00 y poco antes del cruce con la carretera de La Pinilla vi cómo bajaba como una bala la cabeza de carrera. Después de tres kilómetros de bajada, el último de ellos recto, el líder bajaba a unos 60-70 kmh. A pesar de llevar los cascos (a un volumen bajo para no perder del todo el sentido del oído), el sonido del desarrollo era similar al de un helicóptero ¿Cuál podía llevar? Supongo que un plazo de 56 dientes y el piñón  chico de 11; con los brazos apoyados en el manillar de triatleta, un casco de contrarreloj y una cadencia situada en la perfección técnica de las 90rpm, la estampa era acojonante a la par que bella.

Cambio de planes, que la carretera está cortada y, con las curvas que tiene,  sería una temeridad hacer el gilipollas corriendo por ahí. Vuelta para el pueblo. El goteo inicial se convierte en chorreo. El sonido helicóptero ya es similar a una escuadrilla de Apaches en pleno asedio de Kandahar. Ni dios en la carretera viendo la carrera. Lo que hasta entonces había sido un tranquilo rodaje a poco más de 5:00 se convierte en un ritmo más vivo y baja de 4:50. Quizás por mimetismo, espíritu competitivo o simplemente canguelo (cuando adelantaban pasaban cerca de mí, que iba por el arcén izquierdo), el caso es que la bajada la hice a 4:37.

Las bicis pasan por el pueblo en dirección a El Negredo por la Gran Vía así que  yo giro antes a la izquierda, hacia el albergue. En la misma curva una flecha verde fosforito y unos conos. “¡¡Tin!!” se enciende una bombilla. Éste es el circuito del sector a pie ¿por qué no? Vamos allá, que aún hay que conocer los senderos del pueblo. Sea por los conos, por el efecto dorsal-sin-dorsal el caso es que la “subida” me sale a 4:45. Siguiendo los conos, ya en modo competición repito los 4:37 del 10 al 12. Por la “M40” de Riaza (cuánta guasa hay también en Segovia) veo unos casoplones espectaculares mientras sigo la flechita verde como Garbancito haría con sus miguitas. Entre sembrados, robles, hierba y carril-bici el perfil es ascendente pero clavo los tiempos, 4:43. Voy siguiendo la cinta que me lleva hasta meta pero doy la vuelta antes y me vuelvo para casa. La inercia me hace apretar al ver las banderitas al fondo ¿4:25 en el km 15? No puede ser ¿otros 4:25 en el siguiente y último? Joder, pues sí que voy bien. No quería correr más, prefería quedarme con buen sabor de boca. Andaba acojonado, 4:44 de media hasta entonces, un ritmo “bueno no, lo siguiente” para lo que debería ser un rodaje. Me encontraba con fuerzas para ir por debajo de 4:35-4:40 durante algunos kilómetros más. Pero preferí no arriesgar y quedarme con la agradable sensación de haber ido in crescendo. Dieciséis kilómetros en total a una media de 4:44 con los últimos a 4:25, sin lugar a dudas uno de mis mejores rodajes. A ver si puedo mantener esta forma en el otoño.

Poco después vamos a ver llegar el chiringuito montado en El Rasero. ¿Lo que más nos gusta? “La Casa de Vettel” ¿esperábamos otra cosa de un tenderete de Red Bull?. Yo, que ni sigo la Fórmula 1 (“es deporte para coches, no para pilotos, según mi mediano, acérrimo seguidor del Rayo y de Paco Jémez por Rayo MacQueen) ni soy alonsista me sigo sorprendiendo con estas apreciaciones.

Del triatlón saco dos conclusiones: que es caro de cojones y que es muy sacrificado.

Caro porque necesitas un neopreno (“udos”), una bici de carreras, zapatillas, casco…. Y un sitio donde guardarlo todo, que aunque sean del Decartón ocupan su lugar. Además necesitas un portabicis. Caro porque la logística se complica: nada de madrugar como el running en el que como mucho coges el metro, no, tienes que pernoctar. Caro porque, aunque parezca de Perogrullo”, se necesita un pantano/lago/mar donde nadar y una carretera que se pueda cortar para unas horas de carrera. Y caro porque organizarlo cuesta una pasta.

Sacrificado  porque hay que correr, sí. Pero también hay que ir en bici y nadar. No cuenta el venir en bici a currar, no, ni comprar el pan en la bici de Pancho. Ni la clase de matronatación (a la que no vamos, pero que muchos sí cuentan cómo natación porque el Scattergories es suyo). “Hayque” (como dicen los jefes) correr, si. Y salir con la bici por carretera además de en el gimnasio para trabajar la cadencia. Y también ir a nadar; no vale ir a la piscina del barrio a ligar con las poligoneras o con el socorrista, no. Hay que ponerse el gorrito, las gafas y pimpán a nadar p’arriba y p’abajo en la piscina, menudo planazo. Ah, minucias aparte como currar y ejercer de marido y padre, que uno no es como Ulises. Al fin y al cabo Ulises se fue con Telémaco (que era hijo único, que se sepa) a Troya y a su Odisea y Penélope se quedó tan tranquila dándole que te pego a la aguja, que Ítaca podía ser todo lo bonita que tú quiseras, pero era muy aburrida y no tenía ni bares, ni tiendas ni Liga ni internés (y, temblad maqueros, aún faltaban tres mil años para que saliera el Aifon, para que luego os quejéis).


viernes, 26 de julio de 2013

El rodaje que se me escapó de las manos

¿Quién no ha dicho nunca la última y nos vamos y termina cerrando todos los bares? ¿Qué runner no ha salido a rodar “sólo un poquito” y después se ha cascado dos horas como un campeón?

El domingo fue uno de esos días. Con música de los noventa y el viento del noreste como única compañía salí a correr por Riaza a eso de las 08:30. “Una horita y poco tranquila y me vuelvo” me dije.

Sorpresa por la ausencia de calor. “¡Ooooootia!” “¡Cómo ha bajado la temperatura!”. 12º-15ºC frente a los 20 de días atrás. No hace calor, lo que se agradece, por lo que me voy animando progresivamente. No sudo (apenas), no me suben las pulsaciones tan rápido… por lo que me dejo llevar. Carretera de Riofrío para arriba voy feliz como una perdiz. No busco la sombra como los perros a partir de febrero; hace incluso fresquete en las zonas más umbrías… los abuelos que salen a pasear llevan incluso chaqueta.

“Nubes de evolución” sobre el Pico del Lobo ¿Tan poco dura el verano por aquí? No intento llegar a Riofrío; el flipe se ha cobrado su factura en forma de ritmo desbocado y el corazón igual que en el minuto 116 del glorioso partido del 11/7/2010. Me quedaba casi un kilómetro para llegar al pueblo y había estado yendo a una media de 4:56. Menos mal que eso era un ritmo tranquilo, que si llego a salir con la idea de meterle caña no paro hasta La Quesera, ya en la frontera con Guadalajara.

Me doy la vuelta. El viento me da en la chepa, fresquito a más no poder. La nube de evolución está más negra que los cojones de un grillo. ¿Nos joderá también el día como ayer en La Tejera Negra? Parece que sí, porque arriba en las montañas se oyen truenos. Y no creo que estén de fiestas porque es alucinante lo despoblado que está esta zona entre Segovia, Guadalajara y Madrid.

El ritmo cardiaco baja y la velocidad va a más. Los cinco kilómetros siguientes, tres de bajada, uno de ligera subida y otro de bajada suave, me salen a 4:41. En el km 9 oigo “¡¡ese pandareñoooo!” y me paro. Llevo la camiseta de la Panda del Muro y me saludan, un compañero que anda por la zona. Nos ponemos a hablar y me cuenta los caminos por donde entrenar maratones. Algunos, pocos, los conozco. Otros los intuyo y la mayoría los ignoro. Uno, que bordea el pueblo desde la piscina es conocido como la “M-40” y es que la gente es muy cachonda, porque es el camino más transitado del pueblo. Otro va desde la M40 hasta Riofrío y desde allí a Hontanares para volver “veintitantos kilómetros de nada”. Joder, pero por caminos de tierra y buenas pendientes deben equivaler a una maratón.


Nos despedimos ocn un hasta luego, que el pueblo es pequeño para volver a verse. Últimos tres kilómetros, que quería volver pronto, y sigo yendo más rápido. ¿Digo rápido? Qué va, vuelo a 4:32. Sin tener sensación de agobio llego al km12, momento en el que me saco dos pavos de la riñonera friki del portabidón y compro el pan. Sólo me queda un kilómetro hasta casa que hago barra en mano como si estuviera en un 4x400, sólo que no soy jamaicano y en la mano llevaba dos barras de cuarto 4:44 me sale el último kilómetro de esta guisa y llego a casa después de haber corrido a 4:46. No he rodado, tampoco le he metido caña. Simplemente me he dejado llevar por las sensaciones. Porque hablamos de correr ¿no? Pues eso, el domingo corrí.

jueves, 18 de julio de 2013

EL timo de los alimentos para deportistas

Que el marketing es el arte de vender mierda enlatada a precio de oro está fuera de toda duda. La mayoría de las necesidades de las sociedades “desarrolladas” son artificialmente creadas por expertos que piensan (con cierta razón) que somos gilipollas a los que nos pueden colocar cualquier producto. No hay, pues, productos malos sino campañas inadecuadas.

¿Qué por qué escribo esto? Porque de un tiempo a esta parte empiezo a estar hasta las pelotas que nos la intenten meter doblada (con perdón) una y otra vez con productos (generalmente alimentos) supuestamente para deportistas.

Productos que, con un mínimo de transformación, prensado o etiquetado multiplican por diez ó más su precio.

A mí, que tengo el vicio de leer, me da por ver de vez en cuando la composición de los alimentos por aquello de saber qué me meto en el cuerpo y qué le doy a los enanos y no paro de enervarme.

Por ejemplo, las barritas de “cereales”. Supuestamente son la hostia: 25 gramos de “cereales” pata negra que ríete tú del Blevit Plus Forte. Son cómodas de llevar tanto en la mochila de triatleta globero como en el bolso de la raqueta de pádel para consumir en pleno esfuerzo y que nos dan una retropropulsión sin par a la vista de cómo se nos presentan. Con ellas llegaremos a bolas que ni Nadal o llevaremos un desarrollo que Induráin nunca soñó. Vienen en cajas multicolor y, al peso, salen por 15 pavos/kilo. ¿alternativa? Galletas María o similares, según gustos. Mismas calorías, más fibra, mismo porcentaje de carbohidratos. sólo que tienen menos grasas (saturadas y no saturadas) y la mitad de glucosa. Ah, y cuestan la cuarta parte, que por tres pavos te dan una caja de marca de kilo y un imán para la nevera. Si son galletas Hacendado –que las hace Siro-ni te cuento lo que te dan por tres pavos.

¿Y de los geles? Aquí ya es de juzgado de guardia. Una bolsita de mierda del patrocinador del último MAPOMA no baja de 1,79 (sospechosamente el mismo precio en cualquier sitio) por 41 gramos, unos 44 pavos por kilo, precio de Marqués de Riscal Gran Reserva. ¿Cómo se anuncian? Como una “exclusiva mezcla de glucosa y fructosa 2:1”. Cágate lorito; la receta de la mermelada de fresa de mi tía abuela de Murcia tiene esa misma proporción, medio kilo de azúcar por cada kilo de fresas. “Es que tiene riboflavina” dicen, coño, claro, como todas las frutas, que la riboflavina es la vitamina b2. “Y maltodextrina” argumentan. Claro, normal, todos los hidratos de carbono (el azúcar lo es) lo tienen en mayor o menor medida, obteniéndose del almidón. “Y ácido ascórbico”, vitamina C. “Y sodio” ¿Cómo era? Ah, sí, sal. Yo, por si acaso, voy a hacer igual que Javi, al que las monodosis de mermelada le sientan tan bien, y es que si queremos alcanzar la sabiduría hay que aprender de los sabios. Y los 44 pavos me los meto pal pecho en forma de Pesquera Gran Reserva.


Runner probando el último sabor de los geles para deportistas

¿Hablamos de bebidas “isotónicas”? Más de lo mismo aunque con menos diferencia. El litro de estas bebidas sale  por 2 pavos (aprox). Una sencilla limonada (una cuarta parte de zumo de limón, tres cuartas partes de agua y azúcar a discreción) sale mucho menos de la mitad, es igual de isotónica y tiene los mismos componentes. Y con chorrito de ron y un poco de hierbabuena tenemos un delicioso mojito, que muy isotónico no es pero está de puta madre.


 Donde se ponga un mojito que le den al Powerade


A veces un poco de difusión del conocimiento nos puede ayudar a saber si nos tangan a no. Y luego decidir en qué gastarnos el dinero, que para eso uno se lo gasta en lo que quiere. Como si se trata de unas zapatillas de 120 pavos cada seis meses, panda de caprichosos (léase con la mayor de las ironías, que soy el primero).

jueves, 11 de julio de 2013

Esos momentos en los que disfrutas como corredor

La semana posvacacional empezó con calor. Con mucho calor. Lo que viene a ser Julio en el interior peninsular. Después de una semana en la que la principal preocupación era beberse una “udos” cervezas a veintitantos grados de temperatura ambiente(es lo que tiene el microclima malagueño), la vuelta a la realidad se manifestó cruel en forma de camisa abrochada hasta el cuello y unos mocasines que me empeñé cerrar con el velcro chanclero, la inercia playera.

Tres carreritas intersemanales a ritmos discretos (el chiringuito tuvo sus efectos secundarios en forma de un kilo en la lorza y casi 5:00/km) y a unas horas en las que para despertarse hay que avisar antes a la Comunidad de Vecinos para no sobresaltar a nadie.

El domingo, sin embargo, hice uno de esos rodajes de libro. Tanto por los tiempos como por el recorrido. Salí por Riaza (Segovia, en la frontera con Madrid y Guadalajara en la Sierra de Ayllón). Dado que iba a hacer calor me llevé el cinturón de hidratación, ése que es de frikis según mi mujer pero que viene tan bien cuando el calor y la sed aprietan en medio del campo. Salí un poco más tarde lo que esperaba pero aún era temprano, y es que me entretuvieron con los encierros de Pamplona.

Con todo, poco antes de las 08:30 ya estaba en marcha. Dándole una vuelta al pueblo como calentamiento me dirigí por la carretera de Riofrío hasta el cruce con la carretera que lleva a La Pinilla. Hasta ahí, cuatro kilómetros, iba a 5:10. El día aún era fresco, unos 15-18º. A la sombra se estaba de escándalo y de vez en cuando corría un aire de lo más agradable. Al sol no tanto. A pesar de la hora y la altitud (1.100 mts sobre el nivel del mar) ya hacía calor.

Volviendo al pueblo, a 4:51 con perfil descendente, giré por una carretera que lleva al albergue por la que podía ver los casoplones que hay por ahí (mucho madrileño con pasta). Mi intención era meterme por un camino que se dirige a la Ermita de San Benito pero sobre la marcha pesó tanto el perfil del camino (con muchos toboganes) como la ausencia de sombras en los dos primeros kilómetros (el resto permanece aún ignoto para nosotros). Así que seguí de frente internándome por un robledal frondoso. “Quinientos metros y me vuelvo” Esto es chulísimo, un ratito más. “Otros quinientos”. Cayó un kilómetro y medio en realidad. Un perfil ascendente y un firme irregular hicieron que fuera a 5:03, un ritmo más que bueno en comparación con los primeros kilómetros y es que me flipo yo sólo.

Con diez kilómetros del tirón era el momento de beber agua y disfrutar del paisaje. Respirar hondo… qué olores, qué sonidos (ninguno, en realidad, solo los pájaros y mis pisadas), qué paz. Este es uno de esos momentos que todo runner se regala a sí mismo. No suelo hacer fotos cuando corro. Entre que me da pereza y que no he tenido un “esmarfon” hasta hace un mes no lo he considerado necesario, pero esta vez quería dejar constancia de dónde había estado (que luego se piensan que he estado en el Bingo).




Emprendo la vuelta y, casi sin darme cuenta voy subiendo el ritmo hasta un meritorio 4:43 en los cinco kilómetros que me quedaban. El cuerpo me pedía más, llevaba tres ó cuatro semanas sin rodajes y éste era uno de esos en los que más se disfruta. Pero también me pedía llegar pronto a casa para comunicar mi “descubrimiento”. Y es que un paseo por un robledal de dos km de largo, casi plano y con río donde tirar piedras es muy tentador.


¿Qué si hay cuestas en Riaza? Un huevo, por doquier. ¿Qué si las subo? Me abstengo de momento. Las cuestas de Madrid son una mariconada al lado de éstas, no me extraña lo aguerrido del carácter segoviano, que son capaces de sacarse un ojo, ponerle la lentilla y volvérselo a poner para hacerlo con mayor precisión y no andar a tientas. Tengo ganas de subir a Hontanares, a La Pinilla… pero más adelante. La verdad, os admiro a los que os apretáis un MAM o el GTP. Ya sé que el comer, el rascar y el escalar todo es empezar pero las pendientes positivas pueden conmigo aún.

viernes, 5 de julio de 2013

Corredor de vacaciones, corredor en vacaciones

La gran mayoría de los que estudiamos la EGB aún podemos decir de corrillo las preposiciones. Otra cosa es que sepamos el significado que aportan cuando se pone una u otra. No es lo mismo ir DE culo que ir a tomar POR culo.

Esto lo escribo porque en vacaciones me doy cuenta de que existe una subespecie “runner” que, como las flores del desierto, florecen al abrigo de la humedad que les proporciona un paseo marítimo cualquiera y tienen una vida efímera de una ó dos semanas.

Un corredor EN vacaciones implica que cuando uno no está de vacaciones no corre y se conjuga con el verbo SER. Un corredor DE vacaciones se conjuga con el verbo ESTAR

¿Cómo reconocerlos? Es fácil. Son los únicos runners que salen a correr cuando el paseo marítimo está petado. En realidad no corren, sino que hacen algo parecido al slalom por la cantidad de gente que tienen que sortear.

Las zapatillas les delata. Dependiendo de lo que tengan en el armario, lo mismo llevan unas de tenis, de baloncesto a las multitaco del niño. Y no, no hay zapatillas de pádel, son de tenis pero que cuestan 30 pavos más. Una mutación de esta subespecie lleva unas zapatillas de última generación impecablemente nueva que, en ocasiones, lleva incluida la etiqueta: las prisas por correr. La goma, más que gastarse, se pudre de lo que aguanta.

Con todo, el estilo es cuanto menos heterodoxo. Y no, no vale la manida excusa de que Emil Zatopek corría como si fuese a desarmarse mientras ganaba todas y cada una de las pruebas de fondo en Helsinki.

Runner en vacaciones


Los “runners” que corremos todo el año somos unos sibaritas. Nos gusta correr con un mínimo de condiciones. No nos gusta tener que hacer una paradinha delante de una bestia parda de Dusseldorf. Es desesperante tener que ir driblando a los domingueros del melón en la orilla en un palmo (quisiera ver yo si Messi tiene lo que hay que tener para correr por la orilla del mar en hora punta… que una cosa es regatearse a las cuatro nenas del Getafe en el Camp Nou y otra más seria es una cuadrilla de metalúrgicos de Sheffield cantando el “Rule Britannia”).


 Correr entre metalúrgicos de Sheffield


No somos asociales sino todo lo contrario: nos gusta correr con 10.000 personas más pero todos en la misma dirección y no tener la sensación de ir por el acelerador de partículas donde, por lo visto, el movimiento de las partículas es tan aleatorio como el del paseo vespertino por el Marítimo de Benidorm.



No, no he corrido en una semana de vacaciones en Benalmádena. Descartando la tarde-noche en la que la carrera se parecería más al viaje del Halcón Milenario en el campo de asteroides, la única hora buena, por temperatura y por ausencia de obstáculos es por la mañana muy temprano para estar antes de las 09:00 de vuelta. Pero es que a esa hora hay que estar prácticamente listo para el Desembarco de Normandía que supone ir con tres niños pequeños a la playa.



Mi experiencia corriendo por el Paseo Marítimo de Benidorm

Los runners que conozco suelen correr a esta hora porque, seamos sinceros, ¿quién le dice que no a una rubia muy fresca a mediodía?  Ojo, cerveza, que me canea la jefa.

martes, 25 de junio de 2013

Corriendo con música

Hasta hace bien poco me he resistido a correr con música. Consideraba un engorro el llevar un cacharro agarrado a algún sitio inverosímil y conectado a unos auriculares que se llenaban enseguida de sudor y se salían de la oreja, por no decir de un cable que se movía más que los precios.

Claro, esta idea viene de mi primera etapa runner, allá por 1992 al albur del engendro del Cobi y del éxtasis colectivo que supuso la Olimpiada en Barcelona. Por aquel entonces no existía el running, pero sí una cosa muy parecida denominada “correr”.


No existía el MP3, sino un cacharro denominado Walkman. El número de canciones no dependía de los gigas del cacharro en cuestión ni de la calidad de la grabación medida en kbytes, sino del número de cintas que llevases en la riñonera, y de que éstas fuesen de 60 ó de 90. Tampoco existía la lista de reproducción, sino, simplemente, cara A y B. Acababan de salir unos auriculares revolucionarios que se metían dentro del oído, y los más habituales eran tipo “Princesa Leia”.

El caso es que cuando estuve en MAPOMA vi a bastante gente con sus auriculares e iban a unos ritmos bastante buenos. “¡¡Coño!!, estos tíos no pueden ser unos parchosos, ni tampoco puede ser tan coñazo el rollo éste de llevarse el MP3 durante el entrenamiento!”. Y me puse a “investigar” dentro de la gama Pata Negra” (de 30 pavos para arriba).

Para empezar, los auriculares ahora están recubiertos con una silicona que repele el sudor y se adapta al oído. Primer punto. El cable es retráctil y tiene unas pinzas, con lo que dependiendo de donde te lo coloques, apenas baila. Segundo punto. Hay una nueva modalidad que se apoya en la oreja, con lo que no se sale apenas el auricular. Tercer punto. Además, el cable está recubierto de Kevlar, lo cual le confiere una gran resistencia al desgaste que supone la carrera.

Puede que algunos penséis “el gilipollas éste está descubriendo la pólvora”. Vale, lo confieso, tecnológicamente hablando soy más de productos maduros que de la última mariconada de los de Cupertino que los frikis de la manzanita esperan ansiosos en foros tecnológicos.

Así que ahora me veo a las 7:30 de la mañana cantando clásicos como el Sweet Child of Mine (imaginaos los gorgoritos que puedo soltar a esa hora y a 150 ppm), Go West (la de los Pet Shop Boys, ojito), I want to break free o Entre dos tierras entre otros.

La carrera continua y los rodajes se hacen más amenos, la verdad. A pesar de que normalmente no me aburro viendo cómo cambia el parque de un día para otro, la música ayuda a mantener el ritmo. A un ritmo lo suficientemente bajo se sigue oyendo el crepitar de las hojas, los pájaros y mis amigos los perros con sus agradables ladridos. Lo descarto para las series que no hago ahora, pero esa horita aproximada que corro por las mañanas se hace más amena aún con música.

viernes, 21 de junio de 2013

¿Qué me llevo?

En cualquier viaje que haga un runner es inevitable que, por inercia,  eche las zapatillas por si acaso. Aunque las posibilidades de correr en un paquete “Egipto Misterioso” , en el crucero “Antártida Desconocida” o en una escapada romántica a una Casa Rural “con encanto”, más que escasas sean nulas, allá que echa las zapatillas. Así, aparte del equipaje, nos llevamos el equipo completo porque con las zapatillas va la ropa “técnica”, el pulsómetro y el resto de parafernalia.

Me imagino que será parecido al acopio de zapatos de gran parte del género femenino, que para ese paquete “Egipto Misterioso” echa las botas de Goretex por si refresca, las sandalias por si hace calor en el crucero “Antártida Desconocida” o los tacones de aguja en aquella escapada romántica a una Casa Rural “con encanto”, ya que todo el mundo sabe que en los Picos de Europa es muy probable que te inviten a la Fiesta del Embajador que ese fin de semana está cazando urogallos. Esto se traduce en no menos de cinco pares de zapatos por fin de semana con sus correspondientes complementos (bolsos y demás). Desconozco la diferencia entre unas “francesitas” o unas manoletinas (probablemente porque con éstas te pones la chaqueta por chicuelinas) o los matices que separan a unas chanclas de unas sandalias o de unas romanas (¿será la harina de freír?). Para mí la diferencia en el calzado se reduce al color (marrón, azul o negro) y si tiene cordones, hebilla o ninguno de los anteriores.

En cuanto a las zapas o son de paseo o son de correr (pisada neutra, horma estrecha, con amortiguación <80 35="" a="" ah="" al="" alto="" apropiado="" art="" convierte="" culos="" de="" del="" dependiente="" deporte="" deportes="" en="" encima="" entretenimiento="" estamos="" f="" hablando="" hablar="" jardiner="" juegos="" junto="" la="" los="" m="" mero="" n="" nada="" ni="" no="" o:p="" p="" para="" pillar="" ponen="" por="" qu="" que="" riesgo="" s="" se="" secci="" tbol="" turno.="" usa="" y="" zapatillas="">

Supongo que con este comportamiento irracional rayando en lo absurdo nos hace sentirnos más a gusto con nosotros mismos, más seguros, más racionales.

Nos gusta correr y, si es por sitios diferentes, mejor. Corriendo se conoce mejor las ciudades y los sitios. Vas lo suficientemente rápido como para ver más en menos tiempo sin perderte nada por el camino. Y vas lo suficientemente lento como para disfrutar de ellos, de sus ruidos, de sus olores. Te puedes meter por cualquier camino, oler el campo, bajar por la vega del Guadalquivir, ir por el Quai d’Orsay al atardecer, subir a la ermita de Hontanares por un espectacular camino en medio de un robledal, correr por la playa de San Lorenzo con marea baja o pasar de Europa a Asia en una ciudad tan única como Estambul. Además te mimetizas con el entorno: no pareces un turista al que clavar salvo que abras la boquita y preguntas alguna gilipollez o te delate tu acento.


Yo, “por si acaso” echaré las zapatillas aunque sepa que no las voy a utilizar, unos zapatos con tacones de aguja y un bolso a juego. Y que viva el transformismo, que nos acercamos a la semana de Orgullo.

viernes, 14 de junio de 2013

La mochila y la operación bikini

El sábado pasado salimos por uno de los múltiples senderos que hay por Riaza  a pasear con los enanos. De momento no puede llamársele “senderismo” porque para eso hay que andar mucho y las piernas de 7, 5 y 2 años no es que tengan “mucha gasolina” como le gusta decir al mediano.

EL caso es que para evitar tener que llevar al enano en brazos durante mucho tiempo o eternizarnos a su ritmo (lo normal), nos llevamos una mochila de senderismo.

Al ponérmela me di cuenta de lo que pesan catorce/quince kilos en la chepa de verdad. Y es mucho. Normalmente hablamos medio en broma medio en serio de que nos queremos quitar esos “dos ó tres” kilos de mochila que nos sobra, pero no nos hacemos una idea de lo que acumulamos lentamente hasta que de golpe y porrazo nos cargamos con esta cantidad de kilos y nos ponemos a andar a una velocidad más o menos constante.

O cuando vemos la ropa de hace unos años y nos damos cuenta de que es tres ó cuatro tallas mayor a la  de ahora. Vale que actualmente se lleva la ropa más pegada (“slim fit”), pero no todo es moda.

Cuando volví a correr después de unos años a principios de 2006 lo hice porque me subí a la báscula para pesar a me hijo y vi las tres cifras fatídicas, 100,9. Mi hijo tenía cuatro meses y pesaba seis kilos, no hay que ser muy lince para darse cuenta de que pesaba 95,9. En seis meses perdí nueve kilos. En un año, doce. En dos, quince. Desde 2008 me he movido en torno a 80 kilos, si bien ahora estoy en 77 clavados desde MAPOMA 2013. Siete años después mi hijo mayor y yo pesamos conjuntamente lo mismo, pero él ya pesa 24.

Por el camino he pasado de una talla 56 de traje (apretada) a una 50 (holgada); de tener que meterle a las mangas de la chaqueta a tener que sacarle. De la camisa XL a la M… me he gastado una pasta en renovar el armario por el camino al tener que donar ropa nueva. No la he guardado “por si acaso” de la misma que Hernán Cortés quemó sus naves “por si acaso”.

¿Qué si he pasado hambre? Poca, la verdad. El punto fundamental ha sido comer comida de casa (que no casera), que a uno le permite seguir una dieta equilibrada. Con una disciplina mínima la pérdida fue constante en los primeros meses y muy ligera después (lo normal).

¿Trucos? Pocos, la verdad. Por otra parte tampoco pretendo ser maestro de nada.

¿Consejo? Sólo uno, no hacerse trampas al solitario porque estaríamos engañando a un gilipollas: una ensalada de pasta no es una ensalada, es un plato de pasta fría. Que lleve un tomate cherry o una hoja de albahaca no la convierte en ensalada de la misma forma que un chándal del Madrid no me convierte en CR7.

El tener, además, una vida activa en forma de jugar con los enanos también ayuda. Pienso que lo que engorda no es ese último trozo de pan que te comes, de igual forma que lo que te emborracha no es la última copa sino todas las anteriores.

No, lo que engorda es moverse menos que los ojos de Espinete; esas cien calorías de más que no quemas porque mola más quedarse viendo “Juego de Tronos” y guasapear con los colegas en lugar de quedar con ellos y disfrutar de la primavera.

El día de MAPOMA estaba desayunando en la cocina cuando oí en la radio a una endocrina diciendo que el problema no es que comamos mucho, sino que nos movemos poco. Por lo visto la comida envasada de hoy en día tiene un 20% menos de calorías que la de hace veinte años y, sin embargo, somos un 20% más obesos que entonces. ¿Hemos sufrido una súbita y maligna mutación colectiva? No, nuestro organismo es una máquina perfecta y se ha adaptado como lo ha hecho siempre, aparte de las trampas que nos hacemos al solitario con el cuento de que compramos comida “sana”, que no comemos casi “nada” y que practicamos deporte “con frecuencia” sin especificar con qué frecuencia.


Decía TS Elliot «Así es como termina el mundo, no con una explosión, sino con un lamento»; pues eso, de tanto quejarnos y haciendo tan poco nos darán por culo. Hay que salir llorado de casa.

Una frase menos pedante es la de Emilio Botín: "Lo que no son cuentas, son cuentos" y es que al final si te metes más de lo que sale (sin segundas) lo acumulas. Inventario final es igual al inicial más las entradas menos las salidas. Tan fácil. ¿Tan difícil?