lunes, 26 de marzo de 2012

Media Maratón de Segovia 2012 (parte I)

Que levante la mano quien, habiendo dicho “Nos tomamos la última y nos vamos”, haya cumplido su palabra. Lo mismo aplica en el mundo de las carreras cuando uno dice “no, si yo voy a ir tranquilo, que no voy a disputarla porque estoy preparando MAPOMA”. Como dice el Dr. House, todo el mundo miente. Puede que esa sea la intención original, pero una vez en el ambiente la cosa cambia, desdiciéndonos de nuestras buenas intenciones casi de inmediato.

Eso me pasó el domingo pasado en Segovia. Mi intención era que fuese un rodaje un poco más vivo de lo habitual, matar un poco el gusanillo competitivo (llevaba casi un año sin ponerme un dorsal) y, todo sea dicho, apretarme unos judiones y un cochinillo después de la carrera.

De la Media de Segovia me habían hablado por sus excesos. Exceso de cuestas, arriba y abajo. Muchísima gente jaleando. Bolsa del corredor enorme, para los que acostumbramos a correr en Madrid. Bocatas de chorizo a la llegada, queriéndolos o no, por cortesía artillera.

El marco para correr, orografía aparte, es incomparable. Se sale desde el mismo acueducto, con un cañonazo como señal de salida.

Con 4.000 corredores (muchos venidos de fuera y militares), la presencia de cajones se hace innecesaria, por lo que la salida es bastante rápida y sin tropiezos con otros corredores (joder, esta frase parece la crónica de un encierro de San Fermín), haciendo el primer kilómetro en 4:52.

A partir del primer kilómetro empieza la primera subida, de dos kilómetros y una pendiente media del 3,5%. Al son de la BSO de Rocky que un hotel había puesto en bucle me vengo arriba. La cuesta no es tan fuerte como el perfil parece mostrar, y me hago los dos kilómetros en 4:51 y 4:44. A todo esto veo que, de vuelta, ya vienen los keniatas, eritreos y marroquíes de turno. Menudos cabrones, ya nos sacan un kilómetro.



Los tres siguientes kilómetros son de bajada, por asfalto, adoquines y por tierra en un paseo muy bucólico al lado del río, justo por debajo de la pared del Alcázar y de la ciudad. Los hago a una media de 4:22 y con las pulsaciones controladas a 147 ppm.

Al final del paseo toca la subida a Segovia y, emulando a Perico Delgado, intento mantener el ritmo y bien que lo consigo, ya que me salen a 4:56 de media con ochenta metros de desnivel y muchos adoquines. En esta subida noto que voy ligero como una moto, potente como un camión, ya que empiezo a adelantar corredores sin parar, y no me adelantan apenas. Atisbo en lontananza el globo del 1:40, al que adelanto casi al final. Segovia entera (se va de borrachera) está en la calle. Hasta unas monjas en la puerta de su convento aplauden en una estampa típica del NODO.

Llegamos a la catedral y la bordeamos, iniciando un descenso de dos kilómetros por las calles de Segovia como paso previo a la gran subida que va desde el km 11 al 16. Alcanzo a otro globo de 1:40 que iba algo rápido para ese tiempo, y es que el cabrón del portador iba corriendo a pelo, por sensaciones.

Aprieto el culo y sigo adelantando corredores, el 12 y el 13 a 4:45 de media. El ánimo de la gente ayuda, y mucho, sobre todo cuando no se ve el final de la cuesta. Flaqueo en el km 14, 5:16, pero en el 15 me vengo arriba a la vista del pabellón de Perico Delgado, ya que lo hago eb 4:43. “Ya está hecho”. Los cojones de Mahoma, me quedaba un repecho al girar por el pabellón que me parece el Annapurna, y son sólo 200 metros. Noto algo de flato y bajo el ritmo. “Dosíficate, coño” digo en voz alta. Mala cosa, ya hablo solo. “¿Dónde coño está Segovia?, joder, que estamos en el km 16”. Un pitido me avisa de que el 16 lo paso en 4:53.

Seguimos por una recta muy larga, sin viento, al sol, pero con algo de pendiente negativa. No noto el flato, y voy apretando poco a poco. 4:38, 4:25. Ante su incredulidad, dejo atrás a un sargento paraca que bien hubiese podido protagonizar “El Sargento de Hierro” y que marchaba en la cabecera del pelotón de su compañía, portando el estandarte de la misma.



Quedan tres kilómetros y ahora sí que se ve Segovia. En otro momento NODO hay una mesa y unas personas cortando jamón para ofrecérselo a los corredores. No puedo, y mira que me gusta el jamón, pero llevando la boca más seca que el ojo de un tuerto y a 160 pulsaciones  como que no. Kilómetro 19 a 4:18, y un montón de público nos jalea. Un cabrón disfrazado de corazón va saludando a todo cristo, y debe ser el puto amo de Segovia. Va sobrado para poder saludar tanto en el km 19, porque yo no puedo ni guiñar el ojo.

Giramos a mano izquierda, donde empieza el acueducto. Esto está hecho. Aprieto. Los adoquines hacen que note cierta presión en las caderas, pero sigo. 4:08 en el 20, 4:05 en el 21. Intento esprintar algo más, pero no puedo. Los últimos 97 metros no consigo incrementar el ritmo, pero al menos lo mantengo. Paso bajo el acueducto y paro el pulsómetro en 1:38:02, en el puesto 662 de la general y 164 de mi categoría, Veterano A.

En un próximo post escribiré de lo que no fue la carrera, tan importante o más que la carrera en sí, que muchas veces no es más que una excusa.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cómo ir a IKEA sin comprar en IKEA

El domingo pasado fui al IKEA de San Sebastián de los Reyes. “Qué novedad, como muchos madrileños, que han visto que el dormitorio Magnus está de oferta y además regalan el florero Ülma”, “¡¡¡Buuhhhh!! Que te has cambiado de acera”. Perdón, reescribo. El domingo pasado fui al IKEA de San Sebastián de los Reyes corriendo. Punto y seguido. Ah, venga, a ver qué decís los que pensabais que me había vuelto un gafapasta con fular a juego con el polo del Factory, ávido de ver en directo la grandiosidad del catálogo recién recibido para comentarlo el viernes con el estilista, otrora barbero. Para que veais el cambio que implica pasar de una frase sencilla a otra compleja.

El caso es que salí a las 09:00 decidido a hacer un rodaje largo (muy largo) en torno a 30 kms. Nada más llegar al punto de encuentro en Villarrosa “me liaron” para ir al IKEA sin pasar por caja. “Eso es imposible, siempre compras una chorrada” Que no, que no, corriendo a paso ligero. Y allá que nos fuimos, subiendo por el carril-bici hasta Sanchinarro desde donde por caminos totalmente ignotos para mí empezamos a subir a ritmos relativamente vivos para lo que pensábamos (medias de 5:15 con unas increíbles 133 ppm en los diez primeros kilómetros).

Durante el camino me di cuenta de los contrastes de la gran ciudad. El campo está más seco que el ojo de un tuerto; la hierba amarilla en marzo, los caminos secos a más no poder y las regueras es que ni existen. Sin embargo, cosas del microclima mesetario, el campo de golf(os) de La Moraleja lucía en todo su esplendor en un ambiente primaveral. Verdecito, cuidadito, recortadito, árboles exóticos, setos exquisitos y adelfas exteriores que impedían ver la miseria de las chabolas cercanas a los distinguidos socios del Club, ya que se les podía cortar el brunch por el que habrían pagado 25 pavos.

Atravesando caminos en medio de sembrados llegamos finalmente a nuestro destino. No sé cómo no nos perdimos, porque ninguno de nosotros llevaba Iphone, ese factotum moderno que hace que encuentres el restaurante que tienes en frente y que no puedes ver porque estás en el Facebook colgando en tu muro un mensaje lo mal que te sientes por haber pisado una mierda por ir precisamente buscando un restaurante en el Iphone. Además, qué coño, seguro que esos caminos no estaban cartografiados, por lo que el cacharrito en cuestión se hubiese hecho la picha un lío intentando localizar el saiguiente cruce a la derecha para girar.

Bueno, para ser exactos no llegamos al IKEA, sino a una rotonda que le da acceso y que pasa delante del Plaza Norte desde donde nos fuimos hasta el Alcampo en donde hicimos una parada técnica para beber agua y probar los geles que había comprado.

Momento gel… hasta el domingo no había probado los dichosos geles y no sé si tienen un efecto más allá del psicosomático, porque mejoría, mejoría no noté. Sí, después fui algo más rápido, pero es que empezaron a meterle caña y a mí me costaba seguirles. Seguramente esperaba un efecto inmediato del estilo de las espinacas de Popeye, pero nada de eso. Probablemente su efecto puede notarse a lo largo de la carrera, precisamente no notando que uno se queda sin fuerzas, pero en ese momento no pensé que me supervitaminara ni mineralizara.

Emprendimos la vuelta por El Soto de la Moraleja. Club social de diseño, casoplones del copón, calles impolutas y coches de capricho. Después de una larga y tendida cuesta arriba, empezamos un descenso a tumba abierta (yo no, el ascenso me había pasado factura, y en el descenso notaba cómo los cuádriceps iban cargándose) que nos llevó hasta Sanchinarro, desde donde emprendimos la vuelta.

Poco antes de las cocheras de la EMT alcancé a mis compis que se habían distanciado unos 50-100 metros en el descenso ¿o fueron ellos los que aflojaron para que me incorporara?, pero cuando empezaron a apretar los tres últimos kilómetros a ¡¡4:40!! (llevábamos 25 del tirón) Dije, “lo siento, no puedo, sigo en mis 5:15”. Me notaba las piernas rígidas, no sé si eso es el temido muro o que, simplemente, las cuestas por caminos de tierra donde hay que hacer un gran esfuerzo muscular me pasaron factura. En este sentido, siento discrepar con Yolanda; los caminos de tierra son muy jodidos, porque se pierde tracción y hay que esforzarse un poco más para recorrer las mismas distancias. Además hay toboganes que requieren un esfuerzo adicional para subirlos y bajarlos que el entorno urbano no tiene. También puede ser que en los cuatro últimos kilómetros no encontré ninguna fuente que funcionara (y eso que había cuatro).

Al final me salieron 28 kilómetros, no tenía fuerzas para hacer los dos que había planificado, pero lo di por bueno. Al fin y al cabo, el esfuerzo fue mayor.
Las sensaciones, como en los chistes, fueron buenas y malas.

Por el lado positivo quiero destacar la perfecta adaptación a la ropa técnica. Sin llegar a embadurnarme en vaselina, no tuve ninguna rozadura en los pies, ni en las axilas (me protegí los pezones con sendas tiritas), a pesar de que en muchas de las torsiones de los tobillos por esos “andurriales” pensaba “hostia, ampolla al canto” con tanta presión ejercida sobre las zonas de fricción de los pies por la pérdida de tracción. También que puedo mantener un ritmo constante sin dejarme llevar por tirones de los demás.

En cuanto al negativo… que puede que el tío del mazo exista de verdad. Tendré que ser reservón, y sobre todo, hincharme de glucógeno (carbohidratos) los días de antes. E hidratarme. Por medio del campo, obviamente, había pocos puntos donde beber, salvo el del Alcampo, ya en el km 16. Durante la vuelta no encontré nada de nada. POr no haber, no había ni charcos donde abrevar. Mucho Soto de la Moraleja y mucha polla, pero en cuanto a fuentes nada de nada. Se nota que son ricos, que no dan ni agua los cabrones, como si fuera agua de Vichy lo que tuvieran que dar.

Ah, se me olvidaba, el perchero Lïllestromme, que hacía juego por su veteado con el sinfonier Nikaüs, está descatalogado. Si es que estos putos suecos nos tienen manía. Cómo se nota que el Rey de Suecia desciende de un general de Napoleón.


Afortunadamente para mí, la decisión de ir al IKEA no fue premeditada, sino sobrevenida. De haberlo planificado probablemente hubiese tenido que volver a casa con el perchero Lïllestrom a la funerala, con cuidado para no rayarlo.

martes, 13 de marzo de 2012

Roto

Semana intensa en términos deportivos. Dado que hace dos domingos no salí a rodar, el lunes me encontraba pletórico de fuerzas. Tres salidas entre lunes y jueves a 4:36, 4:40 y 4:35 así lo atestiguan, con buenas sensaciones a pesar de la cantidad de dióxido de nitrógeno de coche oficial que lentamente vamos acumulando en nuestros pulmones y en los de nuestros hijos a fuerza de ir a comprar el pan en coche. El viernes, como postre, nueva salida con un compañero, esta vez más tranquila, a 5:00.

En cuanto al rodaje dominguero, me fui hasta los 23 kms, a 5:12 de media y 142ppm, con buenas sensaciones salvo porque en ocasiones me notaba los talones un poco cargados. Me imagino que algo tendrá que ver las cuatro salidas anteriores (normalmente hago dos ó tres), que hicieron que sumara 65 kms de lunes a domingo frente a los 32 kms de la anterior (mi media actual es de unos 45-50, compuesta por tres salidas intersemanales más el rodaje).

El caso es que con la “pertinaz sequía” y con la insolación actual estamos teniendo unos rangos de térmicos de 15-20 grados. ¿Qué se pone uno con una amplitud térmica digna de Estación Espacial? ¡¡Ah!! Con los rangos térmicos actuales lo tenemos jodido, porque con cuatro ó cinco grados a las 08:00 hace frío, pero con quince dos horas más tarde hace bastante calor si uno se abriga, de ahí que algunos vayamos en modo verano (malla corta y camiseta) cantando el himno de la legión los primeros kilómetros y otros de invierno, con su cortavientos y malla larga. Vamos, que si no te hielas al principio te deshidratas después.

Y hablando de deshidratar… a ver cuándo vuelven a poner en funcionamiento las fuentes inhabilitadas en invierno. El domingo, desde El Capricho hasta casa no encontré ninguna que funcionara (y hay cuatro), que vale que las quiten para evitar roturas con las olas de frío, pero parece poco probable que las temperaturas vayan a bajar tanto como para provocar estos accidentes.

Lo mejor es, sin duda, la intensidad de los ritmos y sus sensaciones. Lo peor es que, de seguir así, vamos a terminar haciendo el Matrix en la a fuerza de enchufarle contaminación y más contaminación, sin que llueva nada.

Poco después de la carrera me encontraba nuevamente en otro parque, esta vez con la familia, La Quinta de Los Molinos que ahora está espectacular con los almendros en flor. Eso sí, si tenéis alergia no os lo recomiendo, pero si no, no perdáis ocasión. Sólo dura una ó dos semanas. El olor a miel es intensísimo, y el paseo por ese parque es muy agradable. Para los urbanitas deciros que hay metro directo (Suanzes), el carril bici pasa al lado (se puede ir por el anillo ciclista, desviándose en Avenida de los Andes, o se puede ir por el Arturo Soria, Avenida Donostiarra, o venir por el que sube desde O’Donnell hasta Arcentales, o, joder, también se puede ir por la calzada, que la bici es un vehículo….   No hay excusa) o, como mal menor, se aparca relativamente bien. Ah, se me olvidaba, hay varios bares en los alrededores con terracitas de esas que gustan en Madrid.






Esto, y un buen paseo por la tarde, hicieron que ayer me encontrara roto. Agotado. ¿O será la astenia primaveral ésa? Puede ser, pero me quedo con que estuve cuatro ó cinco horas a un sol que quema como a finales se septiembre sin más protección que el MP3 y la espada de Santiago mientras se canta: “Soldados valerosos del Arma de Ingenieros, cantemos a la patria con recia fe y amor, ¡arriba nuestro lema: Lealtad y valor!”. A estas alturas hay que dejarse de remilgos, y echarse cremita. La gorra, simplemente, se me olvidó. Vamos, que pequé de pardillo, ni que fuera nuevo.



jueves, 8 de marzo de 2012

Reestructuración sobrevenida

La semana pasada fue atípica en términos preparatorios para MAPOMA.

Para empezar, las tres carreras intersemanales que me pegué las hice a ritmos muy vivos, 4:31, 4:47 y 4:38 sucesivamente el martes, miércoles y viernes, en torno a 150 ppm (90% de mi FCmáx). Pienso incluso que muy vivos, pero bueno, muchas veces me dejo llevar por las sensaciones en estas salidas de 45-50 minutos. De hecho, por los tiempos y ritmos podrían considerarse como series de 3.000 sin descanso.

El domingo no pude salir, por lo que me lo tomé como un descanso más, a la espera de futuros rodajes. Con todo el bagaje que llevo, pienso que a estas alturas la preparación es más mental que física. La condición aeróbica no la voy a mejorar en cuatro ó cinco semanas por correr 20 ó 22 kilómetros más, pero la mental sin duda que hay que currársela, más que nada para saber qué es eso de correr más de dos horas. Además está el hecho de ir probando la ropa para ver si yendo al límite no producen esas temidas rozaduras.

¿Se puede mejorar la anaeróbica? Sí, sin dudas puede mejorar aún más con estas sesiones  a umbrales.

Con estos tiempos, sensaciones, rodajes anteriores, vuestros comentarios y que a las 13:00 dan ración de paella en el Florida Park (:-D!), me estoy replanteando mi tiempo objetivo, de 4:00 a 3:45/3:50, yendo siempre dentro de un rango de pulsaciones de 140 a 150 (al menos en la primera parte).

De cara a MAPOMA me ha surgido un nuevo (e inesperado) reto en forma de Media Maratón, el de Segovia. Una prueba nada rápida ni fácil, pero que al menos tiene que ser chula de correr. Prueba dura donde las haya, lo de menos es plantearse hacer marca.

¿Que por qué Segovia? Pues porque “me han liado”, como se suele decir. La culpa, como siempre, no es de uno mismo, al que le va la marcha, sino del colega ése que “te emborracha”, o de la banca. Allí estaré, el 25 de Marzo.

Con el calendario en la mano, sólo quedan cinco semanas de entrenos (no cuento con la última).  Excluyendo el fin de semana de Segovia, son cuatro, en los que tengo que hacer un par de tiradas largas (muy largas) según mi entrenador particular (que no personal) para que las piernas se vayan acostumbrando. Y es que está todo el pescado vendido.

jueves, 1 de marzo de 2012

Ligero como una moto, potente como un camión

Parece mentira. Hace dos domingos salí a correr con camiseta térmica, una segunda capa, malla larga, guantes y gorro. Y no iba muy abrigado, porque había quien llevaba braga y cortavientos.

Hoy, y dado el calor, he salido en camiseta y malla corta. Más de veinte grados de diferencia. Para que luego diga el primo de Rajoy (el presidente, no el hijo de su tío) que lo del cambio climático es un camelo para vender más o un argumento de la izquierda daltónica (otrora roja, ora verde).

¡¡Y una mierda!! Frío, frío… apenas ha hecho este invierno. Además está el tema de la pertinaz sequía que se cierne sobre nosotros. La capita de mierda que se vuelve a extender sobre Madrid es una consecuencia de la falta de lluvias que la disperse. Se queda aquí con nosotros, que nos quiere mucho. Al fin y al cabo, somos sus padres y madres (seamos políticamente correctos también para lo malo), y de bien nacido es ser agradecido y vivir al calor del hogar paterno per secula seculorum.

¿El por qué del título? Hay que buscarlo en la película de "Cars", de la que adjunto un montaje con la música original de Sheryl Crow. Como forma de motivarse, Rayo MacQueen dice "Ligero como una moto, potente como un camión". Lo sé. hay que ser muy friki para saberse todos los diálogos y personajes secundarios como "Escalerita Atrás", "Boch", "Disparacoches", pero cuando has visto cien veces la película te la aprendes "sí o sí".



  
El caso es que me he apretado diez kilómetros a 4:31, algo que no hacía desde hace más de un año (y sólo me hice nueve entonces). No sé si será porque el dióxido de nitrógeno es una sustancia dopante (y por lo tanto los putos gabachos de mierda podrían quitarme la marca, todo dicho desde el cariño) y estamos sobrepasando los límites, o porque he corrido con la camiseta del año pasado pasado de MAPOMA y me ha pasado lo que al extraterrestre del chiste, lo cierto es que los dos primeros kilómetros los hice a 4:26 y 4:24.

Con el primero pensé “será un error del satélite, que me ha medido mal” Qué exquisito está el menda, por otra parte. Qué va, el segundo me confirmó cómo iba, así que decidí apretar un poco a ver qué pasaba. Los kilómetros se sucedían a 4:32, 4:23, 4:35… en el km 8 iba a 4:29 de media. Volaba al ritmo del “Eye of the Tiger” (¡qué grande el speech de Apollo Creed).


 Pero justo en ese km 8 empecé a notar algo de flato, por lo que bajé el ritmo, yéndome entonces a 4:40 y 4:38 que hicieron que me fuera a 4:31. El dulce sabor de haber ido a 4:31, mi mejor marca en entrenamiento a ritmo de umbral anaeróbico, me dejó sin embargo cierto regustillo amargo por estos dos kilómetros finales.

Pero bueno, quedémonos con lo bueno y eso es precisamente la marca final. Cierro el mes con 189 kilómetros en total, mi particular récord mensual absoluto debido principalmente al incremento en la distancia de los rodajes (media de 18,8 kms, y subiendo) y a la inclusión de un tercer día de carrera entre semana.

martes, 28 de febrero de 2012

Una muesca más: pasando el Ecuador

Al final voy a cogerle gusto a los superrodajes premaratonianos. El domingo me tocaba ir más allá de los 20 kms, y, dado lo bueno que iba a hacer, decidí salir  un poco antes de lo normal para tener después más tiempo hasta el mediodía.

Esta vez iba solo, con la única compañía del MP3. Para no aburrirme mucho en el JC1, decidí dar un rodeo antes de meterme en el parque. Fui por el carril-bici hasta la Alameda de Osuna, dando una vuelta por una especie de parque o descampado que hay en frente del Polideportivo.


 Me metí en El Capricho, y estuve dando vueltas cuatro ó cinco kilómetros. No había nadie en ese parque; con el buen tiempo que hacía y sólo me crucé con los seguratas de la puerta y un operario de limpieza. La verdad, es todo un lujo correr por este parque sin ningún ruido (bueno, el lujo es poder correr por ese parque, lo del ruido es un plus). 




A pesar de que sólo tiene una recta más o menos larga (la de entrada, de unos 400-500 metros) y tener muchas cuestas y curvas que te restan algo de tracción, ir por unos senderos entre pinos, cerezos, tejos, cedros y robles centenarios disfrutando del silencio es una sensación muy placentera. Hay otros árboles, arbustos y plantas que desconozco, pero que son igualmente espectaculares.

 En algunos casos llegan a formar auténticas bóvedas a lo largo de los senderos, por lo que se configura como un sitio a tener en cuenta para correr cuando llegue el calor.


 Oír sólamente tus pasos acompasados a tu respiración, el crepitar de hojas y alguna rama suelta junto con algún pájaro te relaja sumamente a pesar de ir a 140-150 ppm.
  A primera vista puede parecer un poco bucólico tirando a moña, y lo es, al fin y al cabo el parque se diseñó con ese espíritu. Puede sonar a anuncio de Aseguradora o de yogures con bífidus y l-casei (que lo es, menudos cabrones, tratando de apropiarse de sensaciones), pero es más que eso.


Después enfilé el JC1, donde di dos vueltas y media. Este parque, enorme y más desangelado, estaba ya más lleno de gente, y empecé a cruzarme con bastantes runners que aprovechaban que ya no hacía frío. ¿Operación bikini en ciernes? Sin lugar a dudas, sí; después de unos pocos años corriendo uno distingue quién corre habitualmente del que lo hace de forma ocasional o circunstancial y cómo estas decisiones se toman de forma más o menos colectiva en base al calendario y a la previsión meteorológica. Además, qué coño, hace dos semanas éramos cuatro gatos los que estábamos echados a la calle a esas horas y no creo que haya habido un ejercicio de catarsis colectiva que saque de forma masiva a la gente de su casa. Lo del “Ensayo sobre la lucidez” queda muy bien en una novela de Saramago, pero en la vida real (desgraciadamente) no sucede.

Con todo, al final hice el medio maratón a 5:08, con 139 ppm, 1:48 en total. Yendo un poco más allá de los datos finales, la primera parte me salió a 5:14 con 138 ppm, mientras que la segunda a 5:02 y 142 ppm. A diferencia del fin de semana pasado, me dosifiqué bastante más, plasmándose en dieciséis segundos menos de media frente a tres ppm más. Lo que no recoge el pulsómetro son las sensaciones, que fueron muy buenas. No es que llegase sobrado a casa, pero sí que llegue con la sensación de poder unos cuantos kilómetros más. SI hubiese metido un poco más de caña desde el principio seguro que hubiese bajado de 1:40, pero tampoco era mi intención hacer tiempo.

Sin tomar geles, sólo parando a beber agua en El Capricho, no sentí fatiga, lo cual me hace pensar si el objetivo de las cuatro horas es muy conservador. Será cuestión de ir a 5:20-5:25 y ver qué pasa con las ppm, que no es lo mismo correr con cinco grados a las 09:00 y terminar a 15 a las 10:30 que los 25-30 a las 12:00 del año pasado o del anterior, que es cuando hay que dar el do de pecho en los últimos (y fatídicos) ocho kilómetros finales cuesta arriba.

Del resto de semana preparatoria, destacar que estoy clavando las medias a 4:45 y 150 ppm. Dos salidas a esos ritmos más otra a las 07:30 más relajada (4:55 y 141 ppm), que a esas horas el cuerpo no pide tanta marcha ni tiene tanta mala hostia que soltar.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un maratón no se prepara en 16 semanas

Hay gente que va de listos por la vida. Son unos listos. Con lo que me joden los listos (como dice mi padre). Son gente que ponen de manifiesto con sus actitudes vehementes que la ignorancia es atrevida, cuando no insolente. O, como dijo Baltasar Gracián, “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”.
El otro día le comenté a un compañero que estaba preparando MAPOMA. Lo normal en estos casos es que te digan “joder qué duro”, ´”¡ánimo!” o comentarios similares. Pero no, éste no es de esos, qué va, éste se tira a la piscina y en el camino decide si le hace falta bañador, paraguas o llamar al 112. Me soltó una frase de este pelaje: “eso está tirado, con un plan de entrenamiento de 16 semanas puedes terminarlo sin problemas”. Y se quedó tan ancho, como fumándose un Montecristo y un whisky de malta en copa balón. Para rematarlo dijo “Yo es que no tengo tiempo, que si no…” estamos hablando de un tío soltero, treinta y pico palos, sin pareja conocida y viviendo con sus padres. Sus carreras, por lo visto, se circunscriben a media horita en la cinta del gimnasio o, si está ocupada, una carrerita hasta El Corte Inglés por la acera.
Vamos a ver, alma de cántaro, los planes de entrenamiento constan de 16 semanas, si, pero están dirigidos a gente que corre habitualmente. Mejor o peor, más rápido o más lento. Pero que corren. Y para seguirlos hacen falta al menos tres ó cuatro horas a la semana de carrera entre rodajes, series y ritmos diversos. Y, si se puede, complementar con ejercicios de fortalecimiento en gimnasio, pero si se puede, que hay que tener vida. Además tiene que haber cierta disciplina alimentaria (no es que uno tenga que ser un asceta y estar comiendo forraje e hidratos de carbono todo el puto día, pero tampoco tomarse tres copas al día y apretarse un cordero de aperitivo), vamos, lo que viene a ser una dieta equilibrada. Sin desayunar y comiendo a mediodía un par de galletas como hace el pollo éste como que es difícil tener una dieta equilibrada.
“¡Mariconadas! Es que lo he leído en Internet”. Acabáramos. Lo has leído en Internet. Si escribes “fin del mundo” en Internet también te salen fecha, hora y lugares a patadas. Y si escribes “¿me puedo quedar embarazado oliendo unos gayumbos de Paquirrín?” también, seguro que te quedas embarazado, que las armas las carga el diablo.
Yo, mientras tanto, pasándolas putas intentando rascar cinco segundos en mis ritmos en umbrales, con los amagos en los isquios y con la amenaza siempre presente de que te salga alguna ampolla después de un rodaje que te haga parar en seco una semana y el perla éste va y dice que él, con 16 semanas, podría prepararse un maratón porque lo ha leído en internet. Si buscamos un ejemplo de lo que significa “coger el rábano por las hojas” este se lleva la palma.
Si estás de hacer otros deportes con una carga aeróbica fuerte o media sin lugar a dudas puedes, es fácil… si le echas tiempo y huevos. Nadar, ir en bici o correr como parte importante de la preparación física para la práctica de otros deportes te hará fácil adaptarte a un plan de entrenamiento. El único secreto es la constancia. Pero si lo más parecido al deporte que practicas es jugar a la Wii, lo mejor es que te compres el “Pro Maratón 2012”, en el que si mueves las pestañas ritmo de foxtrot tu avatar corre a ritmo de Chema Martínez, mientras que si eres capaz de pestañear a ritmo de reggaeton avanzarás hasta la velocidad de Gebreselassie y, quien sabe, igual te dan una medalla de oro del que cagó el loro en Londres 2012, por supuesto virtual.
Joder, es lo mismo que decir “no tengo ni puta idea de chino cantonés, pero si me voy tres meses a China aprendo hasta declinar los verbos en chino”. Puede que te hinches de brochetas de perro, de rollitos de primavera o de arroz tres delicias, pero aprender, “mijau”  y gracias.
En serio, que haya gente por la vida con esta autosuficiencia jode, sobre todo cuando quiere darte lecciones de algo de lo que no tienen ni puta idea cuando tú tienes algo que decir pero no lo dices por no parecer pedante o simplemente porque sabes que no sabes nada. Pero bueno, este listo también piensa que Raúl no tiene ni papa de jugar al fútbol (porque lo ha leído en El Mundo Deportivo… y él, Mahou en mano, sí que la tiene, por lo visto)
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Ya lo dijo Makinavaja. “Y que siempre tiene que haber un gilipollas…”

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un rodaje de menos a más

El domingo fue un día perfecto para correr. Amaneció frío, sí, unos dos grados. Pero no hacía aire, y hacía sol. A las 11:00, cuando terminé, ya hacían unos diez grados.

En mi preparación nada científica de MAPOMA tocaban hacer 18-20 kms, y al final me salieron 19 a 5:24 y 135 ppm. Como todas las medias y estadísticas, ésta esconde grandes y aberrantes mentiras y desigualdades.

Y es que el rodaje fue casi perfecto en cuanto a su desarrollo. Fuimos por el carril bici hasta la Carretera de Vicálvaro, y una vez pasado un puente calatraveño dimos una vuelta en un parque que hay por ahí, entre Las Rosas y Valdebernardo para regresar sobre nuestros pasos (nunca mejor dicho). Hasta entonces, había rodado a ritmo de umbral aeróbico,  126 ppm, con un tiempo acorde al esfuerzo, 5:40. Desde entonces, empezamos un tímido incremento de ritmo al principio que se aceleró al final, como todo movimiento de aceleración sujeto a la Primera Ley de Newton. AL igual que esa costumbre no escrita de que “con los segundos platos no se espera”, algunos dijeron “a partir de ahora al ritmo que cada uno quiera”. Unos, cual gacelas, empezaron a tirar, y el grupo se estiró, llegando a fracturarse en cuestión de metros. Yo andaba (perdón, corría) en una posición intermedia, y uno de los compañeros me dijo  “tranquilo, no tires, vamos a apretar un poquito que los pillamos a todos, que ocho kilómetros cuesta arriba son muchos”. Y así, incrementando un poco el ritmo… no los pillábamos … de momento. Seguíamos viéndolos en lontananza, a unos 300-400 metros, a la altura de La Peineta. Los 5:40 hasta entonces se convirtieron en 5:23 en los cinco kilómetros siguientes, con 143 ppm. A partir de entonces empezamos a apretar, ya por debajo de 05:00/km. En los dos últimos incluso bajé de 4:40. Y, lo mejor de todo, sin molestias en los isquios y con la sensación de poder hacer dos ó tres kilómetros más a ese ritmo.

¿Se puede calificar de “progresivo”? Creo que sí, un poco larga la primera parte, pero sí, puede ser un ejemplo de lo que debe ser un rodaje largo (ritmos aeróbicos cómodos, con un progresivo incremento).

¿Lo mejor? La constatación personal de que a 5:30-5:40 voy cómodo. Esto supone un tiempo estimado de 3:50/4:00 proyectado a los 42.195 metros. Quedan poco más de ocho semanas para MAPOMA y el pescado, más que vendido, está apalabrado. Por muchos planes de 16 semanas que haya, si antes no te has pateado muchos parques, jardines, caminos, carreteras o cintas tienes poco que hacer. La base aeróbica la tengo, pero hay que trabajarla un poco más sobre todo para evitar/retrasar la aparición de ampollas y molestias musculares.  ¿Llegaré a usar los famosos geles de los que tanto habláis? ¿No tendrán clembuterol?

En cuanto al resto de semana dos salidas parecidas de 10 kms, una con mucho viento a 4:47 y otra con menos a 4:44, con sensaciones de fatiga en la primera (el viento del norte me pilla cuesta arriba y en los kms 4,5 a 6,5 y 8,5 a 10) y mejores en la segunda. A este paso pulverizo mi récord mensual personal de 167 kms (ya llevo 125 kms).

lunes, 20 de febrero de 2012

¿De verdad es caro correr?


A veces pensamos (y con razón) que correr es caro. No lo niego, de hecho ya escribí de ello en su momento, llegando a la conclusión de que podía costarme unos 40 pavos al mes. En esa cifra metía tanto las zapatillas como material “técnico” (camisetas, mallas, etc), alguna carrera, la amortización del pulsómetro, etc.

¿Es mucho para una actividad que debería ser gratis? Sí o no, depende. Echando mano de mi lado oscuro, el de la formación financiera, el análisis de una actividad y sus resultados se puede medir de diversas maneras:

  • Coste unitario. Se puede analizar por lo que cuesta por kilómetro, o por salida. Dando por hecho que se hacen 1.500-2000 kms anuales, los 40 pavos suponen que el kilómetro salga entre 0,24 y 0,32 lerenles, es decir, que la carrerita de 10 kms te sale entre 2,4 y 3,2 pavos (lo que vienen a ser 2-3 cañas). El rodaje del fin de semana de 20 kms se te va a 5-6 pavos.
  • Analicémoslo por “comparables”, es decir, comparándolo con lo que costaría practicar otros deportes/juegos. Por ejemplo, una clase de Spinning: asumiendo que se van dos días a la semana y que el mes tiene cuatro semanas a un gimnasio normalito de barrio que cueste 50-60 pavos, la clase te sale entre 6 y 8 pavos, y hay que vestirse para ir a clase si no quieres que te echen (o que se te echen, dependiendo de cómo estés). Si el día de la clase de spinning es fiesta, te duele el pelo o la abuela se está fumando un farias del tamaño de la espada láser de Anakin Skywalker, el coste se dispara. Conozco gente que, teniendo zapatillas automáticas para las clases de spinning las cambian porque “se les han hecho viejas”… que digo yo… se le puede hacer viejas a Contador, que se hace 15.000 kilómetros al año, pero ¿cincuenta minutos martes y jueves? ¿Vale que en material haya que gastarse de media 15 pavos al mes de media entre lo que gasta el espartano que va siempre con una camiseta para gente sin complejos y el pamplinas top-fashion? Nos ponemos entre 65-80.
  • ¿Qué tal analizarlo en términos de “coste de oportunidad”? Es decir, teniendo en cuenta el tiempo total que perdemos en una sesión normal. En esto, claramente, no tiene comparación: prácticamente desde que salimos de casa estamos haciendo ejercicio, con lo que si estamos una hora fuera de casa es que hemos corrido 58 minutos, si no más. Para la clase de spinning de antes te tienes que ir al gimnasio, esperar que empiece y volverte a casa… si pierdes el mismo tiempo en ir y volver que en estar allí, date con un canto en los dientes. Por no decir nada de “me voy al pantano a remar” o “a la sierra a hacer muntein” o “esquiar”. Como cada cual tenemos un precio, valorad el tiempo empleado en ir, espera, volver y prepararse.
  • Coste de las barreras de entrada. Para empezar una actividad hace falta un desembolso inicial más o menos importante; parece una perogrullada, pero para ir en bici hace falta una bici, para remar hace falta una piragua y un remo y sitio donde dejarlo el resto de la semana, que se nos olvida a veces... aparte de las zapatillas y la ropa.
  • Costes en las barreras de salida. Dejar de correr es gratis. Simplemente dejas de correr. Por el contrario, asumir lo evidente (que llevas meses sin ir a la clase de Body Pump) te cuesta 50-60 pavos al mes. Un error al confundir el orgullo con la soberbia (costumbre muy española), te puede llevar a gastarte una pasta ingente por no ir al gimnasio a decir que no puedes ir. O bien que te has dejado llevar por la “megaoferta” de pagar una anualidad por adelantado por ese 25% de descuento.

Probablemente se os ocurran otras formas de medir lo caro (o barato) que sale correr en términos relativos. Precisamente porque son “relativos” cabe cualquier argumentación, como esa del jefe que se lamenta porque anda justo de pasta y "tiene muchos gastos" con el adosado de Pozuelo, que tiene muchos gastos de comunidad con la piscina y el pádel, el Club de Golf, el Mercedes, la casa de la sierra, el colegio privado para niños tontos de sus hijos (para que aprueben de una puta vez) mientras tu le escuchas con cara de gilipollas intentando decirle con la mente "¿me has tomado por gilipollas?¿pretendes que empatice?". O que haya pasado una noche toledana porque Noelia tiene moquitos cuando tú llevas meses llevando agua, contando cuentos a horas intempestivas por una pesadilla, llevando una magdalena porque le entra el hambre o levantándote a las 06:30 porque el niño dice “dormir no quiero” y es que, claro, con tantos niños en el departmento (los míos y los suyos) a veces se le olvida que tengo tres (aunque los vea en el fondo de pantalla cuando viene a verme)..

Y es que todo es relativo, salvo la muerte y los impuestos.

jueves, 16 de febrero de 2012

Paranaoia, canguelo... ¿se masca la tragedia?

La semana pasada marqué un nuevo hito en mi preparación específica para MAPOMA y a nivel general también. Cuatro salidas, tres entre semana (dos de ellas seguidas, increíble), y el rodaje del domingo. 47 kilómetros en total, una a umbral anaeróbico (4:37, con 155ppm) dos más a 4:50 y el rodaje de ayer, 17 kms a 5:11 y 141ppm, que de rodaje tuvo más bien poco sobre todo porque los que iban en cabeza empezaron a marcar ritmos bastante altos para lo que para mí supondría un rodaje.


Nada más llegar a Los Llanos el grupo se dividió en dos. Bueno, más bien la cabecera en la que yo iba se segregó del resto del grupo, ya que de 15-20 tan sólo seguimos por ese parque cinco. Con su cuesta de 800 metros, cerramos el segundo kilómetro a 4:55, y así los siguientes, a poco más de 5:00 y a 4:45. “Vamos a 3:20” decían los que iban tirando, y yo me cagué. Joder, eso significaba “rodar” a 4:45, que si bien es un ritmo que yo puedo mantener durante 10 kms sin forzar excesivamente, a efectos de rodaje era una velocidad estratosférica para mí, sobre todo en El Pinar de Conde Orgaz/Quinta de los Molinos, donde los sucesivos toboganes se hacían a veces duros. Pero bueno, como dicen los enanos, lo bueno que tiene una cuesta arriba es que cuando das la vuelta es cuesta abajo. A partir del quinto kilómetro, estos se sucedían a poco menos de 5:00 (el ritmo se acercaba más a 3:30 que a 3:20), incluso en El Capricho con sus cuestas cortas pero pronunciadas. Para los profanos: ir A 3:20, 3:30 en un rodaje de estas características significa ir a un ritmo de maratón que implique terminarlo en 3h 20 min (4:45 min/km de media, casi nada).

Sin embargo, en los tres últimos kilómetros tuve que bajar el ritmo; notaba cómo la base del isquio izquierdo empezaba a cargarse sin llegar a molestar y, dado mi reciente historial, empecé a bajar el ritmo: 5:36, 5:40, 5:50. De una media de 5:00 me fui a otra de 5:11, que no está nada mal (5:19 el domingo anterior, viniendo de 5:29 en el previo, con un nivel de pulsaciones similares).

¿Paranoia? Probablemente, pero después de mi lesión de septiembre y octubre y de lo pardillo que fui mejor dejar de correr a buen ritmo los tres kilómetros de un rodaje que lamentarse durante una semana con chutes de voltarén, que está la cosa como para que te pillen dopado, que seguro que los putos gabachos de mierda me quitan el Tour y los gayumbos, todo esto dicho desde el cariño.