viernes, 28 de marzo de 2014

Psicosis

No sé vosotros, pero yo cuando se acerca el maratón me entra cierta psicosis (parafraseando a la entrada de Yolanda).

Para empezar no hago esfuerzos deportivos que puedan implicar riesgo de lesión alguna. El domingo estuve dando unos pelotazos con los enanos y como tenía la derecha un poco cargada intentaba darle con la zurda. Y lo de intentar no es una metáfora sino una realidad: si soy malo con la derecha con la zurda soy pésimo... los enanos se reían de mí, pero pasaba de hacer el gilipollas.

Runner en pleno tapering descubriendo una sobrecarga en el cuádriceps esprintando para pillar el metro

Con esto, lo de la bici al curro me lo estoy tomando con tranquilidad; en el alzado noto el trabajo de la fascia y en el pedaleo (sobre todo en las cuestas arriba) llego a notar cómo van trabajando los cuádriceps, las fascias y el glúteo. Y con los episodios de viento tengo la excusa perfecta: 80 kmh es un viento fuerte de cojones.

¿Esprintar al final de la carrera? ¿Pa’ qué, pa’ cagal-la? Ni de coña. Carreras suaves, cortas (o no tanto, que el miércoles cayeron 13 en Valdelatas) y sin cambios de ritmo… o esa es la intención.

Voy al fisio a que me dé un repaso.

Veo la previsión del tiempo para Europa (bueno, desde hace semanas); me he puesto en el Accuweather a París. Consulto el viento en la “Ille-de-France”, los niveles de contaminación provocados por el anticiclón…

El cuerpo me va pidiendo carbohidratos y proteínas; nada de forraje. Y aderazados con cerveza.

Los estreptococos se tornan del tamaño de una comadreja: uyuuy.. .vaya a ser que me salte al cuello.

Las zapatillas estoy empezando a reservarlas, saliendo con otras. A pesar de que sólo tengan 400 kms “por si acaso”.

Por cierto, estos gabachos son la leche. Como el “Lobo de Wall Street” te venden un bolígrafo como si fuese lo único que necesitases. El día anterior al Maratón se montan un maratón infantil a los pies de la Torre Eiffel, en el Campo de Marte. ¿Podéis imaginar un marco mejor para correr? Plano, con el Arco del Triunfo detrás para la foto “Induráin in Heaven”. Vamos, que los hemos apuntado. Y no es una carrera testimonial: 1.200 metros hasta 7 años y 2.200 a partir de 8 años. No tenía pensado correr pero con estas tentaciones resistirse es imposible.

¿Psicosis o MARATÓN en ciernes?


viernes, 21 de marzo de 2014

Estas zapatillas de autodestruirán en 1.000 kilómetros

Bueno, ya me hallo en pleno “tapering”. Me quedan dos semanas  para el maratón y estoy empezando a recortar las salidas; no en número pero sí en intensidad y velocidad. Metiendo Pilates y spinning, que hay que fortalecer el glúteo. También estoy yendo al fisio para que intente hacer un apaño con las piernas tan cargadas que empiezo a tener. Y es que cuando se confunde la molestia (que no dolor) lumbar con la fascia lata o el glúteo por ahí metido dando literalmente por culo lo mejor es meterse una paliza con el dedo percutor. ¡¡Joder, cómo duele la fascia cuando te tocan!! Además por lo visto los problemas en la fascia lata pueden venir por un glúteo debilitado. Y no, por lo visto no vale apretarse 15 kms diarios en bici porque se hacen sentados. En fin…

El fin de semana haré una prueba en llano de 14-15 kms a ver cómo voy a 5:10-5:15.

Cambiando de tema…  las zapatillas con las que estoy preparando este maratón están empezando a petar. Las pobres ya corrieron MAPOMA 2013 y son las que gasto de lunes a viernes. Tienen algo más de mil kilómetros y ya empiezan a desarmarse.

Como en la serie del Superagente 86 en la que los mensajes se autodestruían en veinte segundos, la obsolescencia programada de cualquier producto hace que unas zapatillas no duren más de un determinado kilometraje. 

En mi caso todas duran en torno a 1.000-1.200 kilómetros. Bien sea por el peso que no consigo bajar de 78 kilos o por los materiales en sí, el caso es que en torno a los 800-900 aparecen señales de alarma en forma de hilos que se van soltando de la entresuela, el puente del talón que se agrieta, que pierdo más tracción que Raikonen o que siento las piedrecitas del camino como si fuese descalzo.

El domingo me apreté 19 kms a 5:10 por un recorrido que sigue sin gustarme (desde casa hasta La Peineta, vuelta y un circuito por el JC1) pero que no tiene muchos desniveles, que hay que recrear el recorrido de París. De vuelta a casa ducha rápida y para Valdelatas con la familia, que me voy a hacer guardés de la finca.

Con los aparcamientos de la sierra totalmente llenos a las ¡¡8:30 de la mañana!!, la estampida fue masiva. Me puedo hacer una idea de cómo podía estar el Retiro. Joder, en el JC1 había atasco para entrar/salir el sábado. Pero Valdelatas no estaba atestado. Había ciclistas (muchos) y los domingueros se concentraban en el área de recreo adyacente a una entrada que hay por Alcobendas; los muy intrépidos llegaban desfallecidos hasta el banco que habían reservado con un mantel de los chinos. Y hay que entenderlo porque hay que ver cómo llevaban las neveras: algunas dobles y las tenían que transportar con carrito.

MI mujer y yo (cómo suena a “la Reina y yo”) nos preguntábamos qué podían llevar en esas neveras y, yendo más allá, ¿se pueden comer todo eso en dos horas? Porque calculando unos 15-20 litros por nevera no me salen las cuentas para una familia: torreznos para el aperitivo, dos kilos de filetes empanaos, una tortilla de papas “king size”,  una sandía, dos litros de cerveza, pan, un kilo de flan con galletas, un termo con café y sacarina caben de sobra pero ¿y en la segunda nevera que meten? ¿el sofá de escái, la tele y la manta para la siesta? Los carros del Mercadona deben andar así así en cuanto a capacidad. Joer, ¿cómo pasan el carro si hay una barrera en la entrada? ¿Cabe todo eso en el maletero con los niños, el perro y la suegra? “¡¡¡¡Borjaaaaaaaaaaaaaa…!!!!!!! ¡¡¡Ven acá p’acá, que te tienes que comer la hamburguesaaaaa!!!” Pues eso, el kétchup era lo que llevaban en la otra nevera; si es que no pienso porque no me pongo.

Domingueros en Valdelatas intentando encargar tres pizzas familiares. No pueden porque no hay cobertura de datos.

Eso sí, al otro lado del puente la nada, ardillas, liebres, vistas a la sierra aún nevada y silencio. 300 hectáreas de monte y el 90% de los humanos allí habidos concentrados en menos de media.

 “A más a más” como dicen en Cataluña, aparece un rebaño de ovejas en lontananza; como si de una metáfora se tratase venían todas juntas, por el camino, debidamente guiadas por perros y pastores. Las ovejas, más listas, iban parando a comer hierba por aquí, bellotas por allá y seguían su camino. ¿Quiénes son los borregos y quiénes los seres racionales? Y no me refiero a los que toman las raciones en los bares.


Y sigo flipando con los enanos y su imaginación: una reguera no es esa zanja porculera en medio del camino que si la pisas te destrozas el tobillo; no, una reguera es una pista de Scalextric.

jueves, 20 de marzo de 2014

Para qué sirve (también) correr


Hay infinidad de razones de salud estéticas por las que es bueno correr. Pérdida de peso, reducción de niveles de colesterol en sangre, incremento de la capacidad respiratoria, tonificación muscular, fortalecimiento del sistema cardiovascular… son unas pocas de las minucias en lo que a las consecuencias sobre la salud.

Otras también claramente visibles son la reducción del nivel de estrés que puede venir motivado por una generosa generación de endorfinas.

Sin embargo, hay otras razones en las que me quiero centrar y son menos evidentes porque son a largo plazo y aplicables en el mundo laboral, y ya se sabe, en nuestra sociedad todo lo que sea mirar más allá de la prima de riesgo de hoy o de las próximas elecciones es un ejercicio quimérico que no queremos realizar.

Para empezar, distingues a los currantes de los encantadores de serpientes, esos que, conforme a sus comentarios, pasarían por ser el hermano pequeño de Gebreselassie salvo por el pequeño matiz del color de la piel. ¿Cuántos runners de estos conocemos? Hagamos memoria y visualicemos al fantasmilla de turno presumiendo de sus logros deportivos, nunca refrendados en competición alguna. O, por otra parte, se autoerigen en la quintaesencia de la mala suerte con sus discretos resultados. “Es que llovía, por eso hice 1h” “pues yo hice 43 minutos con la misma lluvia”. La culpa, como siempre, de los elementos y no del Duque de Alba y su impericia marinera.

Aprendes a separar la paja del trigo, lo anecdótico de lo  categórico. Un “runner” no es “runner” porque vaya vestido como un runner y equipado como si fuese a realizar el Desembarco de Normandía (bayoneta incluida, que uno nunca sabe), con su mp3 con 32 gigas (capacidad para 6.400 canciones, cuando corre media hora), con su GPS, cinturón de hidratación (en el Retiro, por lo visto, no hay fuentes), suplementos energéticos y ropa técnica que sólo llevan Chema Martínez y él. Por supuesto, él no lleva las gafas de Lance Armstrong, sino que es el propio Lance Armstrong el que se compra sus gafas. No; un runner es un tío que corre por el placer de correr. Como dice el publicista Michael Levine “tener hijos no le convierte a uno en padre de la misma forma que tener un piano no le convierte a uno en pianista”.



Pensar en positivo, que no es lo mismo que el pensamiento positivo que nos embarga y que pretende justificar que los que nos mandan lo hacen en virtud de unas capacidades tan escasas que sólo ellos tienen. Nosotros, pobres parias, no las tenemos porque no las deseamos ni ponemos medios para conseguirlas, y si nos va mal es porque queremos. Calvinismo del siglo XXI en estado puro. No, el pensamiento en positivo implica en hacer de la necesidad virtud. ¿Qué hoy no puedes entrenar porque el enano ha pasado una noche toledana con sus 39 de fiebre y el mayor no podía dormir con su dolor de garganta? Pues nada, tómatelo como un descanso. Mañana será otro día, al fin y al cabo lo que estás preparando es un maratón, no un entrenamiento por el parque.

Estrategia a largo plazo, táctica a corto plazo

Unido a lo anterior, cuando nos planificamos una maratón llevamos un bagaje de kilómetros elevado, marcándonos unos hitos a realizar durante cuatro meses. A veces no escuchamos cómo nuestro cuerpo nos avisa de que tenemos el cuádriceps a punto de petar y aún así salimos para no seguir ese programa que nos hemos bajado de Internet. Consecuencia: sobrecarga y una semana en el dique seco por hacer el gilipollas un rato. Cualquiera que haya trabajado por proyectos lo entenderá perfectamente.

Si te haces trampas en el solitario estás engañando a un gilipollas. De nada vale decir que estás preparando un maratón en 3:30 cuando no eres capaz de rodar quince kilómetros seguidos a ese ritmo. Quitar cinco ó diez segundos de boquilla a tus tiempos en los entrenamientos para vacilar a López, el de Presupuestación, sólo te vale para que éste te vacile al adelantarte en la Casa de Campo. Los que trabajan contigo, lo mismo que los que corren contigo, se dan cuenta.

Para conseguir resultados no existen atajos, sólo trabajo bien hecho y constancia. Los suplementos proteínicos esos que te inflan como un globo y que se venden en botes de cinco kilos vienen a ser como el padrino que tira del inepto de turno hasta los altares. Más dura será la caída. ¿Dónde andan ahora la Pajín y la Aído?

Autocontrol y conocimiento de uno mismo. ¿Qué la manada de búfalos tira que se las pela? Tranquilo, hay muchos kilómetros. La carrera pone a cada uno en su sitio, ya los irás pillando. Sólo tú eres consciente de tus posibilidades y limitaciones, no pretendas llegar más lejos de lo que puedes. Si nunca has hecho una serie de un kilómetro por debajo de cuatro minutos ¿para qué coño te pones en el cajón de 40 minutos? Si lo único que has pronunciado en inglés desde el COU ha sido “on”, “off”, “esmarfon”, “interné” o “chámpionlig” ¿por qué coño te empeñas en decir que tienes un nivel “medio” de inglés?. Luego explícale EN INGLÉS a tu nuevo jefe, que es un redneck de Idaho, eso de que tienes un nivel medio de inglés. Medio, sí, medio gilipollas.

Hay que salir llorado de casa. Esta es una de mis frases preferidas. Me tocan los cojones la gente que está todo el puto día llorando por cualquier cosa, como si los demás tuviésemos que entender el genocidio que supone que en su empresa sustituyan el papel higiénico de Scotex por uno de marca blanca. Esto lo escribo para preceder al axioma runner de que llueve, nieva, hace frío o calor cuando uno corre, y no al revés. Cuando nos quejamos de todo es que tenemos un problema con lo que hacemos, y lo peor de todo es que no queremos reconocerlo.

Muchas veces perdemos la perspectiva general cuando los medios se convierten en un fin en si mismos. ¿Cuántos supuestos runners hemos conocido que compiten en entrenamientos y ruedan en las competiciones? Los mismos que en el mundo laboral deben de ser la hostia de acuerdo a lo que cuentan de si mismos. El running, para ellos, es cruel, porque les desnudan cruelmente. No tienen a nadie que tire de ellos, ningún amigo que les cubra sus vergüenzas.


Dicho todo esto, todo el mundo conoce a algún encantador de serpientes que eleva a categoría la anécdota, que su visión no va más allá del próximo cierre mensual, que sigue las tres máximas de Homer Simpson: “No digas que fui yo”, “Cuando llegué ya estaba así” y “¡Bien dicho jefe!”, que andan quejándose de lo que trabajan (y, precisamente, el día que te quedas tarde tiene que irse antes) o de los gastos que tiene. Todo esto justificando su posición en el Pensamiento Positivo, Porque ellos lo valen.

Al final, y nunca mejor dicho, antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. Y yo soy de los cojos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Ya es primavera en La Quinta de Los Molinos

Menudo fin de semana de buen tiempo que hemos tenido después de tantos seguidos con ciclogénesis, bajas presiones, fríos polares o, simplemente, mal tiempo, que para algo estamos en invierno.

EL sábado fuimos a Riaza (Segovia); pensábamos que íbamos a tener follón de salida por una supuesta espantada general para disfrutar del pueblo, de la montaña, de la nieve o de todo un poco y así fue. El día en Segovia era espectacular, como os muestro en la fotografía tomada desde la ermita de Hontanares con La Pinilla al fondo. Con lo que no contábamos era con otro follón de entrada, y es que muchos (como nosotros) volvimos al redil al atardecer. Lo que me flipó fue encontrar atasco también en las salidas del IKEA/Plaza Norte y esos centros comerciales de San Sebastián de los Reyes; con el día que hacía y vas y gastas la tarde en una de estas moles. En fin, hay gente p’ató, como diría mi paisano El Guerra.

La Sierra de Ayllón desde Hontanares
A principios de Marzo tengo una cita obligada en la Quinta de Los Molinos, uno de esos parques de Madrid desconocidos para la mayoría de los residentes de la Villa y Corte o que, a la sumo, han recibido noticias. No es la primera vez que escribo de este parque y siempre escribo en las mismas fechas. Lo que le hace especial es la cantidad de almendros que tiene y que florecen todos a la vez súbitamente.

El parque en sí es incómodo para correr porque muchos senderos están adoquinados pero merece la pena porque a las 09:00 no hay casi nadie. Además, teniendo que meter kilómetros es una variante muy buena. Yendo por Villarrosa, Los Llanos, Pinar de Monte Orgaz, Quinta de Los Molinos, El Capricho y el JC1 me salen esos 21-24 kms que quería correr el domingo.

Con un día espectacular (19ºC a mediodía pero frío de cojones a primera hora), el olor a miel era intensísisimo; pocas veces se puede disfrutar de un espectáculo visual y oloroso de estas características en la Villa.
A eso de las doce fuimos ya todos a pasear por el parque y echar unas fotos como las que os adjunto. Eso sí, tuvimos que negociar unas carreritas por las pistas de Suanzes porque se nos revelaba la marinería y no queríamos acabar como los del Bounty.



 Y ésta fue la concesión que tuvimos que hacer para ir a La Quinta.. menudo problema. Qué juego dio el foso de salto de longitud

En cuanto a la salida del domingo marqué el tope de 24 kms. A partir de ahora toca ir echando el freno de mano, que los músculos se van cansando. Y no fue precisamente un rodaje tranquilo, que me lo marqué a 4:57. Sabía perfectamente que tenía que ir más lento pero me permití que el cuerpo se dejase llevar. No hice el circuito habitual sino que esta vez me fui hasta el futuro campo del Atleti, la Quinta y me volví hasta el JC1 para meter kilómetros lo más planos posible.

El resto de la semana… disfrutando y descubriendo Valdelatas; el jueves subí hasta la valla y estuve bordeándola hasta que nos dimos cuenta de que llevábamos seis kilómetros; tocaba volver, qué pena, con el día que estaba haciendo. EL ritmo “lento”, 5:15, pero intenso, que menudas cuestas hay hasta ahí arriba. Una salida más hasta el gym (el viento pudo conmigo el lunes y me subí a la cinta) . Y otra salida más cañera con un compañero a Valdelatas a 4:45.


viernes, 7 de marzo de 2014

¿Tapering a la vista?

A cinco semanas peladas de París 2014 ya se intuye el freno de mano progresivo del tapering. Hablando con un compañero que lleva unas pocas tiradas largas de 28-30 kilómetros de cara a MAPOMA le comento que el domingo hice 24 kms y que muy probablemente mi tirada más larga se quede ahí o como mucho repetirla. EL cuerpo se va cansando con los kilómetros acumulados y la azotea más aún con el tiempo que lleva en modo maratón.

Supongo que esto de las “tiradas largas” en forma de test de cara a un maratón tiene dos bandos, los que opinan que hay que hacer unas pocas de 28-30 kms y los que piensan que no hacen falta tanta.

¿Argumentos a favor del primero? Que el cuerpo se acostumbra a sentir qué hay más allá de los 25-30 kms, al esfuerzo, a estar en el límite, que no hay sorpresas en cuanto a agotamiento, que se pueden medir tanto la hidratación como la alimentación en carrera o que uno se queda más tranquilo llegando al km 30 sin. Por el contrario podemos llegar al sobreentrenamiento tanto físico (lesión) como mental (maratón blues posterior).

¿Qué pasa con el segundo bando? Se pueden entrenar más días (sobre todo después de las tiradas largas), el riesgo de lesión es menor (por exposición), no es tan cansado psicológicamente en la medida que nos retiramos en el momento ¿justo? Sin caer en la trampa de “venga, una más y nos vamos”. ¿En contra? Que efectivamente nuestro cuerpo no tiene un conocimiento reciente de qué son 30 kms corriendo.

Como todo en la vida, cada uno se adscribe a una u otra teoría en función de su experiencia pasada, tendiendo a repetir lo que (pensamos) nos ha ido bien el pasado; todos tenemos un “método infalible” para ligar, todos sabemos si el arroz se echa antes o después que el agua en la paella (perol cordobés), todos sabemos que Del Bosque no tiene ni puta idea por no llevar a Soldado, Llorente o Villa-Pedorrilla.

Yo personalmente me adscribo a la segunda facción. Cuando oigo/leo las kilometradas de algunos alucino; meterse 100-120 kms a las semana implica que te pongan una gatera en casa para que entres y salgas cuando quieras sin necesitar llave. ¿Tiradas semanales de 30 kms? Uf, o se sale muy temprano (ya salgo a las 08:30, como para salir antes en estas fechas tan entrañables) o te cargas el domingo por la mañana.

Tampoco es que sea un ejemplo porque no soy un sub3:00; ni un sub3:15; ni un sub3:30; tampoco un sub3:45 aunque espero serlo pronto. Un sub4:00 y basta.

Evidentemente si quieres se un sub3:00 o sub3:15 tienes que hacer más kilómetros que el Correcaminos y con un trabajo muy específico. Pero para un “manta” como yo no considero necesario pasar esa línea roja.

Cierro, por otra parte, una semana “floja”, dos salidas por Valdelatas de 12 km (a unos increíbles 4:33) y 14 km (a unos más terrestres 4:51) y una tirada larga de 24 km a 5:08 (pienso que fui muy rápido). Con los ritmos pienso que andaré entre 3:40 y 3:45; pienso que puedo ir holgadamente a 5:20 en llano y a nivel del mar, coño, que me ha salido un hematocrito de 47,9 (dos más y sería positivo por EPO), que se note el entrenamiento en altura.


No perdono todavía el Pilates y es que descarga las piernas y la espalda una barbaridad, y es que por mucho que digamos lo contrario estiramos menos de lo que debiéramos.

viernes, 28 de febrero de 2014

Maratón de París 2014

Si todo va bien el próximo 6 de Abril correré mi tercer maratón y será en París. Quedan menos de seis semanas por lo que estoy en el pleno cénit de la preparación y ya empiezan a aflorar los típicos dolores más fruto de los nervios y de la aprensión que otra cosa.



Es una carrera a la que le tenía echado el ojo desde una crónica de hace un par de años de  Risco y a la que no paro de encontrarle argumentos a favor:

  •    París en primavera es una ciudad espectacular. Bueno, París es una ciudad espectacular (a pesar de los parisinos, nada que ver con el resto de franceses).
  •   En plan familiar Eurodisney está a media hora en tren desde la Gare de Lyon.
  •   Teniendo margen de maniobra puedes hacer planes sobre la marcha: durmiendo en Eurodisney no tienes: o vas o vas.
  •       Un día bueno en París en primavera son 15ºC; uno malo, 5ºC.
  •      París no es una ciudad tan cara; si te tomas un café en los Campos Elíseos te la van a meter doblada, sí, pero lo mismo que si te tomas un “relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor”.
  •     Los vuelos a París no son caros; de hecho con tiempo se pueden comprar más baratos que un AVE a Sevilla, Valencia o Barcelona.
  •     Siendo un poco aguililla, y sabiendo algo de francés  (de verdad, no el de “Segolén, Segolén” de Zapatero) o inglés,  puedes brujulear por multitud de tarifas de transporte y museos.
  •    La oferta hotelera es amplia y variada; en plan familiar los apartahoteles tienen una buena relación calidad-precio, están bien comunicados y te permiten la flexibilidad de poder desayunar o cenar sin montar una excursión ahorrando de paso una pasta.
  •      En París no hay cuestas salvo en Montmartre.
  •     Los 40.000 corredores son 40.000 maratonianos. No hay careras de diez mil incrustadas. No hay medias maratones camufladas. No hay “pases de favor” en forma de inscripción gratuita. No; todos los que corren tienen una estrategia similar a la tuya.
  •      El maratón de Madrid cuesta a partir de 50; el de París a partir de 70.
  •      Es un MA RA TÓN.
  •      Este año cumplo 40 (años, que no maratones, aunque todo se andará).

No pretendo hacer marca. No sé si volveré a París; no sé si volveré a correr un maratón en París. Lo que sí sé es que no quiero estar pasándolas (muy) putas en el km 36 deseando que se termine por ir a 5:00 en lugar de a 5:10; si puedo hacer 3:40 bien, 3:35 mejor pero no voy a andar obsesionado. Quiero ver el Arco del Triunfo y sentirme como Induráin. A pesar de que en un maratón no se va a pasear, de que el tío del mazo anda rondando por ahí, agazapado (que manía, en París también hay un parque casi al final, el Bois de Boulogne), voy a tratar de esquivarle.


Dando por hecho que no hay maratones duras sino que los corredores nos empeñamos en hacerlas duras, mi intención es la de “darme un homenaje”. ¿Cuándo te cortan los Campos Elíseos para correr? Sólo en el maratón. 

Por otra parte (pienso) 40.000 inscritos implica un ambiente excepcional. En Madrid hay zonas en las que uno vuela por el público, como el centro, Príncipe Pío o la llegada pero ¿y con cuatro veces más de participantes? ¿cómo será?

No podré entrar con los enanos en meta; no es que me dé igual porque sé que van a estar ahí, que van a cogerse el plano del metro y estarán animando a lo largo del recorrido. Para entrar en meta está MAPOMA tres semanas después  en la que “probablemente” corra la segunda parte. Y es que se han acostumbrado a “tocar metal” y no perdonan ninguna carrera.

viernes, 21 de febrero de 2014

Sacando conclusiones

Sin darme cuenta, acabo de cumplir el 60% de la preparación maratoniana, lo que me ha llevado a hacer un análisis rápido de cómo voy en la semana 10. He acumulado 429 kms frente a 446 del año pasado y 407 del anterior, es decir, lo mismo. Si el año pasado crucé entrenos con “salidas” en bici (si es que hacer 20 kms seguidos en bici puede considerarse salida), éste estoy haciendo pilates “de hombre” y spinning. En esos días tan entrañables de viento, agua y oscuridad tampoco he tenido el complemento de los 15 kms diarios en bici de ir al curro, pero he ido todas las veces que he podido (que digo yo, que algo se nota).

 No son muchos los kilómetros, la verdad, pero dado como he tenido la fascia lata me doy con un canto en los dientes.

No estoy corriendo más rápido pero sí pienso que estoy haciéndolo con más fuerza. Este año estoy corriendo en Valdelatas, lo que implica más cuestas que en el JC1. Apenas hay rectas, los caminos son de tierra salvo que quiera ir por el carril bici. Corro con más barro porque en el campo no existe el drenaje que hay en los parques (sí, hay drenaje, que los charcos duran uno ó dos días).  A cambio  puedo pisar superficies blandas y escurridizas sin temor, que las mierdas se encuentran en terrenos más urbanos. Y lo mejor es que me lo paso de puta madre, tanto si voy solo como acompañado.

Además las sucesivas “ciclogénesis” me han supuesto un plus de resistencia en forma de viento que me ha acompañado durante muchas salidas. “no hay mal que por bien no venga”, como diría el otro. Porque, Murphy dixit, si hace viento cuando corres lo hará cuando corras cuesta arriba: lo que no te mata te hace más fuerte. Por cierto, que el miércoles oyendo la radio un “experto” aconsejaba a los “runners” abrigarse y … “no correr con el viento en contra” ¿y cómo coño se consigue eso? ¿con una vela de barco?

No he competido aún, si por competir se entiende participar en una carrera con un objetivo determinado de marca o ritmo. Está la  Media de Fuencarral que fue más un rodaje que una carrera por las circunstancias. No obstante, puedo sacar consecuencias: a 5:30-5:35 voy muy cómodo ahora. Espero que en llano pueda mantener un ritmo sostenido de 5:10-5:15 sin que se me disparen las pulsaciones.

¿Qué me queda? Más Valdelatas, una salida de 28-30 kms y dos ó tres de unos 20 kms. Espero que con mejor tiempo, aunque tampoco es que me importe mucho.

En cuanto a la semana pasada, después de Fuencarral salí sin problemas y sin reposo. Una salida por Valdelatas que me dejó a medias por ir en grupo (10 km en 55 minutos cantando el “para ser un conductor de primera, acelera”) el miércoles y otra el jueves para desquitarme (48 minutos el mismo recorrido pero con más barro). En las dos salidas, como cantaba Extremoduro, “se abrió un claro entre las nubes, hemos vuelto a ver el sol, como dos presos comunes en el tejao de una prisión”.

EL rodaje del fin de semana ha sido de libro: lento al principio, por debajo del ritmo de maratón e incrementando ritmos de forma progresiva: 5:47 primeros cinco, 5:27 del 5 al 10, 5:15 del 10 la 15 y 4:55 del 15 al 21. Frecuencia cardiaca controlada en todo momento, entre el 75% y 85% (entre 125 y 141 ppm). Con menos cuestas que en Valdelatas, sin viento y frío… metiendo carga porque no queda tanto ya… sólo siete semanas.

En cuanto a la semana que llevamos el lunes se me fue de las manos una salida plácida por Las Tablas para descargar el rodaje del domingo, 10 km a 4:38. El miércoles nos liamos por Valdelatas; otra salida a 5:10-5:15 que terminó a 4:10. Pero es que nos flipamos con el tiempo, 15ºC a mediodía (de hecho fui en manga corta). Y no es que empezásemos metiéndole mucha caña, pero es que últimamente estoy terminando los entrenos metiendo caña (no de lomo), haciendo los dos últimos a 4:05-4:15.


Y hablando de libros… sigo con mi lectura de los Episodios Nacionales. Acabo de terminar “Napoleón en Chamartín”, recomendable en particular para los residentes de la Villa por las descripciones de una ciudad que entonces tenía 160.000 habitantes y en general para el resto por cómo se muestra la capacidad (más bien arte) de mutar de nuestros insignes políticos: los que ayer eran acérrimos patriotas antifranceses hoy se prestan a colaborar con los renovadores de la patria sin ningún pudor ¿os suena el calificativo “demócrata de toda la vida” de la transición? Invasores que, lo primero que hicieron, fue abolir la Inquisición, las aduanas interiores, los gremios, reducir a una tercera parte los conventos (un ERE en toda regla) o decretar la libertad de prensa. Qué cabrones eran estos gabachos. Joer “¡¡Vivan las cadenas!!” Por favor, nótese la ironía.

martes, 18 de febrero de 2014

Hablando de meteorología...

(Dedicado a los meteorólogos de salón, esos que tanto hablan de “ciclogénesis” en España o de “polar vortex” en los EEUU).

Cuando tú ves lluvia yo me pongo un impermeable y corro. Cuando tú notas frío yo me pongo otra capa, guantes, gorro y corro. Cuando tienes calor yo madrugo y corro. ¿Nieva? Aprovecho, que en Madrid dese 2010 no cuaja la nieve y corro.

Te quedas mirando por la ventana “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” como escribía Machado para mofarse de los pedantes; yo mientras formo parte de lo que pasa en la calle como Pérez.

La Humanidad ha pasado por el estrecho de Bering (entre Siberia y Alaska) a pie en plena glaciación en busca de un futuro mejor a pelo, sin quitanieves, sin botas de Goretex, sin cobertura, sin Windstopper sin GPS sin Mercadona  y sin pollas en vinagre: no existe el frío sino la ropa inadecuada.

Lo tomo prestado de un blog amigo

Tú ves que son las siete y media de la mañana y te lamentas porque sólo te queda media hora. Yo me levanto, corro y veo amanecer: los amaneceres de Castilla (Madrid es Castilla) son espectaculares y si el día de antes ha llovido o va a llover refulgen de un naranja intenso.

Piensas que hace un día horrible porque haya niebla: es un día precioso para correr por un pinar. No hay viento, no hace frío ni calor. ¿Qué te puedes manchar de barro? Para eso está la lavadora. ¿Qué te puedes mojar? Es sólo agua, tranquilo, se seca. ¿Qué sudas? Eso es que estás vivo.


Con el tiempo, como con la vida, caben dos opciones: lamentarte por lo que consideras tu sempiterna mala suerte (se te ha colgado el güifi, te has comprado un Iphone dos semanas antes de que saquen el último modelo, se te han manchado de barro los zapatitos de charol en enero) o ponerte una ropa u otra para salir a la calle.

Tú eliges, lamentarte del tiempo que hace o correr un MA RA TÓN.

jueves, 13 de febrero de 2014

Media Maratón de Fuencarral 2014, la carrera que se convirtió en rodaje

El domingo tocaba rodaje. Tenía que “atacar” más de 20 kms en mi preparación maratoniana. Como os conté hace unos días, Óscar me conto que los de la Panda se habían inscrito a la Media de Fuencarral con la intención de correrla en grupo al ritmo del más lento sin más pretensiones que echar un buen rato todos juntos y olvidándose de la marca. Intentó seducirme con una carrera previa de 8-10 kms antes de la salida y por poco lo consigue.

Una lluvia amenazadora, un viento previsible, dónde llevar la mochila, Scorsese y su Lobo... la logística y los elementos fueron la excusa para no hacer ese calentamiento previo. Y, por qué no decirlo, porque iban dos a los que el mismísimo Filípides les hubiera hecho la goma a la hora de ir a correr desde Atenas a Esparta para pedirle ayuda a los ¡¡espartaaaanos!! para darle pal pelo a Darío.

Por una vez no me metí en el mogollón quince minutos antes de la salida. Y vive Dios que hace un frío de cojones fuera del cajón. Desde mi atalaya veía el ritual que cada uno tiene y nos echábamos las fotos previas a la salida.

Cuando empezó a despejarse el camino salimos. A un ritmo tranquilo (muy tranquilo) nos movíamos por las calles de Fuencarral. Yo, que vivo en la parra, me entero entonces que el Atleti había palmao 2-0 con el Almería (para consuelo de mi mediano Courtois no jugaba…y es que se me está haciendo indio). Bromas a mogollón, que para eso aún no había roto el umbral aeróbico (120ppm de media los tres primeros kilómetros). El perfil es descendente; “todo lo que baja, sube (al menos en el running, que en la vida es al revés), guardad fuerzas”.

Íbamos juntos, no en formación de a tres porque eso es para legionarios, pero juntos. Tampoco teníamos cabra pero sí un perro digno de las cuadrigas de Ben-Hur. Joder, íbamos hasta con banderas.

Sin darnos cuenta los kilómetros iban cayendo cada vez más rápido (o menos lento): 5:29/5:23/5:19/5:11/5:11/5:14/5:11 del 4 al 10 con 125ppm de media (mi umbral es 127ppm). Y me lo estaba pasando muy bien. Estaba corriendo por la carretera de Moncloa al Pardo tranquilamente. Estaba viendo la carrera de una forma diferente: no me importaba el tiempo, ni los ritmos… tan sólo pasarlo bien y disfrutar del paisaje.

El Monte del Pardo es un lujo que tenemos los que vivimos en Madrid gracias a que en su momento los Austrias y los Borbones se lo reservaron junto con la Casa de Campo para cazar (y luego nos sorprendemos de las cacerías de elefantes… nada nuevo bajo el sol). Afortunadamente tampoco se peta: bien sea porque no hay aparcamiento, ni bares fashion en el pueblo, ni centros comerciales, porque el término “El Pardo” se asocia a donde vivía el dictador o porque, simplemente, se puede ir en cualquier momento, el caso es que se puede pasear, correr o ir en bici de montaña entre chaparros sin cruzarse con mucha gente.

En el cruce con la carretera de Fuencarral al Pardo damos la vuelta, no sin antes reagruparnos. La carretera pica ahora hacia arriba, teniendo que subir todo lo que hemos bajado antes por una cuesta que fácilmente podría tener 3 kilómetros.

 A ritmos muy discretos (5:47 de media) empezamos a adelantar a gente. Alguien incluso se arranca por fandangos de Huelva (como si hubiese fandangos que no fuesen de Huelva) y coronamos ese alto del Pardo desde donde se ven las torres de Mordor (perdón de Castellana, pero es que siempre se me viene esa imagen cuando las veo).



Toca bajar, pasando antes por la garita del Pardo. El grupo se estira, hace más aire y estamos en el km18. “Parece que ya no llueve”. Los cojones de Mahoma, que se pone a llover. Son las once y con precisión suiza se pone a llover. Tenemos que agruparnos, que el grupo se ha roto, y nos paramos a 600 metros de meta. Después de diez minutos esperando vemos que no llegamos y cada vez llueve más y hace más frío. Nos ponemos en marcha y entramos cinco ó seis al estadio. Por cierto, cómo está el tartán, destrozado, de pena en una ciudad que pretendía ser olímpica tomándose un “relaxing café con leche en Plaza Mayor”.
No cabe volver corriendo; está jarreando a manta y en cualquier momento se puede poner a nevar, por lo que vamos a los coches.

Al final 1:57 neto, 5:34 de media y 130ppm (2:08 según el crono oficial). Un rodaje de cajón sólo que en grupo y pasándolo bien. Otra forma de correr más allá de los ritmos objetivos de Maratón, MMPs o umbrales anaeróbicos; más social que otra cosa.

viernes, 7 de febrero de 2014

¿MAPOMA Gratis con el patrocinador?

Después de unas semanas deshojando la margarita al fin el patrocinador deportivo de MAPOMA tuvo a bien poner en marcha su “promoción” de regalo de dorsales a cambio de la compra de un par de zapatillas.

Gracias al patrocinador, MAPOMA ha podido presumir en estos años de que había no sé cuántos miles inscritos. Año tras año han ido endureciendo las condiciones del “regalo” con el pretexto de erradicar la picaresca de algunos: que si las zapatillas no son de running, que si no se compran en tiendas especializadas, que si las compran un día y la devuelven al siguiente, que si son zapatillas rebajadas (o no), que si la abuela fuma... el caso es que tocaban los huevos año tras año. En éste ha tocado subir el precio de la compra mínima de 90 a 125 euros.

¿El argumento? Que MAPOMA cuesta 70 eurazos frente a los 50 del año pasado. Con cara de gilipollas eché cuentas rápidas: un par de zapatillas de las que uso costaban 112 euros, 89 por internet, diferencia 23 eurazos. Es la “prima” que hay que pagar para participar en MAPOMA (no es gratis). Dado que no tengo pensado correr MAPOMA completo (y que la inscripción me la guardo como Plan B), no está nada mal como “seguro” o como una Media Maratón (al final iré, aunque sea a correr la mitad).

En este juego de pillos los sinvergüenzas son los de la organización, no los corredores. MAPOMA es una carrera que no vale 70 pavos ni de coña (aquí entramos en el matiz "valor" frente al de "precio"). Es duro y, sobre todo, son unos chapuceros: Un maratón mínimamente organizado y con pretensiones no puede escatimar en medallas a los que llegan más tarde. Y qué decir del puto desastre del ropero del año pasado… con seis grados que hizo ese día, medio lloviendo y con 42,195 kms encima ponte a buscar tu mochila porque la organización se desentendió del caos. Para hacer una foto que no refleje un fracaso se han inventado dos carreras más, de 10k y medio maratón… y tienes que tener cuidado y no despistarte de arco ni de recorrido. Tienen que regalar muchos dorsales porque no llegan y, encima, con dos cojones, suben los precios. A eso se le llama hacerse trampas al solitario. Te tratan como a un perro y encima tienes que darles las gracias, aprovechándose que tienen una masa cautiva de maratonianos en una ciudad como Madrid que van a correr el maratón de su ciudad. "·Business is business, mate".

Y es que pasa con todo lo relativo a la burbuja runner. Que las pruebas de esfuerzo cuestan el doble que hace cuatro años. Que el precio de las zapatillas sube más que la inflación. Que te venden un puto chubasquero de mierda con agujeros como un cortavientos técnico transpirable por ciento veinte pavos. Una mermelada envasada en un sobre es un gel de hidratos…

Saliendo un poco de España te encuentras con maratones como el de París. Plano, excelentemente organizado, por una ciudad como París…y por 75-100 euros. Organizado con tiempo tienes billetes más baratos que el AVE a Barcelona, Valencia o Sevilla y puedes estar el tiempo que quieras antes y después, “à volonté” con rangos de precios asequibles tanto de hoteles como de comidas.