jueves, 28 de junio de 2012

Sube la mano y grita gol


Estos días de exaltación patriótica me estoy hinchando de calor y de otras cosas asociadas a un torneo como la Eurocopa. Parafraseando a  Homer Simpson ¿qué es un partido sin cerveza, palomitas, hamburguesas…?

A pesar de las horas a las que salgo, la temperatura (21 grados) y el sol que está en todo lo alto invitan más a tomar una cerveza que a correr. Si no fuese por ese hijoputa de ángel bueno tocapelotas que tenemos en nuestro hombro derecho (menuda metáfora ¿por qué todo lo supuestamente bueno y tocapelotas está en la derecha?) y que nos dice “desayuna cabrón, que hay que ir a currar”  igual me tomaba un cervezón a la vuelta. Pero claro, en medio ayunas, después de correr, tomarse una cerveza seguro que llegas al curro con más ganas de reggaeton que de aporrear el teclado.

Ayer 21 grados en el JC1 nada más entrar, con dos cojones. Al menos la sensación no era tan agobiante como con 20-22 grados de otras carreras a mediodía. Puede que sea porque esté más descansado, porque a pesar de la temperatura hay algo del frescor de la noche, que me arrimo a los aspersores más que el Juli o porque vea la cara de mala ostia de la peña en su atasco diario de la M40.

El caso es que las carreras me están saliendo mejor que otros años, con mejores sensaciones y tiempos. Los esfuerzos, en términos de pulsaciones, son similares, pero me noto más rápido. Gracias al Excel y a mis manías puedo ver que estoy corriendo a  4:45 este año frente a 4:52 del pasado, con 146 ppm frente a 147ppm del año pasado. He tenido salidas incluso a 4:31 y 4:35. ¿Será doping una Cruzcampo edición limitada con la cara de seis jugadores de la Selección? ¡¡Que me tuve que comprar 18 para que me dieran una bufanda para el fresquito de Junio!!
  
Lo malo de estos días es que me paso toda la carrera canturreando “Sube la mano y grita gol”. Manda huevos; uno, que siempre ha sido más del “Enter Sandman” que del “Corazón Partío” resulta que a los 38 me estoy volviendo un moñas. Como me lean mis colegas de Córdoba se descojonan y con razón.

Y el domingo un deja vu: piscina por la mañana y por la tarde a preparar el partido. A ver como le explico a los enanos dentro de un par de años que lo normal no es ganar Eurocopa y Mundial, que lo normal es pasarlas putas con la República Checa en la repesca, como en la Euro 2008. “¿Cuántos mundiales ha ganado Malta, Papá?” “Ninguno” “¡¡Qué malos!!” “Pues sí”, “Pero como ganen uno nos pillan”. No lo había pensado yo así; pero siempre nos quedará que una vez les metimos Doce.

martes, 19 de junio de 2012

Carrera Proniño 2012


Este fin de semana corrí la Carrera de Proniño, con llegada y salida en el edificio de Telefónica en Las Tablas (me niego a llamar “barrio” a una sucesión interminable de urbanizaciones cerradas de cuatro alturas de ladrillo visto con piscina y pádel).
Fiel a mis principios, me fui en bici tranquilamente. ¿Transporte público? No, gracias, después de la última subida, a dos pavos el trayecto sin consumición, se me antoja caro para hacer dos transbordos y tardar una hora. Veinticinco minutos, aparcando en la misma línea de salida y cuatro pavos a la buchaca (muchas gracias Esperanza, por preocuparte de nuestra salud). Lo del coche descartado, que cogerlo para evitarse la molestia de ir veinte minutos en bici es como ponerle a tus hijos una bolsa de plástico en la cabeza y encender el motor.
No me gustó nada Las Tablas. Siendo políticamente correcto, es una puta mierda. Para vivir allí tienes que actuar como uno de los pioneros que cruzaban el Mississipi en La Larga Carrera hacia el Oeste, con el carro pertrechado con todos los útiles necesarios para la vida: semillas, una vaca, un buey con su arado, dos cerdos, ropa, herramientas, una escopeta para cazar ciervos, una bayoneta por si entra un cuatrero en casa, pólvora y una brújula por si el GPS se queda sin cobertura. Porque más allá de algún que otro bar (cerrado) no hay nada más. Ni un chino donde comprar el pan de chicle que se pone como el mármol en dos horas. Nada. Vamos, que como te quedes sin papel higiénico un sábado, literalmente, la has cagado. O te limpias el culo con el periódico del día o con el Ipad si es que dejaste de comprarlo precisamente porque te habías gastado 500 pavos en un cacharro para no gastarte un pavo en el periódico.
No había muchos participantes, sólo 2.500, y asombrosamente, los cajones eran respetados. En el calentamiento me noto algo cargado el sóleo derecho (que exquisito me estoy volviendo). Diez minutos antes de la salida entro al cajón “¿nos metemos en el de menos de 40?” “vale, a echarle huevos”. Calor a las 08:45. “Vamos a pasarlas putas”.
La salida, como los buenos encierros de San Fermín, es limpia y rápida. Martín Fiz y Chema Martínez se me escapan porque yo quiero, ya caerán al final. Primer kilómetro en 4:02, segundo en 3:51. “Joder, voy más rápido que en las series”. Las pulsaciones se me disparan a 172 y tengo que bajar el ritmo porque si no, no llego y vamos cuesta abajo. El siguiente a 4:08 y las pulsaciones bajan a 164. Me encuentro mejor.
El barrio me sigue pareciendo horrible, no hay nadie animando, y la poca vida que se ve está encabronada porque los municipales no dejan pasar a los pocos coches que se ven y que, por lo visto, no pueden esperar los quince minutos que tardamos en pasar ni pueden dar la vuelta por donde han venido (por lo visto deben ir de gasolina como los aviones de Ryanair). Al final de una larga avenida giramos sobre nuestros pasos, acompañando al trazado del Tren de la Risa oficialmente denominado “Metro Ligero”. Ya voy a la velocidad de crucero, 4:14 y 4:13 en el km 4 y 5 respectivamente.
Calor, mucho calor, agarro una botella de agua, le pego un sorbo de camello y me echo el resto por encima. Sólo un contenedor amarillo para que tiremos las botellas vacías, ¡¡viva la sostenibilidad y el reciclaje!! “¡¡Mirad, una persona!!” “¡¡Joder, y un bar!” “¿Será un espejismo?” “¡Bah, está cerrado!” Llegamos al límite entre Las Tablas y Montecarmelo marcado por la vía de tren, y subimos una cuesta matadora del carril bici que no tenía más de treinta metros. Los dos siguientes los clavo a 4:20, y empiezo a hacer mis cálculos. Bajar de 42:00 es factible. Me hubiese gustado cantar eso de “Vamos muy  bien..” pero hubiese sido una mentira cochina. Iba bien de ritmo, pero las pulsaciones estaban en 168 desde el km 6. A pesar de ello, y quizás por ver el Distrito C en lontananza, el km 8 lo hago en 4:14, y el 9 en 4:18.
Mi deformada mente financiera hace unos cálculos rápidos: “si repites el último km bajas de 42:00”. En el 9,5 nos cruzamos con Chema Martínez, que está estirando y nos anima “¡¡Venga chavales, quinientos metros cuesta abajo!”. En realidad era alguno más, doblamos la curva y efectivamente era cuesta abajo. Aprieto las pestañas, porque el ritmo era imposible. Me dejo llevar. Veo el cronómetro borroso por mi miopía. Cuando alcanzo a atisbar los últimos números veo un 41:45 como un cortijo, y aprieto. Aprieto para pasar rápido. Una, dos, tres, cuatro alfombras azules. ¡¡41:55 según el cronómetro y 41:50 de tiempo neto!!. Mi posición general fue el 162º de 2.352, 86º de mi categoría.
Se trata de mi Mejor Marca Personal (para los cool fashion, “Personal Best”), y un minuto por debajo de mis previsiones de 43:00. Tampoco es que haya corrido muchos diezmiles (éste era mi cuarto), pero el anterior era de 2010 con 42:14 y encima fui descalificado por un problema del chip.
Me habían dicho que era una carrera rápida. Y una mierda como el sombrero de un picador. A lo mejor en Octubre puede que lo sea, pero en Junio no. ¿Y esos toboganes gratuitos de las avenidas fantasma? no hay nada más que ver el tiempo con el que terminó Chema Martínez, 31:05. O Martín Fiz, 33:26. O incluso Fabián Roncero, quien tocó pelo con 35:05. Joder, que el campeón del mundo de maratón (por equipos) “sólo” me sacó 41 segundos por kilómetro.
Salvo las zonas interiores del Distrito C, no había una mísera sombra. Los plátanos recién plantados apenas si dan sombra a los pocos gorriones que tienen cojones para salir con este calor. Como soy de los primeros en llegar todavía no hay aglomeraciones en el ropero, ni en la llegada y quedan bebidas frías.
Son las diez menos cuarto y toca esperar, que los enanos vienen de camino con su camiseta, listos para correr. Mientras tanto los castillos hinchables, rocódromo y tirolina ya han empezado a funcionar para amenizar la espera de los niños que han ido con sus padres a las ocho y media. Incluso el camión de bomberos empieza a tirar espuma desde la escalera desplegada. Y no, no hay ningún grupo de suecas bailando en la espuma con camisetas mojadas.
Después de que terminase una actuación de ¿un mago? Que contaba unos chistes malísimos empiezan las carreras de los enanos. Pelayo corre ligero como una moto, potente como un camión, acompañado de Rayo, Rey y Sigis en su dorsal. La medalla se la pone Martín Fiz, lo cual le hace más ilusión al padre que al hijo, quien sólo tenía ojos para la medalla y el refresco. Después corre Álvaro quien, tras una mala salida, llega de los últimos, pero se lleva su medalla igualmente. Una hora después tuvo un momento de pánico al pensar que había perdido la medalla, pero no, Martín la estaba guardando.
¿Lo mejor del día? Por supuesto que la sirena del coche de bomberos, que no paramos de hacerla sonar, y la espuma que tiraban. Y el “togogán”. Y el aquarius de después de la dura carrera de 200 metros. Y la medalla. Ah, por cierto ¿he escrito por algún sitio que hice 41:50? Bueno, eso también.

jueves, 14 de junio de 2012

Usos y costumbres


Con esto de la crisis, una de las buenas costumbres que perdimos en el curro el año pasado fue la de invitar a los compañeros en el cumpleaños. Bueno, no exactamente, pero es que durante un par de años compañeros de departamentos satélites venían a felicitar al paganini y llevarse de camino un par de minicruasanes, churros o chapata pal pecho y hasta el año que viene. Estos satélites, haciendo honor a su nombre, giraban y giraban pero nunca bajaban a la tierra en forma de estirarse por el cumpleaños, y es que llegamos a pensar que eran como Ana Obregón, que llevan 20 años sin cumplir años. Y claro, uno puede ser cumplido pero no gilipollas, por lo que decidimos dejar de invitar.

El caso es que, año nuevo, traslado de oficina y pérdida de contacto con estos tragacruasanes, decidimos reiniciar esta sana costumbre (por lo de hacer grupo, no por la cantidad de grasas saturadas que se ingieren). Ayer, sorpresa, cajón (de caja grande) de porras, churros y chocolate a las 11:00.

Y claro, uno que es más cumplido que un luto, no pudo decir que no (en realidad nunca lo digo, pero es que me gusta  hacerme de rogar, “¡¡anda tonto, que sé que te gusta!!”)… a tres porras remojadas en el correspondiente vasazo de chocolate (es que si no se me  pegan al gaznate y no bajan ni con sosa cáustica).

Dos horas más tarde tocaba carrerita porque para eso el calor nos está dando una tregua a pesar de que era 41 de Mayo. Y, como todo en la vida, el que la hace la paga.

Los primeros kilómetros empezaron bien, pero poco a poco empezó a pasarme como al lobo de los siete cabritillos, que empezaron a asomarme las patitas de los churros por el gaznate a medida que pasaban los kilómetros. Al final me sentía como cuando el cabrón del cabritillo le llenó (y cosió) el estómago de piedras, que hay que ser hjodeputa, por otra parte, ya que no se conformaba con rescatar a sus hermanos sino que le dejaba una bomba de racimo como si se tratase de un agente del Mossad.

Los que corréis sabéis que, perfil de carrera, velocidades y ritmos cardiacos aparte existen otra serie de factores no medibles, y es que no es lo mismo comerse una frutita que apretarse una tostada con zurrapa un rato antes de correr.

Pero bueno, al final me salieron 10 kms a 4:53 y 150 ppm (90% FCmáx), a pesar de las porritas.

No obstante, y puestos a elegir, me quedo con la costumbre mexicana en la que los compañeros invitan a comer al compañero que trabaja el día de su cumpleaños, eligiendo él además el sitio.

viernes, 8 de junio de 2012

Calentamiento Global

Para que luego digan los apólogos del negacionismo que lo del calentamiento global no existe. Los "perroflautas" de la ONU, por lo que se ve, no deben tener ni puta idea, porque han hecho un estudio sin suficiente base histórica (sólo 49 años), ni extensa (el mundo mundial) ni homogénea. Mirad este cuadro. Ahora está en vosotros si necesitáis comer la fruta fuera de temporada traída desde el hemisferio sur, o si de verdad necesitáis un 4x4 para ir a cagar o poner la calefacción para poder estar en manga corta en invierno.



miércoles, 6 de junio de 2012

Solsticio de verano


Me gustan estos días de mediados de Junio. Se hace de noche a las diez y pico, y por la mañana amanece muy pronto. Si no fuese porque es muy probable que haya alguna ola e calor, el tiempo sería perfecto.

El tiempo aún no está tan reseco como lo estará el mes que viene o dentro de dos, en Agosto, y aún hay contraste significativo entre la temperatura diurna y la nocturna.

Alguno dirá que últimamente me repito más que el ajo con el temita de madrugar para correr, pero es que no dejo de flipar en mis salidas tempranas. Que te dé un sol que aún no calienta a las 07:30 a lo largo de un paseo por un parque recién regado más el relente de la noche te proporciona unas sensaciones muy agradables.

Se traspira mucho menos, ganando pues en eficiencia en la carrera. Las necesidades de hidratación, pues, son menores que por la tarde y mucho menos que a mediodía.

Además, al correr a 12-15º C (es la temperatura que veo en el termómetro a la entrada del parque) no se llega a tener una sensación de agobio térmico, y las pulsaciones no suben tanto como hace dos semanas.

Con respecto al año pasado me he dado cuenta de que “sí se puede” meter caña por las mañanas. Últimamente me han salido dos sesiones a 4:35 y a 4:33. Eso sí, a 153ppm (95% de mi FCMáx). Esto me lleva a plantearme como objetivo bajar de 43:00 en la carrera de dentro de dos semanas, si el calor lo permite.

El resto de salidas… tranquilas. El domingo aprovecho que El Capricho abre a las nueve y me meto ahí. De verdad, si tenéis la posibilidad de visitarlo o correr por él no lo desaprovechéis. Perderse por sus caminos todo sombríos a primera hora es todo un lujo (bueno, y más tarde también hay mucha sombra). Apagad la música. Escuchad vuestros pasos. Oíd vuestra respiración. No hay nadie, sólo los jardineros, que incluso te miran raro a esas horas de la mañana. Eso sí tened presente las peculiaridades de este parque: sólo abre los fines de semana, no se puede acceder con bicicletas (hay un “aparcamiento” del Cuéntame en la puerta), no se puede pisar el césped… vamos que como vayas con calcetines blancos igual ni te dejan pasar.

Lo único malo es que las ganas de tomarme una cerveza (“u dos”) no se me quitan hasta que puedo tomármela por la noche… doce horas más tarde. Y es que una cerveza helada en verano es la mejor hidratación posible (bueno, la mejor es la cerveza sin alcohol, pero por un 5,5% tampoco nos vamos a poner gilipollas, coño, que el metrosexualismo no está hecho para los runners); ni Gatorade ni Aquarius ni otras mierdas con sal y azúcar a precio de Rioja peleón. Lúpulo fermentado bien helado.

jueves, 24 de mayo de 2012

Hasta el 40 de Mayo


Justo el día que guardo la ropa de invierno entra un frente frío. Tan frío que el rodaje del lunes lo tuve que hacer con el cortavientos, cuando la semana anterior había empezado a madrugar. Pero bueno, nada que no sepamos. Gracias a mi manía de documentar en Excel todos los entrenamientos y a las entradas del blog uno se da cuenta de que el tiempo no está loco porque haga frío en Mayo o calor en marzo, sino que la primavera es así, una estación intermedia entre el invierno y el verano.

Con la memoria de pez que tenemos dentro de dos meses diremos eso de que “menuda primavera buena, mala, pasada por agua que tuvimos”, en función de lo que haya quedado en nuestro disco duro después del formateo al que le sometemos con la amnesia selectiva.

El rodaje  se me fue hasta los 18 kms. Y escribo “se me fue” porque cuando me di cuenta de que llevaba 14 estaba a cuatro de casa. Iba absorto con el mp3 (me niego a escribir lo que escuchaba, es secreto de sumario). Desde MAPOMA no he rodado nada, y las sensaciones fueron muy buenas. Al trantrán, me apreté hora y media a 5:06, con 143ppm (lo normal).

Del resto de semana deportiva… disfrutando del sol de primera hora, ya q hace tiempo que ha amanecido cuando salgo a correr. Nada de ritmos controlados, ni series. Correr por correr. Por el placer de ponerse las zapatillas. ¿Que me sale un ritmo de 4:40 en los dos primeros kilómetros porque el Body Combat me ha enchufado? Pues p’adelante, ligero como una moto, potente como un camión. pero sin ningún objetivo rítmico ni kilométrico. Salir a estas horas te da un plus de vitalidad para el resto del día nada desdeñable. Eso sí, a costa de estar todo el día con hambre.


¿Alguna carrera a la vista? Sí, la de Proniño, el 18 de Junio, con la fresquita. A priori no es la mejor época para correr (quedan tres días para el verano) ni el sitio más bonito (en uno de esos horribles barrios burbujistas de Madrid, Las Tablas), pero es de lo más plano que se puede encontrar en Madrid y por lo visto la recaudación va destinada a, en la medida de lo posible, erradicar el trabajo infantil. Quiero ser iluso y creérmelo, pero me da que no tendrán capacidad coercitiva alguna con proveedores como la manzana e indirectamente con la manzana e indirectamente con Foxconn.

También hay carreras infantiles a partir de cinco años (esperemos que no se cuezan los pobres, que salen a las 11:00 o así).

miércoles, 16 de mayo de 2012

Madrugando para troticochinear


El miércoles pasado fue mi última carrera a mediodía hasta después del verano. De sopetón, de un día para otro, diez grados más. A mediodía había unos 25-27ºC en el JC1, y a alguno de los habituales con los que me cruzaba la inercia les había llevado a echar en el petate la manga o mallas largas. Qué calor, a mitad de camino me tuve que parar a refrescarme (afortunadamente en el JC1 las fuentes no están cerradas). Llegué a casa sudando más de la cuenta. Eso sí, me apreté un cervezón del tirón mientras comía como un perdigón, y es con esos calores y después de correr lo que más apetece es una Mahou.

Así que, una y no más, desde el viernes he dado por iniciada mi temporada de verano, que, básicamente, consiste en madrugar desde mediados de mayo a finales de septiembre. A las 07:30 ya estoy dándole. En realidad tampoco me supone madrugar mucho más, me levanto quince ó veinte minutos antes, entro media hora más tarde a currar y me tomo media hora menos a mediodía para comer. Las cuentas salen así.

Eso y que descarto por completo hacer series. Incluso el correr a rtimos de umbrales anaeróbicos. Troticochineo puro y duro.

Disfrutando de la mañana, de esos olores que aún no están lo suficientemente contaminados en el JC1. Del cielo azul que aún no deslumbra y que hace que la hierba tenga un color verde intenso.

Disfrutando del mp3. Quién me iba a decir a mí que me iba a flipar con la música del Body Combat. En fin, cosas veredes.

Disfrutando también, porqué no decirlo, de esos conductores y conductoras que, a pesar de que te ven cómo vas a cruzar por un paso de cebra aceleran. Vaya a ser que pierdan cinco segundos de su triste vida si se paran en el paso de cebra.  Hoy, cortesía de la casa, una se ha llevado un puñetazo en el maletero. Me imagino que se acojonaría un poco, porque se paró de sopetón y puso las luces de emergencia, no sé si por el susto o para ver que mi “puños fuera” no rompió su puto audi a6. Qué pena en estos casos no salir con el Stinger, que algún uso seguro que le daba de vez en cuando.



Eso sí, a pesar de la fruta y los cereales que me tomo antes de correr, del yogur de después y del café y de la fruta a media mañana, paso más hambre que un caracol pegado a un espejo. Si me ponen una pata de cordero a las 10:00 me la como mojando sopas.

viernes, 11 de mayo de 2012

Camera Café




Qué pena que hayan quitado esta serie hace tiempo. Era real como la vida misma, aunque a veces se quedaba corta por la imprevisible naturaleza humana.

Sigo flipando con lo atrevida que es la ignorancia de la gente y lo fácil que resulta minusvalorar el esfuerzo ajeno.

Como bien sabéis, hay una subclase humana que piensa que puede opinar de todo, tenga idea o no, pudiendo meterse en una conversación con la idea de que pueden aportar algo a la cadena de valor o “Chain Value” como gusta decirse ahora. Bien. El caso es que el otro día estaba tomando café con un compañero en la sala “Camera Café” que tenemos en la ofi. Estábamos hablando de los entrenamientos y nuestras pasadas carreras (él su Media de Madrid, yo la de Segovia y Mapoma), de lo difícil que es rascar un par de segundos en las series, de lo jodidos que son los ritmos anaeróbicos… bueno, qué os puedo contar que no sepáis.

De repente, como una aparición sobre la zarza que no se consume, aparece una compañera  de éstas que tienen que hablar de todo e, intuyendo de lo que estábamos hablando, se atreve a decir:

“Es que he leído que la manera más fácil de terminar un maratón es coger un ritmo y mantenerlo constante”. Cágate lorito. Analicemos la frase:

“He leído…” Mala cosa. Cuando alguien empieza con esta expresión es que tiene mucha teoría y poca práctica. Yo también leo, desde que tenía cinco años, y no voy por ahí diciendo que leo, es algo que se supone.

“la manera más fácil de terminar un maratón” ¿Es que hay alguna manera fácil de terminar una maratón? ¿O una media? ¿O un diez mil?

“coger un ritmo y mantenerlo constante”. Esto es de antología. O sea que esto es como el navegador del coche, que yo elijo la velocidad, pongo el mp3 en modo aleatorio y a descansar hasta que lleguemos al hotel rural con encanto.

Obviamente no tratamos de explicarle nada acerca de entrenamientos por umbrales, ni series, ni rodajes, ni FCMáx, ni ritmos de carrera. En realidad no tratamos de explicarle nada. Simplemente le dijimos que para poder coger ese ritmo y poder mantenerlo constante antes hay que correr muchos kilómetros. Lo que viene a ser entrenar y conocerse a uno mismo y sus límites. Seguramente se fue a su casa convencida de que fue la luz que nos iluminó al final del túnel en el que nos encontrábamos, y nosotros con una leyenda en el pecho del tipo “Yo corro, ella me guía”.

lunes, 7 de mayo de 2012

Visualización


Este largo y raro puente he estado visualizando varias veces el maratón de hace un par de semanas. Y no, no es debido a que aún no me haya bajado de la nube. De hecho creo que al segundo día me bajaron a perdigonazos, y no porque me dejara (trato de mimetizarme), sino porque más allá de la cortesía en mi entorno laboral más cercano lo más parecido al deporte que se practica es el pádel y el golf, salvo honrosas excepciones. Exquisito que es uno, que sudar es de pobres.

¿Obsesión? No, no creo (bueno, a lo mejor los que me aguantan pueden decir algo al respecto). Puede que tenga que ver el hecho de que en estos días de puente haya estado con la familia en El Retiro (aparcando en Alfonso XII) y en la Casa de Campo, donde no subimos a Garabitas por la lluvia que empezó a caer. Todo una semana después de carrera, lo que hace inevitable rememorar porqué fui a tal ritmo en ese sitio, porqué no lo bajé en ese otro o qué hizo que desfalleciera a la salida.

En cuanto al “marathon blues” del que habláis (cuánto aprende uno leyendo), afortunadamente no lo padezco. Al contrario, tenía mono desde el día siguiente a pesar de no sentir las piernas. Tres días después ya estaba dándole a las zapatillas. Eso sí, estas dos semanas estoy yendo a ritmos muy tranquilos, entre 4:50 y 5:10, por lo que el calificativo de “blues”, en mi caso, sí que se puede aplicar a los ritmos.


En cuanto a futuras carreras están intentando liarme. Que si Valencia, que si Florencia… de momento a ir pensando en empezar a madrugar para correr, que yo nos pronostican 28 grados para finales de la semana, y ayer con el cortavientos en el parque. Así tengo de jodida la garganta, que en mi casa las pirulas de ibuprofeno rulan que no veas.

jueves, 26 de abril de 2012

Sensaciones sobre MAPOMA 2012



Más allá de la crónica de la carrera del otro día, ahora pienso escribir de las sensaciones que tuve ese día. 

El post anterior lo dediqué a la crónica de mi primer Maratón. De lo que no escribí fue de las sensaciones. Bueno, sí que las dejé fluir, pero no incidí en ellas por no hacerlo demasiado coñazo.

Cuando hablamos con profanos o iniciados de cómo llevamos al límite nuestras propias fuerzas lo lógico es que te digan ¿por qué pasarlas putas? ¿qué te lleva a hacerlo?.

Las sensaciones que viví fueron intensísimas. Ese día y los anteriores. Antes, durante y después de la carrera. El momento de ponerse el dorsal, el de despedirse de la familia. Hablar con la gente con la que has coincidido preparando el maratón, bien en persona o a través de los blogs. Desearse suerte. Empezar a andar antes de correr. Ver cómo te anima gente que te conoce de la bulla de la Feria (es decir, de nada). Cómo van sonando en el pulsómetro los parciales por kilómetro, cómo vas de pulsaciones.

Escuchar el "Inmigrant Song" te da alas. El paso por el centro de Madrid es inenarrable. Acostumbrado a correr por parques y jardines, tanta gente te da alas, de verdad.

Empiezas a sentir molestias en el isquio, en la rodilla, en el gemelo. Sabes que es pronto para tener esas molestias y que yendo por asfalto el desgaste muscular es menor. No son dolores, son nervios. Lees en la camiseta de delante “El dolor es pasajero, la gloria es eterna” y tiras para adelante.

Pasas la primera media maratón. Bueno, ya me queda menos de la mitad, y voy ligero como una moto, potente como un camión. Ves como algunos corredores se paran con sus familias, sus amigos, conocidos, seguidores… y  ves cómo tíos y tías como carros se emocionan. Normal, es su día. Muchas carreras en solitario, mucho parque, mucha “soledad del corredor de fondo” y hoy tienes seguidores.

Conforme pasan los kilómetros vas notando cómo se te cargan los músculos. Cómo el gemelo puede contraerse hasta tener el tamaño de una canica de duro de las de antes. Cómo las articulaciones empiezan a dolerte. Pero estás subiendo Garabitas y no es tan duro como te habían contado.

En la Casa de Campo no hay actuaciones, no hace falta. Sólo hay ánimos. Y réflex. Y corredores caminando. Y apretar de dientes al grito de “por mis cojones”.

Y qué decir de los últimos ocho kilómetros. Parezco nuevo, joder. Son sólo ocho mil metros, algo que me lo hago tranquilamente. Pero qué va, mi cuerpo no es capaz de mantener el ritmo. Ni siquiera de correr sin parar. Es curioso como en estas situaciones tu cuerpo llega a ser más inteligente que tu mente y te ordena dejar de correr. Y andas. Ves el reloj y piensas, todavía obcecado, “voy en tiempo, un minuto y vuelvo a correr un kilómetro”. En realidad son dos minutos, y vuelves a correr, pero medio kilómetro. Sigues yendo en tiempo, la gente te anima. Los corredores tiran de ti. “Venga, que estos siete los hacemos juntos” “Venga, vamos”. Pero a los quinientos metros o no puedes tú o no puede el otro.

Poco a poco llegas como puedes al kilómetro 40, y es ahí donde se activa la reserva como la de Terminator en su lucha final contra el T-1000. Y corres. Corres porque quieres que los tuyos te vean, porque quieres pasar por meta. Porque te has preparado durante meses y años, no sólo durante dieciséis  semanas. Corres.

Que por la noche Álvaro te pida que le cuentes un cuento en el que él y sus hermanos corren con su padre un maratón, entran en Retiro y después se aprietan un helado “te llena de orgullo y satisfacción” y le emplazas a que repita lo mismo dentro de quince años. Que te pida la medalla y vaya todo el camino con ella puesta todo orgulloso hace que se te caiga el moco. Que Pelayo insista en correr contigo justo en el momento que le ves y tú haces la pose del Discóbolo porque el cuádriceps tiene la misma maleabilidad en ese momento que el mármol.

Cuando hablo de correr no hablo solamente de tiempos, ni de distancias. Hablo de sensaciones. De superarte a ti mismo, de ser tú tu rival a batir. A pesar del agotamiento y de que te duelen hasta las pestañas empiezas a pensar en el siguiente. No estará tan mal cuando muchos repiten ¿no? Y es que sarna con gusto no pica. Como dice Risco “corro maratones porque es la mejor forma de preparar un maratón”. Amén, amigo.