Claro, esta idea viene de mi primera etapa runner, allá por 1992 al albur del engendro del Cobi y del éxtasis colectivo que supuso la Olimpiada en Barcelona. Por aquel entonces no existía el running, pero sí una cosa muy parecida denominada “correr”.
No existía el MP3, sino un cacharro denominado Walkman. El número de canciones no dependía de los gigas del cacharro en cuestión ni de la calidad de la grabación medida en kbytes, sino del número de cintas que llevases en la riñonera, y de que éstas fuesen de 60 ó de 90. Tampoco existía la lista de reproducción, sino, simplemente, cara A y B. Acababan de salir unos auriculares revolucionarios que se metían dentro del oído, y los más habituales eran tipo “Princesa Leia”.
El caso es que cuando estuve en MAPOMA vi a bastante gente con sus auriculares e iban a unos ritmos bastante buenos. “¡¡Coño!!, estos tíos no pueden ser unos parchosos, ni tampoco puede ser tan coñazo el rollo éste de llevarse el MP3 durante el entrenamiento!”. Y me puse a “investigar” dentro de la gama Pata Negra” (de 30 pavos para arriba).
Para empezar, los auriculares ahora están recubiertos con una silicona que repele el sudor y se adapta al oído. Primer punto. El cable es retráctil y tiene unas pinzas, con lo que dependiendo de donde te lo coloques, apenas baila. Segundo punto. Hay una nueva modalidad que se apoya en la oreja, con lo que no se sale apenas el auricular. Tercer punto. Además, el cable está recubierto de Kevlar, lo cual le confiere una gran resistencia al desgaste que supone la carrera.
Puede que algunos penséis “el gilipollas éste está descubriendo la pólvora”. Vale, lo confieso, tecnológicamente hablando soy más de productos maduros que de la última mariconada de los de Cupertino que los frikis de la manzanita esperan ansiosos en foros tecnológicos.
Así que ahora me veo a las 7:30 de la mañana cantando clásicos como el Sweet Child of Mine (imaginaos los gorgoritos que puedo soltar a esa hora y a 150 ppm), Go West (la de los Pet Shop Boys, ojito), I want to break free o Entre dos tierras entre otros.
La carrera continua y los rodajes se hacen más amenos, la verdad. A pesar de que normalmente no me aburro viendo cómo cambia el parque de un día para otro, la música ayuda a mantener el ritmo. A un ritmo lo suficientemente bajo se sigue oyendo el crepitar de las hojas, los pájaros y mis amigos los perros con sus agradables ladridos. Lo descarto para las series que no hago ahora, pero esa horita aproximada que corro por las mañanas se hace más amena aún con música.
En cualquier viaje que haga un runner es
inevitable que, por inercia, eche las
zapatillas por si acaso. Aunque las posibilidades de correr en un paquete
“Egipto Misterioso” , en el crucero “Antártida Desconocida” o en una escapada
romántica a una Casa Rural “con encanto”, más que escasas sean nulas, allá que
echa las zapatillas. Así, aparte del equipaje, nos llevamos el equipo completo
porque con las zapatillas va la ropa “técnica”, el pulsómetro y el resto de
parafernalia.
Me imagino que será parecido al acopio de zapatos
de gran parte del género femenino, que para ese paquete “Egipto Misterioso”
echa las botas de Goretex por si refresca, las sandalias por si hace calor en
el crucero “Antártida Desconocida” o los tacones de aguja en aquella escapada
romántica a una Casa Rural “con encanto”, ya que todo el mundo sabe que en los
Picos de Europa es muy probable que te inviten a la Fiesta del Embajador que
ese fin de semana está cazando urogallos. Esto se traduce en no menos de cinco
pares de zapatos por fin de semana con sus correspondientes complementos
(bolsos y demás). Desconozco la diferencia entre unas “francesitas” o unas
manoletinas (probablemente porque con éstas te pones la chaqueta por chicuelinas)
o los matices que separan a unas chanclas de unas sandalias o de unas romanas
(¿será la harina de freír?). Para mí la diferencia en el calzado se reduce al
color (marrón, azul o negro) y si tiene cordones, hebilla o ninguno de los
anteriores.
En cuanto a las zapas o son de paseo o son de
correr (pisada neutra, horma estrecha, con amortiguación <80 35="" a="" ah="" al="" alto="" apropiado="" art="" convierte="" culos="" de="" del="" dependiente="" deporte="" deportes="" en="" encima="" entretenimiento="" estamos="" f="" hablando="" hablar="" jardiner="" juegos="" junto="" la="" los="" m="" mero="" n="" nada="" ni="" no="" o:p="" p="" para="" pillar="" ponen="" por="" qu="" que="" riesgo="" s="" se="" secci="" tbol="" turno.="" usa="" y="" zapatillas="">80>
Supongo que con este comportamiento irracional
rayando en lo absurdo nos hace sentirnos más a gusto con nosotros mismos, más
seguros, más racionales.
Nos gusta correr y, si es por sitios diferentes,
mejor. Corriendo se conoce mejor las ciudades y los sitios. Vas lo
suficientemente rápido como para ver más en menos tiempo sin perderte nada por
el camino. Y vas lo suficientemente lento como para disfrutar de ellos, de sus
ruidos, de sus olores. Te puedes meter por cualquier camino, oler el campo,
bajar por la vega del Guadalquivir, ir por el Quai d’Orsay al atardecer, subir
a la ermita de Hontanares por un espectacular camino en medio de un robledal,
correr por la playa de San Lorenzo con marea baja o pasar de Europa a Asia en
una ciudad tan única como Estambul. Además te mimetizas con el entorno: no
pareces un turista al que clavar salvo que abras la boquita y preguntas alguna
gilipollez o te delate tu acento.
Yo, “por si acaso” echaré las zapatillas aunque
sepa que no las voy a utilizar, unos zapatos con tacones de aguja y un bolso a
juego. Y que viva el transformismo, que nos acercamos a la semana de Orgullo.
El sábado pasado salimos por uno de los múltiples
senderos que hay por Riaza a pasear con
los enanos. De momento no puede llamársele “senderismo” porque para eso hay que
andar mucho y las piernas de 7, 5 y 2 años no es que tengan “mucha gasolina”
como le gusta decir al mediano.
EL caso es que para evitar tener que llevar al
enano en brazos durante mucho tiempo o eternizarnos a su ritmo (lo normal), nos
llevamos una mochila de senderismo.
Al ponérmela me di cuenta de lo que pesan
catorce/quince kilos en la chepa de verdad. Y es mucho. Normalmente hablamos
medio en broma medio en serio de que nos queremos quitar esos “dos ó tres”
kilos de mochila que nos sobra, pero no nos hacemos una idea de lo que
acumulamos lentamente hasta que de golpe y porrazo nos cargamos con esta
cantidad de kilos y nos ponemos a andar a una velocidad más o menos constante.
O cuando vemos la ropa de hace unos años y nos
damos cuenta de que es tres ó cuatro tallas mayor a la de ahora. Vale que actualmente se lleva la
ropa más pegada (“slim fit”), pero no todo es moda.
Cuando volví a correr después de unos años a
principios de 2006 lo hice porque me subí a la báscula para pesar a me hijo y
vi las tres cifras fatídicas, 100,9. Mi hijo tenía cuatro meses y pesaba seis
kilos, no hay que ser muy lince para darse cuenta de que pesaba 95,9. En seis
meses perdí nueve kilos. En un año, doce. En dos, quince. Desde 2008 me he
movido en torno a 80 kilos, si bien ahora estoy en 77 clavados desde MAPOMA
2013. Siete años después mi hijo mayor y yo pesamos conjuntamente lo mismo,
pero él ya pesa 24.
Por el camino he pasado de una talla 56 de traje
(apretada) a una 50 (holgada); de tener que meterle a las mangas de la chaqueta
a tener que sacarle. De la camisa XL a la M… me he gastado una pasta en renovar
el armario por el camino al tener que donar ropa nueva. No la he guardado “por
si acaso” de la misma que Hernán Cortés quemó sus naves “por si acaso”.
¿Qué si he pasado hambre? Poca, la verdad. El
punto fundamental ha sido comer comida de casa (que no casera), que a uno le
permite seguir una dieta equilibrada. Con una disciplina mínima la pérdida fue
constante en los primeros meses y muy ligera después (lo normal).
¿Trucos? Pocos, la verdad. Por otra parte tampoco
pretendo ser maestro de nada.
¿Consejo? Sólo uno, no hacerse trampas al
solitario porque estaríamos engañando a un gilipollas: una ensalada de pasta no
es una ensalada, es un plato de pasta fría. Que lleve un tomate cherry o una hoja de albahaca no la
convierte en ensalada de la misma forma que un chándal del Madrid no me
convierte en CR7.
El tener, además, una vida activa en forma de
jugar con los enanos también ayuda. Pienso que lo que engorda no es ese último
trozo de pan que te comes, de igual forma que lo que te emborracha no es la
última copa sino todas las anteriores.
No, lo que engorda es moverse menos que los ojos
de Espinete; esas cien calorías de más que no quemas porque mola más quedarse
viendo “Juego de Tronos” y guasapear con los colegas en lugar de quedar con
ellos y disfrutar de la primavera.
El día de MAPOMA estaba desayunando en la cocina
cuando oí en la radio a una endocrina diciendo que el problema no es que
comamos mucho, sino que nos movemos poco. Por lo visto la comida envasada de
hoy en día tiene un 20% menos de calorías que la de hace veinte años y, sin
embargo, somos un 20% más obesos que entonces. ¿Hemos sufrido una súbita y maligna
mutación colectiva? No, nuestro organismo es una máquina perfecta y se ha
adaptado como lo ha hecho siempre, aparte de las trampas que nos hacemos al solitario con el cuento de que
compramos comida “sana”, que no comemos casi “nada” y que practicamos deporte
“con frecuencia” sin especificar con qué frecuencia.
Decía TS Elliot «Así es como termina el mundo, no
con una explosión, sino con un lamento»; pues eso, de tanto
quejarnos y haciendo tan poco nos darán por culo. Hay que salir llorado de
casa.
Una frase menos pedante es la de Emilio Botín: "Lo que no son cuentas, son cuentos" y es que al final si te metes más de lo que sale (sin segundas) lo acumulas. Inventario final es igual al inicial más las entradas menos las salidas. Tan fácil. ¿Tan difícil?
Se pasa el mes de Mayo más frío de no sé cuántos
años y el perla negacionista del cambio climático con el que suelo cruzarme de
vez en cuando por los pasillos se muestra eufórico porque los hechos le
demuestran que todos (salvo Bush y él) estábamos equivocados. Puede ser,
incluso, que nos dirijamos hacia una nueva glaciación. O a la colisión con
Andrómeda. O hacia el Advenimiento del Juicio Final, quién sabe.
Uno, modesto conocedor de los “mercados” esos tan
malvados como impersonales y con la estadística como una de las mayores
perversiones/aficiones, sabe perfectamente que una observación anómala
(“outliers” que dirían los pedantes) no tiene influencia en una media: lo
importancia es la tendencia, ésa que es claramente alcista, aunque con dientes
de sierra. Pero bueno, esto parece que no es importante y que cada uno lleva el
agua a su molino. Mientras tanto sigamos consumiendo desaforadamente hasta que
pete el planeta.
Este respiro en la subida de las temperaturas ha
hecho que aún corra a mediodía y que haya postergado el madrugón hasta quizás
la semana que viene.
De momento sigo manteniendo una salida semanal en
bici. Si bien 45-50 minutos dan para 20-22 kms, el rato me sienta
estupendamente.
En cuanto al “running” los ritmos se van
aligerando: si a principios y mediados de mes me costaba bajar de cinco
minutos, la pasada semana ya me movía holgadamente en torno a 4:45.
De lo que me he quitado esta semana ha sido del
rodaje del domingo, y es que cuando un virus entra en una familia numerosa se
integra tan rápidamente que a los dos días es uno más.
Como resumen de mayo decir que ha sido el mes con
menos kilometraje desde Noviembre/2011, con 116 kms. Entre el “marathon blues”
y tres salidas en bici he bajado 40 kms con respecto al año pasado, algo normal
por otra parte.
De cara al verano pienso madrugar para correr y
sacar alguna salida en bici a mediodía. A pesar del lastre que llevo en la bici
en forma de equipamiento considero este ejercicio como muy equilibrador del
desequilibrio que supone el running. Dejo para septiembre el gimnasio para mi
inminente nueva vida “commuter” hacia el extrarradio.
Llevo dos semanas con un amago de entrenamiento
cruzado. Aunque aún sea pronto para evaluar si los resultados, las primeras
sensaciones son que sí se puede correr sin que el piramidal moleste mucho.
En estas dos semanas he salido cuatro veces en
bici a entrenar, unos 20 kms cada vez (47-52 minutos en total). Las
velocidades, entre 23 y 25 kmh, no es que me den precisamente para participar
con un mínimo de dignidad en cualquier modalidad triatleta pero estamos en
ello. Mi hándicap (y mi fuente de mejora) es que no consigo acercarme ni por asomo
a la cadencia mítica de 90 vueltas por minuto ni cuesta abajo. Cuesta arriba
como que no, me falta cuádriceps, me falta glúteo, me faltan riñones para
ponerme de pie y meterle caña a los pedales. Y cuesta abajo me falta valor: es
ponerme a 45-50 kmh y entrarme el canguelo.
Tengo un compañero en la ofi de estos que cuando
les da por una afición se equipan como el mejor y que se atreve a dar consejos
(la ignorancia es atrevida). A este compañero también le dio por comprarse una
bici en su momento (de montaña, porque en Alcobendas si no tienes una muntein
no puedes ir en bici, con pedales automáticos para no perder cadencia en el
carril-vieja los fines de semana) y me suelta “es que si llevaras pedales
automáticos irías más rápido” .Del transportín, el soporte para la silla del
enano, el candado o los guardabarros no se percató, ni tampoco de su palpable
sobrepeso, sólo de los pedales convencionales. Claro, y cada vez que vengo en
bici tengo que cambiarle los pedales.
Aunque fuesen semiatomáticos me niego a a
gastarme 200 pavos en unos pedales (para que me los roben cuando aparque en la
calle) y en unas zapatillas. Además, qué coño, seguro que me hostio por no
tener la costumbre. Cuando en mi próxima vida me plantee hacer un Iron Man
entonces, y sólo entonces, me plantearé equiparme para tal. Pero para vacilar
me basto con mi equipamento actual, que a más de uno hiperpuesto le he pasado
yendo yo con traje y corbata (y no veais cómo se pican).
Aparte de mi reincorporación a las salidas en
bici ¿alguna vez llegué a incorporarme? He salido a correr a ritmos discretos…
en la medida que para rondar los cinco minutos voy disparado de pulsaciones (en
torno a 150ppm). El parón post-maratón y la llegada efectiva de la primavera
(calor, sangre aún espesa, etc) han tenido su efecto en ritmos lentos con un
esfuerzo considerable.
No obstante ayer salir con los compañeros del
Muro a rodar y volví bastante contento por varios motivos: fue mi primer rodaje
en condiciones desde MAPOMA (15 kms), a un ritmo cómodo (5:25 min/km y 133ppm)
y el piramidal ni lo noté hasta al km 14. Ah, lo mejor de todo fueron los
churros que me apreté después de correr sin ningún tipo de remordimiento ni
miramiento.
Mis recientes y persistentes problemas de
lesiones me han hecho replantearme la forma de entrenar. En realidad nunca ha
sido un entrenamiento muy metódico sino más bien impulsivo. Que me tocaban las
pelotas pues le metía caña (esto es fácil cuando corres a mediodía). Que pasaba
una noche toledana y el cuerpo me pedía suavidad, pues un ritmo más tranquilo.
Que tenía más tiempo pues alargaba la carrera hasta convertirla en minirrodaje.
Eso sí, el rodaje dominical no me lo he saltado salvo contingencias.
Dentro de la anarquía táctica al menos había una
planificación estratégica que me hacía incrementar tanto el kilometraje como la
intensidad de cara a los maratones de estos dos últimos años.
A modo de propósitos de “maratón nuevo” pretendo:
Aparecer por el gimnasio. Dice mi fisio que mi pierna izquierda tiene
menos masa muscular que la derecha y que eso hace que al pisar se debilite
más, lo que redunda en lesiones a largo plazo. Y yo, que soy un depravado
economista que carece de conocimientos médicos, le tengo que dar la razón
por el conocimiento que se le supone.
Al menos este verano alternar la carrera con la bici; no mucho tiempo,
porque la hora de la comida da para lo que da, pero al menos espero
realizar un ejercicio aeróbico que no implique tanto impacto sobre las
articulaciones y que de paso me permita fortalecer el glúteo e,
indirectamente, descargar del trabajo al piramidal.
¿Hacer series? No, de momento. No me gusta hacer series. Me aburren.
Lo paso mal. Aún sabiendo que es la forma más rápida y efectiva de mejorar
tiempos no voy a caer en la trampa de pasarlo mal un día a la semana para
mejorar ¿cuánto? ¿cinco segundos por kilómetro como mucho? No, por favor,
de lo que se trata es de correr y de disfrutar corriendo, no de correr
algo más rápido que yo. No soy keniata, no tengo 25 años, no como de
correr… por lo que no quiero “sodomizar” durante días porque el miércoles
tocan series. Prefiero “Dexter”, “Homeland” o “Game of thrones”.
Dice Yolanda que el maratón nos pone a cada uno
en nuestro sitio y es una verdad como un templo. Yo, además, pienso que se
corre como se entrena y que no podemos tener unas expectativas más optimistas
de lo que entrenamos: en un 10.000 vale, podemos ir 5 ó incluso 10 segundos más
rápidos de lo que esperamos y bajar un minuto. Incluso en una media maratón.
Pero en 42,195 no valen brindis al sol: vamos a recoger exactamente lo que
sembramos.
Con lo que me quedo es con que me gusta correr.
Más allá de un objetivo determinado me quedo con el vehículo. Disfruto
corriendo, madrugando para correr, viendo amanecer, sintiendo el aire en la
cara (el aire, no el viento), la lluvia, viendo la nieve en Somosierra, oliendo la primavera,
oír el crepitar de las hojas del otoño… y quiero seguir disfrutándolo.
Tonterías las justas.
“Cuidado con tus deseos porque pueden hacerse realidad”.
La verdad, no sé quién dijo esta frase pero ni
gúguel me la ha sabido responder. El caso es que para MAPOMA hizo frío, mucho
frío. De tanto pedirlo. A última hora decido ponerme la malla larga y una
camiseta térmica de manga larga debajo por si se cumplen las previsiones de
lluvia a mediodía y sensación térmica de cuatro grados.
Gracias a la des-organización de la Organización,
el puto desastre del ropero se convirtió en una insufrible espera que me jodió
esa horita que en teoría dedicamos a saludar a los conocidos, espantar miedos,
echar la última meada o estirar de puro nervio sobre el terreno.
Diez camiones puestos en dos hileras de cinco
originaron el caos organizativo. Este año pensaba que se iba a dar mejor que el
pasado, cuando nos dimos un paseo de dos ó tres kilómetros hasta la salida
desde el Retiro. Mi gozo en un pozo. El año pasado, con eficiencia militar,
había diez tiendas imperio donde en función del dorsal había que dejar la
bolsa. Caos a la salida y, sobre todo, caos a la llegada originado ya en la
salida, si no mirad el vídeo
No nos enteramos del minuto de silencio (nuestra guerra estaba en el ropero) y pasamos por el arco de salida a las nueve y
cuarto. No hay calentamiento sino carrera desde Cibeles a Colón.
La aglomeración de la salida ha desaparecido y
los pocos espectadores están plegando para irse a esperar a sus conocidos en
los distintos puntos de encuentro.
Este año decido no fliparme al principio y salgo
con el freno de mano echado. Mi intención es repetir el tiempo del año pasado
(3:51) sin petar en el intento. Y salimos lentos. Primer kilómetro a 5:40 y los
cuatro siguientes a 5:24 (el año pasado iba a 5:09 cuesta arriba) lo que se
traduce en un ritmo cómodo de 142ppm. Adelanto a bastantes corredores e incluso
al globo de las 5 horas ¿tan mal voy? Es posible (posición 8.104 masculina),
pero es que he salido a y cuarto.
Yendo en plan “amarretegui” aceleramos los
siguientes kilómetros con un perfil más benigno. EN el Bernabéu nos separamos
de los que van a correr 10k y se nota poco más que nada porque las calles son
más estrechas. Pillamos al globo de las 4:30 en el km 9, esto funciona porque
vamos a 5:14 sin que el pulso se acelere (144). Noto que adelanto a mucha gente
y en cinco kilómetros he remontado casi 700 posiciones (7462).
Me hidrato correctamente, a pesar de que no sudo.
Con las bebidas isotónicas ocurre el problema de siempre: no puedo beber en
vaso, pero según qué voluntario tampoco te dan la botella en parte lógico
porque luego se ven muchas por ahí tiradas con apenas dos tragos ¿para cuándo
botellas “de competición” de 20-25 cl como los quintos de Mahou? ¿para cuándo
una Mahou de competición en botella de plástico?.
El mal tiempo no arredra al público y me sigo
emocionando. En el km 10 pillamos a dos compañeros del barrio que nos
acompañarán hasta el medio maratón y la charla se anima, señal de que vamos
bien aún. Por Chamberí vamos como relojes, a 5:15 y con las mismas pulsaciones,
145. Con respecto al año pasado he perdido casi tres minutos y voy 4 ppm más
lento. Ya he recuperado otras 400 posiciones (7036). El piramidal me molesta
ocasionalmente por lo que me doy con un canto en los dientes.
Y empieza la mejor parte, la del centro. Pero
antes cometo un error fatal: parar a mear en unos WC que están en la acera…
cerrados con bridas. Literalmente pa mear y no echar gota. Ponen WC cerrados,
con un par. Me he despedido de Ángel diciéndole que lo pillo en un rato y al
final tengo que mear de aquella manera entre dos coches. A pesar de los
estrechamientos de Fuencarral, Preciados, Sol, Mayor, Palacio Real y su tan
amigable firme para las rodillas me acelero, 5:07 de ritmo. Me siento jaleado;
voy jaleado. En el 20 mantengo mi ritmo batanero de 5:21 que mantendré hasta el
28. El globo de las 4:15 lo cojo en Ferraz, antes del Medio Maratón donde sí me
dan el Powerade que bebo tranquilamente. Mi posición ya es la 6.897.
Retengo en la bajada al Parque del Oeste
probablemente demasiado ya que hasta la entrada de la Casa de Campo voy a 5:25
sin que se note una bajada del ritmo cardiaco. Es en este momento cuando estoy
más lejos de mi tiempo del año pasado (seis minutos más) pero sin embargo no
siento dolor muscular alguno más allá de los propios de llevar más de dos horas
corriendo. Continúo recuperando posiciones, ya estoy en la 6.370 y los zombies
de “walking dead” se multiplican. Empiezo a recortarme tiempo conmigo mismo y
no es que acelere sino que no desfallezco: los kilómetros en la casa de campo
me salen a 5:30.
Salimos de la Casa de Campo y tengo un deja vu:
ahí, agazapado estaba el hijoputa del mazo del año pasado. Al más puro estilo
Matrix le esquivo, le acribillo a balazos y sigo corriendo. A pesar del aire
serrano me salen dos kms a 5:20. Esta vez no me hice la trampa psicológica de
“venga, que sólo son siete kilómetros” para no desfallecer. No, esta vez me
planteé objetivos más cortos: “un kilómetro más para el 34, otro para el 35”. Al trantrán. Noto que se
me engarrotan las piernas pero me mantengo con un ritmo digno: 5:24 y 5:30 en
el 34 y 35. Escalo hasta el 6.098 y veo… ¡¡el globo de las 4:00!! Que salió un
cuarto de hora antes que yo. Sin obsesionarme (estaba a unos 300-400 metros)
mantengo mi ritmo. Acacias, Puente de Segovia.. vamos, la Ronda de Atocha y
sólo me queda una puta cuesta… pero la Ronda de Atocha se me hace eterna. Llamo
a mi mujer para decir que estoy en Atocha por donde paso sin bajarme. Pero
soy incapaz de hablar y correr en el 39 a la vez por lo que ando un poco, 6:27.
Contemporizo, trato de arrancar pero voy lento. En Alfonso XII oigo “¡¡ése
Muro, a echarle huevos!” y aprieto los dientes (el culo ya estaba que no pasaba
ni el rumor del viento) y mantengo si no el ritmo por lo menos la dignidad y
sigo corriendo. Aún Así en el km 41 estoy a 24 segundos de mi marca del año
pasado. ¡¡Sí se puede!!
Allí en la esquina, a 400 metros de meta los veo
a los cuatro. Me emociono, trato de correr más rápido por O’donnell pero qué
va. Los enanos tienen ganas de correr y salimos ¿corriendo? Andamos un poco,
que al mayor le “da flato”; nos ha jodío Mayo con las flores y el flato. El
mediano dice “¡¡Papá, acelera, que nos ganan, que voy como un Ferrari!!” y
apretamos.
Al final 3:54, dos minutos más que el año pasado
pero ¿a quién le importa? Al final de lo que se trata es de emular a Filípides,
no a Cronos. Y para siempre me quedará el recuerdo de cruzar con los enanos. El
año que viene espero a los tres en el mismo sitio.
La medalla me la quita el mediano como la Tarrés
se la quitó a una nadadora y se la pone. Unas liebres nos dan el globo de 4:00,
ése que no pillé, para los niños. Qué irónico, no soy capaz de pillarlo durante
42 kms y luego lo llevo “de la manita”.
Me siento, intento estirar pero consigo lo
contrario: los aductores se me suben hasta la mitad y tengo que empujarlos para
ponerlos en su sitio. Hace un frío de cojones, recojo la mochila rápido
(afortunadamente no me tocó el caos del vídeo de antes) y nos piramos. Tirito
por el frío, tirito porque probablemente esté algo desfallecido pero me siento
orgulloso por lo realizado con frío, viento (poco y al final) y, sobre todo, por
la entrada triunfal.
Sólo unas líneas para escribir el tiempo final (estoy trabajando en la crónica). Con respecto al año pasado he empeorado dos minutos (3:54 frente a 3:52) pero esta peor marca me sabe mejor por varios aspectos:
Salí lastrado por el caos del ropero, perdiendo doce minutos en la salida y teniendo que remontar.
A pesar de las molestias en el piramidal de los últimos meses he podido templarlo y correr con él en armonía.
El tío del mazo estuvo corriendo conmigo desde el km32 pero hasta el 39 pude esquivarle dignamente.
El frío y el aire. Pese a que no nos preparamos para luchar contra los elementos, estos juegan un papel importante.
He contemporizado, me he regulado todo el camino. Desde el km 3 al 27 he ido a 5:21 y desde ahí al 35 a 5:23. A partir de entonces un lento declive.
Y, lo mejor de todo, los últimos 500 metros los hice en loor de multitudes y escoltado por mis dos hijos mayores. Encima el xxxxx del mediano me dice "Papá corre más, que nos van a ganar, que voy como un Ferrari".
Ahora toca descansar y lamerse las heridas y desdecirse de esos comentarios tan poéticos dichos en caliente del tipo "va a correr otro maratón su puta madre". Afortunadamente el ser humano tiene la ventaja evolutiva de la amnesia selectiva, ésa que nos lleva a olvidarnos de lo malo y quedarnos con lo bueno: el dolor, las rozaduras, el destemple... todo se pasa pero la gloria y el orgullo de pasar por meta no te la quita ni Dios. Amén. A todos los que habéis terminado el maratón enhorabuena. A los que lo habéis intentado animaros: el próximo seguro que cae. Y a los que estáis dudando jalearos: nos vemos en el próximo.
A estas alturas de la película, y contando con
los dedos de la mano los días para MAPOMA, no pienso hacer (mucho) el
gilipollas. Sé que estamos en pleno “tapering” pero el tiempo que hace es el
perfecto para correr. De hecho creo que salvo una semana en febrero (con más
frío), ésta está siendo la mejor del año meteorológicamente hablando.
Con una máxima de 15º, sol, sin viento, días
larguísimos… a uno le entran unas ganas de salir a rodar sin parar. ¿No os pasa
que los días que no podéis correr veis a más corredores por el parque y, de
pura envidia, tenéis más ganas aún de correr? A mí desde luego que sí. Y creo
que, objetivamente, en estas semanas hay una explosión de corredores.
Pues sí, he de confesar que he caído en la
tentación de correr en pleno “tapering”. Pero “sólo un poquito” como diría el
del chiste. El martes pequé de pensamiento, palabra, obra y omisión. Salí a rodar 9 kms a ritmo de maratón, 5:25 y
135ppm.
Y es que la operación bikini ya está aquí.
Después de un duro y largo invierno de potajes y jerseis de cuello vuelto, toca sacar las camisetas y esa ropa tan
explícita del verano y ¡¡horror!! No podemos cerrar el cuello de la camisa de salir a degüello o la cremallera del
vestido ése tan rompedor no me cierra. Nada, esto con un par de carreras listo,
Evaristo. Sí, sí.. hay que llegar antes al parque y empezar poco a poco. “Es
que mi vecino el que corre maratones ha perdido seis kilos comiendo de todo y
sólo corriendo” Hombreee.. no es lo mismo “comer de todo” que “comérselo todo”.
Y el término “sólo corriendo” suena a “yo lo hago con la minga cuando quiero” A
lo mejor es más apropiado “corriendo solo”, poco a poco, con el MP3 (o sin él),
un día, otro, con lluvia, con frío, con viento…
Y es que hemos leído en Internet que la forma más
rápida de perder peso es el running. Sí, es la más rápida y efectiva pero no la
más fácil, que confundimos la velocidad con el tocino. ¿Hay alguna actividad en
la que se consuman 60-80 calorías en 5-6 minutos?
Pero bueno, el caso es que ahora nos toca
descansar dentro de lo que cabe, llenar el depósito de glucógeno y pedirle a
los enanos que no nos den noches toledanas, que el piramidal de Papá tiene que
descansar tanto o más que el isquio de Messi.
¿Nervios? No, más bien ganas de ir a la Feria del Corredor el viernes a mediodía, oír el ruido del
maratón. Parece que el tiempo va a acompañar, con sol y nubes y unos 10 grados de máxima.
Desde este blog quiero darle la enhorabuena a los
organizadores de esta carrera y también las gracias porque con acciones tan
desinteresadas como ésta se unen la pasión por el running y la solidaridad. Acciones
como ésta nos hacen ver la cara buena del ser humano en contraste con la más
miserable del lunes pasado en Boston.
A través de uno de los compañeros del Muro que la
organizaba me enteré de la celebración esta carrera en Las Tablas, uno de esos
barrios nacidos durante la burbuja que nos consume.
La Carrera era la II Carrera Sanfilippo, totalmente benéfica. En su página web incluso te informan del
importe que les llega dependiendo de la forma de pago que elijas y del total
recaudado.
A una semana vista de MAPOMA ir a correr un
10.000 parece un ejercicio entre temerario y masoca. Lo que no es temerario es
ir a una carrera “sólo a mirar” o a acompañar a los enanos.
Como en cualquier carrera que se celebra en
Madrid la participación si no masiva al
menos fue multitudinaria. Dos mil inscritos entre carreras de 10.000, 5.000 e
infantiles son muchos corredores.
Los precios en la media de lo que últimamente se
viene viendo: 10 pavos por las carreras de mayores y seis pavos por las
infantiles. Viendo la finalidad de la recaudación uno lo paga a gusto.
Por lo que respecta a la bolsa, ésta es de las
mejores que nos han dado: aparte de la camiseta (técnica de verdad), las
infantiles contenían una bolsa/mochila de ésas de cordones, caramelos, globos,
bol, vaso, gorra, juguetes… vamos, que se fueron expectantes a casa los enanos.
“¡¡cómo pesa, Papá!!” Vamos, que se curraron el tema de la aportación de los
patrocinadores. Alegra ver, además, que aún quede dinero para la Obra Social.
A la vista del perfil (de lo más “plano” que se
puede encontrar en Madrid), la ausencia de giros innecesarios (es de lo poco
bueno que tienen estos barrios de diseño industrial) y de que no era una
carrera muy masificada, ésta es una carrera idónea para aquellos que quieren
hacer marca en la distancia. Si, además, el tema solidario te preocupa
mínimamente entonces lo tienes todo. La cercanía de MAPOMA, no obstante, seguro
que le ha restado algo de afluencia.
En cuanto a los puntos de mejora (y seguro que
mejorarán para el año que viene) está la organización de la carrera infantil.
No hicieron carreras por categorías, con lo que corrían niños desde los 3 a los 14 años.. con sus papás.
Además, y esto no tiene remedio, los padres somos unos gilipollas de cojones.
Nos empeñamos en acompañar al niño en una carrera de 400 metros con marcaje más
férreo que a Messi, un niño que probablemente corra más rápido que la mayoría
de padres. Para niños 3 ó 4 años vale, pero un niño de 6/7 años ¿tiene que ir
de la manita de mamá? En el cole va en la fila a clase, al comedor, al patio… vamos
que no es gilipollas ni mucho menos. Luego pasa lo que pasa, que nos ponemos delante
para que Borja salga el primero y nos mosqueamos porque nos dicen que los papás
que quieran correr con sus hijos de la manita que se vayan al final. ¿Qué es lo
que no entendemos, “Carrera” o “Infantil”? Creo que no hay que ser de Letras
para entenderlo, que no es Griego Clásico, joder. Los tropezones, pues, estaban
asegurados para disgusto del mayor.
¿Y de los papás que quieren inmortalizar la
salida de Gebre.. perdón, de Germancito con el puto esmarfon y no dudan en
ponerse delante de la línea de salida? “¡¡Germán, saluda a mamá!!” mientras el
pobre Germán, de nueve años no sabe dónde meterse de la vergüenza
En defensa de los padres (una de cal y otra de
arena) he de decir que la zona de juegos infantiles se autogestionó
perfectamente, que siempre hay un niño que quiere tirar más veces de la cuenta.
El resto de la semana..dos salidas muy tranquilas
a ritmo algo más ligero que el de maratón. Quiero ir a 5:25 y ver sobre la
marcha si puedo apretar o no. Eso sí, como haga el calor de principios de
semana las vamos a pasar putas. Las previsiones a una semana vista apuntan a 5º
de mínima y 10º de máximo. Ojalá.